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En la obra
del Bosco abundan los signos de inversión, el
trueque de papeles y de acumulación de absurdos:
gigantesco pájaro que lleva fruta a pequeños
hombres ansiosos, que extienden su cabeza, no
sus manos, para recibirla; hombre que sale de la
cuba para recibir de otro ave la misma fruta;
ciervo que se inclina sobre un hombre muerto,
como si hubiera sido su cazador (junto a los
ríos, en la parte superior del jardín). O, en el
panel del infierno, la gigantesca liebre que ha
cazado a un ser humano al que lleva colgado de
un palo.
Dentro de este mismo concepto del "mundo al
revés" cabe entender el tamaño exagerado de
pájaros, frutas y peces (característico por otra
parte de la ornamentación marginal de los
manuscritos de la época). |