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el placer por
la lectura, los idiomas y el estudio. Es notable
que aprendiera con relativa soltura el latín,
griego y hebreo y sintiera una especial
predilección por las matemáticas. Más tarde su
abuelo Jean de Saint-Remy le enseñaría lo que
más tarde le daría la absoluta inmortalidad
pública, es decir, el estudio de las ciencias
ocultas y la astrología. A los
diecisiete años de edad se lo conocía
como "el joven astrólogo".
En Avignon
estudió el Trivium y el Quadrivium (Gramática,
Retórica, Lógica) (Aritmética, Geometría, Música
y Astrología) a partir
de 1519 y luego en Montpellier inició sus
estudios de Medicina, Filosofía, Botánica y
Farmacología.
Radicado en
Agen desposó allí a una bella joven de buena
familia que le dio dos hijos. Pero su formación
académica se vio interrumpida por la peste y
recién pudo retornar a Montpellier a partir de
1529 para doctorarse en Medicina.
La peste
pronto se llevó a su mujer y a sus
dos hijos. Esto desde luego fue un golpe
terrible para Nostradamus quien, no obstante, se
esforzó y obtuvo justa fama como médico luchando
contra la epidemia y desarrollando eficaces
medicamentos para vencerla. Pero su dolor lo
llevó a deambular por el mundo durante seis
años. Durante ese viaje y estando en Ancona tuvo
lugar un célebre hecho que pone de manifiesto
sus dones de vidente. Pasó ante él un grupo de
hermanos franciscanos y Nostradamus se arrodilló
ante uno de ellos diciendo que debía honrar al
Papa. Todos se rieron pues el fraile elegido era
Felice Peretti, hombre de cuna muy humilde y que
antes había sido porquerizo. Pero cuando
cuarenta años más tarde Peretti fue elegido Papa
todos se acordaron de ese episodio.
En otra
oportunidad el Señor de Granflorin invitó a
Nostradamus a comer y quiso ponerlo a prueba a
manera de desafío. Le planteó la siguiente
cuestión: "Tengo dos cerdos para la cena, uno
blanco y uno negro. ¿Cuál de ellos comeremos
hoy?" Nostradamus respondió sin vacilar: "Al
negro". Para contrariarlo Granflorin dio orden
en secreto de matar y cocinar al cerdo blanco.
Tras la cena y en presencia de Nostradamus llamó
a su cocinero y le preguntó cual cerdo habían
comido. La respuesta fue "Al negro mi Señor. El
blanco ya había sido preparado pero cayó de la
mesa y fue devorado por los perros".

Nostradamus
rehizo su vida en 1547 cuando se desposa por
segunda vez en Salón, lugar que sería su
residencia definitiva. La elegida fue Anne
Ponsard, una joven y bella viuda que le dio tres
hijos y tres hijas, quién
le facilita una vida desahogada.

Nostradamus
puso en marcha un negocio de cosméticos que le
mantenía ocupado durante el día, adquirió con
esto un respeto de sus conciudadanos que le
tenían por un cristiano ejemplar, que siempre
acudía a misa y era un fiel defensor de la vida
religiosa, pero llegado la noche colgaba su bata
de herbolario y su "sotana" de cristiano
apostólico y se instalaba en el pequeño ático de
su casa, rodeado de sus astrolabios, varillas de
virtudes, espejos mágicos y el cuenco de latón
para realizar sus oráculos.

La Santa
Inquisición llegó a considerar hereje a
Nostradamus, acusándole de practicar el
ocultismo. Tras años de persecución, el profeta
comienza a escribir sus famosos almanaques y en
1555 publica una obra, "Las
Centurias",
libros en el que cuenta los resultados de sus
visiones y profecías y que
le reportó un gran éxito y le alentó a publicar
tres nuevas centurias que dedica a los regentes,
Enrique II y a su esposa, Catalina de Médicis,
ésta última devota creyente de sus libros.

“ Las
Centurias” dividido en cuartetas, se publicó en
diez volúmenes y despertó las más dispares
reacciones. Los unos decían que eran obra de un
genio, los otros que provenían de Satanás, sus
colegas médicos le tacharon de embaucador y los
poetas y filósofos de su época no supieron como
entender sus embrollados versos.
Famosísima es
su profecía contenida en la Centuria I, Cuarteta
65 que alude a la trágica muerte del rey Enrique
II en un torneo.
“El joven
león al viejo ha de vencer
En campo
bélico y en duelo singular.
En jaula de oro sus ojos saltara
dos clases una: luego morirá cruelmente.”
Nostradamus
habla de su ojo perforado en una caja de oro y
de su muerte dolorosa y cruel. Todo esto sucedió
en forma exactísima: la lanza del Conde
Montgomery penetró en el yelmo dorado del rey
por el visor, atravesando su ojo y llegó al
cerebro. Tras diez días de terrible sufrimiento
el rey expiró.
Las
cortes europeas lo consideraban "la voz de Dios"
y recibe la visita de ricos y nobles de toda
Europa que solicitan sus servicios astrológicos.
Es
ya de todos conocido los innumerables aciertos
de sus cuartetas. Algunas de las cuales son
verdaderamente asombrosas. En ellas nos habló de
asuntos que luego fueron cumplimentándose
puntualmente: La Revolución Francesa, la llegada
al poder de Napoleón, la Segunda Guerra Mundial,
Hitler, Mussolini, Franco, la muerte de Kennedy
y un larguísimo
etcétera.
También nos
habla en Las Centurias del devenir de nuestra
humanidad, que de ser ciertos o de haber sido
interpretados con corrección, no resultan muy
halagüeños para nosotros.
Nostradamus
murió el año 1566, a consecuencia de una
hidropesía, el hombre que había vaticinado
tantos acontecimientos venideros, también lo
hizo con la hora de su muerte, el último escrito
de su almanaque reza así:
"A su retorno
de la embajada, el
obsequio
del rey puesto en su sitio.
Nada
más hará. Irá a reunirse con Dios.
Parientes
cercanos, amigos, hermanos de sangre
(le
encontrarán) completamente
muerto
cerca de la cama y del banco".
Y así es
exactamente como lo
encontraron

Nostradamus
¿Quién
fue Nostradamus del que tanto se escucha hablar
en los últimos tiempos, y qué valor tienen sus
profecías?
- P. Miguel
Ángel Fuentes, VE -
Nostradamus, junto
al monje al libro apócrifo atribuido al obispo
irlandés Malaquías (1095-1148), se han
convertido en dos profetas del milenarismo de
nuestros días, en un mundo que creía liberarse
de la fe y que ahora abraza la superstición.
Michel de Nostredame fue un médico de gran éxito
en especial cuando se trató de combatir la peste
que se abatió contra la Provenza en el siglo
XVI.
Nació de una
familia judía, de la tribu de Isacar, en
Saint-Remy (Provence, Francia), en 1503. Sus
ancestros, buenos conocedores de la medicina y
de las matemáticas, se habían hecho cristianos
por efecto del decreto de Luis XI (1461-1483)
que amenazaba a los judíos no bautizados con la
confiscación de sus bienes. En consecuencia, sus
abuelos paternos tomaron el apellido de
“Notre-Dame”, y los maternos el de “Saint-Remy”,
su lugar de proveniencia.
Nostradamus (tal
es su nombre latinizado), después de doctorarse
en medicina a los 26 años, viajó por la
Provence, el Languedoc, Italia y Luxemburgo. Se
casó dos veces. Después de la muerte de su
primera esposa y sus dos hijos (a quienes no
pudo salvar de la peste, lo que le valió el
desprestigio momentaneo) se retiró a la Abadía
de Orval en Luxemburgo; allí escribió sus
primeras “profecías”. Después de mucho
vagabundear se estableció definitivamente en
Salon-de-Crau, y pasó el resto de su vida
estudiando, escribiendo e interesándose
grandemente por el ocultismo.
En 1547 comenzó a
escribir una serias de “profecías” que agrupadas
en cien estrofas de cuatro versos cada una
fueron llamadas “Centurias astrológicas”. Dejó
diez centurias. Su libro fue condenado por la
Iglesia Católica en 1781 e incluido en el Índice
de libros prohibidos. Los poderosos de la época
sintieron un gran respeto por él, pues le
atribuían poderes especiales de los que dependía
su dominio; en general, gran parte de la nobleza
de su tiempo sentía un gusto morboso por las
ciencias ocultas, sufría de profunda
superstición y por tal razón llenaban sus cortes
de adivinos, agoreros, ocultistas, magos y
astrólogos que les sorbían los sesos y las
arcas.
Nostradamus,
falleció en 2 de julio de 1566. Además de las
“Centurias” se le atribuyen otros escritos
conocidos como “Presagios” y
“Predicciones”.
Nuevo
VIDEOS DE NOSTRADAMUS Todos sus
escritos son lacónicos, oscuros y susceptibles
de múltiples interpretaciones; entre otras cosas
por estar escritos en provenzal del siglo XVI y
mechados con otras lenguas (latín, español,
francés, hebreo). Además, para que tengan algún
sentido, sus comentadores se ven obligados a
trastocar las letras de muchas palabras de modo
tal que éstas puedan hacer referencia a cosas
conocidas; así por ejemplo afirman que Rapis
tendría que significar París, Nercaf designaría
a Francia, Henryc sería Chipre, etc. Los
comentarios, por lo general violentan el texto
mismo del “profeta” o son tan arbitrarios que
pueden ser substituidos por otros igualmente
válidos. Además de esto, para poder obligar a
que algunos versos hagan referencia a un
acontecimiento concreto, muchas veces los
comentaristas se ven obligados a sacar y
combinar versos de diversas centurias.
En cuanto a las
pretendidas profecías cumplidas, se trata
verdaderamente de aplicaciones caprichosas; a lo
más, coincidencias “forzadas”. Así, por ejemplo,
los versos en los que algunos han creído
reconocer una profecía de Napoleón dice: “De
simple soldado él alcanzará el imperio, de ropa
corta el llegará a larga. Bravo en las armas,
mucho peor en la Iglesia, él humilla a los
padres como el agua ensucia la esponja”
(Centuria VII). Esto cuadra a Napoleón... a
Septimio Severo, a Tito, a Maximinio Trácio,
etc. ¡Nostradamus está describiendo el prototipo
del militar perseguidor!
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De otra se dice
que profetiza a Hitler o a Napoleón: “De la
parte más profunda de Europa Oriental nacerá un
niño de familia pobre, que por su hablar
seducirá a muchos pueblos. Su reputación crecerá
más en el reino de Leste” (Centuria III). Sus
comentaristas se pelean: si Leste designa a
Egipto podría ser Napoleón, por la campaña allí
realizada; si significa Japón, podría ser
Hitler, por su alianza... si... Evidentemente
como profecía poco valor tiene.
El texto de la
Centuria I, E. Cheetham, uno de sus principales
comentaristas, cree entenderlo como profecía de
la Revolución Francesa; y H. Roberts, otro de
sus seguidores, ve el indudable preanuncio de la
Revolución Rusa.
En otra unos ven
la ejecución de Luis XVI (año 1793), y otros la
traición japonesa a Estados Unidos en Pearl
Harbor, etc.
Algunos de los
versos que más se han difundido en estos últimos
tiempos son aquellos que han traducido del
siguiente modo: “En el año mil novecientos
noventa y nueve y siete meses,/ vendrá del cielo
un gran Rey de susto./ Resucitará al gran Rey de
Angolmois...”. Como es sabido, basándose en
estos versos algunos señalaron que el 9 de julio
de 1999 debería haber tenido lugar el fin del
mundo. Otros intérpretes consideraron que la
terrible fecha tendría lugar el 11 de agosto de
1999, cuando sobre el norte de Francia se vería
el último eclipse de sol del milenio. Ambientes
de la moda e incluso de la cultura europeos
vivieron con trepidación esos días a causa de
las terribles profecías. Ambas fechas pasaron
desmintiendo a los profetas de
calamidades.
En síntesis, ¿qué
decir? Nostradamus conocía la historia antigua,
principalmente de Roma, y sabedor de que no hay
nada nuevo bajo el sol, preanunció
acontecimientos futuros indeterminados, calcados
sobre la experiencia de los acontecimientos y
monarcas del pasado; evidentemente que esto los
hace adaptables de una manera o de otra a los
hechos principales de la historia; y no sólo a
un hecho sino a muchos. No hace falta ser
profeta para preanunciar calamidades,
traiciones, guerras, invasiones, grandes
campañas militares, razas que extinguen a otras
razas, etc. Puede ser que personalmente
Nostradamus haya tenido alguna facultad
paranormal como la clarividencia, telepatía,
etc; pero esto no lo constituye un profeta en
sentido estricto; y además, estos fenómenos
(cuando tienen fundamento real) no pasan de ser
manifestaciones de orden sensitivo y no
espiritual; por supuesto, que no se extiende en
modo alguno a los futuros contingentes (es
decir, a los actos libres de las
criaturas).
El valor y la
importancia que el vulgo da a sus profecías
depende enteramente de la tentación de
superstición que amenaza al hombre de todos los
tiempos y del hecho de que se sigue verificando
el adagio latino: vulgus vult decipi, el pueblo
quiere ser engañado. Hay un gusto morboso por lo
misterioso y oculto, aunque lo que preanuncie
sean cosas nefastas. Los peligros psicológicos
–además del serio peligro para la fe– que esto
entraña son de una extremada gravedad.
Cuando se llega a
este punto comienza el espíritu de la “necedad
profética”, es decir, el afán de lanzar
profecías de orden puramente humano que, por
olvidar Quien es el Arbitro de la Historia, se
convierten en predicción de falsedades. A estos
dice el Espíritu Santo por boca de Miqueas:
Dejad de babear profecías (Miq
2,6).
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