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Esta fase parece ser de expurgación de penas y
conflictos, abriendo una nueva en la que la música del compositor
alcanzará una gran aceptación en toda Europa, ampliando el pequeño círculo
de la aristocracia vienesa. Estamos en la etapa denominada heroica,
caracterizada por la gran producción para la orquesta, comenzando con la
Sinfonía n.3. Esta sinfonía Heroica supone ya una gran innovación en la
técnica de la forma clásica, los cuatro movimientos quedan sujetos a la
forma sonata, pero no separadamente como en tiempos de Haydn y Mozart,
sino como un todo en el que hay una recurrencia temática y una mutua
dependencia formal entre todos los movimientos. Ayudando a ello el hilo
argumental que sostiene toda la obra y que será en adelante uno de los
elementos fundamentales de las Sinfonías de Beethoven. Obsérvese también
en esta sinfonía la utilización sin prejuicios de los instrumentos de
viento.
Sinfonía número uno en lo que sea, estrenada hace 198 años, pues el 2 de Abril de 1800 se ejecutó por primera vez ¿qué os parece? Nadie en todo el planeta se ha dado cuenta de ese detalle. Me da lo mismo que esto lo estés leyendo en el año 3457, es que me importa un pito o dentro de dos semanas.La primera Sinfonía es una auténtica revolución, más revolucionaria y más duradera que la francesa pero con mucho. Al principio parece que no, que es una sinfonía más de las que se hacían por aquella época y hasta un emperador las hacía con el dedo pulgar. Pero no, la Sinfonía número Uno de Beethoven es fuerte, vivaz, única, sin ningún tipo de referencias. Es evidente que algunos no se pueden aguantar de decirlo; "Es una pura evolución del estilo mozartiano, completamente influido por el mejor de los mejores..." Eso duraría unos pocos de años, qué se le iba hacer. El único movimiento de ésta sinfonía comentada que parece ser lento es el último, que empieza con bajas tonalidades, sonidos surgidos de una niebla densa y misteriosa, que de repente, y casi sin avisar, irrumpe la fuerza de un final colosal, como no podía ser de otra manera. ¿Precede algún acontecimiento a la primera sinfonía? Se me acaba de ocurrir esta pregunta, ya que me parece increíble que Beethoven esperara a los treinta años para componer su sinfonía número uno. Creo que lo que ocurrió fue una simple y a la vez complicada faceta de crecimiento interior, de preparación para lo que sería una de las fuentes de riqueza más importante en su obra y en su vida. Lo que ocurre con las Sinfonías de Beethoven es que al estar tan vivas, mañana se pueden sentir otras cosas al escucharla. Una verdadera obra de arte ha de mandar sobre el tiempo, nunca ha de quedar comprendida, asumida y finalmente apartada en un lado olvidado del recuerdo. No sé qué sinfonía escucho ahora, lo que sé es que el sentimiento de evaporización que se me viene encima no es para quedarme de brazos cruzados. Todo lo que nos rodea nos llama la atención para que le demos vida, no podemos ser tan insensatos de abandonar a lo que nos aclama Vida. El hecho de escribir sobre un autor que nos gusta no tiene más sentido que el de agradecimiento. Lo mismo que el poeta canta a lo que le ha llamado, el que escribe, sea éste escritor o no, también se siente poeta. Poeta es creador, Beethoven lo era, pero lo era mucho más que otros creadores, no vale comparar, pero como se hace, lo digo. Fandangos, polonesas, burrés, adaggios, andantes, sonatinas, óperas, sonatas, tocatas, preludios, danzas, rondós, todos los momentos musicales del mundo a los que se le han puesto nombres y muchos más, los han hecho todos los compositores, pero Beethoven lo ha hecho de otra manera, lo ha hecho de tal manera que ha enfurecido a Emperadores a Duques, a Poetas de renombre y a Clérigos respetados en toda Europa. Ha compungido más de tres corazones, ha hecho pintar cuadros que no existen en ninguna pinacoteca del mundo más que en el alma de los que han amado su arte. No necesito fundaciones, los que gustamos de la Música de Beethoven somos su fundación, su torre de Marfil, su Palacio de los Tesoros. Y que no me digan los culturetas que hay que hacer cosas nuevas porque ya han pasado varios años desde la desaparición del autor de Bonn y aquí nadie mueve un dedo. Sé que no se tiene por qué ver, pero sentir si, y yo no siento nada que se acerque y sea novedoso. Y es que hay amigos de Beethoven de su época que merece la pena mencionarlos: Había uno de apellido Holz que adoraba la obra de Beethoven, y decía cosas como ésta: "Después de Beethoven nadie lo superará, como Miguel Angel o Sheakespeare." Y de momento lleva toda la razón. ¿Cómo se sabe si se supera o no? ¿Beethoven superó a alguien? No, no superó a nadie más que a él mismo, nadie por imitar, nadie a quién seguir. Beethoven conforma parte de la evolución de la Música, pero no quiere decir eso que fuera la continuación de los que ya existían antes. Vivaldi no existió porque antes existiera Desprez, o Lasso, o Buxtehude. Bach lo mismo, Mozart no lo hizo porque existiera por ahí Haydn, o antes Haendel, o el msmísimo Bach. Todo eso son cosas que nos cuentan para que abramos la boca mucho y nos quedemos aperplejados y diciendo, "cuánto sabe éste tío", el que nos lo diga, vamos. Pues eso, Beethoven no existió porque antes lo hiciera los que hemos citado anteriormente. Tampoco es cierto eso que se dice tanto de que los grandes Genios cierran puertas. Mire usted, no, todo lo contrario, las abre. ¿Cerró las puertas Beethoven y por eso existió Bruckner o Schuman, últimos creadores de verdad? No, si hubiera sido así el chapoázo que la música metió a finales del siglo diecinueve se hubiera adelantado ¿o no? Beethoven abrió las puertas más grandes, las de paso más Real y más responsable. Si Schubert hubiera tenido más ojo con sus actos incautos, hubiera continuado la Obra de Beethoven, pero no, no la de Beethoven en si, hubiera continuado su propia obra, pero con los sabios consejos de Beethoven. Primer punto de diferencia: Sería más lógico decir que Schubert es la continuación de Beethoven que decir que Beethoven era la continuación de Mozart o Haydn. Por una sencilla razón; Schubert se siente embaucado por la música de Beethoven y la vive, la presencia en el estado puro de creación. Sin embargo Beethoven no conoce casi nada de Mozart en directo, y de Haydn alguna cosa, pero no como para desequilibrar los sentidos de papa Haydn. Schubert si se deja desbordar, y quizá fuera por eso que no continuara su labor para con la música, "Muerto mi maestro, ¿qué sentido tiene mi lucha?" Se lo preguntaría o estoy ya cayendo en la novela, no creo. Si, todo esto viene de hablar de la sinfonía que quería hablar, y he hablado, aunque pienso que si mañana volviera a hacerlo diría otras cosas.
Me bastaría con decir mi palabra preferida: Alucinante. Pero me extenderé un poco más, entre otras cosas porque estoy deseando este momento desde hace años. La Segunda Sinfonía como ya hemos dicho antes tiene cuatro movimientos, más o menos los típicos que tenía una sinfonía normal y corriente. ¿Qué la hace especial a ésta sinfonía? Sencillamente que es de Beethoven, podríamos decir. Pero tiene algo que yo llamo "La Representación del Trabajo" y no sólo por el estudio de la Numerología, que alguien puede conocer y que incluso Beethoven pudiera conocer. Es la representación del Trabajo porque es una música la de la Segunda Sinfonía harto interesante desde cualquier punto de oído. Cuando observo cómo crece una Planta, me doy cuenta de lo que está esforzándose por conseguirlo. Eso es lo que siento cuando por ejemplo suena el segundo movimiento de ésta Sinfonía número dos: Crece, y no sólo como un Gigante que avisa, SE CRECE, porque ya es la segunda, porque ha de superarse ya a sí misma; Beethoven ha de superarse a sí mismo. Escuchad el último movimiento. Lo digo porque es más fácil de entender por lo que ahora quiero decir: El último movimiento es donde yo siempre he notado ese Trabajo, esa labor insaciable de crecer y crecer, de hacer y hacer; la Orquesta parece que hasta suspira cuando se está terminando. Y es que cuando uno Ama al trabajo se suspira de emoción, llega a sentir esa especie de explosión interna de exhaustividad que te deja la mar de satisfecho. He omitido el primer y el tercer movimiento de la segunda sinfonía, ¿y por qué? Porque tampoco trato de hacer un análisis completo, no he hecho nada de lo que he hecho en ésta sinfonía con la Primera, y es que cada una tiene infinidad de prismas, por los cuales puedes ver cosas distintas. Alguien que guste de la música de Beethoven de manera normal y corriente no se ha planteado jamás en su vida una filosofía de ningún tipo. Pero merece la pena hacerlo. No, una crítica no, eso es un rollo, además eso ya lo hicieron los de la revista vienesa imposible de escribir de memoria; ahí debía de haber la misma gentuza que hay ahora en los periódicos de nuestra época. Y es que hacer crítica es de lo más pobre que puede haber en observaciones.
Cuarta Sinfonía en Bruma de Mar lejano. Un barco de porte gigantesco se acerca a las colinas inhabitables de Tierras sin nombre. Los nombres se quedan en aspectos secundarios, las palabras pierden su valor, ganan su postura ante el Futuro y se adentran en lo desconocido para aprender. La fuerza de un huracán desborda todos los acantilados paseantes, se convierten en estructuras nunca soñadas, se deslizan por barrancos de Luz que abortan en un grito de furia. ¡Nadie lo entiende! Pero continua, porque en la constancia están todos los secretos de la Vida, sin constancia no hay Futuro. Al Futuro se le educa para que transite por nuestras vidas con paso firme, nada de sorpresas, nada de dudas, sólo en la creación cabe que la Monotonía Imperial se rompa para que entre la novedad. Una vez que dejamos pasar a la renovación, al nuevo aire, vemos con claridad lo que hay al otro lado del cristal. Todo hay que hacerlo sin miedo, el temor arruina nuestras vidas y nuestras creaciones, convierte a nuestra alma en una desprotegida y en una clonación de seres que hay a millones. El ruido existe desde antes que el antes, y no debe ser posible dejarle en libertad. El ruido en su tiempo encontró los canales por donde convertirse en música, pero los canales han desaparecido, o están tan escondidos que es el miedo lo que los hace ocultarse. Pero no vas a ganar la batalla, oh ruido, pasarás a mejor gloria aunque sólo sea por el bien de unos pocos. Derramaré mi sangre en notas si es preciso para que la Armonía gane. Y no me preguntes por qué, no me aconsejes que hay almas que gustan y disfrutan contigo, porque no creeré que hablas de almas, sino de demonios. Y aunque dentro de cada ser haya infinitos belzebús atosigando, habrá que hacerles callar por toda la eternidad. No hay siglos, hay Tiempos Innumerables, hay Espacios que se mueven al son de Músicas que todavía no se han escrito en ningún papel, en ningún soporte conocido. A veces se piensa que el futuro es predecible por según cómo vayan las cosas en el ridículo tiempo en el que nos movemos. Pero el Presente no existe, sólo es una ilusión, y el Futuro, mientras cabalga libre y salvaje, se está riendo con carcajadas temblantes, resonantes, resquebrajadoras de mundos imperceptibles. El Cantor de los Dioses al mismo tiempo se ríe de ese salvajismo, porque Él, el Cantor, lo sabe todo, sólo tras su sonrisa apacible y su brillo de ojos espaciales, es donde se encuentra la respuesta a todos los sonidos y a todos los músicos, el ruido jamás ha tenido lugar. Las Ondas del Sonido existen para transformarlas, modelarlas, darlas una apariencia y después una sola forma. Las tormentas siguen existiendo y eso pasa por ese amor al ruido que existe incrustado en el ser humano, los sonidos atmosféricos acompañan el perfecto bestialismo que existe en la vida corriente. No, so se alzará una voz en nombre de nadie diciendo que algún día todo cesará y el gran devenir llegará pronto con voces Poderosas y Deseos olvidados por los hombres, no. Pero no porque no exista una sed terrible de que eso ocurra, sino porque esa Voz ya se ha erigido en son de los Amantes de la Armonía. Transciende poco que ahora se grite enfurecidamente sobre escenarios y en aparatos electrónicos, esto tan sólo son unos instantes en medio de un Océano de Sonido-Tiempo que desaparecerá tan pronto como el Cantor, Cante. De los manuscritos. .
Famosa pero no por ello conocida. Dicen que los especialistas la conocen hasta el más mínimo detalle; lo que conocen en realidad es cuántas veces se repite el acorde principal, cuántas versiones hizo Beethoven antes de las cuatro famosas notas, a quién se la dedicó y otro montón de aspectos que no trascienden más que a la mundanidad de la plebe, lo cual no nos da ni un ápice de acercamiento a lo queremos nosotros, que es nada más que inmiscuirnos a través de la bendita imaginación y hayar nuevos mundos sonoros y visionarios de lo que nos quiso decir Beethoven. El primer punto a destacar muy curioso es esa paridad a la hora de componer de Beethoven. La Quinta sinfonía y la Sexta están compuestas al unísono, y eso se puede notar fácilmente aunque una y otra no tengan nada que ver. Explícome: La Quinta es una sinfonía fuerte, heroica, como toda la obra de Beethoven, pero la Quinta con más ahínco; tiene ese no se qué que a uno le hace vibrar hasta el más recóndito de los sentimientos del Alma.
La Sexta sinfonía, sin embargo, resulta ser más placentera, pero si nos metemos bien en su sonido, nos daremos cuenta de que cuando llega el momento de la Tormenta, los rasgos similares a la Quinta son exagerados; no digo que se parezcan, sino que se acercan a ese misterio de lo Heroico y lo profundo de alguien que sabe que está luchando por la Vida más que la propia Vida por existir. Volviendo al origen, o sea, a hablar de la Quinta, podemos darnos cuenta escuchando la riqueza musical que tiene, que estamos ante la Revolución más revolucionaria de cuantas ha habido en la música. El maestro de Berlioz, que no me acuerdo cómo se llama ahora mismo, se aterrorizó al escuchar por primera vez tan colosal sinfonía, y estando acompañado de su alumno, le dijo: ""Esperemos que estas cosas no las escuchemos muchas otras veces."" A lo que Berlioz le contestó: ""Estese tranquilo, maestro, esto no volverá a ocurrir en toda la historia."" Es evidente que así no fue, es lo que puedo recordar. Hace falta tener tres pares de narices para ser maestro de música y no darse cuenta de que lo que está escuchando es la Obra de Arte, no una obra de arte, sino La Obra, y que su alumno le tenga que decir lo que está escuchando. También ocurre una cosa muy curiosa con la Quinta Sinfonía y el Concierto para piano número Cinco. Se dice que alguien puso el sobrenombre de "Emperador" a ésta última obra citada, el Concierto número Cinco, pero sin embargo el anecdotario nos cuenta que en el mismo concierto en que estaban Berlioz y su inútil maestro, había un coronel que al acabar la representación de la Quinta Sinfonía empezó a gritar; "Es el Emperador, es el Emperador!!!" No sabemos si se refería a Beethoven como Emperador de la Música o si estaba aclamando de esa manera a tan magna obra musical. Yo al menos lo tengo en una duda muy prestigiosa. Meterse en el Alma de tan colosal obra es algo que hay que hacer con sumo cuidado y respeto, es como cruzar el umbral de un templo sin profanarlo, teniendo el espíritu en veneración y nuestra alma en paz, de lo contrario, estaríamos haciendo una barbaridad. Uno de mis maestros en la vida, me cuenta de vez en cuando que siempre que escucha la Quinta Sinfonía lo tiene que hacer de pié, asomado a algún ventanal, como el que observa el mundo desde una colina. Y lo cierto es que me lo imagino de manera muy sencilla, pues así es como hay que escucharla. Existe un retrato de Beethoven que lo que es a mí me impresiona bastante; Beethoven se encuentra de espaldas admirando un paisaje desde lo alto de una montaña, abajo, en el valle, todas las cosas están ante él como si de un Dios se tratara, y en el ambiente del óleo se advierten las notas, la música, el mismísimo sonido esperando que el Dios las acoja en su seno. La Quinta Sinfonía pues, es una obra sagrada donde las haya, una obra colosal sin parangón y sin precedentes alguno.
me lo pregunto como me he preguntado muchas otras cosas cuando pensaba en escribir sobre la Sinfonía más Bella que jamás se haya escrito, la más llena de Visiones y más llena de Sentimientos Verdaderos. Me he preguntado si sería más conveniente empezar por escuchar la Sinfonía tal cual se conoce, o sea, para y con orquesta, o si sería mejor escucharla en la versión que hizo el gran Franz Liszt para piano. En toda nueva experiencia ha de haber un inicio, y ese inicio es muy importante elegirlo bien, pues de ello depende que nos vaya a causar el efecto conveniente o no. La versión para orquesta, la inicial, la que compusiera Beethoven, está llena de colorido, pero un colorido muy serio, nada de pastelitos ni monadas varias, y es por eso que me da a mí en el alma que de "Pastoral" no tiene ni el posible pastor que paseara ante los ojos de Beethoven cuando pensaba en la música de la Sexta Sinfonía.
Es una sinfonía la sexta que tiene mucho más de gigantismo y poder, que de ternura y pequeñez, que es lo que habitualmente se piensa y piensan los "especialistas" en la materia. Pero en realidad lo que "analizan" esos especialistas son términos musicales y si la obra es más pictórica que musical o si es más de sentimientos que teatro, o si se puede hacer una película o un "retrato del estado anímico del autor cuando se da cuenta de...". O sea, como siempre, chorradas. La Sexta Sinfonía es Música y punto, una bella Música, que está llena de momentos en que puedes escuchar pájaros o puedes escuchar los Truenos del Fin del Mundo. Donde puedes percibir la Paz de un Espíritu en inagotable ascenso en el vivir, y sentir cómo la Furia Impecable se adueña de tu corazón y te eleva hasta el estado más puro de Creación. Para piano sin embargo puedes darte cuenta de otras cosas; no tiene casi nada que ver, pero tiene la misma fuerza, es como si se convirtiera en una mega sonata; una Sonata hecha para algún Dios consciente de algo único. Y es que Franz Liszt se tiró muy bien el rollo; es casi su obra cumbre, y me refiero a todas las transcripciones que hizo de la obra sinfónica de Beethoven para piano, toda menos la de la Séptima Sinfonía que la tuvo que hacer el propio Beethoven, pues gustó tánto la sinfonía y el genio de Bonn dedicaba sus obras como máximo a dos personas, que una princesa quería que también ella fuera dedicatoria, así que nada, Beethoven se puso manos a la obra y la dedicó la Séptima Sinfonía pero para piano. El resto de las sinfonías y alguna obra que otra más como algún "lied" (canción), o parte de músicas incidentales las transcribió Liszt para piano como hemos dicho antes. La Sexta Sinfonía de Beethoven estaría muy bien poderla escuchar en mitad de un Bosque, o en lo alto de una colina mientras el Sol Danza en su canción interminable, o a las orillas de un río impoluto, o en un lugar donde las Almas se deleiten con el sonar de las flautas de la sinfonía. Parece que se conoce mucho la Sinfonía de la que hemos hablado, pero en realidad sólo se conoce lo que dicen los libros de gurús que en realidad no saben lo que encierra la Sinfonía más Bella de todos los tiempos; no se han dado cuenta ni se da cuenta nadie que esta sinfonía, como todas las de Beethoven, y como toda su obra, no ha sido compuesta por alguien que es como quieren hacernos ver que es. Beethoven es un Genio, y un Genio de figura sagrada, y por lo tanto, un dios como la copa de un pino que se ha elevado gracias a su propio impulso y Amor a la Vida.
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Lo más conocido de la Séptima Sinfonía de Beethoven es su segundo movimiento, el Alegreto, así que le daremos menos importancia y hablaremos más de lo demás aunque teniendo en cuenta a esa parte que es fundamental e imprescindible para la Obra y para la Vida.
Lo que siempre he sentido al escuchar la Séptima y lo que creo que se debe sentir es vértigo, sobre todo si se escucha entera y se siente por todo su recorrido, que llega a ser si se me permite, sobrecogedor, y lo es porque pareciera que no tiene límites en ninguno de sus aspectos, tanto en Belleza, como en fuerza expresiva, como Visionaria, como en perfección; no, no tiene límites.
La Séptima Sinfonía es Victoriosa, posiblemente la que más, pues llega al triunfo de la construcción de un nuevo mundo en espacios desconocidos. Y es Imperial, pues en sus acordes se pueden percibir esas avenidas faraónicas, y los Reyes y Reinas engalanados con sus ropajes y joyas doradas, y las nuevas estructuras físicas, e incluso las victorias de batallas de naves espaciales en mitad del oscuro universo.
El primer movimiento, el más largo de los cuatro, es una presentación de todo lo que acabamos de decir; la ensoñación anhelada por todo Inmortal.
Se suele decir que el primer y segundo movimiento nada tienen que ver, pero eso es falso por necesidad, pues aunque un movimiento rápido sea sucedido por uno lento, no tiene nada que ver, a parte de que el segundo movimiento no es sólo lento, es lento y contiene una fuerza que es la de la propia danza de los dioses, la perfecta ruptura específica llevada al sonido. Así que entonces el segundo movimiento de la Séptima sinfonía no es tan conocido, queda mucho por descubrir
Creo que Wagner no se equivocó mucho al sobre nombrar a esta sinfonía como "El Éxodo de la Danza", y es que sería el extremo absoluto llevar a la danza esta colosal obra. (Que por cierto allá por los años treinta del siglo veinte hubo alguien que lo hizo, pero no sé con qué éxito y con qué nivel.)
Y colosales son los dos últimos movimientos que a mi me parecen siempre unidos por una sucesión sonora aunque haya una pausa entre un movimiento y otro, pero tienen tal fuerza que es como si el silencio se te llenara de una Llamada hecha desde algún Vórtice irreconocible.
Es cuando llega el vértigo antes mencionado. Estoy seguro que el que hizo la representación de Beethoven con alas de Águila o de Cóndor con el mundo a sus pies había escuchado antes la Séptima sinfonía, pues no es que uno pueda volar simplemente, es que todo lo arrastras cuando la escuchas, y el mundo, y hasta el universo se queda en algo pequeño; El Orden siempre impera sobre el Caos.
Así entonces cuando el final de la obra que hemos comentado llega a su fin nos damos cuenta de que estamos ante una visión perfecta hecha por Beethoven de lo Acuariano, donde los dioses del Futuro son los protagonistas, y la incorporalidad un hecho.
Como toda obra de Beethoven siempre ha tenido sus detractores, y aún hoy existen dementes decimonónicos que dicen tonterías sin cesar, pero son cosas tan idiotas que no merece la pena decirlas y repetirlas como todo el mundo.
Yo venero toda la obra de Beethoven de todas las maneras que me se, pero la Séptima sinfonía la tengo como en una especie de Escalón muy especial donde sirve de Faro para la continua ascensión de la vida, cosa, que si se hiciera con todo aquello que queremos y amamos, la verticalidad del mundo, de Arrakis, sería de otra manera.
Qué
bien, me he escapado de nuevo de lo técnico.
Para escuchar parte de la Séptima Sinfonía: Segundo Movimiento.
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Las Sinfonías de Beethoven siempre son conocidas por algo en especial, sobre todo en las sinfonías número tres, cinco, seis, siete, ocho y nueve. En la Octava Sinfonía lo más conocido es el segundo movimiento, como en la Séptima, donde un Carro Dorado cabalga de manera mágica por un camino marmóreo que te conduce al siempre castillo encantado y lleno de luz fulgurante.
Ea, pues ya está.
Pero no, mis queridos amigos, la Octava Sinfonía merece un sitio en la historia de la Música como todas las Sinfonías de Beethoven, no sólo porque la compuso el Genial Renano de Bonn, sino porque por propia personalidad la Octava es una Sinfonía espectacular y de vuelos sorprendentes.
Beethoven sabía mucho del significado de los números, o al menos es una de las teorías que yo sostengo. Otra cosa son los números matemáticos, que según se cuenta y sólo se cuenta, era una nulidad.
Pero en cuestión de numerología debía de saber algo. ¿Por qué? Porque la Octava sinfonía fue compuesta antes que la Séptima, y sin embargo no fue la Séptima la que ocupó el puesto ocho. El Siete simboliza la Victoria, y el Ocho la Justicia. Lo que ocurre es que en la Séptima es más fácil de percibir el sentido Eroico que la Justicia en la Octava, digamos que habría que saber más del valor espiritual intrínseco de la Sinfonía que de la numerología misma.
Quizá si pensamos algo hallaremos una respuesta:
Teniendo en cuenta que el recorrido histórico de la Obra musical de Beethoven no es puramente temporal, esto es, que sólo viendo el número de Opus y la fecha física se sabe de cuando es una obra; no hay una clara visión de la Evolución de su música; nace evolucionada. La Sonata número Cuatro y la número Veintiuno no tienen nada que ver, una, -la primera citada-, es larguísima, y la segunda, la Veintiuno, es más corta. La Cuatro tiene un movimiento que es indescriptible y que unos quisieron ver la influencia que hizo en Beethoven el drama de Romeo y Julieta, y la Veintiuno está dedicada a un Conde y su movimiento principal es más una sinfonía que una sonata. Quiero decir: que la Veintiuno podría ser la Cuatro y viceversa, nadie absolutamente sabría dónde está la diferencia.
En otros autores se ve de manera descarada cómo ha ido sufriendo las alteraciones para bien o para mal.
¿Otro ejemplo más sencillo?: ¿De qué tiempo es la famosa Bagatela "Para Elisa"? Cualquiera podría pensar que por su supuesta sencillez es de los comienzos del genio de Bonn, pues no, pertenece a una época en donde ya Beethoven está consagrado, coronado y de todo lo bueno (más o menos, claro); unos cuarenta y pico de años. Y sin embargo una obra que no se conoce aún, la Cantata a José II, que es de cuando Beethoven contaba con veinte añitos, pero que la compuso con tan mala leche y tan genialmente que en su tiempo no se pudo interpretar, y hasta hace unos años no se hizo por primerísima vez.
Así que mis teorías no están muy lejos de ser realidad cuando digo que no hay una evolución propiamente dicha en la obra de Beethoven, sino que está evolucionada ya de ante mano, o bien, sus estudios eran tan perfectos y perfeccionados que nadie salvo los cronologistas sabrían decir cómo ha sido el proceso.
La Octava Sinfonía entonces está claro que tiene la estructura que tiene no porque fuera compuesta antes que la Séptima, sino que ha sido así concebida porque a Beethoven sencillamente le ha dado la gana. Unos dicen que fue un error porque el quedarse como Octava le quitaba prestigio pues la Séptima era grandiosa y muy lumínica.
Y es que la Séptima y la Octava no tienen nada que ver. Cuando escuchas una sinfonía escuchas una sinfonía, y normalmente no se escuchan dos sinfonías salvo si vas a un concierto y se está desarrollando un ciclo sobre la Sinfonías de Beethoven, que en ese caso tampoco pasa nada, primero va una, luego hay un descanso y se escucha la que venga a continuación.
De todas maneras da igual el orden de los factores, porque el valor no se altera aunque quiera el más inepto de los intérpretes; la base es genial de por sí.
Escucharla y lo comprobaréis.
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Quizá hemos llegado al momento más esperado por este humilde servidor de ustedes, pues si hay una Sinfonía a la cual he dedicado toda mi atención y toda mi devoción ha sido a la Novena Sinfonía, Coral, la última Sinfonía propiamente dicha y la Primera que se ve enclavada en algo tan novedoso, revolucionario y genial que ya el hablar, escribir o decir algo de ella es ridículo. ¿Qué queda por decir de esta Sinfonía? Quizá lo que estamos haciendo aquí en la Kronos, decir lo que nadie ha dicho, quitarle tecnicismos innecesarios para poder escucharla y poder disfurtarla.
A todo esto, cuando digo 'tecnicismos' muchos se podrán preguntar a qué me refiero, pues muy sencillo, un ejemplo:
"" NOVENA SINFONÍA en re menor, con un coro final sobre la Oda a la Alegría de Schiller, OP: 125. Escrita de 1822 a 1824. Ejecutada por primera vez el 7 de Mayo de 1824. Publicada bajo el número de opus 125, en Octubre de 1826, en Maguncia, por el editor Schott: dedicada entonces al rey de Prusia, Federico-Guillermo III... etc. ""
¿Me entendéis?, y eso que está sacado de un libro al que yo he tomado como "La Biblia de Beethoven", donde el matrimonio Massin cuenta la vida de Beethoven de manera deliciosa y llena de Amor y respeto. Pero a la hora de hablar de las obras caen en lo mismo que en muchísimos otros libros. Es normal dentro de lo que cabe, la gente gusta de fechas y de historietas varias antes de escuchar músicas de autores conocidos.
Pero lo que importa de cualquier obra musical que nosotros escuchemos es saber qué pasa por dentro de nosotros, y si pudiéramos salirnos de nosotros mismos, llegar a imaginar por un momento qué supuso para el autor el componer la obra que fuere.
La Novena Sinfonía es una obra que tiene un proceso tan largo como casi es de larga la vida de Beethoven. Aquí volvemos a decir lo mismo que en la Octava sinfonía: no hay un tiempo específico en que digamos que fue compuesta. Fue creada a lo largo de toda su vida, pero Viviéndola y haciéndola vivir, no componiéndola en un papel, eso vendría en las fechas específicas que salen en ese principio de explicación de la obra.
Desde el primer momento en que Beethoven se encuentra con la Oda a la Alegría del citado Schiller, Beethoven es como si entrara en un campo que ya estaba predestinado a ocupar, a organizar, a fabricar: Crear la Novena Sinfonía, cuando no tenía compuesta ni la primera, pues (y perdonen ustedes la fecha) en 1792, o sea, a los veintidós años, proyecta el componer una música sobre esa Oda. Hasta 1800 no publica la Primera Sinfonía, así que fijaros bien qué proceso más acojonantemente fascinante; esperar casi treinta años para darse el gustazo de componer la Sinfonía más colosal y más hermosa de cuantas se han compuesto en toda la historia de la música.
Aquí ya en este punto del largo recorrido de Beethoven merece la pena pararse a pensar en ese concepto tan traído a la Kronos y tan estudiado de el Genio. ¿No habrá ya que hablar del segundo paso? SI, un Dios, un Dios hombre que se ha ido creciendo, creciendo y creciendo hasta llegar ya a tales alturas Espirituales que hablar de genios es como hablar de una especie de grupo social que se encuentra todos los Sábados en el Café Tal.
¿Por componer música se convierte uno en un dios? No, claro que no, se convierte uno en un dios cuando ya no hay más metas no se cuantos que surcar, que atravesar. La vida de Beethoven es desde un principio metahumana, para proseguir como metamental, y luego metamusical, y luego metagenial, hasta convertirse como hemos dicho antes en sencillamente un dios que tiene ya su Universo Pentatónico creado; a base de notas o de simples sonidos, pero Musical al más alto nivel.
"Mi Vida son las Notas". Mi mundo son las Notas, mi Universo son las Notas... La Estructura de lo que está hecho todo son Notas, son Sonidos, es Plasmación Sónica. Lo de ahí fuera, el mundo que pulula y se mueve como si fuera a alguna parte, es otra cosa, no es lo que debería de ser.
Crear Sinfonías, crear Músicas es crear Mundos imperceptibles a nuestros sentidos conocidos, por eso la vida de Beethoven son las Notas. (Qué manía de "presentear" el pasado eh???) Pero es que las notas y las músicas y los sonidos de las Músicas de Beethoven como la de otros compositores no han muerto por mucho que sus creadores si. Y en el caso de Beethoven está todavía por entender el verdadero sentido de sus músicas.
Schubert, que a parte de ser otro genial compositor, amigo espiritual de Beethoven y Fantástico Ser de la Imaginación más suprema, era un Visionario, y allá por mil ochocientos veintipico, dijo "La Obra de Beethoven no será entendida en lo menos doscientos años." Y uno dice, "qué exagerado", y nada más lejos de la realidad esa que se dice tanto:
Ahora se presume mucho de que todo el mundo conoce la obra de Beethoven, y que hasta hay obras que podrían ser de cualquiera; sólo una prueba: pregunta a uno de esos que "conoce" la obra de Beethoven por tres o cuatro obras clave en la vida de Beethoven, por ejemplo, la fantasía opus 77, la Gran Fuga opus 133, la sonata opus 106 y el Cuarteto número 16, el opus 135; ni jota, o te dicen que "eso pertenece a la época oscura de Beethoven y además los cromatismos superiores...", o sea, nada, y aunque suene algo cultureteril tanto "opus", si se conoce de verdad la obra de Beethoven digamos que se puede hablar así.
Pero bueno, ya habrá tiempo para hablar de esas obras geniales que solo son una breve sinopsis extractada de todo un Universo casi inabarcable