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Por Milko A.Garcia Torres
La personalidad artística de Odilon Redon está muy
ligada a sus primeras experiencias vitales. Bertrand-Jean
Redon -cuyo apodo de Odilon deriva del nombre de su
madre, Odile- nace en Burdeos en 1840. Su familia
acababa de regresar de Nueva Orleáns, donde su padre
había hecho una pequeña fortuna desbrozando bosques. La
mítica imagen paterna de un aventurero libre y decidido
contrasta con el carácter ensimismado y soñador del
pintor, poco proclive a la acción -"sólo vivía para mí,
sintiendo repulsión.. por cualquier esfuerzo físico"-.
Este talante iba a fraguarse en su infancia, que
transcurre en la campiña francesa; sus problemas de
salud aconsejaron que el pequeño Odilon abandonara el
hogar familiar de Burdeos para residir, confiado a un
viejo y bondadoso tío, en Peyrelebade, en el saludable
ambiente del campo.
El arte como evasión

Mujer sentada en el borde de un acantilado, 1886.
El personaje solitario es uno de los temas más queridos
por el artista.
Para este "ser flotante, contemplativo, completamente
arropado por sus sueños", la vuelta a Burdeos a los once
años para comenzar a ir a la escuela constituye un duro
golpe. Intentando vencer el hastío que le provoca la
sordidez de su nueva vida, el joven se refugia más que
nunca en su mundo interior. En estas fechas tiene
intensas experiencias estéticas, en ocasiones teñidas de
ciertas dosis de arrebato místico.
Por otra parte, aparecen ya unas inquietudes creativas
que se concretan en la realización de copias de grabados
de la época y en la práctica de la escultura.
Por imposición de su padre, trabaja en calidad de
aprendiz en el estudio de un arquitecto con el fin de
prepararse para los estudios oficiales de arquitectura
en la Escuela de Bellas Artes, proyecto que no llegaría
a cumplirse al suspender el examen de ingreso.
Una larga formación
Dos personajes ejercerán una influencia poderosísima en
el largo periodo de formación como artista de Redon. El
primero es el acuarelista Stanislas Gorin, un pintor
romántico que, como profesor particular de dibujo,
desarrollará un magisterio benévolo y enriquecedor,
transmitiéndole su interés por artistas que habrían de
ser esenciales en la conformación de su estilo, como
Corot, Millet y, sobre todo, Delacroix. De esta época es
también el primer contacto de Redon con la obra inicial
del que habría de convertirse en otro de los grandes del
simbolismo, Gustave Moreau. Si Gorin le abre los ojos al
arte, un curioso personaje con el que le unirá una gran
amistad, Armand Clavaud, se los abrirá a la literatura y
la ciencia; biólogo dotado de una extraordinaria
erudición, se sentía fascinado por el mundo de los seres
microscópicos, ámbito en el que se diluyen las barreras
entre lo animal y lo vegetal. Clavaud, de quien Redon
diría que era "tan sabio como artista", le inició a la
literatura contemporánea, especialmente a la obra de
Flaubert, Baudelaire y Poe, así como al misterioso mundo
de la poesía hindú. Como Gorin, Clavaud admiraba
vehementemente a Delacroix. Tras un penoso episodio -que
el artista definiría en términos de "tortura"- en la
Escuela de Bellas Artes de París, donde su espíritu
libre choca con el rígido academicismo de su profesor
Gerome, hacia 1864 Redon conoce al personaje que mayor
influencia habría de ejercer en su formación, el
dibujante y grabador Rodolphe Bresdin. Artista dotado de
una prodigiosa imaginación, dejaría en el pintor
bordelés una huella profunda. Las primeras obras de
Redon están directamente inspiradas en el mundo de las
imágenes alucinadas de Bresdin y en su deseo de
trascender de la mera representación de la apariencia
física de los objetos. Hacia 1874 puede decirse que la
formación del pintor ha concluido: con treinta y cuatro
años se halla en posesión de un estilo plenamente
personal.
El período obscuro

Hombre cactus, 1881.
La nota que caracteriza la producción de Redon durante
los tres lustros que van desde este año al de 1890 es la
total supresión del color. Litografías, dibujos a lápiz
y, sobre todo, a carboncillo constituyen un conjunto que
Redon denominó Los Negros. En un escenario artístico
como el francés de los años ochenta, totalmente dominado
por el color, la sombría austeridad de esta obra no
podía encontrar muchos compradores. No obstante, la
publicación de carpetas de litografías, de una tirada no
superior a los cincuenta ejemplares, contribuyó a la
expansión del círculo de sus clientes. Entre estos
iniciados se encontraban Stéphane Mallarmé, el más
notable de los poetas simbolistas, y J.K. Huysmans,
autor de A Rebours, auténtica "biblia" del decadentismo
finisecular. En 1890, Redon regresa al mundo del color.
En un artista que concibe el arte como una síntesis
entre los estímulos de la realidad exterior y el mundo
interior, no es difícil relacionar las mutaciones del
estilo con los avatares de su vida privada: si el
momento más oscuro de su producción, a mediados de la
década de los ochenta, había coincidido con las muertes
de una hermana, de su primer hijo antes de cumplir un
año, y de su amigo Hennequin, el nacimiento de su
segundo hijo, An, sin duda influirá en la nueva
vitalidad que desprende su obra a partir de 1890.
El color

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Los ojos cerrados, 1890.
Una obra muy importante en la
evolución de Redon, y que anuncia el
cambio que se producirá en su estilo
en la última década del siglo.
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Los ojos cerrados, 1890.
Una obra muy importante en la evolución de Redon, y que
anuncia el cambio que se producirá en su estilo en la
última década del siglo.
Ejemplos del nuevo espíritu son obras como Oannes o Los
ojos cerrados, ambas de ese año, óleos que reproducen
motivos ya representados en blanco y negro. Desde 1895
el pintor se consagra a la pintura al óleo y al pastel y
su obra gira alrededor de una serie de temas
recurrentes, como los jarrones de flores, la mitología,
los cuadros de tema religioso o la representación de la
figura humana. Su actitud de artista original y
comprometido con sus ideas -que le llevara en 1884 a la
presidencia del grupo de los Independientes- le granjea
la admiración de la nueva generación de pintores,
especialmente de los que componen el grupo de los nabis,
quienes, tras la marcha de Gauguin a Tahití en 1891, le
adoptan como maestro. Poco a poco, su obra va perdiendo
el carácter minoritario, hecho que se constata en su
participación con cuarenta obras en la Exposición
Internacional de Arte Moderno de Nueva York de 1913, el
famoso Armory Show. En 1916, Redon encuentra la muerte,
una vieja amiga con la que durante toda su vida
mantendría una ambigua relación de amor y odio.

Perfil (sin fecha)
Este texto es una recopilación de la colección "Grandes
pintores del siglo XX",
Ed. Globus Comunicación
http://www.imageandart.com/tutoriales/biografias/redon/
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