Sobre Rimbaud:

El hombre de suelas de viento. Es inútil perseguirlo. Tal es su velocidad que nadie lo alcanzará jamás. Ni yo lo pude alcanzar mediante el crimen.

Paul Verlaine

Si Rimbaud sobrevive a las fluctuaciones de la moda, se lo debe a la gratuidad de su crueldad, a su cirugía demoníaca, a la generosidad de su hiel. Lo que le permite a una obra durar, lo que le impide envejecer es su ferocidad.

Emil Cioran

Escribir no fue jamás para Rimbaud otra cosa que un medio; un medio para desembarazarse de su alma, de proyectar fuera de sí el mal maravilloso que lo aquejaba.

Jacques Rivière

No es un ser, es un impulso: el tránsito aparecido-desaparecido de un impulso puro,

Roger Mounier

 



No puedo sino escribir de modo personal de un autor que desde mi tardía adolescencia me llamó poderosamente la atención. Seducido tanto por su vida como por su obra, descubrí en Rimbaud al más sugerente escritor de la historia. Abandonó la literatura a los deicinueve años, después de que su talento dejara impávidos a sus amigos del cenáculo de escritores borrachos, «Le cercle des vilains bonhommes” (Verlaine, Mallarmé, Mendès) y a sus predecesores, a los que llamó despectivamente “la vieillerie poétique”. Hecho crucial para comprender el alcance de este fenómeno literario. 


Ha resultado más fácil asimilar su precocidad, su desfachatez, su aporte poético y su activismo rebelde que su convencida retirada del mundo de las letras. Tengo grabadas en la memoria, como ningún otro principio, aquellas sacrosantas líneas de Une Saison en enfer: «Jadis, si je me souviens bien ma vie était un festin où s'ouvraient tous les coeurs, où tous les vins coulaient.» Asimismo compartí con amor la jura de su compromiso : «Je dis qu’il faut être voyant, se faire voyant. Le poète se fait voyant par un long, inmense et raisonné dérègement de tous les sens.» Desde aquellas primeras lecturas cargadas de emoción, creí descubrir un guía, alguien cuyo talento y convicciones estéticas había que imitar, tomar como horizonte. Hoy, no obstante, mi aprecio por Rimbaud se inclina más por la faceta vital que por la obra. Finalmente he comprendido la honestidad de su retiro. La vida tiró más. No fue la literatura lo que lo llevó a París, no fue la fama la que inspiró sus versos. Le tocó vivir un París turbulento en el que convivían la frivolidad de los salones literarios con las batallas de la Comuna. Hasta ellas no lo condujo el arte, sino sus ansias de vivir apasionadamente.

 

 

 Esas mismas ansias hicieron que terminara por hartarse de Verlaine y emprendiera una vida errante, donde la aventura jugaría el mismo papel que en su tiempo jugaron la revolución y la poesía: cruzó los mares con la marina holandesa y recaló en los lugares más remotos: Java, Lugano, Chipre, Egipto, Somalia. Comerció con café, se hizo traficante de armas, de esclavos, quiso amasar fortunas. Finalmente un cáncer de huesos lo mató a los 37 años, otra vez en Francia. 
Antes me devanaba los cesos tratando de comprender su ruptura con la poesía, su lapidaria frase : «L’art est une sotisse ». Ahora por fin entiendo que Rimbaud abandonó las letras al descubrir muy pronto que la literatura, o más bien, el mundo literario, por su naturaleza inconcreta, posera y frívola, era incapaz de darle la vida tumultuosa que perseguía. Gracias a ello, sus textos conservan un valor inigualable, el valor testimonial de su propio engaño juvenil: las poéticas y las ideologías literarias son solo palabras, conceptos a los que Searle, en su última obra, parece mirar de reojo cuando habla de las pamplinas filosóficas como deliberadas negaciones de realidades evidentes.

 

 A pesar de todo, sigue habiendo quienes interpretan la renuncia de Rimbaud desde un punto de vista literario, con argumentos llenos de palabrería teórica. Rimbaud no se retiró para que la interpretación de su obra conservara el aliento de su ideario poético. Si dijo « ya soy mayor para eso », lo dijo porque realmente así lo creyó. Porque esa bobería de la literatura solo deja de serlo cuando se la practica con honestidad, por amor a cierta belleza inaprensible cuya búsqueda no cesa nunca, y que en su fuero interno debe aceptarse a su vez, como el escondite de una serie de pretextos a los que no tiene por qué confundir con niguna clase de altruismo. El riesgo literario no excluye el silencio, por el contrario, lo persigue. Ya que quien escribe lleva un demonio dentro que anhela exorcizar. 
El anhelado silencio 
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                Ernesto Escobar Ulloa © Mayo de 2002 

 

                    

                                A ELLA

En el invierno viajaremos en un vagón de tren
con asientos azules.

Seremos felices. Habrá un nido de besos
oculto en los rincones.

Cerrarán sus ojos para no ver los gestos
en las últimas sombras,
esos monstruos huidizos, multitudes oscuras
de demonios y lobos.

Y luego en tu mejilla sentirás un rasguño...
un beso muy pequeño como una araña suave
correrá por tu cuello...

Y me dirás: «¡búscala!», reclinando tu cara
y tardaremos mucho en hallar esa araña,
por lo demás indiscreta

      

                                         

                              

 

 

                Arthur Rimbaud 

 

(1854-1891). Nacido en Charleville y murió en Marsella. Fue el gran poeta maldito de todos los tiempos. Entre sus obras más prominentes se encuentran "iluminaciones" Y "una temporada en el infierno". Mantuvo una estrecha amistad con el poeta Verlaine, que quedo maravillado por la postura vagabunda, absurda, anárquica y nihilista del joven poeta. En 1873 Verlaine hiere a su amigo de un disparo de revolver. en 1976 se alisto en el ejercito Holandés, y desde entonces dejo la poesía para dedicarse a la explotación de esclavos, al trafico de armas. En 1891 se ve afectado por un tumor maligno en la pierna derecha, la cual le cuesta la amputación de la misma y muere pocos meses después.

 

 

Rimbaud es tal vez el único poeta del siglo XIX, (junto a Mallarmé) cuya obra hoy podría pasar como contemporánea. Ninguno de sus coetáneos resistiría la prueba. (Las flores del mal, dieciséis años anterior a las Iluminaciones, o todo Verlaine, hoy suenan tan siglo XIX como Byron o Keats).

Sabemos que Rimbaud, en los años que van de 1869 a 1874, abrió muchos de los caminos de la poesía contemporánea, realizando (y no sólo enunciando) el simbolismo. Sabemos que entre los hallazgos de Rimbaud hay buena parte de Mallarmé antes de Mallarmé, que el surrealismo es otra de sus conquistas antes que sus detentores lo oficializaran, que sus consignas y correrías lo hicieron beatnik a casi cien años de Ginsberg y Burroughs.

El enigma Rimbaud, su abandono total de la literatura a los veinte años para dedicarse al comercio en Africa, seguirá sin revelarse porque remite a una cuestión que va más allá de su figura. Es la pregunta incontestable sobre la pretendida trascendencia del arte. Como ocurre con Proust, en Francia y en el mundo brotan biografías de Rimbaud casi todos los años. El Rimbaud de Graham Robb —crítico inglés que ha también ha biografiado a Balzac y a Victor Hugo— se suma ahora a la lista.

Como todo biógrafo que quiere explicar y desmitificar a Rimbaud, agregando información reciente y reinterpretando hechos de su vida, Robb sabe que estos intentos no harán más que engrosar el mito. La biografía, género concebido para héroes mitológicos y creadores de religiones, engrandence inevitablemente al biografiado. Y más en este caso. La leyenda del iluminado, del maldito entre los malditos, del vidente, del malogrado: un mito intacto, entre otras razones, porque Rimbaud, al desobedecerlo dejando todo cuando crecía su reconocimiento en vida, lo aumentó. El resto lo hizo la complejidad y ambigüedad "patológica" de su obra, para ser leída "literalmente y en todos los sentidos". Ambigüedad y oscuridad que la salvan del kitsch en el que intentaron lavarla muchos de sus biógrafos, en un arco de apropiaciones que va de Jesucristo a Kurt Cobain.


Verlaine et Rimbaud dans les rues de Londres

 


La poesía de Rimbaud significa, por primera vez en la literatura, la sustitución de la metáfora (que establece una relación entre dos esferas emotivas e intelectuales ya conectadas por la experiencia común) por la imagen, que une esferas de sentido independientes. El contacto que da origen a la imagen se da sólo en el poeta. Imagen, a su vez, conectada a otras sin encadenamiento lógico, en una hipnótica yuxtaposición de planos sensoriales. El resultado es una obra cuyo altísimo voltaje se dirige a cada uno de nosotros; por eso la lectura de Rimbaud puede ser el acontecimiento decisivo de la adolescencia.

Robb repasa los datos conocidos de la vida del autor de Vocales, filtrados por observaciones muchas veces reveladoras, de un sabor un poco cínico y desidealizante, que dan el provocativo efecto de elevar la voz del biógrafo por sobre la figura de su criatura. Arthur Rimbaud, nacido en 1854 en Charleville, pueblucho cercano a la frontera con Bélgica, transcurre su años escolares bajo la mirada de su madre insufrible. Es un estudiante aplicado, con una asombrosa facilidad para la gramática y la versificación.

Luego vendrá su improbable participación en la Comuna de París en 1871, y su encuentro erótico con Verlaine, que le abre la puerta al medio literario parisino. Todos se deslumbran por el chico de diecisiete años que había escrito El barco ebrio, del cual Robb consigna el fárrago de interpretaciones acumuladas durante un siglo.

 



Ya tenemos al Rimbaud emancipado de su familia, al pequeño delicuente sin sentido moral, experto en provocar varios escándalos por día. Son los años de las continuas borracheras que sólo un hígado adolescente puede soportar, del descubrimiento del opio y el hashish, del "desarreglo racional de los todos los sentidos", que Rimbaud devuelve instantáneamente en su poesía, cada vez más atrevida y original.

Luego de un revelador viaje a Londres en 1872, la ruptura con Verlaine. Regresos cíclicos a Charleville, donde se encierra a escribir, más viajes a París, hasta su definitivo abandono de la escritura (y de la lectura), poco después de la provinciana edición de Una temporada en el infierno en 1873 y de los últimos retoques de las Iluminaciones al año siguiente.

Intentando "dejar crecer a Rimbaud", Robb ofrece un minucioso panorama de sus años africanos, agregando varios datos de conocimiento reciente. Luego de seis años de vagabundeos en Alemania e Italia, en 1880 desembarca en Adén, a orillas del Mar Rojo, de donde partirá a expediciones comerciales por todo el Africa oriental. Sólo volverá a Europa en 1891, para morir.

En Africa Rimbaud llega a hacer buenas diferencias dirigiendo caravanas comerciales, negociando con oscurísimos y peligrosos reyezuelos, llegando a traficar armas. Convertido en personaje de Roberto Arlt, quiere salvarse, hacer un negocio grande y huir de la vida africana, a la que siempre califica de infernal. Para esto lee montañas de tratados geográficos, etnológicos y técnicos, y llega a hablar árabe, amárico, adariña, oromo, somalí, argoba, tigriña y kotou. Robb, contra otras versiones, demuestra que Rimbaud llegó a ganar una discreta fortuna.

 

 

 


¿Por qué dejó de escribir? Para la pregunta del millón, Robb arrima una coincidencia biográfica, interesante dentro de su debilidad. Rimbaud siempre había utilizado la escritura como un medio y no como un fin. Uno de sus fines (además de intentar cambiar la realidad), era la poesía como forma de comunicación privada. Sencillamente, dejó de escribir cuando dejó de vivir con otras personas. Es posible (también podríamos preguntarnos cómo hubiera podido seguir).

Más consistente es otra idea (de Robb): luego de las Iluminaciones, tal vez Rimbaud creyera que su poesía había rebasado los límites de la comunicabilidad y representara un esfuerzo inútil. Es posible. ¿Y para qué buscar más explicaciones? Ya dijimos que cualquier hipótesis jugará a favor del misterio.

 

Cronología

1854.- Nace Arthur Rimbaud el 20 de octubre en Charleville, Ardennes, Francia. Su padre es un capitán de infantería que diez años después abandonará a la familia.

1855 - Walt Whitman, Hojas de hierba

1857 - Charles Baudelaire, Las flores del mal

1858 - Gustavo Adolfo Bécquer, El caudillo de las manos rojas

1859 - Charles Dickens, Historia de dos ciudades

1860 - Nace su hermana Isabelle

1861 - Fedor Dostoievski, Humillados y ofendidos

1862 - Víctor Hugo, Los miserables

1863 - Aldous Huxley, El lugar del hombre en la naturaleza

1864 - León Tolstoi, Guerra y Paz
              Nacen Miguel de Unamuno y Toulousse-Lautrec

1865 - Octubre, Rimbaud entra en el Colegio de Charleville

1866 - Paul Verlaine, Poemas Saturninos

1867 - Muere Charles Baudelaire

1868 - Fedor Dostoievski, El idiota.

1869 - Rimbaud obtiene el primer premio de versos latinos en el Concurso Académico, con “Jugurtha”. Escribe “Los Regalos de los Huérfanos”

1870 - La “Revue pour tous” publica “Los Regalos de los Huérfanos” (primer poema conocido). Georges lzambart, su profesor en Retórica, le estimula y le hace leer poetas contemporáneos. El 24 de mayo escribe a Théodore de Banville (en dicha carta se encuentran sus poemas “Credo in Unam” devenido enseguida “Soleil et chair”). El 29 de agosto materializa su primera fuga. Llega a París donde es encarcelado ya que su pasaje de tren no valía. Se hace liberar por Georges Izarnbart, quien lo alberga en casa de unas tías, en Douai. A fines de septiembre lo hace regresar a Charleville. Diez días después —el 7 de octubre— Rimbaud se vuelve a escapar a pie por Fumay, Charleroi y Bruxelles hasta Douai donde nuevamente lo alojan las tías del profesor. En el camino escribe “La Maline”, “Au Cabaret vert Ma Bohème”, entre otros poemas. El 11 de noviembre, por pedido de su madre, la policía lo lleva de retorno a Charleville.

1871 - El 25 de febrero emprende su tercera fuga por tren, hasta Paris. Rimbaud se queda allí unos quince días y vuelve a pie. El 13 de mayo escribe a Izarnbard una primera carta sobre la videncia, el 15 le escribe a Paul Demeny la “Carta del Vidente”, y envía a ambos varios poemas. Entre agosto y septiembre se escribe con Paul Verlaine, quién lo califica de verdadero poeta y de vidente. Paul Verlaine lo llama a París y Arthur llega con su último poema “El barco ebrio”. Vive junto a Verlaine y su esposa, en casa de los padres de ésta. Frecuenta en París a Jean Richepin (escritor francés 1849-1930), Etienne Carjat (caricaturista francés 1828 -1906), Jean Louis Forain (Pintor y grabadista francés 1852-1931).

1872 - Rimbaud reside en París con Verlaine, quien se querella con su mujer. Retorna a Charleville. Después de escribir varios poemas (“Los últimos versos”), regresa en mayo a París, llamado por Verlaine, con quien parte hacia Bélgica en el mes de julio. En septiembre llegan a Londres (es probable que allí haya comenzado a escribir Iluminaciones) pero Rimbaud vuelve a Charleville en las cercanías de Navidad. La revista “La Renaissance littéraire et artistique” publica “Los cuervos”.

1873 - Desde enero hasta abril Rimbaud vive en Londres y cuida a Verlaine que se encuentra enfermo. El 11 de abril llega a Roche donde está su familia y comienza a escribir el Libro Pagano o libro Negro, que será después Una temporada en el infierno. El 27 de mayo vuelve con Verlaine a Londres donde pasan una vida de miseria y disputas. En julio Verlaine regresa a Bruselas para reconciliarse con su mujer. Rimbaud lo sigue, y el 10 de ese mismo mes le anuncia su decisión de irse a París. Verlaine lo hiere de un balazo, lo que le representa una condena de dos años en prisión. En Roche, Arthur culmina Una temporada en el infierno, impreso en Bruselas en el mismo año. Al no poder pagar la edición recibe sólo unos pocos ejemplares; los restantes fueron encontrados recién en el año 1915 (24 años después de su muerte) en el sótano de la imprenta, poniendo fin a la leyenda que Rimbaud los habla destruido. En el otoño se instala en París.

1874 - Desde la primavera, Rimbaud vive en Londres con el poeta Germain Nouveau. Allí permanecerá casi todo el año; escribe sin duda la parte más grande de Iluminaciones.

1875 - Desde Charleville, en enero, parte hacia Stuttgart con la intención de aprender alemán. Obtiene un puesto de preceptor. A fines de febrero se encuentra con Verlaine. Rimbaud va de Stuttgart a Milán, a pie. Repatriado por intervención del cónsul francés en Livonia, en otoño se encuentra nuevamente en Charleville. Continúa el estudio de las lenguas españolas, italianas, árabes, entre otras.

1876 - En abril se encuentra en Viena. En mayo se enrola en el ejército colonial holandés y es conducido en julio a Batavia, donde deserta al cabo de tres semanas. En agosto vuelve a Charleville.

1877 - Rimbaud reanuda en Europa su vida errabunda. Estando en septiembre en Marsella se embarca hacia Alejandría. Enfermo, es llevado a Charleville.

1878 - Tras una breve estadía en Hamburgo, Rimbaud parte a pie hacia Italia. En noviembre se embarca hacia Alejandría. En diciembre está en Chipre —cerca de Larnaca— donde dirige una cantera.

1879 - En junio, estando enfermo, vuelve a Roche.
              Henrik lbsen, Casa de muñecas

1880 - Nuevamente va hacia Chipre, de allí hacia Egipto y más tarde recorre los puertos del Mar Rojo. Obtiene un contrato en Aden; luego el 13 de diciembre llega a Harrar, Abisinia, donde trabaja para la firma Berdey, que comercializa café y pieles.

1881 - Rimbaud permanece en Harrar.
             Alfred Tennyson, La copa
             Oscar Wilde, Poemas

1882 - Walt Whitman, Redobles de tambor
             Antonio Gaudí, La Sagrada Familia.

1883 - Friedrich Nietzsche, Así hablaba Zaratustra (partes I y II)

1884 - Friedrich Nietzsche, Así hablaba Zaratustra (partes III y IV)
             Mark Twain, Huckleberry Finn.

1885 - Guy de Maupassant: Cuentos del día y de la noche.

1886 - Sin que Rimbaud lo supiera, son publicadas las Iluminaciones
             (I al XXXVII) en la revista La Vogue (200 ejemplares).

1887 - La operación de venta de armas fracasa: Arthur no recibe paga.

1888 - Hasta el año 1890 dirige una fábrica en Harrar e interviene
             en varias otras operaciones comerciales.

1889 - Herman Melville, Billy Budd. Muere Robert Browning
             Mark Twain, Un yanky en la corte del Rey Arturo

1890 - Oscar Wilde: El retrato de Dorian Gray.
             Emil Zola, La bestia humana.
             Muere Vincent Van Gogh

1891 - En febrero, Rimbaud sufre malestares en la pierna derecha que él atribuye, según una carta enviada a su hermana Isabelle, al frío de Harrar, a largas caminatas de 15 a 40 kilómetros diarios y a "cabalgatas insensatas por las abruptas montañas de la región". En marzo lo llevan a Zeilah en una litera diseñada por él mismo y de allí a Aden desde donde poco después vuelve a Francia. Es hospitalizado en Marsella y el 22 de julio le amputan su pierna derecha. Desde julio hasta el 23 de agosto permanece en Roche pero su salud se agrava y parte con Isabelle hacia Marsella nuevamente para ser hospitalizado. El 10 de noviembre, poco después de cumplir los 37 años, muere Arthur Rimbaud en el Hospital de la Concepción.

 

A una razón.
Oración de la tarde.
Cabeza de fauno.

                                       Adiós

 

       ¡Ya el otoño! —Sin embargo, por qué añorar un eterno sol, si estamos empeñados en descubrir la claridad divina,— lejos de los que mueren con las estaciones. Otoño. Nuestra barca, alzada en las brumas inmóviles, se orienta hacia el puerto de la miseria, la enorme ciudad del cielo manchado por fuego y lodo. ¡Ah, los andrajos podridos, el pan mojado en lluvia, la ebriedad, los mil amores que me crucificaron! ¡Jamás terminará pues, esta reina devoradora de millones de almas y cuerpos muertos y que serán juzgados! Vuelvo a verme, carcomida la piel por el fango y la peste, cabellos y axilas repletos de gusanos, y más gusanos todavía en el corazón, yacente yo entre desconocidos que no tienen edad ni sentimiento... Hubiese podido morir...

¡Atroz Evocación! Execro la miseria.
Y temo el invierno porque es la estación del confort!

       A veces veo en el cielo playas sin fin, cubiertas de blancas naciones jubilosas. Un gran navío de oro agita, por encima de mí, sus pabellones multicolores en las brisas de la mañana. Yo creé todas las fiestas, todos los triunfos, todos los dramas. Procuré inventar flores nuevas, astros nuevos, carnes nuevas, idiomas nuevos. Creí adquirir poderes sobrenaturales. ¡Y bien, debo sepultar mi imaginación y mis recuerdos! ¡Hermosa gloria de artista y de narrador perdida!

       ¡Yo! ¡Yo que me califiqué de mago o de ángel, dispensado de toda moral, soy devuelto a la tierra, para que me busque un deber y abrace la rugosa realidad!
       ¡Campesino!

       ¿Estoy equivocado? ¿Sería la caridad, para mí, hermana de la muerte? En fin, pediré perdón por haberme nutrido de mentiras. Y andando. Pero, ni una mano amiga! ¿Dónde obtener ayuda?

 

 

A UNA RAZÓN.

Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga todos los sones
y empieza la nueva harmonía.
Un paso tuyo significa el alzamiento de los hombres nuevos y
su puesta en marcha.
Tu cabeza se desvía: ¡el nuevo amor! Tu cabeza se vuelve:
¡el nuevo amor!
<<Cambia nuestros lotes, criba los desastres, empezando por el
tiempo>>, te cantan esos chicos.<<Levanta hasta donde sea,
la substancia de nuestras suertes y de nuestros votos>>, se te ruega.
Llegada de siempre, que te riás por doquier.
 

          ORACIÓN DE LA TARDE

 

 

Como un ángel sentado en manos de un barbero,
empuñando mi jarro de canales hirsutas,
en arco el hipogastrio y el cuello; un gambiero
en la boca; en el aire, impalpable volutas.

Como la sirle cálida de un viejo palomar, 
mil sueños en mí dejan, sus dulces quemaduras
y mi corazon triste, parece ensangrentar,
el sombrío oro joven de aquellas chorreduras.

 

Luego, cuando he engullido mis sueños con cuidado,
 treinta o cuarenta tarros he bebido, y me inclino
devoto hasta que el agrio eructo he soltado.

 

Dulce como el señor del cedro y los hisopos,
hacia los cielos foscos, alto y lejos, orino,
con el consentimiento de los heliotropos.

 

 

CABEZA DE FAUNO

 

En el estuche verde, por el oro manchado,
dentro del frescor incierto, floreciente y tupido
entre flores espléndidas, el beso se ha dormido.
Vivo e hieriente rasga, el bonito bordado
mostrando sus dos ojos, un fauno temeroso.

Muerde las rojas flores su fino y blanco diente.
Igual que un vino viejo, moreno y sanguinoso
su labio estalla con risa clara, estridente.

 

Ágil como una ardilla, de pronto sale huido
y sigue cada hoja, de la risa el temblor.
Se adivina asustado por algún ruiseñor
el beso de oro del bosque, y se ha escondido.

 


El pasajero salvaje




Por Ariel Búmbalo

El siglo XX -quizá pronunciando una inclinación alumbrada en el XIX- experimentó en profundidad la fascinación por los rebeldes. Con un temblor equívoco, los amó y temió. El Romanticismo, en su momento, les había abierto la puerta a los ángeles -o demonios- largo tiempo expulsados de la beatitud y éstos se encargaron en poco tiempo de poner patas para arriba el mobiliario terrestre. La picardía mayor fue declarar la muerte de Dios, el que, por otra parte, llevaba una buena cantidad de años moribundo.

Los ángeles rebeldes, los demonios, se prodigaron por todas partes. Los hubo en las artes, en la ciencia, en la filosofía, en la política. El más extraordinario de todos fue un muchacho de aspecto frágil e hipnóticos ojos azules que entre los quince y los diecinueve años produjo la obra poética más revulsiva de la pasada centuria. Se llamaba Arthur Rimbaud. Fue el primer poeta maldito, el primer beatnik, el primer hippie, el primer punk, el primer gran dios de la rebelión.

Ángel y demonio

Rimbaud fue un pasajero salvaje de este mundo en la segunda mitad del siglo XIX. Había nacido en el mes de octubre de 1854, en Charleville, una ciudad cercana a la frontera francesa con Bélgica, y murió el 10 de noviembre de 1891, en Marsella, a la edad de 37 años. Segundo hijo varón del matrimonio entre el capitán Frédéric Rimbaud y Catherine Félicité Vitalie Cuif, hija de un terrateniente de las Ardenas. La pareja se disolvió más o menos pronto y la madre se encargó sola de la crianza de los hijos, cuatro en total (dos varones y dos mujeres). Era una mujer severa y posesiva, estricta en cuestiones religiosas y morales, que recurría con mucha facilidad a los castigos corporales para 'educar' a sus hijos.

En la escuela, Arthur fue hasta los quince años un alumno ejemplar, el mejor de su clase en el Instituto de Charleville, en donde era muy estimado por los profesores y respetado por sus condiscípulos. Hacia 1870 llegó a ese instituto el profesor de Literatura Georges Izambard, quien iba a marcar una influencia decisiva en la formación de Rimbaud. El también joven Izambard (21 años, apenas 5 más que Arthur) confirmó y amplió las lecturas de su discípulo y le transmitió los ideales republicanos y de inconformismo, entonces en ebullición. Vitalie, la opresiva madre de Rimbaud, llegó a estar convencida de que fue Izambard el primer causante de la rebelión de su hijo y del posterior rechazo de éste a cualquier forma de disciplina.

Lo cierto es que a partir más o menos de esa época el ángel Rimbaud se transformó en el Rimbaud demonio.

Entre 1870 y 1871, cuando apenas rondaba los 17 años, Arthur se fugó dos veces de su casa hacia París. En la primera ocasión, fue detenido por la policía apenas llegó a esa ciudad y devuelto a Charleville y a su madre una semana después. Pero la segunda fuga coincidió con los sucesos de la Comuna y la llamada "Semana Sangrienta". Sigue siendo un misterio si Rimbaud participó o no de la batalla de París. Lo cierto es que en este nuevo vagabundeo por la calles de la ciudad, sin dinero ni amigos a quienes recurrir, se vio pronto sumergido en la miseria, pasó hambre y terribles necesidades. La estadía duró quince días y tuvo un desenlace cruel. Aunque no hay testimonios concretos, por las alusiones de su poema Coeurs Suplicié y algunas afirmaciones hechas por sus amigos después, sus principales biógrafos suponen que durante esa permanencia en París, Rimbaud tuvo una terrible iniciación sexual al ser violado por unos soldados en un cuartel en el que había pedido refugio.

El barco ebrio

Tras la terrible y nunca aclarada experiencia en París, Rimbaud retornó a Charleville, a la casa de su madre. Allí se entregó a una intensa experiencia autodestructiva y de endurecimiento. Dejó de cortarse el cabello, no se lavaba y comenzó a lucir una pipa que usaba con el cuenco hacia abajo. Deambulaba por las calles de su ciudad insultando a los paseantes o mendigaba dinero entre los conocidos para beber o fumar. Llenó los muros y bancos de Charleville con la inscripción "¡Mierda a Dios!", expresión en consonancia con algunas de las ideas más revulsivas de la época y que sacaba a las calles el "¡Dios es el mal!" de Proudhon. Según escribe Enid Starkie, su mejor comentarista "Rimbaud se negaba a aceptar que la miseria que veía a su alrededor y que le producía náuseas no fuera más que miseria (...) Desde su más tierna infancia sintió la sed de Dios y creyó encontrarlo. Luego se volvió contra Él y lo odió al identificarlo con la autoridad y la tiranía..."

Esta primera época feroz de Rimbaud fue al mismo tiempo altamente productiva para su obra. Fue en esta fase cuando elaboró los contenidos esenciales de su doctrina estética, los que iban a tener luego una gran influencia en todo el ámbito de la poesía. Rimbaud profundizó los planteos de Baudelaire, en especial los relacionados con el concepto de 'correspondencia', y concibió su postulación del poeta como 'vidente'. El artista, según el planteo de Rimbaud, no es propiamente un creador sino un vidente, dotado de unas facultades de percepción excepcionales. La cuestión también puede hallarse expuesta en Baudelaire, sólo que Rimbaud la radicaliza. Para él resulta necesario destruir la naturaleza humana en su misma condición con el fin de trascender más allá, hacia cierta dimensión espiritual y eterna. Esta preparación para el estado de 'videncia', de percepción suprema, se consigue, según Rimbaud, mediante una profunda y sistemática perversión sensorial. "El poeta -escribe- se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de los sentidos." Y también: "El poeta necesitará de toda su fe, de toda su sobrehumana fortaleza, para convertirse en el gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito y el sabio supremo."

Tales planteos, además de en sus actos, se tradujeron en su escritura, que inauguró recursos tales como la ausencia de un hilo lógico, la incoherencia y discontinuidad deliberada, la acumulación y mezcla de planos sensoriales (visuales, táctiles, sonoros), la modificación de las percepciones espacio-temporales y otras. La cifra definitiva de estos planteos puede hallarse en el famosísimo poema Le Bateau Ivre, que fue escrito en este período.

Rimbaud y Verlaine

La tercera llegada a París de Rimbaud fue por invitación del poeta Paul Verlaine, que ya entonces gozaba de cierto reconocimiento y quien había difundido "El barco ebrio" en la revista Lutece. Esta publicación nucleaba a los parnasianos, un grupo de jóvenes poetas que tenían como maestros a Gautier, Banville, Leconte de Lisle y Baudelaire y que intentaban marcar sin demasiada fuerza alguna diferencia con el Romanticismo. Los jóvenes parnasianos recibieron con entusiasmo a Rimbaud, lo mantuvieron con alojamiento, dinero y comida y hasta lo incluyeron en un trío de 'poétes maudits' junto a Stephane Mallarmé y Tristan Corbiére. Sin embargo, ninguno soportó la vida de sordidez física y moral que llevaba su protegido ni sus continuos actos de perversión que él consideraba necesarios en su búsqueda de una 'ascesis espiritual'. Rimbaud, por su parte, los despreciaba y no ahorraba los comentarios hirientes. Una noche, en el café del Teatro del Bovino, el ignoto poeta Jean Aicard leía una selección de sus poemas, mientras que Rimbaud, borracho, acompasaba el final de cada verso con la palabra 'mierda'. La provocación derivó en una pelea descomunal y al brillante pero inaguantable poeta de “El barco ebrio” se le cerraron para siempre las puertas de los círculos literarios parisinos.

El único que permaneció cerca de Rimbaud fue Paul Verlaine. En realidad, entre ambos se estableció una relación apasionada y difícil. Verlaine abandonó a su mujer embarazada, se estableció con Rimbaud, viajaron juntos a Londres y convivieron tormentosamente durante dos o tres años. El romance terminó cuando Verlaine, en un hotel de Bruselas, acertó un disparo de tres en el cuerpo de su amigo.

En este período revulsivo, entre París y Londres, Rimbaud escribió sus obras definitivas “Una temporada en el Infierno” y “Las iluminaciones”.

Rebeldes y malditos

A grandes rasgos, los aportes fundamentales de Rimbaud como poeta y como artista hay que buscarlos en la fenomenal energía de ruptura de sus textos, los cuales incorporaron al ámbito de la poesía nuevos e inesperados contenidos que hasta entonces habían permanecido marginados. Siguiendo el tremendo impulso contra la opresión que atravesó toda su vida, Rimbaud sondeó los caminos de la libertad al cultivar y promover los frutos de una imaginación incondicionada que dio cabida, incluso, a las imágenes del delirio. Se trata de movimientos, inflexiones espirituales o del pensamiento, sensibilidades o registros que ahora nos resultan familiares tanto en la poesía como en la vida y a las que, por lo mismo, apenas prestamos atención. Sin embargo, hay que saber que antes de “Una temporada en el Infierno” o de “Las iluminaciones” esas posibilidades eran tierra cancelada.

Rebelde, maldito, blasfemo, homosexual, provocador, bufonesco, pudoroso y desvergonzado, pervertido y virginal, trágico, inspirado, deslumbrante, angélico y demoníaco. Así fue el genio de Rimbaud. A lo largo del siglo XX los poetas, escritores, artistas y personalidades más decisivas, las que siempre atacaron la domesticación y lucharon por ampliar los límites de la vida humana, lo tuvieron como modelo. También la inmensa y maravillosa poesía del siglo XX le debe casi todo a Rimbaud.

 

 

A 100 años de la muerte de Rimbaud publican una biografía cuestionada por su familia

 

                                                             EDUARDO BLANCO

 

El 10 de noviembre se cumplieron cien años de la muerte de Jean-Arthur Rimbaud, el más venerado de los poetas simbolistas , quien fuera considerado uno de los malditos de su época. En Francia, para conmemorar esta fecha, se acaba de publicar una biografía escrita por Jean Bourguignon y Charles Houin -contemporáneos del poeta - que la familia de Rimbaud había intentado destruir en su interés por presentarlo como un hombre que se había arrepentido de su pasado en los últimos años de su vida; una imagen que se encargaron de inventar su hermana Isabelle y su cuñado Paterne Berrichon.

Rimbaud nació en el verano francés de 1854. Su padre Frederic - un militar de carrera - abandonó a la familia pocos meses después para participar en la guerra de Crimea. Jean-Arthur vivió desde entonces bajo el influjo de su madre, Vitaile Cuif, una mujer severa y de formación ultrarreligiosa. En uno de sus primeros poemas Rimbaud diría de ella: "Tenía la mirada azul - ¡qué miente!-.

A los 7 años ingresó en el Instituto Rossat y escribió sus primeros trabajos en prosa. En aquel colegio conoció a Georges Izambard, un profesor que le descubrió a Baudelaire, Villon y Rebelais, y que tuvo una gran influencia en sus comienzos como poeta. En 1869, a los 15 años, publicó su primer poema, El aguinaldo de los huérfanos, en la revista Revue pour tous. Un año después huyó por primera vez de su casa.

Aquel viaje tenía un destino, París pero la plata que obtuvo a cambio de las medallas que había con sus poemas no le alcanzó para la totalidad del trayecto y fue detenido en la Estación del Este y encarcelado en la prisión de Mazas, de donde fue sacado por su profesor Izambard

En mayo de 1871 Rimbaud pudo finalmente conocer la capital francesa. París había quedado en ruinas luego de la guerra contra Prusia y por esos días se había establecido la Comuna. Entusiasmado por el nuevo clima político, escribió París se repuebla en donde Rimbaud declaraba: "El poeta recogerá el sollozo de los Infames, el odio de los Forzados, el clamor de los Malditos".

A su regreso a Charleville, Rimbaud le escribió a Izambard: "En el fondo usted no ve en su planteamiento más que poesía subjetiva; su obstinación por ganar un escaño universitario – perdón - lo prueba ( ...) Yo alcanzaré la poesía objetiva y será mucho más sincera que la que usted podrá hacer nunca". El desafío también quedó manifiesto en otra carta que escribió a Paul Demeny, un amigo de Izambard que le publicó sus primeros poemas. En ella Rimbaud prometía "una hora de literatura nueva".

Por entonces ya había enviado su poema El barco ebrio a Paul Verlaine, quien lo invitó a visitarlo en París. A mediados de setiembre de 1871, Rimbaud y Verlaine se conocieron e iniciaron una relación apasionada y tormentosa. Verlaine abandonó a su esposa y a su hijo recién nacido para ir detrás de ese joven a quien describió "de ojos azules y suelas de viento".

Durante dos años los amantes vivieron constantes desencuentros, hasta que en julio de 1873 en Bruselas, Verlaine, desesperado porque Rimbaud lo abandonaba, le disparó un tiro hiriéndolo en un brazo. Jean-Arthur se recluyó en Roche y en dos meses escribió su obra más importante: Una temporada en el Infierno Verlaine, en tanto, fue juzgado y condenado a dos años de prisión.

En 1874 Rimbaud finalizó un trabajo que había comenzado durante su relación con Verlaine, las Iluminaciones. Ese sería su último contacto con la poesía. A los veinte años decidió cumplir con lo que había anticipado en Una temporada en el Infierno: "He concluido mi jornada, abandono Europa, el aire marino quemará mis pulmones; los climas perdidos me curtirán". Llegaba el tiempo para la aventura y los negocios.

A partir de entonces para Rimbaud, no existió un lugar fijo donde instalarse. Viajó por Holanda, Alemania, Italia. España, Etiopía La India y el Oriente Medio. Se dedicó al comercio, al tráfico de armas y al contrabando. Algunos aseguran que la casa de Rimbaud en Harrar era un harén compuesto por mujeres de todas las razas y otros afirman que durante un tiempo se dedicó a la venta de esclavos.

La poesía de Rimbaud comenzó a ser conocida en París hacia 1884, cuando Verlaine lo incluyó en su obra Los poetas malditos. Ajeno a estas cuestiones, Jean Arthur escribió a su hermana: "Si yo tuviera medios para viajar sin verme obligado a permanecer en un sitio para trabajar y ganar el pan, no se me vería más de dos días seguidos en el mismo lugar".

Pero en 1890 un tumor en una rodilla lo obligó a regresar a Francia. En el hospital de Marsella le amputaron una pierna, pero su salud no mejoró. "Quisiera hacer esto o aquello, ir aquí o allá, ver. Vivir, partir: imposible, imposible al menos por un tiempo, si no ya para siempre", escribió en una de sus últimas cartas. El 10 de noviembre de 189 1, a los 37 años. Rimbaud murió en Marsella.



Historia literaria
Rimbaud, poeta vidente


Por Juan José González Figueroa*


Henri Fantin-Latour, Un coin de table; détail: Verlaine et Rimbaud (1872)
Musée d'Orsay, Paris, France

"Soñar magníficamente no es un don que se conceda a todos los hombres. La facultad de soñar es una facultad divina y misteriosa, porque mediante el sueño el hombre se comunica con el mundo tenebroso que nos rodea".
Charles Baudelaire

A estas alturas se debe concluir que en el caso de Jean Arthur Rimbaud, de profesión ladrón de fuego, hace ya mucho tiempo que la leyenda se imbricó con los hechos, de tal forma que es imposible separar los sueños de la realidad.

Si en verdad nos interesa el poeta y su decir no hay mejor estrategia que seguirle la huella; no hay mejor receta que zanquearlo hoy y mañana también. Si perseveramos y tenemos suerte, puede que arribemos a las imágenes con que alurnbrá al mundo y a la tesis del vidente, arma correcta para adentrarse en las landas infinitas de la creación poética que, desde la perspectiva rimbaudiana, es, con mucho, más que el mero manejo del lenguaje.

Por eso aceptemos que en la Francia decirnonánica, en Charleville, el 20 de octubre de 1854 para ser precisos, en la sala de maternidad de la clínica local, nació un bebé que asombró a la enfermera en tumo. Esta, luego de lavar meticulosamente al recién nacido, lo colocó sobre un cojín y lo dejó a solas en la habitación. Minutos después, al regresar, el niño ya no estaba en el sitio en que fue depositado. Había rodado hasta el suelo y a gatas se dirigía hacia la puerta, como si estuviera listo para iniciar la vida errabunda que le llevó por Europa y tierras de Africa.

Demos crédito a quienes, alumnos y profesores del Instituto de Charleville, aseguraron que Jean Arthur Rimbaud no fue un hombre de talento más. Entendamos que el establecimiento docente de Charleville estaba encantado con los prodigios que la maravilla de apellido Rimbaud realizaba día tras día. El alumno prometedor pasmó a su profesor de historia cuando, a los doce años de edad, presentó un resumen de historia antigua sobre Egipto, Sirla y Babilonila que revelaba una capacidad de exposición y una madurez mental impropias de esa edad.

El joven Rimbaud, rozando los 16 años de edad, es la maravilla que asombra y regocija a los maestros del Instituto de Charleville. El 24 de julio de 1870, el alumno brillante y tímido, guiado por la mano de George Izambard, profesor sobresaliente cuyo nombre ha pasado a la historia, obtuvo las mejores distinciones académicas. Unos meses atrás había conseguido casi todos los primeros lugares en los exámenes del Instituto

Pero también aceptemos que ese joven, que parecía ser todo honor y toda gloria de Charleville, fue el mismo que poca tiempo después, en 1871, luego de varias escapadas del hogar y vagabundeos por París y tierras belgas, clamaba y retaba a los mesurados ciudadanos de su aldea natal: ¡Tengan cuidado! ¡Les va a llegar su hora! ¡El orden ha sido vencido! "

Rimbaud regresa de París. Retorna más que agresivo, desafiante. Se niega a lavarse; sus rizos crecen desmesuradamente y le cubren incluso los hombros. Camina por las calles centrales de Charleville con los puños en los bolsillos. Ya no asiste al Instituto, aunque pasa muchas horas todos los días sometido al ejercicio mental de la lectura en la biblioteca. Sus amistades no son más los alumnos del principal plantel educativo de la región. Tampoco tiene a la mano al profesor Izambard, con quien discute y a quien le envía una carta, el 13 de mayo de 1871, de tono por lo menos insolente:

'Uno se debe a la sociedad, usted me ha dicho; usted forma parte de¡ plantel docente; marcha usted por buen camino. Yo también sigo la norma: me hago cínicamente mantener; desentierro a antiguos imbéciles del colegio; les entrego todo lo que puedo inventar de estúpido, de sucio, de malo, de acción y de palabra; se me paga con cervezas y putas".

 

Vocales

A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales,
algún día diré vuestros nacimientos latentes:
A, negro corsé velludo de moscas resplandecientes
que bombinean en torno a pestazos crueles,

Golfos de sombra; E, candores de vapores y de tiendas,
Lanzas de altivos glaciares, reyes blancos, calosfríos de umbelas;
I, púrpuras, sangre escupida, risa de labios bellos
En la cólera o las ebriedades penitentes;

U, ciclos, vibramientos divinos de la mar virida,
Paz de las dehesas sembradas de animales, de arrugas
Que la alquimia imprime a las grandes frentes estudiosas;

O, supremo clarí lleno de etridores extraños,
Silencios atravesados por mundos y ángeles;
- O la Omega, ¡rayo violeta de sus ojos!

Arthur Rimbaud, 1871.
Versión de Juan Abeleira
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El insolente Rimbaud tiene nuevos amigos, adultos que le superan en malicia y experiencia; adultos que le invitan el trago necesario para que el tímido adolescente suelte la lengua y se dé vuelo con los tonos obscenos, escatológicos, de sus narraciones. La obscenidad se convirtió en su arma estratégica. Sabe que con ella cala profundo en el ánimo de los provincianos de Charleville. Sabe que se le observa y que es tema de conversación en su ciudad natal. El poeta genera el escándalo y mediante éste abandona el anonimato. Rimbaud da el primer gran paso hacia la conversión.

Ya no es el alumno modelo. Ya no pertenece al clan Rimbaud, esa familia pequeñoburguesa de la región y que encabeza una fría, dura e inflexible Marie Catherine FéIicité Vitalie Cuif, cuya intolerancia y apego a las buenas y sanas costumbres hizo huir al capitán Rimbaud, padre de Jean Arthur, cuando éste era muy pequeño. El renovado Rirnbaud surge luego de una larga y penosa saga existencial. El renovado Rimbaud no es reluciente; es lo otro: un joven cuya piel y alma muestran los estragos de las malas experiencias de la vida. Rimbaud, cuando regresa en mayo de 1871 a Charleville, luego de tres escapadas del hogar, ya es otro. Sabe lo que es ser humillado, escarnecido y hasta violado. Rimbaud conoce los riesgos de vagar entre las bestias, Rimbaud entiende que la letra impresa, que el verso y su fulgor, no lo son todo. Que hay violencia, que hay maldad y perversidad en la naturaleza humana.

En la vida de Jean Arthur Rimbaud hay un antes y un después. La fase dorada, del joven alumno que se esmera en el Instituto de Charleville, el acaparador de diplomas y consentido de Georges Izambard, dura muy poco, hasta los 16 años. El 25 de febrero de 1871, con los recursos que se allegó mediante la venta de su reloj, el adolescente huye de nueva cuenta para instalarse en París. Son los días aciagos de la Comuna. Son los días en que por lo menos 100 mil personas abandonan la capital de Francia ante la inevitable confrontación entre los grupos progresistas de la Comuna y las fuerzas de la reacción, los versalleses, apoyados por los gobiernos europeos.

Si el éxodo parisiense asombra, el ingreso de decenas de miles entusiastas a París deslurnbra como sólo lo hacen las utopías. jóvenes exaltados de la provincia francesa, hombres de ideas avanzadas, vagos sin oficio y la escoria en pleno llegan a París con el fin de integrar la fuerza de la Comuna que habrá de frenar a la reacción. Fueron por lo menos 15 los días que Rimbaud deambuió por los barrios de París. Sin dinero, sin amigos, la pasó mal, muy mal. Rimbaud llegaba al corazón de Francia con la intención de presenciar y hasta participar en el magno evento de la lucha por la libertad. Empero, inexplicablemente, a los 15 días da vuelta atrás, desanda el camino y retrocede hasta su ciudad natal.

El apasionado joven, que confería a la poesía la prioridad entre los quehaceres de la hurnanidad, debió vagar por los cuarteles, entre la soldadesca, entre el maremágnum comunitario. En esa abigarrada mezcolanza había, ya lo he dicho, desde hombres de ideas avanzadas hasta la escoria de la escoria, gente que se acercaba al escenario de las definiciones con la finalidad, no tanto de participar en tal o cual bando, sino de obtener el mayor provecho por la vía de la rapiña y el ultraje. Entre esa mezcolanza, con hambre, sin dinero ni amigos, cayó Rimbaud. Con el rostro de niña que describen sus biógrafos, es del todo factible que fuera violado en los cuarteles. El resultado es un poema pleno de dolor y amargura: "Coeur supplicié", escrito en mayo de 1871 a su regreso a Charleville.

La herida está abierta. Rimbaud busca auxilio en Izambard, pero su antiguo profesor no le concede demasiada importancia al texto poético que se le envía. El angustioso S.O.S. se transforma en el clásico mensaje de la botella arrojada al mar. A partir de entonces puede hablarse de un antes y un después. Rimbaud escandaliza por las calles y en los cafés. "¡El orden fue vencido!", grita en la plaza pública y a voz en cuello. El adolescente provoca con sus relatos obscenos, con sus descripciones escatológicas. Pero ese adolescente no está aún perdido para la creación literaría. Si bien no asiste a las aulas y desdeña a sus antiguas amistades escolares y literarias, no deja de frecuentar la biblioteca. Se zambulle en el mar de la información. La realidad le dio a probar la hiel. Ahora él dará a esa realidad una hora nueva de poesía refulgente, inquietante y provocadora.

Hay la tesis de que el Rimbaud escarnecido constituyó la materia prima para generar un genial adolescente, que irnaginó transformarse en algo equiparable a Dios mismo a través de la poesía. Sin control alguno, con la herida abierta en el alma, el joven Rimbaud leyó sobre alquimia, cábala y magia. Mezcló ingredientes y adicionó a ellos su talento natural. El resultado fue una nueva forma de hacer y entender la poesía. El resultado nos mantiene con la respiración entrecortado, con los ojos cerrados, ante la luminosidad de versos como el siguiente: "Sobre el talud, los ángeles escarnienan sus ropajes entre los herbazales de acero y esmeralda"'.

Si entendemos por poesía el manejo magistral del lenguaje y la fiabilidad extrema para la formación de metáforas, coincidirernos en que don Luis de Cóngora y Argote constituye la cima de la poesía en lengua española. Pero esa clase de poesía no es la que buscó y forjó Jean Arthur Rimbaud, el ladrón de fuego por antonomasia, el ángel que vagó entre las bestias. La experiencia a la que se somete el autor francés, y a la cual somete a todo joven en verdad interesado en descifrar tanto Una temporada en el infierno como Iluminaciones, resulta una experiencia distinta e inolvidable por lo azarosa, amarga y deslumbrante.

Rimbaud, en 1871, avanza agrandes trancos hacia la posteridad. El 13 de mayo, luego de su regreso de París, escribe a Paul Demeny: "Ahora me encrapulo lo más posible. ¿Por qué? Quiero ser poeta y trabajo para volverme un vidente. Usted no entendería y yo casi no podría explicarlo. Se trata de llegar a lo desconocido a través del desarreglo de todos los sentidos. Son enormes los sufrimientos, pero se necesita ser fuerte, haber nacido poeta y yo me he reconocido poeta".

Dos días después envía una nueva comunicación al mismo Demeny: "El primer estudio del hombre que anhela ser poeta es su autoconocimiento total... El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Se trata de hacer el alma monstruosa: a semejanza de los robachicos, ¡y qué! Imagínese un hombre injertándose y cultivándose verrugas en la cara".

Al igual que nosotros, Rimbaud sabía que la tesis del poeta vidente no era nueva del todo. Antes que él los románticos y en forma señalada los alemanes, con Novalis al frente, difundieron tesis similar. Ellos también hablaron del cultivo de las almas para llegar al poeta vidente, al tono profético, al rango místico intemporal que sacude al alma y acuna nuestros sueños.

Las feministas tienen en Rimbaud y su tesis del poeta vidente a uno de las suyas. En esa carta sobre el poeta vidente, declara: "Cuando esté quebrada la infinita servidumbre de la mujer, cuando ella viva por ella y para ella, ... ¡ella será poeta también!... Ella encontrará cosas extrañas, insondables, repugnantes, deliciosas; nosotros las tomaremos, las comprenderemos".

En su momento, en la Francia dominada por el Parnaso, dos son los poetas videntes que reconoce Rimbaud: Albert Mérat y Paul Verlaine. Con este último establecerá una relación sentimental y literaria que sacude a las buenas conciencias de todos los tiempos. Sucede que el adolescente Rimbaud ya no fue nunca más el brillante y tímido joven de Charleville. Sucede que Jean Arthur Rimbaud se transformó en andrógino capaz de trastornar a Verlaine, al grado que éste abandonó todo, carrera, esposa y patria, para lanzarse a una aventura en Londres, cuyo final fue la dramática escena en que el poeta parnasiano disparó en contra de Rinibaud hiriéndole. El joven Rimbaud ponía en práctica los lineamientos de su teoría del vidente. Se emparentaba con la tesis de que a la sabiduría también se llega por el camino de los excesos. Rimbaud acabó por pensar que el vicio podría ser, después de todo, un medio eficaz para romper las cadenas que atan al espíritu humano al mundo material.

De esa larga experiencia Rimbaud extrajo material de sobra: Una temporada en el infierno e Iluminaciones. Del primero de los textos sabemos que estuvo terminado en agosto de 1873 y para muchos constituye el adiós de Rimbaud al