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Sagan, Carl. El sutil arte de detectar camelos. En: El mundo y sus
demonios.
Pág. 232 – 239. (Colombia, Planeta Colombiana Editorial S.A)
En ciencia, podemos empezar con resultados experimentales, datos,
observaciones, medidas, «hechos». Inventamos, si podemos, toda una
serie de
explicaciones posibles y confrontamos sistemáticamente cada
explicación con los
hechos. A lo largo de su preparación se proporciona a los
científicos un equipo de
detección de camelos. Este equipo se utiliza de manera natural
siempre que se ofrecen
nuevas ideas a consideración. Si la nueva idea sobrevive al examen
con las
herramientas de nuestro equipo, concedemos una aceptación cálida,
aunque
provisional. Si usted lo desea, si no quiere comprar camelos aunque
sea tranquilizador
hacerlo, puede tomar algunas precauciones; hay un método ensayado y
cierto,
probado por el consumidor.
¿De qué consta el equipo? De herramientas para el pensamiento
escéptico.
El pensamiento escéptico es simplemente el medio de construir, y
comprender,
un argumento razonado y —especialmente importante— reconocer un
argumento falaz
o fraudulento. La cuestión no es si nos gusta la conclusión que
surge de una vía de
razonamiento, sino si la conclusión se deriva de la premisa o punto
de partida y si esta
premisa es cierta.
Entre las
herramientas:
• Siempre que sea posible tiene que haber una confirmación
independiente de los
«hechos».
• Alentar el debate sustancioso sobre la prueba por parte de
defensores con
conocimiento de todos los puntos de vista.
• Los argumentos de la autoridad tienen poco peso: las «autorídades»
han cometido
errores en el pasado. Los volverán a cometer en el futuro. Quizá una
manera mejor de
decirlo es que en la ciencia no hay autoridades; como máximo, hay
expertos.
• Baraje más de una hipótesis. Si hay algo que se debe explicar,
piense en todas las
diferentes maneras en que podría explicarse. Luego piense en pruebas
mediante las
que podría refutar sistemáticamente cada una de las alternativas. Lo
que sobrevive, la
hipótesis que resiste la refutación en esta selección darwiniana
entre «hipótesis de trabajo
múltiples» tiene muchas más posibilidades de ser la respuesta
correcta que si usted
simplemente se hubiera quedado con la primera idea que se le
ocurrió.
1
• Intente no comprometerse en exceso con una hipótesis porque es la
suya. Se trata
sólo de una estación en el camino de búsqueda del conocimiento.
Pregúntese por qué
le gusta la idea. Compárela con justicia con las alternativas. Vea
si puede encontrar
motivos para rechazarla. Si no, lo harán otros.
• Cuantifique. Si lo que explica, sea lo que sea, tiene alguna
medida, alguna cantidad
numérica relacionada, será mucho más capaz de discriminar entre
hipótesis en
competencia. Lo que es vago y cualitativo está abierto a muchas
explicaciones.
Desde luego, se pueden encontrar verdades en muchos asuntos
cualitativos con los
2Este problema afecta a los juicios con jurado. Estudios
retrospectivos demuestran que algunos miembros del jurado
deciden su opinión muy pronto —quizá durante los discursos de
apertura— y luego se quedan con la prueba que
parece encajar con sus impresiones iniciales y rechazar la prueba
centran;». No les pasa por la cabeza el método de
hipótesis alternativas de trabajo
que nos vemos obligados a enfrentarnos, pero encontrarlas es un
desafío mucho
mayor.
• Si hay una cadena de argumentación, deben funcionar todos los
eslabones de la
cadena (incluyendo la premisa), no sólo la mayoría.
• El rasero de Occam. Esta conveniente regla empírica nos induce,
cuando nos
enfrentamos a dos hipótesis que explican datos igualmente buenos, a
elegir la más
simple.
•
Pregúntese siempre si la hipótesis, al menos en principio, puede ser
falsificada. Las
proposiciones que no pueden comprobarse ni demostrarse falsas, no
valen mucho.
Consideremos la gran idea de que nuestro universo y todo lo que
contiene es sólo una
partícula elemental —un electrón, por ejemplo— én un cosmos mucho
más grande.
Pero si nunca podemos adquirir información de fuera de nuestro
universo, ¿no es
imposible refutar la idea? Ha de ser capaz, de comprobar las
aseveraciones. Debe dar
oportunidad a escépticos inveterados de seguir su razonamiento para
duplicar sus
experimentos y ver si se consigue el mismo resultado.
La confianza en los experimentos cuidadosamente diseñados y
controlados es
clave, como he intentado subrayar antes. No aprenderemos mucho de la
mera
contemplación. Es tentador quedarse satisfecho con la primera
explicación posible que
se nos ocurre. Una es mucho mejor que ninguna. Pero ¿qué ocurre
cuando inventamos
varias? Francis Bacon proporcionó la razón clásica:
Puede ser que la argumentación no baste para el descubrimiento de un
nuevo trabajo,
porque la sutileza de la naturaleza es muchas veces mayor que la del
argumento.
Los experimentos de control son esenciales. Si, por ejemplo, se dice
que una
medicina nueva cura una enfermedad en el veinte por ciento de los
casos, debemos
asegurarnos de que una población de control que toma una pastilla de
azúcar que los
pacientes creen que podría ser el nuevo medicamento no experimente
una remisión
espontánea de la enfermedad en el veinte por ciento de los casos.
Deben separarse las variables. Supongamos que usted está mareado y
le dan
una pulsera de metal y 50 miligramos de dimenhi-drinato. Descubre
que le desaparece
el malestar. ¿Qué ha sido: la pulsera o la pastilla? Sólo puede
saberlo si la vez siguiente
toma una cosa y no otra y se marea. Ahora supongamos que usted no
tiene tanta devoción
por la ciencia como para permitirse estar mareado. Entonces no
separará las variables.
Tomará los dos remedios a la vez. Ha conseguido el resultado
práctico deseado; se
podría decir que no le merece la pena la molestia de conseguir más
conocimientos.
A menudo el experimento debe ser de «doble ciego» a fin de que los
que
esperan un descubrimiento determinado no estén en la posición
potencialmente
comprometedora de evaluar los resultados. Cuando se prueba una nueva
medicina,
por ejemplo, quizá se quiera que los médicos que determinan qué
síntomas de los
pacientes se han visto aliviados no sepan qué pacientes han recibido
el nuevo
fármaco. El conocimiento podría influir en su decisión, aunque sólo
fuera
inconscientemente. En cambio, la lista de los que experimentaron
remisión de síntomas
puede compararse con la de los que tomaron el nuevo fármaco,
realizada cada una con
independencia. Entonces se puede determinar qué correlación existe.
O cuando hay un
reconocimiento policial o una identificación de foto, el oficial
responsable no debería
saber quién es el principal sospechoso para no ¡afluir consciente ni
inconscientemente
en el testigo.
Además de enseñarnos qué hacer cuando evaluamos una declaración de
conocimiento, un buen equipo de detección de camelos también debe
enseñarnos qué
no hacer. Nos ayuda a reconocer las falacias más comunes y
peligrosas de la lógica y la
retórica. Se pueden encontrar muchos buenos ejemplos en religión y
política, porque
sus practicantes a menudo se ven obligados a justificar dos
proposiciones
contradictorias. Entre esas falacias se encuentran:
• ad hominem: latín «contra el hombre», atacar al que discute y no a
su argumentación
(p. ej.: El reverendo doctor Smith es un conocido fundamentalista de
la Biblia, por lo que
sus objeciones a la evolución no deben tomarse en serio);
• argumento de autoridad (p. ej.: El presidente Richard Nixon
debería ser
reelegido porque tiene un plan secreto para terminar la guerra en el
sudeste de
Asia... pero, como era secreto, el electorado no tenía ninguna
manera de evaluar
sus méritos; el argumento equivalía a confiar en él porque era
presidente: craso
error, como se vio);
• Argumento de consecuencias adversas (p. ej.: Debe existir un Dios
que dé
castigo y recompensa porque, si no, la sociedad sería mucho más
ilegal y peligrosa,
quizá incluso ingobernable.
2
O: El acusado en un juicio de asesinato con mucha
publicidad recibió el veredicto de culpable; en otro caso, habría
sido un incentivo para
que otros hombres matasen a sus esposas);'
•
Llamada a la ignorancia; la declaración, de que todo lo que no ha
sido demostrado
debe ser cierto, y viceversa (es decir: No hay uno prueba
irresistible de que los ovnis
no estén visitando la Tierra, por tanto, los ovnis existen... y hay
vida inteligente en
todas parta en el universo. O: Puede haber setenta mil millones de
otros mundos pero,
como no se conoce ninguno que tenga el avance moral de la Tierra,
seguimos siendo
centrales en el universo.) Esta impaciencia con la ambigüedad puede
criticarse con
la frase: la ausencia de prueba no es prueba de ausencia;
• un argumento especial, a menudo para salvar una proposición en un
problema
retórico profundo (p. ej.: ¿Cómo puede un Dios compasivo condenar al
tormento a las
generaciones futuras porque, contra sus órdenes, una mujer indujo a
un hombre a
comerse una manzana? Argumento especial: no entiendes la sutil
doctrina del libre
albedrío. O: ¿ Cómo puede haber un Padre, Hijo y Espíritu Santo
igualmente divinos en la
misma persona? Argumento especial: no entiendes el misterio divino
de la Santísima
Trinidad. O: ¿Cómo podía permitir Dios que los seguidores del
judaismo, cristianismo e
islam —obligados cada uno a su modo a medidas heroicas de amabilidad
afectuosa y
compasión— perpetraran tanta crueldad durante tanto tiempo?
Argumento especial: otra
vez, no entiendes el libre albedrío. Y en todo caso, los caminos de
Dios son misteriosos);
• pedir la pregunta, llamado también asumir la respuesta (p.
ej.:Debemos instituir la
pena de muerte para desalentar el crimen violento. Pero ¿se reduce
la tasa de delitos
violentos cuando se impone la pena de muerte? O: El mercado de
acciones sufrió ayer
una caída debido a un ajuste técnico y la retirada de beneficios por
los inversores...
pero ¿hay alguna prueba independiente del papel causal del «ajuste»
y retirada de
beneficios; nos ha enseñado algo esta explicación implícita?);
2
Una formulación más cínica del historiador romano Polibio: Como las
masas del pueblo son inconstantes,
plagadas de deseos desen-frenados e indiferentes a las
consecuencias, se las debe llenar de terror para man tener el
orden. Los antiguos hicieron bien, por tanto, en inventar los dioses
y I; creencia en el castigo después de la muerte.
•
selección de la observación, llamada también enumeración de
circunstancias
favorables o, como lo describió Francis Bacon, contar los aciertos y
olvidar los fallos
3
(p. ej.: Un Estado se jacta de los presidentes que ha tenido, pero
no dice nada de sus
asesinos en serie);
• estadísticas de números pequeños, pariente cercano de la selección
de la
observación (p. ej.: «Dicen que una de cada cinco personas es china.
¿Cómo es
posible? Yo conozco cientos de personas y ninguna de ellas es china.
Suyo
sinceramente.» O: He sacado tres sietes seguidos. Esta noche no
puedo perder»);
• incomprensión de la naturaleza de la estadística (p. ej.: El
presidente Dwight
Eisenhower expresa asombro y alarma al descubrir que la mitad de los
americanos
tienen una inteligencia por debajo de la media);
• inconsistencia (p. ej.: Prepararse con toda prudencia para lo peor
de que sea capaz
un adversario militar potencial, pero ignorar las proyecciones
científicas en peligros
medioambientales para ahorrar porque no están «demostrados». O
atribuir el
descenso de la esperanza de vida en la antigua Unión Soviética a los
defectos del
comunismo hace muchos años; pero no atribuir nunca la alta tasa de
mortalidad
infantil de Estados Unidos (ahora la más alta de las principales
naciones industriales) a
los defecto? del capitalismo. O considerar razonable que el universo
siga existiendo
siempre en el futuro, pero juzgar absurda la posibilidad de que
tenga una duración
infinita hacia el pasado);
• non sequitur. «no sigue», en latín (p. ej.: Nuestra nación
prevalecerá porque Dios es
grande. Pero casi todas las naciones pretenden que eso es cierto; la
formulación
alemana era: «Gott mit uns»). A menudo, los que caen en la falacia
non sequitur es
simplemente que no han reconocido posibilidades alternativas;
• post hoc, ergo propter hoc: en latín, «después de esto, luego a
consecuencia de
esto» (p. ej.: Jaime Cardinal, arzobispo de Manila: «Conozco... a
una mujer de veintiséis
años que parece tener sesenta porque toma pildoras
[anticonceptivas].» O: Cuando las
mujeres no votaban, no había armas nucleares);
• pregunta sin sentido (p. ej.: ¿Qué ocurre cuando una fuerza
irresistible choca con
un objeto inamovible? Pero si existe algo así como una fuerza
irresistible no puede
haber objetos inamovibles, y viceversa);
3
Mi ejemplo favorito es esta historia que se contaba del físico
italiano Enrico Fermi cuando, recién llegado
a las costas americanas, se enroló en el «Proyecto Manhattan» de
armas nucleares y se encontró cara a
cara en plena segunda guerra mundial con los almirantes
estadounidenses:
Fulano de tal es un gran general, le dijeron.
¿Cuál es la definición de un gran general?, preguntó Fermi como era
típi-:o en él.
Se supone que es un general que ha ganado muchas batallas consecu-
tivas.
¿Cuántas?
Después de sumar y restar un poco, se fijaron en cinco.
¿Qué fracción de generales americanos son grandes?
Después de sumar y restar un poco más, se fijaron en un pequeño
tanto por ciento.
Pero imaginemos, replicó Fermi, que no existe algo así como un gran
ge-leral, que todos los ejércitos son
iguales y que ganar una batalla es puramente un asunto de
posibilidades. Entonces, la posibilidad de
ganar una batalla es una de dos, o 1/2, dos batallas 1/4, tres 1/8,
cuatro 1/16, y cinco batallas
consecutivas 1/32... que es cerca del tres por ciento. Es lógico
esperar que un pequeño tanto por ciento de
generales americanos venzan en cinco batallas consecutivas, por pura
ca- ' sualidad. Ahora bien, ¿alguno
ha ganado diez batallas consecutivas?...
• exclusión del medio o falsa dicotomía: considerar sólo los dos
extremos en un continuo
de posibilidades intermedias (p. ej.: «Sí, claro, ponte de su parte;
mi marido es perfecto;
yo siempre me equivoco.» O: «El que no quiere a su país lo odia.» O:
«Si no eres parte
de la solución, eres parte del problema»);
• corto plazo contra largo plazo: un subgrupo de la exclusión del
medio, pero tan
importante que lo he destacado para prestarle atención especial (p.
ej.: No podemos
emprender programas para alimentar a los niños desnutridos y educar
a los
preescolares. Se necesita tratar con urgencia el crimen en las
calles. O: ¿Por qué
explorar el espacio o seguir la ciencia fundamental cuando tenemos
un déficit de
presupuesto tan enorme?);
•
terreno resbaladizo, relacionado con la exclusión del medio (p. ej.:
Si permitimos el
aborto en las primeras semanas de embarazo, será imposible impedir
la muerte de un
bebé formado. O al contrario: Si el Estado nos prohíbe abortar
aunque sea en el
noveno mes, pronto nos empezará a decir lo que tenemos que hacer con
nuestro
cuerpo en el momento de la concepción);
• confusión de correlación y causa (p. ej.: Una encuesta muestra que
hay más
homosexuales entre los licenciados universitarios que entre los de
menor educación; en
consecuencia, la educación hace homosexual a la gente. O: Los
terremotos andinos
están correlacionados con, aproximaciones más cercanas del planeta
Urano; en
consecuencia —a pesar de la ausencia de una correlación así para el
planeta más
cercano y más imponente, Júpiter—, lo segundo causa lo primero ;
4
•
hombre de paja: caricaturizar una postura para facilitar el ataque(p.
ej.: Los científicos
suponen que los seres vivos se formaron juntos por casualidad, una
formulación que
ignora deliberadamente la principal idea darwiniana: que la
naturaleza avanza
conservando lo que funciona y descartando lo que no. O, y eso
también es una falacia
a largo/corto plazo, los defensores del medio ambiente se preocupan
más por los
caracoles y los buhos moteados que por las-personas);
• prueba suprimida, o media verdad (p. ej.: Aparece en televisión
una «profecía»
sorprendentemente precisa y ampliamente citada del intento de
asesinato del
presidente Reagan, pero —detalle importante— ¿fue grabada antes o
después del
acontecimiento? O: Estos abusos del gobierno exigen una revolución,
aunque sea
imposible hacer una tortilla sin romper antes los huevos. Sí, pero
¿en esta revolución
morirá más gente que con el régimen anterior? ¿Qué sugiere la
experiencia de otras
revoluciones? ¿Son deseables y en interés del pueblo todas las
revoluciones contra
regímenes opresivos?
• palabras equívocas (p. ej.: La separación de poderes de la
Constitución de Estados
Unidos especifica que este país no puede entrar en guerra sin una
declaración del
Congreso. Por otro lado, los presidentes tienen el control de la
política exterior y la
dirección de las guerras, que son herramientas potencialmente
poderosas para
conseguir la reelección. Los presidentes de cualquier partido
político podrían verse
tentados por tanto a disponer guerras mientras levantan la bandera y
llaman a las guerras
otra cosa: «acciones de policía», «incursiones armadas», «golpes
reactivos de protección»,
4
O: Los niños que miran programas de televisión violentos tienden a
ser más violentos de mayores. Pero
¿es la televisión lo que causa la violencia, o es que los niños
violentos disfrutan preferentemente viendo
programas viólenlos? Es muy probable que los dos enunciados sean
verdad. Los defensores comerciales
de la violencia en la televisión arguyen que cualquier persona puede
distinguir entre televisión y realidad.
Pero el promedio actual de los programas infantiles de los sábados
por la mañana es de veinticinco actos
violentos por hora. Cuando menos, eso insensibiliza a los niños
pequeños ante la agresión y la crueldad sin ton
ni son. Y, si pueden implantarse recuerdos falsos en los cerebros de
adultos impresionables, ¿qué estamos
implantando en las mentes de nuestros hijos cuando los exponemos a
unos cien mil actos de violencia
antes de que acaben la escuela elemental?
«pacificación», «salvaguarda de los intereses americanos», y una
gran variedad de
«operaciones», como las de la «Operación Causa Justa». Los
eufemismos para la
guerra forman parte de una gran clase de reinvenciones del lenguaje
con fines
políticos. Talleyrand dijo: «Un arte importante de los políticos es
encontrar nombres
nuevos para instituciones que bajo sus nombres viejos se han hecho
odiosas al
pueblo»).
Conocer la existencia de esas falacias retóricas y lógicas completa
nuestra caja
de herramientas. Como todas las herramientas, el equipo de detección
de camelos
puede usarse mal, aplicarse fuera de contexto o incluso emplearse
rutinariamente
como alternativa al pensamiento. Pero, si se aplica con juicio,
puede marcar toda la
diferencia del mundo, y nos ayuda a evaluar nuestros propios
argumentos antes de
presentarlos a otros.






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