| |
Querido
pueblo rebelde.
Porción de una obra de teatro de Cielo Vázquez
¡Cuánto te amo mi pueblo!,
que no me importa ser anónimo.
Con tal que escuches sabiduría,
sólo con eso, me conformo.
Cuántas veces te he escrito,
y por ser yo, me has hecho a un lado,
por eso pueblo querido,
te escribo con otra mano.
Quisiera que me miraras,
tan sólo por un momento,
y comenzaras las mañanas,
con la luz que llevo dentro.
¡Cuidado! No te apresures
a dar el primer paso.
No es verdad lo que dicen:
“ponte con el pie derecho, el zapato.”
La cosa es mucho más profunda.
¿En qué estás pensando;
en que te ayude la suerte,
el destino, o los astros?
¡Oh querido pueblo,
querido pueblo tan amado,
yo soy el que se preocupa,
por tu caminar cotidiano!
La persona que escribe por él lo interrumpe:
Permítame entrometerme.
Es que ya no me aguanto;
el mismo espíritu ronda
en el aire, en este cuarto.
No es con el pie derecho, o izquierdo
que te irá mal, o bien,
sino con escuchar,
poner en práctica, y aprender.
Escuchar sabiduría,
que proviene de lo alto,
tener disciplina,
aunque te cueste aceptarlo.
Para ello, procura ayuda,
si fuerzas solo no hallares.
De seguro encontrarás,
consuelo a tus pesares.
Mira, ya somos dos,
los que hoy estamos presentes;
para brindarte el amor,
ayudarte y comprenderte.
Pero tenéis, joven terco,
que abrir ese corazón.
¡Dadme paso! ¡Abrid la puerta!
¡que si me dejáis, yo voy!
|
|