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A Renoir siempre se le ha
considerado el representante del Impresionismo más sensual. Comenzó pintando
en una tienda de porcelana China de París. Aquí, empieza a pintar temas que
emanan dulzura y sentimentalismo heredados del Rococó. Después, pasó al
estudio de Gleyre, donde contactó con pintores impresionistas como Sisley y
Monet. En sus primeros años, también le influyó la escuela de Barbizon,
sobre todo la pintura de Gustave Courbet.
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The Boating Party Lunch
1881
Oil on canvas
Private collection
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Renoir también sintió una especial atracción hacia las escenas de la vida cotidiana como le Moulin de la Galette, los Paraguas o este Almuerzo de remeros, escenas cargadas de alegría y vitalidad. La composición fue realizada en el restaurante de Fournaise, posando sus amigos Aline Charigot -la mujer de la izquierda con el perrito-, el pintor Caillebotte -sentado a horcajadas en primer plano- o la modelo Angèle mirando al pintor. Lhote, Lestringuez y otros conocidos del artista también se distribuyen por el lienzo de manera acertada. Un perfecto bodegón de botellas, frutas, platos y copas preside la composición, demostrando Renoir su facilidad para ese género. Las figuras se sitúan bajo un toldo que evita la entrada de la luz solar, provocando sombras coloreadas típicas del Impresionismo. La factura es cuidadosa, destacando el perfecto dibujo de las figuras con el que resalta su volumen, mientras que el fondo está más abocetado. La luz tomada directamente del natural, la disposición de las figuras en la escena, los rostros de los personajes muy realistas y la sensación de vida que se respira en el conjunto hacen de esta obra una de las más atractivas del pintor. |

The Ball at the Moulin de la Galette
1876
Oil on canvas
Musée d’Orsay, Paris, France

The Large Bathers (detail)
1887
Oil on canvas
Philadelphia Museum of Art, Philadelphia, Pennsylvania, USA

Déjeuner à Berneval (1898)
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Renoir fue el pintor impresionista que más se interesó por las escenas cotidianas pero la crisis que le condujo hacia el periodo seco motivará la reducción significativa de este tipo de imágenes, limitándose a asuntos de su vida familiar como éste que contemplamos, protagonizado por Aline Charigot y su hijo Pierre al fondo mientras que en primer plano encontramos un joven desconocido, leyendo un libro que sostiene entre sus piernas.El maestro recupera la concepción espacial del Renacimiento al disponer las figuras en diferentes planos paralelos que se alejan en profundidad, cerrándose el espacio con la ventana por la que entra la luz que difumina los contornos. Las suaves tonalidades son aplicadas con pinceladas fluidas y largas, superando los trazos cortos de la época impresionista. |
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El propio Renoir decía: "la naturaleza lleva al artista a la soledad; yo quisiera vivir entre los hombres", por lo que observamos que en su producción los paisajes están siempre poblados de personas como en esta bella escena. Dos figuras situadas en primer plano, a la sombra, sirven de antesala al espectacular lago soleado que aparece al fondo. Con seguridad y maestría, Renoir ha sabido transmitir la alegría y el calor estival. Los colores son especialmente vivos, destacando el amarillo, el rojo y el verde, aplicados con una pincelada rápida. Las sombras adquieren una tonalidad malva, siguiendo la teoría impresionista. La luz tomada directamente del natural diluye los contornos y aboceta las figuras, lo que llevará a la pérdida de la forma. Ante este hecho, Renoir reaccionará retomando sus figuras femeninas perfectamente dibujadas, en las que existen recuerdos de Rubens |


Titulo: Irène
Cahen d´Anvers, 1880
| En 1880 el financiero Cahen d´Anvers encarga a Renoir los
retratos de sus hijas. El de Irene lo completó en sólo dos sesiones en
la casa familiar de la rue Bassano de París pero se trata de una de sus
retratos infantiles más impactantes. Irene aparece ante un fondo vegetal,
vestida con un elegante traje blanco en el que la luz proyecta una sombra
coloreada, habitual entre los impresionistas. La tonalidad rojiza de su
larga melena contrasta con el blanco del vestido y con los colores oscuros
del fondo, creando un atractivo juego de contrastes típico de la pintura
clásica.
El preciosista dibujo del rostro -especialmente la perfilada nariz, la boca y los ojos- se contrapone con la rapidez de la pincelada, aplicando los colores de manera rápida y eliminando el detallismo que caracteriza las pinturas academicistas, lo que indica que en la década de 1880 el estilo impresionista está asentado entre la sociedad burguesa parisina. La delicadeza y candidez de la jovencita indican la calidad de Renoir a la hora de realizar retratos, interesándose también por la personalidad de los modelos, de la misma manera que habían hecho Tiziano o Velázquez, este último uno de sus pintores favoritos como se aprecia en esta frase: "Velázquez me entusiasma: esa pintura respira la alegría con que el artista la ha pintado... Cuando puedo imitar la pasión con que un pintor ha creado, comparto su propio gusto". Por el encargo Renoir recibirá 150 francos. |

The Dancer
1874
Oil on canvas
55.91 x 37.01 inches / 142 x 94 cm
Widener Collection, National Gallery of Art, Washington, D.C., USA
Signed and dated lower right
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Cansados de los continuos rechazos en el Salón de París, el organismo académico oficial, los jóvenes impresionistas decidieron constituir una Sociedad Anónima de Artistas para organizar su propia exposición. La primera muestra del grupo -en la que participaron Cézanne, Monet, Morisot, Degas y Renoir entre otros- se celebró entre el 15 de abril y el 15 de mayo de 1874 en los locales cedidos por el fotógrafo Nadar, en el boulevard des Capucines. Renoir participó con seis lienzos y un pastel, siendo esta Bailarina que contemplamos una de las obras participantes. Los críticos se cebaron con ella y Louis Leroy -el responsable del nombre del grupo al mencionarlos de manera peyorativa como "impresionistas"- en la revista "Chirivari" se hizo eco de un comentario de Joseph Vicent: "Lástima que el pintor, en posesión de cierto conocimiento del color, no dibuje mejor; las piernas de su bailarina son tan frágiles como el tul del faldellín".La bailarina enlaza con los trabajos de Degas, interesándose Renoir por la atmósfera que rodea a la joven más que por los detalles del vestido. La ubicación en el espacio recuerda al Pífano de Manet, que se inspira en obras de Velázquez, uno de los pintores más admirados entre los jóvenes pintores. No es cierta la crítica al referirse al débil dibujo sino que nos encontramos ante una figura modelada con cierto aire clasicista. Las tonalidades claras dominan el conjunto, aplicadas de manera rápida en relación con el estilo de sus compañeros. |

Jeanne Samary in a Low-Necked Dress
1877
Oil on canvas
22.05 x 18.11 inches / 56 x 46 cm
Pushkin Museum, Moscow, Russia
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Los críticos consideran este retrato como el más impresionista de Renoir. La modelo es la actriz de la "Comédie Française" Jeanne Samary a la que el pintor conoció en casa de su mecenas, el editor Georges Charpentier un año antes de realizar la obra. La joven posa con un escotado vestido azul adornado con rosas en la zona derecha. Apoya su bello rostro en la mano izquierda, adornada con un anillo dorado y una pulsera. Su mirada se dirige atentamente al espectador, destacando sus ojos claros y los labios pintados de "rouge". El fondo sobre el que se recorta la figura está obtenido con rápidos trazos, al igual que el vestido o el busto de la joven, apreciándose la base dibujística que tanto entusiasmaba al pintor. Este retrato participó en la tercera exposición de los impresionistas de 1877 y en el Salón de París del año 1879. También existe un retrato de Jeanne Samary de pie.
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Two Sisters on the Terrace
1881
Oil on canvas
Art Institute of Chicago, Chicago, Illinois, USA
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A partir de la década de 1880 Renoir se decanta por retomar la figura humana como protagonista de sus composiciones, reaccionando ante la pérdida de la forma que se estaba produciendo en sus cuadros de paisajes y especialmente en los de Monet. Renoir no abandona su estilo impresionista tan fácilmente, como podemos comprobar en el fondo de esta imagen. La protagonista es Mlle. Dartaud, actriz de la Comédie-Française, acompañada de una niña sin identificar. Se supone que el lugar donde posaron fue la terraza del restaurante Fournaise, durante el mes de julio. Renoir siempre fue un gran retratista como demuestra en este caso, interesándose por los rostros de la actriz y la pequeña, con la mirada perdida la primera y mirando atentamente al espectador la segunda. La luz del sol ilumina plenamente sus figuras, sin crear sombras, como hacía la estampa japonesa. El estilo continúa siendo rápido y abocetado pero las figuras tienen algo más de dibujo que el resto de la composición, en donde líneas y formas casi desaparecen para llegar a crear una obra abstracta. Los colores empleados son muy vivos y variados contrastando con el vestido de la mujer, para el que utiliza un negro-azulado que también se encuentra en Los paraguas. |

Dance in the Country
1883
Oil on canvas
70.87 x 35.43 inches / 180 x 90 cm
Musée d’Orsay, Paris, France
Signed and dated lower left
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Renoir es el pintor de la vida, de su tiempo, representando imágenes llenas de vitalidad como Le Moulin de la Galette, El columpio o esta escena de baile protagonizada por Suzanne Valadon y Paul Lothe. Una vez más se centra en representar las figuras al aire libre, creando bellos efectos de sombra malva en el vestido de la dama. El efecto de movimiento e inmediatez se crea a la perfección, no sólo en las figuras de primer plano sino en las que se reúnen al fondo alrededor de una mesa. Referencias a árboles morados indican que estamos en una zona sombreada en la que penetran ligeros rayos de sol. Es destacable cómo Renoir va recuperando la forma, que casi desapareció durante la época impresionista - véase El Sena en Asnières - iniciando la etapa que se conoce como "ingresca" por su atracción hacia el dibujo y la línea de Ingres. Al final de su obra será Rubens el maestro que más le atraiga. No obstante, este baile que Renoir presenta es una composición plenamente impresionista y demuestra que en este movimiento los artistas tomarán caminos diferentes. |

Au bord de la mer (1883)
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Pero si se pudiera explicar un cuadro, no sería una obra de arte. La obra de arte debe cautivar al observador, envolverle, arrastrarle. Estas dos frases resumen de manera contundente la filosofía de Renoir, uno de los grandes maestros del impresionismo que con sus obras ha cautivado a una legión de admiradores en todos los museos y colecciones donde se pueden contemplar. Pierre-Auguste Renoir nació el 25 de febrero de 1841 en la localidad francesa de Limoges. Era el cuarto hijo de Léonard Renoir y Marguerite Morlet. Léonard Renoir prefiere que Pierre se encamine hacia el dibujo ya que así podrá dedicarse a la decoración de porcelanas, una actividad tradicional en Limoges. En efecto, en 1854 Pierre ingresa como aprendiz en el obrador de los Lévy, pintores de porcelanas. Por las noches asiste a un curso en la Escuela de Dibujo y Artes Decorativas dirigido por el escultor Callouette. Se entusiasma tanto con la pintura que en lugar de comer, al mediodía acude al Louvre para copiar y dibujar a los grandes maestros: Tiziano, Tintoretto, Fragonard, Boucher, Velázquez, Rubens, ... Esta admiración por los grandes se mantendrá toda la vida y será una referencia constante en buena parte de sus obras. Pierre tiene diecisiete años y no duda en colaborar con su hermano mayor, Pierre-Henri, pintando abanicos, coloreando escudos o pintando telas de iglesia para los misioneros de Ultramar, legando a recibir el encargo de decorar un café en la rue Dauphine. Poco a poco va ganándose la vida gracias a los ahorros y los emolumentos que percibe, interesándose cada vez más por la pintura. Sus visitas al Louvre son cada vez más frecuentes y se apasiona por sus maestros -"¡Cuantas veces he pintado El embarque para Citerea! Así eran los primeros pintores con los que me familiaricé, Watteau, Lancret y Boucher. Pero la rigidez académica no entusiasma al joven Renoir por lo que no duda en matricularse en el estudio privado de Gleyre, estudiando el desnudo del natural y sin someterse a la directa presión del maestro ya que Gleyre dejaba bastante libertad a sus alumnos. En el taller de Gleyre conocerá a tres de sus mejores amigos: Claude Monet, Alfred Sisley y Frédéric Bazille. Incluso cuando Gleyre abandonó las clases a causa de su avanzada edad, en 1864, los cuatro jóvenes artistas continuaron trabajando juntos sin recurrir a ningún maestro directo. Pero Renoir, igual que todos los artistas de su tiempo, deseaba alcanzar pronto el triunfo por lo que no dudó en enviar al Salón de París una obra ese mismo año: Esmeralda bailando con su cabra, inspirada en la novela de Victor Hugo. La obra fue admitida pero posteriormente el propio Renoir no dudó en destruirla ya que no estaba satisfecho con el resultado, práctica bastante habitual en él. Delacroix y Courbet serán para el joven pintor dos referencias tremendamente importantes. Los jóvenes artistas protestan ante la organización y reclaman la organización de un "Salon des Refuses" pero no consiguen sus objetivos. Estaba surgiendo el impresionismo. Un cambio de aires en el jurado del Salón de París permitió que en los últimos años de esta década los jóvenes creadores mostraran sus obras en la exposición oficial. Pero en julio de 1870 estalla la Guerra Franco-Prusiana y todos los artistas, en edad militar, son llamados a filas. Algunos, como Monet, abandonan Francia pero Renoir fue destinado al 10º regimiento de Cazadores, en Tarbes. Las consecuencias de la derrota de Napoleón III ante Alemania afectarán también al campo del arte ya que el nuevo jurado del Salón rechazaría sistemáticamente toda innovación, no dudando en criticar e incluso ridiculizar las obras de los jóvenes creadores. La situación económica de éstos, procedentes en su mayoría de familias sin grandes recursos, se hará cada vez más asfixiante por lo que pronto surgirá la idea de fundar una asociación de artistas encaminada a exponer sus trabajos al margen de las instituciones oficiales. Algunos marchantes como Durand-Ruel o Ambroise Volard empezaron a interesarse por las obras de los rebeldes y compraron sus lienzos, aun a riesgo de perder dinero. La apuesta de los jóvenes creadores era cada vez más fuerte y en diciembre de 1873 fundan la Sociedad anónima cooperativa de artistas pintores, escultores, grabadores. La primera exposición de este grupo se celebró entre el 15 de abril y el 15 de mayo de 1874, exhibiendo sus trabajos un total de 30 artistas entre los que encontramos a Boudin, Pissarro, Guillaumin, Cézanne, Monet, Gautier, Sisley, Renoir, Morisot y Bracquemont. Louis Leroy, el crítico de la revista "Chirivari" aludió peyorativamente a los miembros del grupo llamándoles impresionistas, tomando el título de un cuadro de Monet para hacer una irónica burla de la muestra, pero el nombre gustó a los miembros del grupo que desde ese momento se denominaron asi. Renoir vendió tres de las obras presentadas pero su mala situación económica le llevó a convencer a Berthe Morisot y Monet para que organizaran una subasta pública en el Hôtel Drouot, en marzo de 1875. Las ventas serán escasas pero conocerán a Victor Chocquet, un admirador de Delacroix que se convertirá en uno de los más firmes defensores de la nueva pintura. Al año siguiente los impresionistas volvieron a realizar su segunda exposición, esta vez en la galería de Durand- Ruel. Renoir acudió con quince cuadros, entre otros Desnudo al sol. Mucha gente se destornilla de risa por estas chapuzas" catalogando el Desnudo de Renoir como un "amasijo de carnes en descomposición". La respuesta del pintor ante tan graves críticas será realizar su obra maestra: Le Moulin de la Galette, presentada junto a otras veinte a la tercera muestra impresionista, celebrada en 1877 en la rue Le Peletier. Renoir será uno de los principales organizadores pero las ventas serán ridículas. La pintura de Renoir empezará a conseguir cierto éxito en los años finales de la década de 1870, momento en el que su hermano Edmond escribe un artículo favorable en la revista "Vie Moderne", organizando su primera exposición individual. Gracias a los retratos Renoir consigue una estabilidad económica que le permite realizar un viaje a Argelia, en marzo de 1881, y a Italia, en el invierno de ese año. Visitará Venecia, Florencia, Roma, Sorrento y Capri, admirando las obras de los maestros del Renacimiento y del Barroco, especialmente Rafael. Y es que en estos primeros años de la década de 1880 la pintura de Renoir -al igual que algunos de sus compañeros como Monet y Pissarro- vive un periodo de crisis. en concreto, me di cuenta de que nuestro estilo era demasiado formalista, que era una pintura que llevaba a uno permanentemente a compromisos consigo mismo. Pero justamente por esta razón la luz juega un papel excesivo al aire libre. Recuerdo que una vez una pared blanca proyectaba sus reflejos sobre mi lienzo mientras pintaba. Yo seleccionaba colores cada vez más oscuros, pero sin éxito; pese a mis intentos, salía demasiado claro. Si un pintor pinta directamente del natural, en el fondo no busca sino efectos del momento. No se esfuerza en plasmar, y pronto sus cuadros se hacen monótonos". Este momento de crisis recibe el nombre de "periodo seco". A principios de esta década de 1880 iniciará un estrecha amistad con una joven natural de Essoyes llamada Aline Charigot, quien se convertirá en su modelo favorita en esta época. La bella joven encandilará al ya maduro artista y el 23 de marzo de 1885 nacerá el primer hijo de la pareja. Pierre. Renoir y Aline formalizarán su relación al contraer matrimonio civil el 14 de abril de 1890; dos hijos más nacerán de esta relación: Jean, el famoso director de cine, el 15 de septiembre de 1894, y Claude, llamado "Coco", el 4 de agosto de 1901. Para cuidar a los pequeños contaron con la ayuda de una prima de Aline, Gabrielle Renard, que se convertirá en la modelo favorita del pintor hasta que ella se case en 1914. La fama de la obra de Renoir empieza a traspasar las fronteras de Francia gracias a las exposiciones organizadas por Durand-Ruel en Londres, Boston, Nueva York y Berlín, después de la celebrada en París durante el mes de abril de 1883 que mostró 70 cuadros. El grupo vanguardista belga de "Les Vingt" invita a Renoir a sus exposiciones de 1886 y 1890. Todo esto nos pone de manifiesto cómo el pintor se cotiza cada vez más y consigue escapar de los apuros económicos, especialmente desde la gran retrospectiva celebrada en 1892, reuniendo para la ocasión 110 cuadros. La colección de Velázquez, Tiziano y Goya del Museo del Prado causará una profunda impresión en el pintor, al igual que los frescos de San Antonio de la Florida ejecutados por el maestro aragonés. La enfermedad será la triste compañera de las tres últimas décadas de la vida de Renoir. ¡No se necesitan manos para pintar!" decía al marchante Vollard-. No olvidemos que su producción alcanza las 6.000 obras, siendo superado en número por muy pocos pintores. Las obras de esta etapa madura están caracterizadas por el vibrante chisporroteo del color, combinado con un potente modelado y un acertado dibujo. Algunas de sus obras gozan del clasicismo de Rubens al emplear contundentes modelos desnudas dotadas de gracia y alegría -"Miro un desnudo; hay miriadas de pequeñas motas de color. Desde 1907 Renoir se instala en Cagnes-sur-Mer, a orillas del Mediterráneo, buscando el clima cálido que haría más llevadero su mal. Al año siguiente se publica un artículo sobre su obra en la prestigiosa revista "Scribner´s Magazine" de Nueva York y ese mismo año Maier-Graefe publica la primera monografía sobre el artista. Sus obras alcanzan precios cada vez más altos en las subastas. Pero la enfermedad le sigue castigando y él busca en la pintura su único refugio. Pierre continúa buscando en la pintura su vía de escape.
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Suzanne Valadon (1885)
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