Nace en Génova el 27 de octubre de 1782 en el seno de una familia modesta, cuyo padre utilizó los recursos más crueles disponibles con la única finalidad de que su hijo Nicolo fuera un virtuoso del violín. Los estudios de teoría fueron confiados a A. Cervetto. En 1790 su desarrollo como compositor e intérprete le permiten estrenar su Sonata para violín y piano. En 1796 recibe las últimas lecciones de violín con Rolla en Parma.

 

  Capricho 1 en Mi mayor Op 1

  Capricho 24 en Mi La menor Op 1

Capricho 3 en Mi menorr Op 1

Capricho 5 en La menor Op 1


En 1801 concluye un ciclo de giras por toda Italia y se sumerge en el silencio durante 4 años. En 1805 reaparece en Luca (Italia) donde se hace cargo de la orquesta formada por la princesa Elisa Baciocchi. La falta de perspectivas artísticas y económicas de la localidad le hacen abandonar el puesto en 1809 para embarcarse en una carrera de virtuoso que le habrían de llevar por toda Europa y que le habría de proporcionar una de las mayores fortunas de la época y no poca fama de avaricioso. En 1824 contrae matrimonio con Antonia Bianchi, de la que nace un sólo hijo, Achille.

 


En 1828 se establece en Viena, donde conoce a Frederick Chopin. En 1833 debe regresar a Italia aquejado de problemas nerviosos. En Parma se hace cargo de la orquesta del ducado, pero sus peticiones económicas y artísticas fueron un problema para los administradores, que rescindieron el contrato en 1836.




Tras unos años finales de enfermedad en los que incluso perdió la voz, muere en Niza el 27 de mayo de 1840 a los 57 años de edad. Entre sus posesiones se encontraban siete violines Stradivarius, aunque su predilecto era un Guarneri del Gesù de 1742, que hoy está expuesto en el Palacio cívico de Génova.

 



Sobre Paganini se crearon numerosas leyendas que él mismo se negó a desmentir, unas veces porque le divertían y otras porque estas mismas le hacían tal publicidad que siempre llenaba los teatros. Una de estas leyendas contaba que había hecho un pacto con el demonio. También se dijo que en su violín encerraba el alma de mujeres de hermosa voz, ... Esta fama demoníaca llegó hasta el lecho de muerte, cuando se negó a ser asistido por un sacerdote. Tras la muerte fue la Iglesia la que le negó sepultura en camposanto, por lo que el féretro que lo contenía deambuló de un lado a otro hasta que en 1845 la duquesa de Parma autorizó el enterramiento.

 

 


Sus obras son como él mismo, brillantes y virtuosas, y dentro de lo que son, de buena factura técnica. Sus estilo causó sensación en Schumann y Liszt, que se apresuraron a emular en el piano las artes del violinista.


 


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Paganini recibía muchas invitaciones para cenar de gente importante, que le invitaban para oírle tocar. A pesar de que sabían que Paganini nunca acudía a estas cenas con su violín, un día recibió la invitación de un príncipe italiano, con una nota que decía: "Os ruego que no olvidáis vuestro violín". Paganini, como de costumbre, acudió a la cena sin el violín y el príncipe le preguntó:
-¿Y vuestro violín, maestro?
Y Paganini, le contestó con gran tranquilidad:
-Señor, mi violín nunca cena fuera de casa.

 

 



A lo largo de la historia ha habido una cierta cantidad de músicos que aunaron el más extraordinario virtuosismo con un enorme divismo. Uno de los casos más conocidos es el del violinista italiano Nicolo Paganini (1782-1840).
Se rumoreaba que la forma de tocar que tenía este hombre no estaba alcance de nadie y, por lo tanto, debía haber hecho un pacto con el diablo, a quien los violines le debían gustar bastante, a juzgar por la cantidad de referencias que existen (La Historia del Soldado, de Stravinsky, es un ejemplo de esta querencia demoníaca por ese instrumento). Yo no sé si este fáustico pacto fue o no real, pero la siguiente fotografía de Paganini da qué pensar. Fíjense en la tremenda cabeza y manos que se gastaba el colega. La imagen no es muy buena, pero piensen que la fotografía estaba en pañales todavía.


Las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente, por eso nadie quería perder la oportunidad de ver su espectáculo.

Una noche , el público estaba preparado para recibirlo.
La orquesta entró y fue aplaudida. El director fue ovacionado. pero cuando Paganini apareció , el público deliró (aplaudía, gritaba, ...). Paganini coloca su violín en el hombro y lo que sigue es indescriptible, sorprendente, ...
Blancas, negras, corcheas,...las notas parecen tener alas y volar con el toque de aquellos dedos encantados.

¡DE REPENTE, un sonido extraño interrumpe el ensueño...
¡Una de las cuerdas del violín de Paganini se rompe!
El director de la orquesta paró. La orquesta paró de tocar. El público paró.
¡Pero Paganini no paró. Mirando su partitura, él continuó sacando sonidos deliciosas de su violín sin problemas. El director y la orquesta , admirados, vuelven a tocar.

El público se calmó, cuando DE REPENTE, otro sonido extraño...
¡Otra cuerda del violín de Paganini se rompe!
El director paró de nuevo. La orquesta paró también.
¡Paganini no paró. Como si nada hubiera ocurrido, olvidó las dificultades y siguió arrancando sonidos imposibles de su violín.
El director y la orquesta , impresionados , vuelven a tocar.

Pero el público no podía imaginar lo que iba a ocurrir a continuación.
Todas las personas, asombradas, gritaron un OHHHH! Que retumbó por toda la sala.
Una tercera cuerda del violín de Paganini se rompió. El director para. La orquesta para.
La respiración de público para.
¡Pero Paganini NO para!!!.
Como si fuera un contorsionista musical, arranca todos los sonidos posibles de la única cuerda que sobra de aquel violín destruido. Ninguna nota fue olvidada.
El director ,asombrado ,se anima. La orquesta también. El público pasa del silencio a la euforia (grita, aplaude , se pone de pie, llora,...Pagani alcanza la Gloria, triunfa, ...

MORALEJA:
Cuando todo parece derrumbarse, sigamos adelante!!!
Despertemos al Paganini que existe dentro de nosotros: sigamos adelante para vencer!!!
“Victoria” es el arte de continuar “donde todos resuelven parar”

Nota: Cuenteselo a sus hijos e hijas


 




Resuelto como pocos en el arte de emular a Mefistófeles y acusado de pactar con él a las mismas puertas del cadalso, Nicolo Paganini es el vivo ejemplo del arte desenmascarado y arrogante que muestra su superioridad aplastante sobre los mediocres que apestan la  tierra que pisan.  Ese pacto demoníaco que el gran Paganini alimentó, le valió que la Compañía de Jesús le negara cristiana sepultura. El Príncipe, desata pasiones y la ira de quienes no alcanzan. Los peores son siempre los que no alcanzan. Las dificultades no existen para él, simplemente porque las obvia como concepto hasta alcanzar la belleza más hedonista, gustándose en el abanico de los sonidos inverosímiles que sólo él sabe sacarle al violín.



Extravagante de personalidad genial y ambigua alimenta la tradición romántica con su figura pálida, rostro enjuto y nariz aguileña. A Dios puso por testigo que jamás volvería a pasar hambre cuando dejó atrás la Génova natal, cundo marchó a la mejor fortuna que le depararía la eternidad generosa con los grandes. Amoríos, acusaciones de asesinato, desapariciones misteriosas y repentinas alimentan el personaje. Violín y guitarra son los afortunados instrumentos que caen en sus manos



A propósito de este último: Sherlock Holmes también admiraba mucho a Niccolo Paganini y sabía muchísimas cosas acerca de él. Lo atestigua Watson al decir : "(Holmes) me contó muchas anécdotas acerca de ese hombre (Paganini) extraordinario". Seguramente, como de tantos otros temas, los conocimientos de Holmes sobre Paganini y su Stradivarius eran asombrosos; Holmes, ya lo dije, también era propietario de un Stradivarius. Esto me hizo elucubrar que otra posible lista de famosos violinistas del siglo XIX, sería la que incluyese solo a los poseedores -no ficticios- de uno de estos extraordinarios violines.