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Durante la estancia de Monet
en Argenteuil la naturaleza
se convertirá en la
verdadera protagonista de
sus lienzos, como en esta
obra, en donde las
figurillas parecen fundirse
con el paisaje. Su mujer
Camille y su hijo Jean
pasean por los campos de
amapolas de Argenteuil
acompañados por otra pareja
al fondo.
La línea del horizonte se
puebla de árboles y el azul
del cielo se ve interrumpido
por las blancas nubes que se
desplazan en una magnífica
sensación de movimiento.
La iluminación del atardecer
inunda de sombras malvas el
campo, destacando la
tonalidad rojiza de las
amapolas con las que ha
conseguido crear el efecto
de montículo. La pincelada
es suelta y produce una
paulatina desaparición de la
forma ante el protagonismo
que adquieren color y luz en
la obra de Monet, en el más
puro Impresionismo. |