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Observación
La
observación solar siempre debe realizarse tomando en cuenta las debidas
precauciones para evitar dañar irreparablemente la vista. Siempre debe
observarse el Sol mediante la colocación de un filtro de apertura completa en
la entrada de luz del telescopio (no en el ocular) o utilizando el método de
proyección cuando sea posible. Los fabricantes no recomiendan la utilización
del método de proyección en telescopios de grandes aperturas o diseños
Cassegrain debido al posible sobre calentamiento de la óptica interna de los
equipos.
El
Sol es la estrella mas cercana a la Tierra, esta ubicada a una distancia media
de 150.000.000 Km., tanto que la luz tarda algo mas de 8 minutos en llegar a
nuestro planeta. Es el objeto mas brillante del cielo, con una magnitud de
-26,8.

Existen
dos principales métodos de observación: con filtro y por medio de proyección.
El primero es muy utilizado para los telescopios mas grandes o de gran
reflectancia, es el mas eficiente y aconsejable. Se trata de un sistema que
filtra prácticamente toda la luz del Sol (incluyendo las longitudes de onda mas
perjudiciales) para obtener una imagen observable que es menos brillante que la
Luna llena observada por el mismo instrumento sin el filtro. Se trata de un
accesorio que se dispone en la entrada de luz del telescopio, evitando que se
sobre caliente el sistema óptico, especialmente los oculares. Los filtros de
apertura completa están construidos de cristal o de Mylar. Estos últimos
suelen ser los mas populares. En caso de desear adquirir uno se recomienda
dirigirse al fabricante del telescopio para obtenerlo para tamaño especifico
del instrumento.
El método
de proyección es mas popular entre los telescopios refractores de diámetro mas
reducido. Se proyectar la imagen solar directamente desde el ocular hacia una
superficie blanca y plana a cierta distancia del mismo. Cuanto mas alejada este
la superficie de proyección mas grande será la imagen obtenida, pero hay que
tomar en cuenta que la luz se dispersa, de este modo existe un limite en la
distancia de proyección.

Este
método no es del todo recomendable para telescopios reflectores de mas de 100
mm [3,9 pulgadas] de diámetro dado que el gran calor generado por la
concentración de la luz sobre el ocular puede dañarlos, los oculares de
calidad están diseñados con múltiples elementos adheridos entre si mediante
un adhesivo para óptica el cual puede llegar a estropearse, o incluso puede
estallar el mismo cristal a causa del gran calor.
Al
hacer observaciones solares se pueden notar varias manchas sobre la superficie.
Las manchas solares cambian de forma, aparecen y desaparecen y se mueven
conforme la rotación solar avanza. Se deben dibujar las posiciones de las
mismas y si es posible detallar su forma y clasificarlas. Se debe notar que las
manchas no suelen estar solas, sino que forman grupos de manchas. Se debe anotar
el numero de grupos visibles y dibujarlos individualmente en detalle si se
desea.
Antes
de comenzar a dibujar las manchas en un circulo que representa al Sol, debe
identificarse el Norte y el Este solar. Para ello debe dejarse el telescopio inmóvil
y notar que borde del disco solar es el primero en interceptar el borde del
ocular, este punto es el Oeste. Otra forma de identificar la línea Este-Oeste
es mover el eje de ascensión recta y notar en que dirección se desplaza la
imagen solar, o aún mejor, en que dirección se desplaza alguna marca en
particular (como una mancha).
Si
se utiliza el método de proyección, sin utilizar motor de seguimiento, marcar
sobre la superficie de observación una de las manchas con un simple punto y
seguirla durante algunos instantes antes de que desaparezca del campo visual y
sin mover la superficie de observación. Entonces marcar nuevamente la posición
actual de esa misma mancha y trazar una línea recta que una ambas marcas.

El mejor momento
del día para la observación solar es después del amanecer, cuando al aire aun
no ha sido calentado por el calor solar y se mantiene estable. Mas hacia el
mediodía el Sol se encuentra mas alto sobre el horizonte, pero las
perturbaciones atmosféricas deterioran la calidad de la imagen. Aun así no se
deben descartar posibles buenas observaciones.
Existen solo dos momentos en los cuales el Sol
es observable a simple vista sin peligro: cuando se encuentra cerca del
horizonte y en la totalidad de un eclipse total del Sol.
Al realizar
observaciones debe anotarse los siguientes parámetros: Fecha, Hora Local y
Tiempo Universal, Número de Grupos, detallando los del Hemisferio Norte y los
del Hemisferio Sur, Número de manchas (también detallando del mismo modo que
los grupos), Numero de Wolf, Estabilidad de la Imagen (mala,
regular, buena, ect.), Nubosidad y si es posible la Temperatura ambiente en
grados Celsius.
Observadores
avanzados pueden calcular la posición de las manchas sobre el disco solar
utilizando coordenadas heliográficas y hacer el correspondiente seguimiento de
las mismas en el transcurso de los días.
Otro fenómeno
notable es que el borde solar (el limbo o periferia) es menos brillante que el
centro de la imagen. Esto se debe a que en los bordes la luz atravesó mas
camino para llegar al telescopio a través de la atmósfera solar, oscureciéndose
un poco.
Para observar las
detalles, como las impresionantes erupciones solares, se utilizan filtros mas
específicos (y mucho mas costosos) como los de Hidrogeno Alfa, que hacen
posible observar estos fenómenos gracias a que solo dejan pasar la luz de una
estrecha banda correspondiente a la longitud de onda del Hidrogeno Alfa.

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Número de Wolf
El número de
Wolf (R) se obtiene mediante la siguiente fórmula:
R
= 10 x G + M
donde G es el número
total de Grupos (ambos hemisferios) y M en numero total de manchas (también
las de ambos hemisferios sumadas). Debe tenerse en cuenta que si se observa una
mancha individual, aislada de cualquier otra, se considera como un grupo de una
sola mancha.
Eclipses Solares
Se produce un
eclipse solar cuando la posición del Sol y de la Luna coinciden en el cielo,
por lo menos lo suficiente como para que parte del disco solar sea ocultado por
el disco lunar. Gracias a una coincidencia de factores tenemos la oportunidad de
observar tanto eclipses totales como anulares, dado que si la Luna estuviese mas
lejos de la Tierra, o fuese mas pequeña su superficie no llegaría a ocultar
totalmente el disco solar, obteniéndose eclipses anulares en el mejor de los
casos.

Debe tenerse en
cuenta que aunque la Luna se encuentre en fase nueva cada ciclo, no siempre se
produce un eclipse lunar. Esto es debido a que la órbita de la Luna posee una
inclinación con respecto a la eclíptica de unos 5 grados. Por esto la Luna
permanece la mayoría del tiempo fuera de la eclíptica, y el Sol solo se mueve
sobre la eclíptica (por definición).
La condición
para que se produzca un eclipse es que el Sol se localice cerca de alguno de los
nodos de la órbita lunar. Un nodo es el punto en el cual la Luna cruza la eclíptica,
se denomina nodo ascendente cuando la cruza de Sur a Norte, y descendente si la
cruza de Norte a Sur. La Luna tarda unos 28 días cumplir todo un ciclo, o sea,
en volver a encontrarse en el nodo ascendente o descendente en ocasiones
consecutivas, moviéndose en el cielo de Oeste a Este (movimiento diario, medido
sobre el fondo de estrellas).




Los nodos no se
mantienen fijos en un punto de la eclíptica sino que rotan con un periodo de
algo mas de 18 años (Saros), con lo cual tenemos un desplazamiento de unos 19
grados por año aproximadamente, hacia el Oeste, por eso la alineación entre el
Sol y los nodos ocurre en menos de 6 meses (se daría así si no rotasen).
Cuando es Luna nueva y esta se localiza en el nodo ascendente y el Sol comparte
esa misma posición en la eclíptica se da un eclipse solar.
La línea de los
nodos apunta al Sol 3 veces al año, el llamado año ecliptical dura alrededor
de 346,6 días (tiempo que transcurre entre dos pasos sucesivos del Sol por el
mismo nodo de la órbita lunar).
En un Saros
ocurren alrededor de 71 eclipses de Sol, de los cuales la mitad son totales o
anulares, el resto solo parciales.
Un eclipse total
se da cuando la Luna oculta el disco solar completamente, uno parcial cuando
solo pasa sobre parte del disco solar y uno anular cuando la Luna se localiza en
su apogeo (el punto mas lejano a la Tierra de su órbita) o cerca de él, de tal
manera que al pasar sobre el disco solar su superficie en el cielo no es
suficiente como para llegar a cubrir todo el Sol, dejando un anillo de luz a su
alrededor.

Para saber si el
eclipse será anular o total es importante conocer la distancia a la cual se
extiende el cono de sombra de la Luna, para esto puede utilizarse la siguiente fórmula:
L
= [ r / (R - r) ] . d
donde L es la
longitud del cono de sombra desde el centro de la Luna, r es el radio de la Luna
(1.738 km), R es el radio del Sol (696.041 km) y d la distancia del Sol a la
Luna al momento del cálculo (puede calcularse restando a la distancia de la
Tierra al Sol la distancia de la Tierra a la Luna al momento del cálculo).
Teniendo en cuenta ciertos factores se deduce que la longitud del cono de sombra
lunar varía entre 57,5 y 59,5 radios terrestres.
La observación
de eclipses solares esta limitada a regiones muy especificas de la Tierra,
dependiendo del eclipse, dado que la distancia a la Luna no es suficientemente
grande para poder despreciar el efecto de la paralaje (el desplazamiento
aparente sobre el fondo del cielo producto de diferentes ubicaciones sobre la
superficie terrestre). Por este motivo la gran mayoría de los casos un eclipse
total, por ejemplo, solo es observable de forma parcial en un sitio determinado,
la totalidad esta limitada a un estrecho corredor de solo unos pocos kilómetros
de ancho.
Así, aunque los
eclipses solares sean mas frecuentes que los lunares, es mas probable poder
observar uno lunar dado que no depende de la posición del observador, sino solo
de la posición de la Luna, por arriba o por debajo del horizonte al momento del
elclipse.
Imagenes
"verde", "azul" y "naranja": EIT (Extreme
ultraviolet Imaging Telescope) las imágenes de la atmósfera solar en varias
longitudes de onda, y por lo tanto, muestra material solar a temperaturas
diferentes.
Clasificación
de las manchas por sus letras, definición
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A
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Indica
un grupo de pequeñas manchas cercanas entre sí desprovistas de
penumbra, en las cuales todas las manchas presentan la misma polaridad
magnética (grupo unipolar). |
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B
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Indica
un grupo bipolar, formado por dos agrupamientos con polaridades opuestas
de pequeñas manchas desprovistas de penumbra. |
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C
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Indica
grupos bipolares desarrollados y presentan penumbras en las manchas de
una de las dos polaridades asociadas con los dos extremos del grupo, el
cual se desarrolla en forma longitudinal, advirtiéndose además la
presencia de mancha intermedias. |
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D
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Indica
que si la penumbra supera los 5 grados heliográficos, el grupo pasa a
pertenecer a esta clase. 5 grados heliográficos representan 5 diámetros
terrestres, pues el diámetro de la Tierra proyectado sobre el disco
solar llega a ocupar casi 1 grado. La penumbra que se registra en ambos
extremos del grupo bipolar es característica de esta clasificación,
cuando su extensión máxima es de 10 grados heliográficos de longitud
(122.000 km). |
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E
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Indica
la pertenencia a este grupo, si sus dimensiones se encuentran
comprendidas entre 10 y 15 grados (122.000 a 182.000 km). |
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F
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Indica
grupos mayores y evolucionados cuyo tamaño supera los 15 grados heliográficos. |
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H
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Indica
grupos unipolares compactos con penumbra inferior a 5 grados heliográficos. |
La estructura Solarl:
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La estructura interior del Sol es,
parcialmente, un misterio. Desde siempre se ha creído que
el interior del Sol está organizado en capas. Partiendo del
centro hacia afuera, las capas serían: el núcleo, la capa
radiactiva, la zona convectiva y la fotosfera (que es la que
vemos). Alrededor del Sol se encuentra su atmósfera. Ésta
también se encuentra dividida en zonas: la parte inferior
es la cromosfera, mientras que la parte superior es la
llamada corona, fácilmente observable durante los eclipses
totales de Sol.
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El núcleo del Sol
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El núcleo del Sol es extremadamente denso
(contiene el 50% de toda la masa de la estrella, a pesar de
ocupar sólo el 1'5% de su volumen). Las condiciones en esta
zona son extremas; se cree que la temperatura en el núcleo
es de 15 millones de grados Kelvin. Además, la presión es
aproximadamente 250.000 millones de veces superior que la
que soportamos en la superficie de nuestro planeta. El Sol
no se colapsa hacia el interior debido a su enorme presión
interior. Asimismo, tampoco estalla debido a la enorme masa
que tiene. Estas dos fuerzas se encuentran gradualmente
equilibradas.
Si pudiéramos observar el núcleo del Sol, lo veríamos
completamente negro, dado que la radiación expulsada por él
no pertenece al espectro visible. El Sol produce
principalmente radiación en forma de rayos gamma. Estos
rayos gamma colisionan durante su viaje al exterior con las
partículas del interior del Sol, lo que los hace perder
energía, convirtiéndose en rayos X y luz visible.
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La capa radiactiva
 Los rayos X producidos en el núcleo del Sol se
hacen camino hacia la superficie paso a paso por las diferentes capas.
La capa radiactiva comprende desde el núcleo de la estrella hasta el
70% del resto de la masa, aproximadamente. Está compuesta de plasma,
es decir, de ingentes cantidades de hidrógeno y helio ionizado.
En la zona inferior de esta capa, los rayos X mencionados colisionan
con las partículas que forman el plasma y, en consecuencia, cambian
constantemente la dirección de su movimiento. A pesar de ello, la
radiación continúa subiendo, aunque a un ritmo muy pausado. De
hecho, la luz que recibimos actualmente del Sol fue el resultado de
las reacciones que se produjeron en su interior hace 1 millón de años
(y a pesar de que viaja a la velocidad de la luz: 300.000 Km/s.).
Los continuos choques entre partículas y rayos X hace que estos últimos
pierdan parte de su energía, transformándose en radiaciones de onda
más larga según suben hacia la capa de convección.
La temperatura en la capa radiactiva varía entre 15 y 1'5 millones de
grados, según la proximidad al núcleo.

La capa convectiva
Finalmente, los fotones alcanzan la capa
convectiva, que se encuentra 150.000 kilómetros por debajo de
la superficie. Allí, las temperaturas son ligeramente
inferiores al millón de grados Kelvin.
En esta zona la luz es absorbida por átomos en estado
gaseoso, y se producen fuertes corrientes de convección (como
las que se producen en los océanos y la atmósfera de nuestro
planeta), que se encargan de transportar la energía liberada
por el núcleo hacia la fotosfera:
Como la temperatura del gas que ha absorbido energía aumenta,
el gas se expande, haciéndose por ello menos denso. Debido a
ello, estas "bolsas" de gas ascienden hacia la zona
superior de la capa convectiva.
Una vez que llegan hasta allí, expulsan la energía
acumulada, pasando a ser de nuevo un gas más frío (frío en
relación con el que le rodea a pesar de que, en realidad, la
temperatura sigue siendo del orden del millón de grados
Kelvin). Al ser más "frías" y densas, vuelven a
descender por la zona convectiva, en un ciclo que dura varios
meses (ver imagen de la derecha).
En la zona de encuentro entre la capa convectiva y la
fotosfera, la materia se encuentra con una zona de grandes
turbulencias. Debido a estos fuertes movimientos, el gas en el
centro de unas estructuras llamadas cinturones de convección
(o supergránulos), que tienen unos 1.000 Km. de diámetro
cada una, fluyendo hacia los bordes de estas células para
hundirse posteriormente. Este proceso es probablemente el
responsable del calor que despide la Corona solar, así como
de la gran aceleración que sufren las partículas del viento
solar al salir de él.
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La fotosfera
Por encima de la capa convectiva, como ya
hemos comentado, se encuentra la fotosfera, que es la
superficie visible de nuestro Sol. A pesar de que esta capa
está compuesta por gas y, por tanto, es difícil medir con
exactitud su anchura, se puede estimar que abarca unos pocos
cientos de kilómetros.
En esta capa las temperaturas son menores que en la capa
convectiva: unos 5.800 º Kelvin. Es aquí donde los astrónomos
pueden observar las manchas solares, que tienen un ciclo
bastante regular de 11 años. Se producen manchas de muchos
tamaños, e incluso pueden llegar a producirse grupos de
ellas, que ocupan cientos de millones de kilómetros
cuadrados.
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Aunque todavía no se sabe muy bien porqué tienen
lugar estos espectáculos en la superficie del Sol, hay una fuerte
evidencia de que se forman debido a la inhibición temporal de las
corrientes de convección (ver capa convectiva) por la acción de
fuertes campos magnéticos.

La cromosfera
La cromosfera es la parte inferior de la
atmósfera solar, abarca unos 1.000 Km. y presenta un color
rojizo al telescopio. Se encuentra a una temperatura que
oscila entre los 4.000 y los 8.000 ºK.
Esta capa sólo puede ser observada con telescopio durante
los eclipses totales de Sol, ofreciendo bonitos espectáculos
(si se dispone de las herramientas adecuadas para la
observación), tales como espículas, protuberancias solares
y playas.
Las espículas se producen con cierta frecuencia (hay unas
100.000 espículas en la superficie del Sol en cada
momento), pero son de corta duración (se desvanecen a los
pocos minutos). Son chorros verticales de gas, capaces de
elevarse unos 10.000 kilómetros sobre la superficie, con
una velocidad de 25 km/s, en algunos casos.
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Las protuberancias solares son mucho más
espectaculares. Son grandes y brillantes arcos de materia caliente
(principalmente hidrógeno) que se extienden incluso hasta la corona
(ver más adelante).
Algunas de estas grandes protuberancias tienen incluso una longitud
similar a la mitad del diámetro del Sol. Las protuberancias están
también relacionadas con las manchas solares y los campos magnéticos
del interior del Sol, e incluso algunas de ellas permanecen varios
meses en la corona antes de disolverse.
Las playas, antes mencionadas, son fenómenos que se forman cerca de
las manchas solares. Tienen forma de nube y son bastante brillantes.
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Además, existen otros procesos relacionados
con las erupciones procedentes del Sol: las fulguraciones
solares (Coronal Mass Ejections, CME, en inglés). Son
enormes e impredecibles explosiones que expulsan gran
cantidad de materia del Sol hacia el espacio. Estas
explosiones van acompañadas de fuertes emisiones de rayos X
y ultravioleta. Estas radiaciones alcanzan la Tierra 8
minutos después de ser expulsadas, y puede causar grandes
daños debido a su alta energía (afectan a las
telecomunicaciones y a los satélites, en general), sobre
todo en las capas altas de la atmósfera, que se encuentra
ionizada. Además, son las causantes de las bonitas
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auroras boreales.
Unas 24 horas después, se produce la emisión de partículas de alta
energía (protones, en su mayor parte), que puede ser peligrosa para
los astronautas si no llevan la protección adecuada.
Las temperaturas que alcanzan estas intensas llamaradas no son nada
despreciables: 50 millones de grados Kelvin (superando incluso la
temperatura del núcleo).

La corona
Es la capa más exterior de la atmósfera
solar. Es también la más misteriosa de todas ellas. En
contra de lo que se podía esperar gracias a nuestro
conocimiento de la termodinámica, la temperatura de la
corona asciende gradualmente desde 4.000 ºK en la
cromosfera hasta casi 1.000.000 ºK, lo que la convierte en
la zona más caliente de la estrella después del núcleo.
Esto provoca cierto desconcierto entre los astrofísicos.
Sin embargo, se cree que las fuerzas magnéticas procedentes
del Sol son las responsables del movimiento de materia y
calor hacia el exterior.
La forma de la corona está sincronizada con el ciclo de
actividad solar (de 11 años, aproximadamente), variando
desde un abrupto anillo hasta finos chorros que alcanzan
millones de kilómetros de altura, a lo largo del ciclo.
Estos chorros son el origen de las partículas que forman el
viento solar, del cual la sonda Génesis intentará recoger
partículas para desvelar algunos de los misterios que todavía
circundan a nuestra estrella, el Sol.

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