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Leonardo da Vinci es uno de los grandes genios del
Renacimiento,
destacando como artista, inventor y descubridor. Nació en 1452 en Vinci,
siendo hijo ilegítimo de un notario florentino. Se crió en Florencia y
aprendió en el taller de Verrocchio; con seguridad, Leonardo está en el
taller de Verrocchio en 1476, como confirma una denuncia en la que se le
acusaba de homosexualidad. Con 20 años ya es maestro independiente,
interesándose mucho por descubrir nuevas técnicas para trabajar al óleo.
Sin embargo, continuó ligado al taller de Verrocchio hasta prácticamente
su marcha de Florencia. Su reputación crecía y los encargos aumentaban.
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En 1482 se traslada a Milán, ofreciendo sus servicios a Ludovico
Sforza, Duque de Milán; había marchado a Milán como embajador de
Florencia, dentro del plan de los Medici de difusión del arte florentino
como motivo de prestigio e instrumento de propaganda cultural. En Milán
estuvo durante 17 años, trabajando en variados proyectos de todo tipo,
tanto artísticos como científicos, en los que el deseo de experimentar
era su principal objetivo. Esto no le impedía realizar encargos
ocasionales para Florencia, que frecuentemente dejaba inacabados. Tras la
invasión de Milán por las tropas francesas, regresa a Florencia para
trabajar como ingeniero militar. Por estos años realizó múltiples
disecciones, mejorando y perfeccionando su conocimiento de la anatomía.
En Florencia recibió el encargo de decorar una sala de la Cámara del
Consejo, que nunca acabó. En 1506 regresó a Milán y al año siguiente
entró al servicio de Luis XIII de Francia, para quien trabajó como
pintor e ingeniero.
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Entre 1513 y 1516 está en Roma, pero consciente de que no puede
competir con Miguel
Ángel acepta la invitación de Francisco I de Francia y se traslada
allí, falleciendo en el castillo de Cloux, cerca de Amboise, en 1519. Su
producción estuvo marcada por el interés hacia el claroscuro y el
sfumato, la técnica con la que difumina los contornos, consiguiendo una
excelente sensación atmosférica como se aprecia en su obra más famosa,
la Gioconda.
Su faceta como dibujante también es destacable, conservándose una gran
cantidad de apuntes. Al final de su vida sufrió una parálisis en el
brazo derecho que le impedía pintar, pero no continuar dibujando y enseñando.
Poco se recuerda de los alumnos de Leonardo, cuya maestría se impuso con
diferencia a la de aquéllos que trabajaron con él. Entre sus
colaboradores destacan los nombres de Francesco Melzi, Boltraffio, Lorenzo
de Credi, Ambrogio
y Evangelista de Predis, etc. Leonardo representó una ruptura con los
modelos universales establecidos durante el Quattrocento. Se opuso al
concepto de "belleza" ideal, defendiendo la imitación de la
naturaleza con fidelidad, sin tratar de mejorarla. Y así contempla la
fealdad y lo grotesco, como en sus dibujos de personajes deformes y cómicos,
considerados las primeras caricaturas de la historia del arte. Su dominio
del color y la atmósfera le hace también el primero en ser capaz de
pintar el aire. La perspectiva aérea o atmosférica, como hoy se conoce,
es una característica inconfundible de su obra, en especial de los
paisajes. Leonardo fue el primero en considerar que la distancia se
llenaba con aire y que éste hacía que los objetos lejanos perdiesen
nitidez y se viesen azulados. Vivió en una época en la que el humanismo
y el estudio de los clásicos estaban de plena vigencia; sin embargo,
parece que tuvo dificultades intentando aprender latín y griego, los
idiomas cultos y la llave de acceso a la cultura filosófica neoplatónica
que dominaba Italia y parte de Europa. Leonardo escribió la mayor parte
de sus escritos en toscano, un dialecto florentino. Pero escribía al revés,
como visto por un espejo. |
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La obra pictórica de Leonardo es muy escasa y discutida. El
signo del artista fue el abandono sistemático de los proyectos que se le
encargaban, por muchas medidas que tomaran los clientes mediante
contratos, cláusulas, etc. Él mismo no se definía como pintor, sino
como ingeniero y arquitecto, incluso como escultor. Sin embargo su
prestigio en vida alcanzó dimensiones prácticamente desconocidas. En
Roma fue alojado en el palacio del Belvedere, la residencia de verano del
Papa. El rey de Francia le invitó al final de su vida y trató de
acaparar sus escasas obras. Isabella d'Este, una de las mujeres más
importantes de su época, le persiguió durante años para conseguir que
terminara su retrato, del que sólo ha quedado un dibujo en muy mal
estado. Tras su muerte, Leonardo se ha convertido en el paradigma de
"hombre del Renacimiento", dedicado a múltiples investigaciones
científicas y artísticas. Sus obras han determinado la evolución del
arte en los siglos posteriores, independientemente de que se trate de
obras realmente del maestro o simples imitaciones o colaboraciones. Su
vida personal es en gran parte un misterio; apenas han llegado
indicaciones acerca de sus costumbres, gustos o defectos. Se sabe que era
estrictamente vegetariano, por sus cartas y escritos sobre anatomía, en
los que llama a los omnívoros "devoradores de cadáveres".
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También parece bastante probado que Leonardo era homosexual, sufrió
persecución por este hecho y estuvo a punto de enfrentarse a la Inquisición.
Sus protectores consiguieron siempre que eludiera el juicio público, que
en otros casos terminaba con la quema en la hoguera de los supuestamente
culpables. En cualquier caso, Leonardo permaneció soltero y sin hijos.
Tampoco sus discípulos parecen haber recogido la herencia del maestro, al
menos en el terreno pictórico. La obra de los que trabajaron con él es
prácticamente desconocida y de escasa calidad. El proyecto, inacabado,
que Leonardo realizó para un "Tratado de la Pintura", fue
recogido por Francesco de Melzi. El joven no lo ordenó ni lo supo
conservar para su publicación. Al cabo de los años se consiguió una
edición provisional, desordenada, sin coherencia, pero que
progresivamente se trató de completar para dar una orientación general
de las ideas de Leonardo acerca de la pintura, la arquitectura, el cuerpo
humano, la botánica... todos los temas, en fin, que ocuparon su mente a
lo largo de su vida. El artista que tal vez se mostró más influido por
la obra de Leonardo fue Durero;
al igual que el maestro italiano, Durero trató de demostrar el carácter
científico de la pintura. También supo apreciar el interés de Leonardo
por las proporciones del cuerpo humano, del caballo y de la arquitectura.
Como Leonardo, Durero proyectó un Tratado sobre pintura y sobre
proporciones que, igualmente, no llegó a publicar. Ambos artistas, cada
uno en su país, dieron un vuelco a la pintura tal como se empezaba a
delimitar tras la eclosión del Renacimiento y la dotaron de un aire de
modernidad que se mantuvo vigente hasta el arte contemporáneo |
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