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La presentación del Trío en Mi
bemol, Op. 100 D. 929, un movimiento para cuarteto de cuerdas,
seis canciones y dos marcos corales, integró el único concierto
público de Franz Schubert el 26 de marzo de 1828.
Éste que se esperaba fuera el primer éxito artístico y
financiero, en una fecha tan importante para el compositor, no
encontró eco en el público porque el celebrado Nícolo Paganini,
desde su aparición en Viena con sus brillantes ejecuciones -que
le habían valido el mote de “El violinista del diablo”-, había
relegado hasta el fondo a las otras actividades musicales.

El Trío en Mi sostenido, completado por Schubert en noviembre de
1927, parece reflejar desde su inicio la energía y el vigoroso
impulso de Beethoven Desviándose de la norma de la sonata, el
primer movimiento (Allegro) presenta cuatro grupos temáticos, en
el último de los cuales domina el prolongado, con su
particularidad básica de diálogo continuamente modulado.
La cantilena expresada por el cello en el melancólico Andante
con moto, parecido a una balada, deriva sus alternaciones entre
mayor y menor de la canción folklórica sueca “Se solen sjunker”
(El sol se está ocultando), que Schubert había escuchado en un
concierto casero ofrecido por el tenor sueco Karl Berg.

El scherzo -que invoca el espíritu de Haydn por su ingenioso
movimiento entre las cuerdas y el piano- no abandona por
completo el humor melancólico, nostálgico, particularmente
cuando en el “racimo” de armonías y ritmos la sección de trío
queda absolutamente suspendida en una pausa general.
Aunque al final, que flota lentamente entre la sonata y el
rondó, los sonidos relajados al principio a similitud del “tema
sueco”, recuperan el vigor inicial.
El retorno a una radiante tonalidad mayor termina en júbilo
triunfal, como una victoria sobre todos los humores deprimentes.


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