Sentía los latidos de mi corazón
en mi dulce cuerpo de sirena.
Sentía el dulzor de tus labios
y entre tus brazos , temblaba de pasión
sintiendo el amor, desesperado, marchitarse
después de mostrar todo su esplendor.
En el brillar de las estrellas,
en cada atardecer.
como pavesas que huyen de mí,
maldito el día en que te perdí.
nuestros ojos brillaban con ellas,
y me sentí desfallecer,
¡¡ uff !! que maravillosa noche.
Pero, ¿ por que nuestro amor se marchita?
¿por qué se rompe ?
no, no puede romperse algo tan bello,
es la luz que lo acaricia,
dichosa luz, en que se queda el sentir.
Y nuestras almas
que siguen brillando a la luz de la llama,
la luz de nuestra única a Maldita luz, que al iluminar, apaga
el fuego que de nuestros cuerpos emanan,
lma,
un alma viva y nacida para amar,
como la luz, como la llama.
Quiero que vuelva la noche,
y el fuego que la acompaña;
quiero que vuelva el deseo,
volver a vivir en tus brazos,
quiero que nunca amanezca,
que nunca llegue mañana.
Pero amanece, la noche descansa,
¡no!, la noche nunca acaba;
imploro una y otra vez
que no se rompa mi sueño al alba
y maldigo los minutos
los minutos que nos faltan.
Y tendidos estamos los dos,
agotados, como nuestro amor,
como nuestros sueños, mi vida.
Pero ¡no! porque nuestro amor
nunca se agota,
porque siempre... habrá un mañana.
Lorena