Pablo Simonetti nos cuenta
sobre su nueva novela La Barrera del pudor,
protagonizada por Amaelia, una paisajista
que atraviesa precisamente ese límite, a
través de una urgente experimentación
sexual.
La continuación unos fragmentos
de este libro leídos por Pablo
Simonetti en Radio Play de Santiago
de Chile.
Algunos Párrafos
"Me aferro a
lo que me resulta más seguro y
placentero, a esta casa y su rutina
reconfortante, al jardín y su manera
simple de devolver la fe en la vida
"
" Él sabe, sin
necesidad de pedírselo, que debemos
hablar de plantas
y nada más. Porque hay situaciones
de las que no puede decirse
nada, cuando los actos han vaciado
de sentido las palabras, cuando
la evidencia es rotunda y final."
"Apagué mi luz
y él apagó la suya enseguida, en
contra de su costumbre. Me tomó una
mano bajo las sábanas, gesto que no
nos habíamos permitido en esos
últimos días. Tuve la intención de
decir “te quiero”, pero antes de
pronunciar esas palabras que en
realidad acarreaban otros
significados – adiós, perdóname,
tengo miedo–, me detuve a pensar qué
sentiría en el caso inverso: si él
dijera “te quiero”. Me habría
parecido absurdo.
No había nada que decir. No debía
decirse nada. Tomarnos
de la mano era un límite que no
podíamos cruzar."
"La idea de
este final me lleva a pensar en el
comienzo "
"Aunque
parezca una exageración, desde esa
noche inaugural supe que debíamos
estar juntos. Seguro que no fue
exactamente así, y la certeza se
robusteció con el paso del tiempo,
pero ahora, quince años más tarde,
comprendo que yo creía incluso en
una especie de predestinación. Nunca
albergué las dudas habituales de si
era o no el
hombre adecuado, ni hubo ningún
problema insoluble que surgiera
camino al matrimonio, ni tuvimos los
desencuentros que debe enfrentar la
mayor parte de las parejas una vez
extinguido el encantamiento ciego.
Ese destino preconcebido estaba
dentro de mí y con Ezequiel tan solo
se materializó, encontró su medio,
su hábitat. No es que tuviera una
idea clara del tipo de hombre que
deseaba como marido, era en realidad
una idea de cómo debía ser mi vida."
ARTES Y LETRAS 18 de Octubre del 2009
Dificultades matrimoniales
Crítica de Pedro Gandolfo
La barrera del pudor, de Pablo Simonetti,
narra la compleja separación de un
matrimonio que se prolongó demasiado. La
historia la lleva a cabo el autor
depositando la confianza de la narración en
la mujer, quien en primera persona, recluida
en un balneario de la costa central y
acicateada por las sucesivas visitas de su
hermana (Josefina), de su ex amante
(Bernardo), de su ex marido (Ezequiel) y de
su potencial nueva pareja (Roque), divaga
acerca de las causas de la declinación del
matrimonio y de las estrategias extremas que
ha intentado para salvarlo.
Se trata de una larga y
tortuosa historia del aprendizaje
sentimental de la protagonista, la
paisajista Amelia Tonet, narrada por ella
misma. Simonetti ha escogido la voz de ella
como única ventana a esta historia y eso la
tiñe de confusa subjetividad: como lo señala
la protagonista en algún momento, es su
"lectura" de los hechos, su versión. Y, por
consiguiente aunque parece distribuir en
forma equitativa las culpas entre ella y su
marido, finalmente, en distintos puntos de
la narración, va dejando en claro que es
Ezequiel Barros -un exitoso y sensible
crítico literario- quien la mantiene
insatisfecha sexualmente por años y, peor
aún, como comprenderá al terminar la novela,
no la quiere. La relación a la cual se
aferra con el paso del tiempo se ha
deteriorado al punto que la ruptura ha sido
el único camino a seguir.
La referencia a D.H. Lawrence no es menor:
el tópico de la mujer insatisfecha, la
relación poderosa con la naturaleza, el
erotismo y la sexualidad como vía para
encontrar la propia identidad en contra de
las convenciones sociales, la fertilidad,
aparecen en este novela pero, cabe
subrayarlo, debilitadas. La naturaleza, por
ejemplo, surge sobre todo mediada por la
mirada del paisajista, del diseñador de
jardines, una aproximación ordenada y
racional a la naturaleza. El erotismo y la
sexualidad -la experimentación del trío
sexual- es puesta de manera calculada y
dejada atrás. Es aquí, con todo, donde el
autor, demuestra un mayor acierto narrativo
y, en relación con el tema de la pérdida del
deseo, incursiona en una escalada que
muestra, a la vez, el ímpetu y la soledad de
la protagonista. La novela de Simonetti
opta, con todo, en este aspecto, por una
solución conservadora: la pareja estable. El
trío sexual es un "excursus" fallido.
La barrera del pudor bordea el naturalismo
psicológico y, por lo mismo, es abundante en
detalles íntimos, sin escasear las
descripciones sexuales realizadas con
crudeza. Sin embargo, no hay novedad aquí ni
incluso respecto de las prácticas de
incorporación de un tercero en la sexualidad
matrimonial para alentar un deseo alicaído:
la literatura del siglo XX, en contraste al
silencio del siglo XIX, ha indagado con
profundidad y desinhibición en todas las
variantes del sexo. En La barrera del pudor
prevalece la mezcla de un sexo de contenida
sordidez con la delicadeza en la descripción
de los paisajes del alma y la naturaleza.
Hay una cierta compensación entre lo idílico
del entorno y lo trasgresor de las
conductas.
En lo que respecta
al estilo, Simonetti maneja una prosa sin
pretensiones de originalidad; sin embargo,
se trata de una prosa grata al "oído",
cuidada, y muy distante de aquella que
podemos encontrar en los éxitos de ventas
actuales. No obstante estar narrada en
primera persona, no intenta la imitación de
un monólogo interior, aunque en la mayor
parte del texto la protagonista habla
consigo misma.
El autor mantiene la serenidad y ritmo de un
pausado narrador en tercera persona. J. M.
Coetzee afirmó, con certeza, que el narrador
debe ganarse hoy su autoridad frente al
lector. Es quizás, en este punto, donde la
novela se siente débil: las huellas de una
escritura femenina no están siempre
presentes; no en lo qué dice sino en cómo lo
dice. En términos de lenguaje, porciones
importantes de este libro podrían haber sido
dichas por cualquier otro personaje y esa
incertidumbre se traspasa al lector cuando
el género no está directamente inscrito en
el texto.
Y, siguiendo esta misma línea crítica, el
autor no logra convencer por qué la historia
de Amelia es una historia que reclama con
urgencia ser narrada y leída. Da la
impresión de que no lo tuvo claro: el relato
se alarga en exceso, el ritmo es lento, y su
intencionalidad se diluye hacia el final. La
narradora, tan tozuda y firme en sus
sentimientos, se torna veleidosa. Si se
trataba de plantear las tribulaciones de una
mujer burguesa de mediana edad, atrapada en
los convencionalismos sociales e incapaz de
verse con claridad a sí misma y a sus
propios afectos, que es redimida finalmente
por la sexualidad, se queda a medio camino.
Así, la novela navega indecisa entre la
novela erótica y el drama sentimental.
***
Pablo Simonetti sobre su nueva novela: "Los
espíritus conservadores se sentirán
violentados "El escritor presenta "La
barrera del pudor", protagonizada por una
paisajista que atraviesa precisamente ese
límite, a través de una urgente
experimentación sexual. El autor confiesa
que, para contar esa historia, tuvo que
enfrentarse también a sus propios pudores.
"Para escribir la historia de Amelia y Ezequiel tuve que enfrentarme con
mis propias fantasías, entrar en áreas de mi
inconciente que están revestidas de pudor",
dice el escritor Pablo Simonetti
relacionando el título de su última novela y
las vivencias de sus personajes, con su
propio enfoque sobre éstas.
"La barrera del pudor" (Norma, $11.900 - 21
USD), el libro que hoy lanza en la Galería
Patricia Ready, pone al escritor en la voz
de Amelia, una
paisajista que se acaba de separar, luego de
trece años de matrimonio marcados a fuego
por sus insatisfacciones y por la
incorporación de terceros en la vida sexual
de la pareja.
No se trata de una simple experimentación.
Es la decantación inevitable a la que llega
un proceso en que sólo la barrera del pudor
es traspasada con urgencia, tal vez en la
búsqueda de derribar otras que, sin embargo,
siguen allí instaladas.
"Las fantasías están en nuestra periferia,
hasta que de repente aparecen, las rozamos.
Tienen una gran capacidad de movilizar
emociones en uno, pero también te pueden
sacar del centro", dice Simonetti sobre el
viaje hacia sus propias fantasías, de la
mano de Amelia y Ezequiel.
-Además de barreras personales, como la
del pudor, hay barreras sociales que pueden
limitar como invitar a transgredir. ¿Sientes
que, así como en anteriores novelas, en esta
volviste a desplegar tu espíritu crítico
hacia algunos tabúes imperantes?
-Creo que sí, pero no buscando ser
transgresor. Los problemas en los que me
inmiscuyo con mis novelas los siento
cercanos. Primero están los personajes, y si
después ellos van a poner en tela de juicio
un tabú, muy bien. Lo que sí me parece que
podría producir resistencia, más que el tema
de los tríos o las fantasías, es el de una
mujer que tiene libre albedrío sexual.
Aunque viene cambiando con las generaciones,
creo que en Chile todavía genera resistencia
una mujer que pone su satisfacción sexual
como una prioridad en su vida y la busca.
Los espíritus conservadores se sentirán
violentados.
-¿Cómo te sentiste hablando desde la
mayor intimidad de un personaje femenino?
-Uno de los miedos que tenía al terminar el
borrador era que la voz y el mundo interior
de Amelia no fueran percibidos como los de
una mujer. Pero las mujeres que han leído la
novela la sienten muy femenina. Siempre he
pensado que la escritura requiere de una
especie de polimorfismo sexual. Todos los
grandes escritores han pasado por las
conciencias de mujeres, y al revés también.
Uno tiene en su interior reservas femeninas.
Hay que alcanzar esos lugares y dejar que se
constituyan.
-Al comenzar a escribir "La barrera del
pudor", ¿cuáles fueron tus primeros
desafíos? ¿Quisiste abordar determinados
temas, o escribir la más erótica de tus
novelas?
-Ninguna de las dos. Hay escritores que se
ponen temas, pero yo no. Siento que producen
una asfixia en la historia, determinan
discursivamente a los personajes. Pero si tú
a éstos los sigues, con lo que a mí me gusta
llamar "imaginación estricta", a la larga
siempre da como resultado una mirada más
profunda a varios temas, más compleja y
contradictoria. Lo que yo quiero hacer es
arriesgarme, no defenderme.
-Es usual en muchas novelas ver
personajes de escritores, pero no tanto de
críticos literarios. ¿Por qué le diste esa
ocupación a Ezequiel?
-Me pregunté "qué puede hacer un hombre que
tiene este carácter", que es un poco
prescindente por la vida, que se deja llevar
por Amelia, que parece necesitar de alguien
que le arme el mundo. Creí que esa
personalidad se avenía bien con el oficio de
crítico literario, pero al mismo tiempo,
cuando descubrí eso, me dio una especie de
morbo (risas). Los críticos literarios, de
alguna manera, son compañeros de la carrera
literaria y también adversarios. Entonces
algo de malicia hay, en la asociación entre
impotencia literaria e impotencia sexual,
pero también cuidando que no sea una
caricatura, que tenga humanidad. No me costó
mucho ponerme en su piel: Los escritores
tenemos mucho de críticos.
-Y todo eso con el recuerdo fresco de lo
que se escribió acerca de "La razón de los
amantes"...
-Está la idea de que "La razón de los
amantes" tuvo mala crítica, pero hay varios
críticos en Chile y hubo quienes la
criticaron bien, tal vez desde tribunas
menos lucidas. A uno de los que la criticó
mal me lo encontré después, y le pregunté
qué había pasado. Me dijo que había vuelto a
leer la novela en el verano y la había
encontrado entretenidísima. Con el tiempo he
descubierto que los críticos son tan
vulnerables como los escritores, y que
escriben desde un lugar, personal y
político, que lo determina en sus juicios.
He aprendido a tomarlos con mayor madurez,
sin sentirme vapuleado ante una mala crítica
y evitando que se me suban los humos a la
cabeza cuando recibo una buena. Pero con
esta novela voy a tratar de no leer
críticas. Richard Ford me dijo que desde el
año 1991 no leía críticas y era muy feliz.
No es que esté diciendo que no sirvan las
críticas, pero no creo que sea un mejor
escritor por leerlas. Voy a intentarlo.
En su tercera novela, Simonetti ratifica su
condición de superventas en Chile. ''La
barrera del pudor'' llegará a las librerías
locales con una inusual edición de 15 mil
ejemplares.