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Sobre Rimbaud: |
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El hombre de suelas de
viento. Es inútil perseguirlo. Tal es su
velocidad que nadie lo alcanzará jamás. Ni yo lo
pude alcanzar mediante el
crimen.
Si Rimbaud sobrevive a las
fluctuaciones de la moda, se lo debe a la
gratuidad de su crueldad, a su cirugía
demoníaca, a la generosidad de su hiel. Lo que
le permite a una obra durar, lo que le impide
envejecer es su ferocidad.
Escribir no fue jamás para
Rimbaud otra cosa que un medio; un medio para
desembarazarse de su alma, de proyectar fuera de
sí el mal maravilloso que lo
aquejaba.
No es un ser, es un
impulso: el tránsito aparecido-desaparecido de
un impulso puro,
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No puedo sino
escribir de modo personal de un autor que desde
mi tardía adolescencia me llamó poderosamente la
atención. Seducido tanto por su vida como por su
obra, descubrí en Rimbaud al más sugerente
escritor de la historia. Abandonó la literatura
a los deicinueve años, después de que su talento
dejara impávidos a sus amigos del cenáculo de
escritores borrachos, «Le cercle des vilains
bonhommes” (Verlaine, Mallarmé, Mendès) y a sus
predecesores, a los que llamó despectivamente
“la vieillerie poétique”. Hecho crucial para
comprender el alcance de este fenómeno
literario.
Ha resultado más fácil
asimilar su precocidad, su desfachatez, su
aporte poético y su activismo rebelde que su
convencida retirada del mundo de las letras.
Tengo grabadas en la memoria, como ningún otro
principio, aquellas sacrosantas líneas de Une
Saison en enfer: «Jadis, si je me souviens bien
ma vie était un festin où s'ouvraient tous les
coeurs, où tous les vins coulaient.» Asimismo
compartí con amor la jura de su compromiso : «Je
dis qu’il faut être voyant, se faire voyant. Le
poète se fait voyant par un long, inmense et
raisonné dérègement de tous les sens.» Desde
aquellas primeras lecturas cargadas de emoción,
creí descubrir un guía, alguien cuyo talento y
convicciones estéticas había que imitar, tomar
como horizonte. Hoy, no obstante, mi aprecio por
Rimbaud se inclina más por la faceta vital que
por la obra. Finalmente he comprendido la
honestidad de su retiro. La vida tiró más. No
fue la literatura lo que lo llevó a París, no
fue la fama la que inspiró sus versos. Le tocó
vivir un París turbulento en el que convivían la
frivolidad de los salones literarios con las
batallas de la Comuna. Hasta ellas no lo condujo
el arte, sino sus ansias de vivir
apasionadamente.
Esas mismas ansias hicieron que
terminara por hartarse de Verlaine y emprendiera
una vida errante, donde la aventura jugaría el
mismo papel que en su tiempo jugaron la
revolución y la poesía: cruzó los mares con la
marina holandesa y recaló en los lugares más
remotos: Java, Lugano, Chipre, Egipto, Somalia.
Comerció con café, se hizo traficante de armas,
de esclavos, quiso amasar fortunas. Finalmente
un cáncer de huesos lo mató a los 37 años, otra
vez en Francia. Antes me devanaba los
cesos tratando de comprender su ruptura con la
poesía, su lapidaria frase : «L’art est une
sotisse ». Ahora por fin entiendo que Rimbaud
abandonó las letras al descubrir muy pronto que
la literatura, o más bien, el mundo literario,
por su naturaleza inconcreta, posera y frívola,
era incapaz de darle la vida tumultuosa que
perseguía. Gracias a ello, sus textos conservan
un valor inigualable, el valor testimonial de su
propio engaño juvenil: las poéticas y las
ideologías literarias son solo palabras,
conceptos a los que Searle, en su última obra,
parece mirar de reojo cuando habla de las
pamplinas filosóficas como deliberadas
negaciones de realidades evidentes.
A pesar de
todo, sigue habiendo quienes interpretan la
renuncia de Rimbaud desde un punto de vista
literario, con argumentos llenos de palabrería
teórica. Rimbaud no se retiró para que la
interpretación de su obra conservara el aliento
de su ideario poético. Si dijo « ya soy mayor
para eso », lo dijo porque realmente así lo
creyó. Porque esa bobería de la literatura solo
deja de serlo cuando se la practica con
honestidad, por amor a cierta belleza
inaprensible cuya búsqueda no cesa nunca, y que
en su fuero interno debe aceptarse a su vez,
como el escondite de una serie de pretextos a
los que no tiene por qué confundir con niguna
clase de altruismo. El riesgo literario no
excluye el silencio, por el contrario, lo
persigue. Ya que quien escribe lleva un demonio
dentro que anhela exorcizar. El
anhelado silencio página de
inicio
Ernesto Escobar Ulloa © Mayo de
2002
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A ELLA
En el invierno viajaremos en un vagón de
tren con asientos azules. Seremos
felices. Habrá un nido de besos oculto en los
rincones.
Cerrarán sus ojos para no ver los
gestos en las últimas sombras, esos
monstruos huidizos, multitudes oscuras de
demonios y lobos.
Y
luego en tu mejilla sentirás un rasguño... un
beso muy pequeño como una araña suave correrá
por tu cuello...
Y me dirás: «¡búscala!», reclinando tu
cara y tardaremos mucho en hallar esa
araña, por lo demás indiscreta

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Arthur
Rimbaud
(1854-1891). Nacido en Charleville y
murió en Marsella. Fue el gran poeta maldito
de todos los tiempos. Entre sus obras más
prominentes se encuentran "iluminaciones" Y "una
temporada en el infierno". Mantuvo una estrecha
amistad con el poeta Verlaine, que quedo
maravillado por la postura vagabunda, absurda,
anárquica y nihilista del joven poeta. En 1873
Verlaine hiere a su amigo de un disparo de
revolver. en 1976 se alisto en el ejercito
Holandés, y desde entonces dejo la poesía para
dedicarse a la explotación de esclavos, al
trafico de armas. En 1891 se ve afectado por un
tumor maligno en la pierna derecha, la cual le
cuesta la amputación de la misma y muere pocos
meses después.

Rimbaud es tal vez el único poeta
del siglo XIX, (junto a Mallarmé) cuya obra hoy
podría pasar como contemporánea. Ninguno de sus
coetáneos resistiría la prueba. (Las flores del
mal, dieciséis años anterior a las
Iluminaciones, o todo Verlaine, hoy suenan tan
siglo XIX como Byron o Keats).
Sabemos
que Rimbaud, en los años que van de 1869 a 1874,
abrió muchos de los caminos de la poesía
contemporánea, realizando (y no sólo enunciando)
el simbolismo. Sabemos que entre los hallazgos
de Rimbaud hay buena parte de Mallarmé antes de
Mallarmé, que el surrealismo es otra de sus
conquistas antes que sus detentores lo
oficializaran, que sus consignas y correrías lo
hicieron beatnik a casi cien años de
Ginsberg y Burroughs.
El enigma Rimbaud,
su abandono total de la literatura a los veinte
años para dedicarse al comercio en Africa,
seguirá sin revelarse porque remite a una
cuestión que va más allá de su figura. Es la
pregunta incontestable sobre la pretendida
trascendencia del arte. Como ocurre con Proust,
en Francia y en el mundo brotan biografías de
Rimbaud casi todos los años. El Rimbaud de
Graham Robb —crítico inglés que ha también ha
biografiado a Balzac y a Victor Hugo— se suma
ahora a la lista.
Como todo biógrafo que
quiere explicar y desmitificar a Rimbaud,
agregando información reciente y reinterpretando
hechos de su vida, Robb sabe que estos intentos
no harán más que engrosar el mito. La biografía,
género concebido para héroes mitológicos y
creadores de religiones, engrandence
inevitablemente al biografiado. Y más en este
caso. La leyenda del iluminado, del maldito
entre los malditos, del vidente, del malogrado:
un mito intacto, entre otras razones, porque
Rimbaud, al desobedecerlo dejando todo cuando
crecía su reconocimiento en vida, lo aumentó. El
resto lo hizo la complejidad y ambigüedad
"patológica" de su obra, para ser leída
"literalmente y en todos los sentidos".
Ambigüedad y oscuridad que la salvan del
kitsch en el que intentaron lavarla
muchos de sus biógrafos, en un arco de
apropiaciones que va de Jesucristo a Kurt
Cobain.

Verlaine et Rimbaud dans
les rues de Londres
La
poesía de Rimbaud significa, por primera vez en
la literatura, la sustitución de la metáfora
(que establece una relación entre dos esferas
emotivas e intelectuales ya conectadas por la
experiencia común) por la imagen, que une
esferas de sentido independientes. El contacto
que da origen a la imagen se da sólo en el
poeta. Imagen, a su vez, conectada a otras sin
encadenamiento lógico, en una hipnótica
yuxtaposición de planos sensoriales. El
resultado es una obra cuyo altísimo voltaje se
dirige a cada uno de nosotros; por eso la
lectura de Rimbaud puede ser el acontecimiento
decisivo de la adolescencia.
Robb repasa
los datos conocidos de la vida del autor de
Vocales, filtrados por observaciones muchas
veces reveladoras, de un sabor un poco cínico y
desidealizante, que dan el provocativo efecto de
elevar la voz del biógrafo por sobre la figura
de su criatura. Arthur Rimbaud, nacido en 1854
en Charleville, pueblucho cercano a la frontera
con Bélgica, transcurre su años escolares bajo
la mirada de su madre insufrible. Es un
estudiante aplicado, con una asombrosa facilidad
para la gramática y la
versificación.
Luego vendrá su improbable
participación en la Comuna de París en 1871, y
su encuentro erótico con Verlaine, que le abre
la puerta al medio literario parisino. Todos se
deslumbran por el chico de diecisiete años que
había escrito El barco ebrio, del cual Robb
consigna el fárrago de interpretaciones
acumuladas durante un siglo.

Ya tenemos al Rimbaud emancipado
de su familia, al pequeño delicuente sin sentido
moral, experto en provocar varios escándalos por
día. Son los años de las continuas borracheras
que sólo un hígado adolescente puede soportar,
del descubrimiento del opio y el hashish, del
"desarreglo racional de los todos los sentidos",
que Rimbaud devuelve instantáneamente en su
poesía, cada vez más atrevida y
original.
Luego de un revelador viaje a
Londres en 1872, la ruptura con Verlaine.
Regresos cíclicos a Charleville, donde se
encierra a escribir, más viajes a París, hasta
su definitivo abandono de la escritura (y de la
lectura), poco después de la provinciana edición
de Una temporada en el infierno en 1873 y de los
últimos retoques de las Iluminaciones al año
siguiente.
Intentando "dejar crecer a
Rimbaud", Robb ofrece un minucioso panorama de
sus años africanos, agregando varios datos de
conocimiento reciente. Luego de seis años de
vagabundeos en Alemania e Italia, en 1880
desembarca en Adén, a orillas del Mar Rojo, de
donde partirá a expediciones comerciales por
todo el Africa oriental. Sólo volverá a Europa
en 1891, para morir.
En Africa Rimbaud
llega a hacer buenas diferencias dirigiendo
caravanas comerciales, negociando con
oscurísimos y peligrosos reyezuelos, llegando a
traficar armas. Convertido en personaje de
Roberto Arlt, quiere salvarse, hacer un negocio
grande y huir de la vida africana, a la que
siempre califica de infernal. Para esto lee
montañas de tratados geográficos, etnológicos y
técnicos, y llega a hablar árabe, amárico,
adariña, oromo, somalí, argoba, tigriña y kotou.
Robb, contra otras versiones, demuestra que
Rimbaud llegó a ganar una discreta
fortuna.
¿Por qué dejó de escribir? Para la
pregunta del millón, Robb arrima una
coincidencia biográfica, interesante dentro de
su debilidad. Rimbaud siempre había utilizado la
escritura como un medio y no como un fin. Uno de
sus fines (además de intentar cambiar la
realidad), era la poesía como forma de
comunicación privada. Sencillamente, dejó de
escribir cuando dejó de vivir con otras
personas. Es posible (también podríamos
preguntarnos cómo hubiera podido
seguir).
Más consistente es otra idea (de
Robb): luego de las Iluminaciones, tal vez
Rimbaud creyera que su poesía había rebasado los
límites de la comunicabilidad y representara un
esfuerzo inútil. Es posible. ¿Y para qué buscar
más explicaciones? Ya dijimos que cualquier
hipótesis jugará a favor del
misterio.
1854.- Nace Arthur Rimbaud el 20 de octubre en
Charleville, Ardennes, Francia. Su padre es un
capitán de infantería que diez años después
abandonará a la familia.
1855 - Walt
Whitman, Hojas de hierba
1857 - Charles
Baudelaire, Las flores del
mal
1858 - Gustavo
Adolfo Bécquer, El caudillo de las manos
rojas
1859 - Charles
Dickens, Historia de dos
ciudades
1860 - Nace su
hermana Isabelle
1861 - Fedor
Dostoievski, Humillados y
ofendidos
1862 - Víctor
Hugo, Los miserables
1863 - Aldous
Huxley, El lugar del hombre en la
naturaleza
1864 - León
Tolstoi, Guerra y
Paz Nacen
Miguel de Unamuno y Toulousse-Lautrec
1865 - Octubre,
Rimbaud entra en el Colegio de
Charleville
1866 - Paul
Verlaine, Poemas
Saturninos
1867 - Muere Charles
Baudelaire
1868 - Fedor
Dostoievski, El idiota.
1869 - Rimbaud
obtiene el primer premio de versos latinos en el
Concurso Académico, con “Jugurtha”. Escribe “Los
Regalos de los Huérfanos”
1870 - La “Revue
pour tous” publica “Los Regalos de los
Huérfanos” (primer poema conocido). Georges
lzambart, su profesor en Retórica, le estimula y
le hace leer poetas contemporáneos. El 24 de
mayo escribe a Théodore de Banville (en dicha
carta se encuentran sus poemas “Credo in Unam”
devenido enseguida “Soleil et chair”). El 29 de
agosto materializa su primera fuga. Llega a
París donde es encarcelado ya que su pasaje de
tren no valía. Se hace liberar por Georges
Izarnbart, quien lo alberga en casa de unas
tías, en Douai. A fines de septiembre lo hace
regresar a Charleville. Diez días después —el 7
de octubre— Rimbaud se vuelve a escapar a pie
por Fumay, Charleroi y Bruxelles hasta Douai
donde nuevamente lo alojan las tías del
profesor. En el camino escribe “La Maline”, “Au
Cabaret vert Ma Bohème”, entre otros poemas. El
11 de noviembre, por pedido de su madre, la
policía lo lleva de retorno a Charleville.
1871 - El 25 de
febrero emprende su tercera fuga por tren, hasta
Paris. Rimbaud se queda allí unos quince días y
vuelve a pie. El 13 de mayo escribe a Izarnbard
una primera carta sobre la videncia, el 15 le
escribe a Paul Demeny la “Carta del
Vidente”, y envía a ambos varios poemas.
Entre agosto y septiembre se escribe con Paul
Verlaine, quién lo califica de verdadero poeta y
de vidente. Paul Verlaine lo llama a París y
Arthur llega con su último poema “El barco
ebrio”. Vive junto a Verlaine y su esposa, en
casa de los padres de ésta. Frecuenta en París a
Jean Richepin (escritor francés 1849-1930),
Etienne Carjat (caricaturista francés 1828
-1906), Jean Louis Forain (Pintor y grabadista
francés 1852-1931).
1872 - Rimbaud
reside en París con Verlaine, quien se querella
con su mujer. Retorna a Charleville. Después de
escribir varios poemas (“Los últimos versos”),
regresa en mayo a París, llamado por Verlaine,
con quien parte hacia Bélgica en el mes de
julio. En septiembre llegan a Londres (es
probable que allí haya comenzado a escribir
Iluminaciones) pero Rimbaud vuelve
a Charleville en las cercanías de Navidad. La
revista “La Renaissance littéraire et
artistique” publica “Los cuervos”.
1873 - Desde enero
hasta abril Rimbaud vive en Londres y cuida a
Verlaine que se encuentra enfermo. El 11 de
abril llega a Roche donde está su familia y
comienza a escribir el Libro Pagano o
libro Negro, que será después Una
temporada en el infierno. El 27 de mayo
vuelve con Verlaine a Londres donde pasan una
vida de miseria y disputas. En julio Verlaine
regresa a Bruselas para reconciliarse con su
mujer. Rimbaud lo sigue, y el 10 de ese mismo
mes le anuncia su decisión de irse a París.
Verlaine lo hiere de un balazo, lo que le
representa una condena de dos años en prisión.
En Roche, Arthur culmina Una temporada en el
infierno, impreso en Bruselas en el mismo
año. Al no poder pagar la edición recibe sólo
unos pocos ejemplares; los restantes fueron
encontrados recién en el año 1915 (24 años
después de su muerte) en el sótano de la
imprenta, poniendo fin a la leyenda que Rimbaud
los habla destruido. En el otoño se instala en
París.
1874 - Desde la
primavera, Rimbaud vive en Londres con el poeta
Germain Nouveau. Allí permanecerá casi todo el
año; escribe sin duda la parte más grande de Iluminaciones.
1875 - Desde
Charleville, en enero, parte hacia Stuttgart con
la intención de aprender alemán. Obtiene un
puesto de preceptor. A fines de febrero se
encuentra con Verlaine. Rimbaud va de Stuttgart
a Milán, a pie. Repatriado por intervención del
cónsul francés en Livonia, en otoño se encuentra
nuevamente en Charleville. Continúa el estudio
de las lenguas españolas, italianas, árabes,
entre otras.
1876 - En abril se
encuentra en Viena. En mayo se enrola en el
ejército colonial holandés y es conducido en
julio a Batavia, donde deserta al cabo de tres
semanas. En agosto vuelve a Charleville.
1877 - Rimbaud
reanuda en Europa su vida errabunda. Estando en
septiembre en Marsella se embarca hacia
Alejandría. Enfermo, es llevado a Charleville.
1878 - Tras una
breve estadía en Hamburgo, Rimbaud parte a pie
hacia Italia. En noviembre se embarca hacia
Alejandría. En diciembre está en Chipre —cerca
de Larnaca— donde dirige una cantera.
1879 - En junio,
estando enfermo, vuelve a
Roche. Henrik
lbsen, Casa de muñecas
1880 - Nuevamente va
hacia Chipre, de allí hacia Egipto y más tarde
recorre los puertos del Mar Rojo. Obtiene un
contrato en Aden; luego el 13 de diciembre llega
a Harrar, Abisinia, donde trabaja para la firma
Berdey, que comercializa café y
pieles.
1881 - Rimbaud
permanece en Harrar. Alfred
Tennyson, La
copa Oscar
Wilde, Poemas
1882 - Walt
Whitman, Redobles de
tambor Antonio
Gaudí, La Sagrada Familia.
1883 - Friedrich
Nietzsche, Así hablaba Zaratustra
(partes I y II)
1884 - Friedrich
Nietzsche, Así hablaba Zaratustra
(partes III y IV) Mark
Twain, Huckleberry Finn.
1885 - Guy de
Maupassant: Cuentos del día y de la
noche.
1886 - Sin que
Rimbaud lo supiera, son publicadas las
Iluminaciones (I
al XXXVII) en la revista La Vogue
(200 ejemplares).
1887 - La operación
de venta de armas fracasa: Arthur no recibe
paga.
1888 - Hasta el año
1890 dirige una fábrica en Harrar e
interviene en
varias otras operaciones comerciales.
1889 - Herman
Melville, Billy Budd. Muere Robert
Browning Mark
Twain, Un yanky en la corte del Rey
Arturo
1890 - Oscar
Wilde: El retrato de Dorian
Gray. Emil
Zola, La bestia
humana. Muere
Vincent Van Gogh
1891 - En febrero,
Rimbaud sufre malestares en la pierna derecha
que él atribuye, según una carta enviada a su
hermana Isabelle, al frío de Harrar, a largas
caminatas de 15 a 40 kilómetros diarios y a
"cabalgatas insensatas por las abruptas montañas
de la región". En marzo lo llevan a Zeilah en
una litera diseñada por él mismo y de allí a
Aden desde donde poco después vuelve a Francia.
Es hospitalizado en Marsella y el 22 de julio le
amputan su pierna derecha. Desde julio hasta el
23 de agosto permanece en Roche pero su salud se
agrava y parte con Isabelle hacia Marsella
nuevamente para ser hospitalizado. El 10 de
noviembre, poco después de cumplir los 37 años,
muere Arthur Rimbaud en el Hospital de la
Concepción.
A una razón. Oración de la tarde. Cabeza de
fauno.
|
Adiós |
¡Ya
el otoño! —Sin embargo, por qué añorar un eterno
sol, si estamos empeñados en descubrir la
claridad divina,— lejos de los que mueren con
las estaciones. Otoño. Nuestra barca, alzada en
las brumas inmóviles, se orienta hacia el puerto
de la miseria, la enorme ciudad del cielo
manchado por fuego y lodo. ¡Ah, los andrajos
podridos, el pan mojado en lluvia, la ebriedad,
los mil amores que me crucificaron! ¡Jamás
terminará pues, esta reina devoradora de
millones de almas y cuerpos muertos y que serán
juzgados! Vuelvo a verme, carcomida la piel por
el fango y la peste, cabellos y axilas repletos
de gusanos, y más gusanos todavía en el corazón,
yacente yo entre desconocidos que no tienen edad
ni sentimiento... Hubiese podido
morir...
¡Atroz Evocación! Execro la
miseria. Y temo el invierno porque es la
estación del
confort!
A
veces veo en el cielo playas sin fin, cubiertas
de blancas naciones jubilosas. Un gran navío de
oro agita, por encima de mí, sus pabellones
multicolores en las brisas de la mañana. Yo creé
todas las fiestas, todos los triunfos, todos los
dramas. Procuré inventar flores nuevas, astros
nuevos, carnes nuevas, idiomas nuevos. Creí
adquirir poderes sobrenaturales. ¡Y bien, debo
sepultar mi imaginación y mis recuerdos!
¡Hermosa gloria de artista y de narrador
perdida!
¡Yo!
¡Yo que me califiqué de mago o de ángel,
dispensado de toda moral, soy devuelto a la
tierra, para que me busque un deber y abrace la
rugosa
realidad! ¡Campesino!
¿Estoy
equivocado? ¿Sería la caridad, para mí, hermana
de la muerte? En fin, pediré perdón por haberme
nutrido de mentiras. Y andando. Pero, ni una
mano amiga! ¿Dónde obtener
ayuda? |
A UNA
RAZÓN.
Un golpe de tu dedo sobre el tambor
descarga todos los sones y empieza la nueva
harmonía. Un paso
tuyo significa el alzamiento de los hombres
nuevos y su puesta en marcha. Tu cabeza se desvía: ¡el nuevo amor!
Tu cabeza se
vuelve: ¡el nuevo
amor! <<Cambia nuestros lotes, criba
los desastres, empezando por
el tiempo>>, te cantan esos
chicos.<<Levanta hasta donde
sea, la
substancia de nuestras suertes y de nuestros
votos>>, se te ruega. Llegada de siempre, que te riás por
doquier.
ORACIÓN DE LA
TARDE
Como un ángel sentado en manos de un
barbero, empuñando mi jarro de canales
hirsutas, en arco el hipogastrio y el cuello;
un gambiero en la boca; en el aire, impalpable
volutas.
Como la
sirle cálida de un viejo
palomar, mil sueños en mí dejan, sus dulces
quemaduras y mi corazon triste, parece
ensangrentar, el sombrío oro joven de aquellas
chorreduras.
Luego,
cuando he engullido mis sueños con
cuidado, treinta o cuarenta tarros he bebido,
y me inclino devoto hasta que el agrio eructo he
soltado.
Dulce como
el señor del cedro y los
hisopos, hacia los cielos foscos, alto y
lejos, orino, con el consentimiento de los
heliotropos.

CABEZA DE
FAUNO
En el estuche verde, por el oro
manchado, dentro del frescor
incierto, floreciente y
tupido entre flores
espléndidas, el beso se ha
dormido. Vivo e hieriente
rasga, el bonito
bordado mostrando sus dos ojos,
un fauno temeroso.
Muerde las
rojas flores su fino y blanco
diente. Igual que un vino
viejo, moreno y sanguinoso su
labio estalla con risa clara, estridente.
Ágil como
una ardilla, de pronto sale
huido y sigue cada hoja, de la
risa el temblor. Se adivina
asustado por algún ruiseñor el
beso de oro del bosque, y se ha
escondido.
| El pasajero
salvaje |
Por Ariel Búmbalo
El siglo XX -quizá pronunciando una
inclinación alumbrada en el XIX- experimentó en
profundidad la fascinación por los rebeldes. Con
un temblor equívoco, los amó y temió. El
Romanticismo, en su momento, les había abierto
la puerta a los ángeles -o demonios- largo
tiempo expulsados de la beatitud y éstos se
encargaron en poco tiempo de poner patas para
arriba el mobiliario terrestre. La picardía
mayor fue declarar la muerte de Dios, el que,
por otra parte, llevaba una buena cantidad de
años moribundo.
Los ángeles rebeldes, los
demonios, se prodigaron por todas partes. Los
hubo en las artes, en la ciencia, en la
filosofía, en la política. El más extraordinario
de todos fue un muchacho de aspecto frágil e
hipnóticos ojos azules que entre los quince y
los diecinueve años produjo la obra poética más
revulsiva de la pasada centuria. Se llamaba
Arthur Rimbaud. Fue el primer poeta maldito, el
primer beatnik, el primer hippie, el primer
punk, el primer gran dios de la
rebelión.
Ángel y demonio
Rimbaud
fue un pasajero salvaje de este mundo en la
segunda mitad del siglo XIX. Había nacido en el
mes de octubre de 1854, en Charleville, una
ciudad cercana a la frontera francesa con
Bélgica, y murió el 10 de noviembre de 1891, en
Marsella, a la edad de 37 años. Segundo hijo
varón del matrimonio entre el capitán Frédéric
Rimbaud y Catherine Félicité Vitalie Cuif, hija
de un terrateniente de las Ardenas. La pareja se
disolvió más o menos pronto y la madre se
encargó sola de la crianza de los hijos, cuatro
en total (dos varones y dos mujeres). Era una
mujer severa y posesiva, estricta en cuestiones
religiosas y morales, que recurría con mucha
facilidad a los castigos corporales para
'educar' a sus hijos.
En la escuela,
Arthur fue hasta los quince años un alumno
ejemplar, el mejor de su clase en el Instituto
de Charleville, en donde era muy estimado por
los profesores y respetado por sus
condiscípulos. Hacia 1870 llegó a ese instituto
el profesor de Literatura Georges Izambard,
quien iba a marcar una influencia decisiva en la
formación de Rimbaud. El también joven Izambard
(21 años, apenas 5 más que Arthur) confirmó y
amplió las lecturas de su discípulo y le
transmitió los ideales republicanos y de
inconformismo, entonces en ebullición. Vitalie,
la opresiva madre de Rimbaud, llegó a estar
convencida de que fue Izambard el primer
causante de la rebelión de su hijo y del
posterior rechazo de éste a cualquier forma de
disciplina.
Lo cierto es que a partir más
o menos de esa época el ángel Rimbaud se
transformó en el Rimbaud demonio.
Entre
1870 y 1871, cuando apenas rondaba los 17 años,
Arthur se fugó dos veces de su casa hacia París.
En la primera ocasión, fue detenido por la
policía apenas llegó a esa ciudad y devuelto a
Charleville y a su madre una semana después.
Pero la segunda fuga coincidió con los sucesos
de la Comuna y la llamada "Semana Sangrienta".
Sigue siendo un misterio si Rimbaud participó o
no de la batalla de París. Lo cierto es que en
este nuevo vagabundeo por la calles de la
ciudad, sin dinero ni amigos a quienes recurrir,
se vio pronto sumergido en la miseria, pasó
hambre y terribles necesidades. La estadía duró
quince días y tuvo un desenlace cruel. Aunque no
hay testimonios concretos, por las alusiones de
su poema Coeurs Suplicié y algunas afirmaciones
hechas por sus amigos después, sus principales
biógrafos suponen que durante esa permanencia en
París, Rimbaud tuvo una terrible iniciación
sexual al ser violado por unos soldados en un
cuartel en el que había pedido
refugio.
El barco ebrio
Tras la
terrible y nunca aclarada experiencia en París,
Rimbaud retornó a Charleville, a la casa de su
madre. Allí se entregó a una intensa experiencia
autodestructiva y de endurecimiento. Dejó de
cortarse el cabello, no se lavaba y comenzó a
lucir una pipa que usaba con el cuenco hacia
abajo. Deambulaba por las calles de su ciudad
insultando a los paseantes o mendigaba dinero
entre los conocidos para beber o fumar. Llenó
los muros y bancos de Charleville con la
inscripción "¡Mierda a Dios!", expresión en
consonancia con algunas de las ideas más
revulsivas de la época y que sacaba a las calles
el "¡Dios es el mal!" de Proudhon. Según escribe
Enid Starkie, su mejor comentarista "Rimbaud se
negaba a aceptar que la miseria que veía a su
alrededor y que le producía náuseas no fuera más
que miseria (...) Desde su más tierna infancia
sintió la sed de Dios y creyó encontrarlo. Luego
se volvió contra Él y lo odió al identificarlo
con la autoridad y la tiranía..."
Esta
primera época feroz de Rimbaud fue al mismo
tiempo altamente productiva para su obra. Fue en
esta fase cuando elaboró los contenidos
esenciales de su doctrina estética, los que iban
a tener luego una gran influencia en todo el
ámbito de la poesía. Rimbaud profundizó los
planteos de Baudelaire, en especial los
relacionados con el concepto de
'correspondencia', y concibió su postulación del
poeta como 'vidente'. El artista, según el
planteo de Rimbaud, no es propiamente un creador
sino un vidente, dotado de unas facultades de
percepción excepcionales. La cuestión también
puede hallarse expuesta en Baudelaire, sólo que
Rimbaud la radicaliza. Para él resulta necesario
destruir la naturaleza humana en su misma
condición con el fin de trascender más allá,
hacia cierta dimensión espiritual y eterna. Esta
preparación para el estado de 'videncia', de
percepción suprema, se consigue, según Rimbaud,
mediante una profunda y sistemática perversión
sensorial. "El poeta -escribe- se hace vidente
por un largo, inmenso y razonado desarreglo de
los sentidos." Y también: "El poeta necesitará
de toda su fe, de toda su sobrehumana fortaleza,
para convertirse en el gran enfermo, el gran
criminal, el gran maldito y el sabio
supremo."
Tales planteos, además de en
sus actos, se tradujeron en su escritura, que
inauguró recursos tales como la ausencia de un
hilo lógico, la incoherencia y discontinuidad
deliberada, la acumulación y mezcla de planos
sensoriales (visuales, táctiles, sonoros), la
modificación de las percepciones
espacio-temporales y otras. La cifra definitiva
de estos planteos puede hallarse en el
famosísimo poema Le Bateau Ivre, que fue escrito
en este período.
Rimbaud y
Verlaine
La tercera llegada a París de
Rimbaud fue por invitación del poeta Paul
Verlaine, que ya entonces gozaba de cierto
reconocimiento y quien había difundido "El barco
ebrio" en la revista Lutece. Esta publicación
nucleaba a los parnasianos, un grupo de jóvenes
poetas que tenían como maestros a Gautier,
Banville, Leconte de Lisle y Baudelaire y que
intentaban marcar sin demasiada fuerza alguna
diferencia con el Romanticismo. Los jóvenes
parnasianos recibieron con entusiasmo a Rimbaud,
lo mantuvieron con alojamiento, dinero y comida
y hasta lo incluyeron en un trío de 'poétes
maudits' junto a Stephane Mallarmé y Tristan
Corbiére. Sin embargo, ninguno soportó la vida
de sordidez física y moral que llevaba su
protegido ni sus continuos actos de perversión
que él consideraba necesarios en su búsqueda de
una 'ascesis espiritual'. Rimbaud, por su parte,
los despreciaba y no ahorraba los comentarios
hirientes. Una noche, en el café del Teatro del
Bovino, el ignoto poeta Jean Aicard leía una
selección de sus poemas, mientras que Rimbaud,
borracho, acompasaba el final de cada verso con
la palabra 'mierda'. La provocación derivó en
una pelea descomunal y al brillante pero
inaguantable poeta de “El barco ebrio” se le
cerraron para siempre las puertas de los
círculos literarios parisinos.
El único
que permaneció cerca de Rimbaud fue Paul
Verlaine. En realidad, entre ambos se estableció
una relación apasionada y difícil. Verlaine
abandonó a su mujer embarazada, se estableció
con Rimbaud, viajaron juntos a Londres y
convivieron tormentosamente durante dos o tres
años. El romance terminó cuando Verlaine, en un
hotel de Bruselas, acertó un disparo de tres en
el cuerpo de su amigo.
En este período
revulsivo, entre París y Londres, Rimbaud
escribió sus obras definitivas “Una temporada en
el Infierno” y “Las
iluminaciones”.
Rebeldes y
malditos
A grandes rasgos, los aportes
fundamentales de Rimbaud como poeta y como
artista hay que buscarlos en la fenomenal
energía de ruptura de sus textos, los cuales
incorporaron al ámbito de la poesía nuevos e
inesperados contenidos que hasta entonces habían
permanecido marginados. Siguiendo el tremendo
impulso contra la opresión que atravesó toda su
vida, Rimbaud sondeó los caminos de la libertad
al cultivar y promover los frutos de una
imaginación incondicionada que dio cabida,
incluso, a las imágenes del delirio. Se trata de
movimientos, inflexiones espirituales o del
pensamiento, sensibilidades o registros que
ahora nos resultan familiares tanto en la poesía
como en la vida y a las que, por lo mismo,
apenas prestamos atención. Sin embargo, hay que
saber que antes de “Una temporada en el
Infierno” o de “Las iluminaciones” esas
posibilidades eran tierra
cancelada.
Rebelde, maldito, blasfemo,
homosexual, provocador, bufonesco, pudoroso y
desvergonzado, pervertido y virginal, trágico,
inspirado, deslumbrante, angélico y demoníaco.
Así fue el genio de Rimbaud. A lo largo del
siglo XX los poetas, escritores, artistas y
personalidades más decisivas, las que siempre
atacaron la domesticación y lucharon por ampliar
los límites de la vida humana, lo tuvieron como
modelo. También la inmensa y maravillosa poesía
del siglo XX le debe casi todo a
Rimbaud.
A 100
años de la muerte de Rimbaud publican una
biografía cuestionada por su
familia

EDUARDO BLANCO
El 10 de noviembre se cumplieron cien
años de la muerte de Jean-Arthur Rimbaud, el más
venerado de los poetas simbolistas , quien fuera
considerado uno de los malditos de su época. En
Francia, para conmemorar esta fecha, se acaba de
publicar una biografía escrita por Jean
Bourguignon y Charles Houin -contemporáneos del
poeta - que la familia de Rimbaud había
intentado destruir en su interés por presentarlo
como un hombre que se había arrepentido de su
pasado en los últimos años de su vida; una
imagen que se encargaron de inventar su hermana
Isabelle y su cuñado Paterne Berrichon.
Rimbaud nació en
el verano francés de 1854. Su padre Frederic -
un militar de carrera - abandonó a la familia
pocos meses después para participar en la guerra
de Crimea. Jean-Arthur vivió desde entonces bajo
el influjo de su madre, Vitaile Cuif, una mujer
severa y de formación ultrarreligiosa. En uno de
sus primeros poemas Rimbaud diría de ella:
"Tenía la mirada azul - ¡qué miente!-.
A los 7 años
ingresó en el Instituto Rossat y escribió sus
primeros trabajos en prosa. En aquel colegio
conoció a Georges Izambard, un profesor que le
descubrió a Baudelaire, Villon y Rebelais, y que
tuvo una gran influencia en sus comienzos como
poeta. En 1869, a los 15 años, publicó su primer
poema, El aguinaldo de los huérfanos, en la
revista Revue pour tous. Un año después
huyó por primera vez de su casa.
Aquel viaje tenía
un destino, París pero la plata que obtuvo a
cambio de las medallas que había con sus poemas
no le alcanzó para la totalidad del trayecto y
fue detenido en la Estación del Este y
encarcelado en la prisión de Mazas, de donde fue
sacado por su profesor Izambard
En mayo de 1871
Rimbaud pudo finalmente conocer la capital
francesa. París había quedado en ruinas luego de
la guerra contra Prusia y por esos días se había
establecido la Comuna. Entusiasmado por el nuevo
clima político, escribió París se repuebla en
donde Rimbaud declaraba: "El poeta recogerá el
sollozo de los Infames, el odio de los Forzados,
el clamor de los Malditos".
A su regreso a
Charleville, Rimbaud le escribió a Izambard: "En
el fondo usted no ve en su planteamiento más que
poesía subjetiva; su obstinación por ganar un
escaño universitario – perdón - lo prueba ( ...)
Yo alcanzaré la poesía objetiva y será mucho más
sincera que la que usted podrá hacer nunca". El
desafío también quedó manifiesto en otra carta
que escribió a Paul Demeny, un amigo de Izambard
que le publicó sus primeros poemas. En ella
Rimbaud prometía "una hora de literatura
nueva".
Por entonces ya
había enviado su poema El barco ebrio a Paul
Verlaine, quien lo invitó a visitarlo en París.
A mediados de setiembre de 1871, Rimbaud y
Verlaine se conocieron e iniciaron una relación
apasionada y tormentosa. Verlaine abandonó a su
esposa y a su hijo recién nacido para ir detrás
de ese joven a quien describió "de ojos azules y
suelas de viento".
Durante dos años
los amantes vivieron constantes desencuentros,
hasta que en julio de 1873 en Bruselas,
Verlaine, desesperado porque Rimbaud lo
abandonaba, le disparó un tiro hiriéndolo en un
brazo. Jean-Arthur se recluyó en Roche y en dos
meses escribió su obra más importante: Una
temporada en el Infierno Verlaine, en tanto, fue
juzgado y condenado a dos años de
prisión.
En 1874 Rimbaud
finalizó un trabajo que había comenzado durante
su relación con Verlaine, las Iluminaciones. Ese
sería su último contacto con la poesía. A los
veinte años decidió cumplir con lo que había
anticipado en Una temporada en el Infierno: "He
concluido mi jornada, abandono Europa, el aire
marino quemará mis pulmones; los climas perdidos
me curtirán". Llegaba el tiempo para la aventura
y los negocios.
A partir de
entonces para Rimbaud, no existió un lugar fijo
donde instalarse. Viajó por Holanda, Alemania,
Italia. España, Etiopía La India y el Oriente
Medio. Se dedicó al comercio, al tráfico de
armas y al contrabando. Algunos aseguran que la
casa de Rimbaud en Harrar era un harén compuesto
por mujeres de todas las razas y otros afirman
que durante un tiempo se dedicó a la venta de
esclavos.
La poesía de
Rimbaud comenzó a ser conocida en París hacia
1884, cuando Verlaine lo incluyó en su obra Los
poetas malditos. Ajeno a estas cuestiones, Jean
Arthur escribió a su hermana: "Si yo tuviera
medios para viajar sin verme obligado a
permanecer en un sitio para trabajar y ganar el
pan, no se me vería más de dos días seguidos en
el mismo lugar".
Pero en 1890 un
tumor en una rodilla lo obligó a regresar a
Francia. En el hospital de Marsella le amputaron
una pierna, pero su salud no mejoró. "Quisiera
hacer esto o aquello, ir aquí o allá, ver.
Vivir, partir: imposible, imposible al menos por
un tiempo, si no ya para siempre", escribió en
una de sus últimas cartas. El 10 de noviembre de
189 1, a los 37 años. Rimbaud murió en
Marsella.
Historia
literaria Rimbaud, poeta
vidente
Por Juan José González
Figueroa*
 Henri Fantin-Latour, Un coin de table; détail:
Verlaine et Rimbaud (1872) Musée d'Orsay,
Paris, France
"Soñar
magníficamente no es un don
que se conceda a todos los hombres. La facultad
de soñar es una facultad divina y misteriosa,
porque mediante el sueño el hombre se comunica
con el mundo tenebroso que nos
rodea". Charles
Baudelaire
A estas alturas se debe
concluir que en el caso de Jean Arthur Rimbaud,
de profesión ladrón de fuego, hace ya mucho
tiempo que la leyenda se imbricó con los hechos,
de tal forma que es imposible separar los sueños
de la realidad.
Si en verdad nos interesa
el poeta y su decir no hay mejor estrategia que
seguirle la huella; no hay mejor receta que
zanquearlo hoy y mañana también. Si perseveramos
y tenemos suerte, puede que arribemos a las
imágenes con que alurnbrá al mundo y a la tesis
del vidente, arma correcta para adentrarse en
las landas infinitas de la creación poética que,
desde la perspectiva rimbaudiana, es, con mucho,
más que el mero manejo del lenguaje.
Por eso aceptemos que en la
Francia decirnonánica, en Charleville, el 20 de
octubre de 1854 para ser precisos, en la sala de
maternidad de la clínica local, nació un bebé
que asombró a la enfermera en tumo. Esta, luego
de lavar meticulosamente al recién nacido, lo
colocó sobre un cojín y lo dejó a solas en la
habitación. Minutos después, al regresar, el
niño ya no estaba en el sitio en que fue
depositado. Había rodado hasta el suelo y a
gatas se dirigía hacia la puerta, como si
estuviera listo para iniciar la vida errabunda
que le llevó por Europa y tierras de Africa.
Demos crédito a quienes,
alumnos y profesores del Instituto de
Charleville, aseguraron que Jean Arthur Rimbaud
no fue un hombre de talento más. Entendamos que
el establecimiento docente de Charleville estaba
encantado con los prodigios que la maravilla de
apellido Rimbaud realizaba día tras día. El
alumno prometedor pasmó a su profesor de
historia cuando, a los doce años de edad,
presentó un resumen de historia antigua sobre
Egipto, Sirla y Babilonila que revelaba una
capacidad de exposición y una madurez mental
impropias de esa edad.
El joven Rimbaud, rozando
los 16 años de edad, es la maravilla que asombra
y regocija a los maestros del Instituto de
Charleville. El 24 de julio de 1870, el alumno
brillante y tímido, guiado por la mano de George
Izambard, profesor sobresaliente cuyo nombre ha
pasado a la historia, obtuvo las mejores
distinciones académicas. Unos meses atrás había
conseguido casi todos los primeros lugares en
los exámenes del Instituto
Pero también aceptemos que
ese joven, que parecía ser todo honor y toda
gloria de Charleville, fue el mismo que poca
tiempo después, en 1871, luego de varias
escapadas del hogar y vagabundeos por París y
tierras belgas, clamaba y retaba a los mesurados
ciudadanos de su aldea natal: ¡Tengan cuidado!
¡Les va a llegar su hora! ¡El orden ha sido
vencido! "
Rimbaud regresa de París.
Retorna más que agresivo, desafiante. Se niega a
lavarse; sus rizos crecen desmesuradamente y le
cubren incluso los hombros. Camina por las
calles centrales de Charleville con los puños en
los bolsillos. Ya no asiste al Instituto, aunque
pasa muchas horas todos los días sometido al
ejercicio mental de la lectura en la biblioteca.
Sus amistades no son más los alumnos del
principal plantel educativo de la región.
Tampoco tiene a la mano al profesor Izambard,
con quien discute y a quien le envía una carta,
el 13 de mayo de 1871, de tono por lo menos
insolente:
'Uno se debe a la
sociedad, usted me ha dicho; usted forma parte
de¡ plantel docente; marcha usted por buen
camino. Yo también sigo la norma: me hago
cínicamente mantener; desentierro a antiguos
imbéciles del colegio; les entrego todo lo que
puedo inventar de estúpido, de sucio, de malo,
de acción y de palabra; se me paga con cervezas
y putas".
|
Vocales
A
negra, E blanca, I roja, U verde, O azul:
vocales, algún día diré vuestros nacimientos
latentes: A, negro corsé velludo de moscas
resplandecientes que bombinean en torno a
pestazos crueles,
Golfos de sombra; E, candores de vapores
y de tiendas, Lanzas de altivos glaciares,
reyes blancos, calosfríos de umbelas; I,
púrpuras, sangre escupida, risa de labios
bellos En la cólera o las ebriedades
penitentes;
U,
ciclos, vibramientos divinos de la mar
virida, Paz de las dehesas sembradas de
animales, de arrugas Que la alquimia imprime
a las grandes frentes estudiosas;
O,
supremo clarí lleno de etridores
extraños, Silencios atravesados por mundos y
ángeles; - O la Omega, ¡rayo violeta de sus
ojos!
Arthur Rimbaud,
1871. Versión de Juan Abeleira. |
El insolente Rimbaud tiene
nuevos amigos, adultos que le superan en malicia
y experiencia; adultos que le invitan el trago
necesario para que el tímido adolescente suelte
la lengua y se dé vuelo con los tonos obscenos,
escatológicos, de sus narraciones. La obscenidad
se convirtió en su arma estratégica. Sabe que
con ella cala profundo en el ánimo de los
provincianos de Charleville. Sabe que se le
observa y que es tema de conversación en su
ciudad natal. El poeta genera el escándalo y
mediante éste abandona el anonimato. Rimbaud da
el primer gran paso hacia la
conversión.
Ya no es el alumno modelo.
Ya no pertenece al clan Rimbaud, esa familia
pequeñoburguesa de la región y que encabeza una
fría, dura e inflexible Marie Catherine FéIicité
Vitalie Cuif, cuya intolerancia y apego a las
buenas y sanas costumbres hizo huir al capitán
Rimbaud, padre de Jean Arthur, cuando éste era
muy pequeño. El renovado Rirnbaud surge luego de
una larga y penosa saga existencial. El renovado
Rimbaud no es reluciente; es lo otro: un joven
cuya piel y alma muestran los estragos de las
malas experiencias de la vida. Rimbaud, cuando
regresa en mayo de 1871 a Charleville, luego de
tres escapadas del hogar, ya es otro. Sabe lo
que es ser humillado, escarnecido y hasta
violado. Rimbaud conoce los riesgos de vagar
entre las bestias, Rimbaud entiende que la letra
impresa, que el verso y su fulgor, no lo son
todo. Que hay violencia, que hay maldad y
perversidad en la naturaleza
humana.
En la vida de Jean Arthur Rimbaud
hay un antes y un después. La fase dorada, del
joven alumno que se esmera en el Instituto de
Charleville, el acaparador de diplomas y
consentido de Georges Izambard, dura muy poco,
hasta los 16 años. El 25 de febrero de 1871, con
los recursos que se allegó mediante la venta de
su reloj, el adolescente huye de nueva
cuenta para instalarse en París.
Son los días aciagos de la Comuna. Son los días
en que por lo menos 100 mil personas abandonan
la capital de Francia ante la inevitable
confrontación entre los grupos progresistas de
la Comuna y las fuerzas de la reacción, los
versalleses, apoyados por los gobiernos
europeos.
Si el éxodo parisiense
asombra, el ingreso de decenas de miles
entusiastas a París deslurnbra como sólo lo
hacen las utopías. jóvenes exaltados de la
provincia francesa, hombres de ideas avanzadas,
vagos sin oficio y la escoria en pleno llegan a
París con el fin de integrar la fuerza de la
Comuna que habrá de frenar a la reacción. Fueron
por lo menos 15 los días que Rimbaud deambuió
por los barrios de París. Sin dinero, sin
amigos, la pasó mal, muy mal. Rimbaud llegaba al
corazón de Francia con la intención de
presenciar y hasta participar en el magno evento
de la lucha por la libertad. Empero,
inexplicablemente, a los 15 días da vuelta
atrás, desanda el camino y retrocede hasta su
ciudad natal.
El apasionado joven, que
confería a la poesía la prioridad entre los
quehaceres de la hurnanidad, debió vagar por los
cuarteles, entre la soldadesca, entre el
maremágnum comunitario. En esa abigarrada
mezcolanza había, ya lo he dicho, desde hombres
de ideas avanzadas hasta la escoria de la
escoria, gente que se acercaba al escenario de
las definiciones con la finalidad, no tanto de
participar en tal o cual bando, sino de obtener
el mayor provecho por la vía de la rapiña y el
ultraje. Entre esa mezcolanza, con hambre, sin
dinero ni amigos, cayó Rimbaud. Con el rostro de
niña que describen sus biógrafos, es del todo
factible que fuera violado en los cuarteles. El
resultado es un poema pleno de dolor y amargura:
"Coeur supplicié", escrito en mayo de 1871 a su
regreso a Charleville.
La herida está abierta.
Rimbaud busca auxilio en Izambard, pero su
antiguo profesor no le concede demasiada
importancia al texto poético que se le envía. El
angustioso S.O.S. se transforma en el clásico
mensaje de la botella arrojada al mar. A partir
de entonces puede hablarse de un antes y un
después. Rimbaud escandaliza por las calles y en
los cafés. "¡El orden fue vencido!", grita en la
plaza pública y a voz en cuello. El adolescente
provoca con sus relatos obscenos, con sus
descripciones escatológicas. Pero ese
adolescente no está aún perdido para la creación
literaría. Si bien no asiste a las aulas y
desdeña a sus antiguas amistades escolares y
literarias, no deja de frecuentar la biblioteca.
Se zambulle en el mar de la información. La
realidad le dio a probar la hiel. Ahora él dará
a esa realidad una hora nueva de poesía
refulgente, inquietante y
provocadora.
Hay la tesis de que el
Rimbaud escarnecido constituyó la materia prima
para generar un genial adolescente, que irnaginó
transformarse en algo equiparable a Dios mismo a
través de la poesía. Sin control alguno, con la
herida abierta en el alma, el joven Rimbaud leyó
sobre alquimia, cábala y magia. Mezcló
ingredientes y adicionó a ellos su talento
natural. El resultado fue una nueva forma de
hacer y entender la poesía. El resultado nos
mantiene con la respiración entrecortado, con
los ojos cerrados, ante la luminosidad de versos
como el siguiente: "Sobre el talud, los
ángeles escarnienan sus ropajes entre los
herbazales de acero y
esmeralda"'.
Si entendemos por poesía el
manejo magistral del lenguaje y la fiabilidad
extrema para la formación de metáforas,
coincidirernos en que don Luis de Cóngora y
Argote constituye la cima de la poesía en lengua
española. Pero esa clase de poesía no es la que
buscó y forjó Jean Arthur Rimbaud, el ladrón de
fuego por antonomasia, el ángel que vagó entre
las bestias. La experiencia a la que se somete
el autor francés, y a la cual somete a todo
joven en verdad interesado en descifrar tanto
Una temporada en el infierno como
Iluminaciones, resulta una experiencia
distinta e inolvidable por lo azarosa, amarga y
deslumbrante.
Rimbaud, en 1871, avanza
agrandes trancos hacia la posteridad. El 13 de
mayo, luego de su regreso de París, escribe a
Paul Demeny: "Ahora me encrapulo lo más posible.
¿Por qué? Quiero ser poeta y trabajo para
volverme un vidente. Usted no entendería y yo
casi no podría explicarlo. Se trata de llegar a
lo desconocido a través del desarreglo de todos
los sentidos. Son enormes los sufrimientos, pero
se necesita ser fuerte, haber nacido poeta y yo
me he reconocido poeta".
Dos días después envía una
nueva comunicación al mismo Demeny: "El primer
estudio del hombre que anhela ser poeta es su
autoconocimiento total... El poeta se hace
vidente por un largo, inmenso y razonado
desarreglo de todos los sentidos. Se trata de
hacer el alma monstruosa: a semejanza de los
robachicos, ¡y qué! Imagínese un hombre
injertándose y cultivándose verrugas en la
cara".
Al igual que nosotros,
Rimbaud sabía que la tesis del poeta vidente no
era nueva del todo. Antes que él los románticos
y en forma señalada los alemanes, con Novalis al
frente, difundieron tesis similar. Ellos también
hablaron del cultivo de las almas para llegar al
poeta vidente, al tono profético, al rango
místico intemporal que sacude al alma y acuna
nuestros sueños.
Las feministas tienen en
Rimbaud y su tesis del poeta vidente a uno de
las suyas. En esa carta sobre el poeta vidente,
declara: "Cuando esté quebrada la infinita
servidumbre de la mujer, cuando ella viva por
ella y para ella, ... ¡ella será poeta
también!... Ella encontrará cosas extrañas,
insondables, repugnantes, deliciosas; nosotros
las tomaremos, las comprenderemos".
En su momento, en la
Francia dominada por el Parnaso, dos son los
poetas videntes que reconoce Rimbaud: Albert
Mérat y Paul Verlaine. Con este último
establecerá una relación sentimental y literaria
que sacude a las buenas conciencias de todos los
tiempos. Sucede que el adolescente Rimbaud ya no
fue nunca más el brillante y tímido joven de
Charleville. Sucede que Jean Arthur Rimbaud se
transformó en andrógino capaz de trastornar a
Verlaine, al grado que éste abandonó todo,
carrera, esposa y patria, para lanzarse a una
aventura en Londres, cuyo final fue la dramática
escena en que el poeta parnasiano disparó en
contra de Rinibaud hiriéndole. El joven Rimbaud
ponía en práctica los lineamientos de su teoría
del vidente. Se emparentaba con la tesis de que
a la sabiduría también se llega por el camino de
los excesos. Rimbaud acabó por pensar que el
vicio podría ser, después de todo, un medio
eficaz para romper las cadenas que atan al
espíritu humano al mundo material.
De esa larga experiencia
Rimbaud extrajo material de sobra: Una
temporada en el infierno e
Iluminaciones. Del primero de los textos
sabemos que estuvo terminado en agosto de 1873 y
para muchos constituye el adiós de Rimbaud al
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