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El objetivo de esta página es integrar los cuatro pilares del conocimientos, Filosofía, Ciencia, Arte y Religión el sueño de los antiguos gnósticos

 

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RELACIONES MATEMÁTICAS

s cuatro pilares del conocimientos, Filosofía, Ciencia, Arte y Religión

¿Qué es uno? Uno son dos cuando se ama
cuando se besa
son uno
Cuando se funden en un solo acto
plenitud del ser
uno
Cuando no hay cosa ajena
sino mutua
Cuando resultamos
tú por mí, yo por ti uno
y...
 
¿Qué son dos? beber de uno sin pedir al final cuentas
esperando siempre un saldo a favor
es dos.
Imposible ser uno,
cuando me convocas
a los vientos del desapego
en sentimientos etéreos sin ataduras.
 
Quise amar en uno pero nunca te entregaste
a ser factor
la suma de esto
siempre fue dos.
 
No te extrañes ahora del conjunto vacío y no busques teoremas
que justifiquen el resultado evidente
pues no seguiré sumando en tu vida matemáticamente se acabó la relación.

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No tenemos un lenguaje para los finales,
para la caída del amor,
para los concentrados laberintos de la agonía,
para el amordazado escándalo
de los hundimientos irrevocables.

¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos
que agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro
alrededor de cada imagen?

¿Cómo hacer señas a quien muere,
cuando todos los gestos se han secado,
las distancias se confunden en un caos imprevisto,
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos
y el tallo del dolor
se quiebra como la lanzadera
de un telar descompuesto?

¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo
cuando nada, cuando nadie ya habla,
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras
de un mundo que ha perdido
su memoria de ser mundo?

Quizá un lenguaje para los finales
exija la total abolición de los otros lenguajes,
la imperturbable síntesis
de las tierras arrasadas.

O tal vez crear un habla de intersticios,
que reúna los mínimos espacios
entreverados entre el silencio y la palabra
y las ignotas partículas sin codicia
que sólo allí promulgan
la equivalencia última
del abandono y el encuentro

                              Roberto Juarroz


Ciertas luces apagadas
iluminan más
que las luces encendidas.

Hay lugares donde no es preciso
que algo esté encendido para que alumbre.
Pero además hay cosas
que se aclaran mejor con las luces apagadas,
como algunos estratos oblicuos del hombre
o algunos rincones que se instalan subrepticiamente
en los espacios más abiertos.

Y hay también una intemperie de la luz,
una zona despojada y ecuánime
donde ya no hay diferencia
entre las luces encendidas
y las luces apagadas.

                            Roberto Juarroz - Argentina


Señor compañero

Señor compañero,
Señor de la noche,
haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.
Que sus ojos me busquen

sostenidos y azules
por detrás de la barra.
Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.

Señor de la noche,
dios de la barra,
ángel del sí,
sota de copas,
flor del pecado:
reza por mí.
Reza por mí.
Reza por mí.
Reza por mí.

Si prefiere quedarse,
haz que todos se vayan
y este bar se despueble
para dejarnos solos
con la canción más lenta.

Si decide marcharse,
que la luna disponga
su luz en nuestro beso
y que las calles sepan
también dejarnos solos.

Haz que no cante el gallo
sobre los edificios,
que se retrase el día
y que duren tus sombras
el tiempo necesario.

Señor de la noche,
rey de los forajidos,
llévame a los jardines
de la dulce serpiente
y los sueños cumplidos.

Haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.
Que sus ojos me busquen
sostenidos y azules
por detrás de la barra.
Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.

Luis García Montero - España

 

 

El AMOR Y EL TIEMPO

Hubo un tiempo en el que en una isla muy pequeña, confundida con el paraíso, habitaban los sentimientos como habitamos hoy en la tierra. En esta isla vivían en armonía el Amor, la tristeza, y todos los otros sentimientos.

Un día en uno de esos que la naturaleza parece estar de malas, el amor se despertó aterrorizado sintiendo que su isla estaba siendo inundada. Pero se olvido rápido del miedo y cuido de que todos los sentimientos se salvaran.

Todos corrieron y tomaron sus barcos y corrieron, y subieron a una montaña bien alta, donde podrían ver la isla siendo inundada pero sin que corriesen peligro. Solo el amor no se apresuro, el amor nunca se apresura. El quería quedarse un poquito mas en su isla, pero cuando se estaba casi ahogando el amor se acordó de que no debía morir.

Entonces corrió en dirección a los barcos que partieron y grito por auxilio. La Riqueza, oyendo su grito, trato luego de responder que no podría llevarlo ya que todo el oro y la plata que cargaba temía que su barco se hundiera.

Pasó entonces la Vanidad que también dijo que no podría ayudarlo, una vez que el amor se hubiese ensuciado ayudando a los otros, ella, la Vanidad no soportaba la suciedad. Por detrás de la Vanidad venía la Tristeza que se sentía tan profunda que no quería estar acompañada por nadie.

Pasó también la Alegría, pero esta tan alegre estaba que no oyó la suplica del amor. Sin esperanza el Amor se sentó sobre la última piedra que todavía se veía sobre la superficie del agua y comenzó a menguar. Su llanto fue tan triste que llamó la atención de un anciano que pasaba con su barco.

El viejito tomo al Amor en sus brazos y lo llevó hacia la montaña más alta, junto con los otros sentimientos. Recuperándose el amor le preguntó a la Sabiduría quien era el viejito que lo ayudó,. a lo que ésta respondió...: “El Tiempo”. El Amor cuestionó: “¿Por qué solo el Tiempo pudo traerme aquí…?”. La Sabiduría entonces respondió: “Por que sólo el Tiempo tiene la capacidad de ayudar al Amor a llegar a los lugares más difíciles”.

                                                       Anónimo

 

 

 

Primero tracé un círculo,
hice crecer un árbol,
puse un nido en su copa,
más arriba una nube:
hice brotar el agua,
apenas un arroyo,
para que árbol y nube
y pájaro bebieran.

El árbol, es fatal,
se propagó en un bosque,
y los pájaros pronto
volaron en bandadas:
la nube se hizo inmensa,
se hizo la tempestad,
y el arroyo en un río
se desbordó de súbito.

Y en medio de la selva
yo tracé una cabaña,
y una mujer adentro
para sentirla mía:
la choza se hizo pueblo,
pronto, una gran ciudad,
en la que busco a ciegas,
a la joven perdida.

                  Braulio Arenas

 

 

Párrafo del Mes

 

No sé por qué me imagino a la madre de Demián así..

 

Extraído del libro Demián de Hermann Hesse


-El amor no debe pedir -dijo-, ni tampoco exigir. Ha de tener la fuerza de encontrar en sí mismo la certeza. En ese momento ya no se siente atraído, sino que atrae él mismo. Sinclair: su amor se siente atraído por mí. El día que me atraiga a sí, acudiré. No
quiero hacer regalos. Quiero ser ganada.

Un tiempo después me contó otra historia. Se trataba de un enamorado que amaba sin esperanza. Se refugió por completo en su corazón y creyó que se abrasaba de amor.
El mundo a su alrededor desapareció; ya no veía el azul del cielo ni el bosque verde; el arroyo ya no murmuraba, su arpa no sonaba; todo se había hundido, quedando él pobre y desdichado. Su amor, sin embargo, crecía; y prefirió morir y perecer a renunciar a la hermosa mujer que amaba. Entonces se dio cuenta de que su amor había quemado todo
lo demás, de que tomaba fuerza y empezaba a ejercer su poderosa atracción sobre la hermosa mujer, que tuvo que acudir a su lado. Cuando estuvo ante él, que la esperaba con los brazos abiertos, vio que estaba transformada por completo; y, sobrecogido, sintió y vio que había atraído hacia sí a todo el mundo perdido. Ella se acercó y se  entregó a él: el cielo, el bosque, el arroyo, todo le salió al encuentro con nuevos colores frescos y maravillosos; ahora le pertenecía, hablaba su lenguaje. Y en vez de haber ganado solamente una mujer, tenía el mundo entero entre sus brazos y cada estrella del firmamento ardía en él y refulgía gozosamente en su alma. Había amado y, a través del
amor, se había encontrado a sí mismo. La mayoría ama para perderse.
Mi amor hacia Frau Eva era el único sentido de mi vida. Pero ella cambiaba cada día. A veces creía sentir con seguridad que no era su persona por la que se sentía atraída mi alma, sino que ella era un símbolo de mi propio interior que me conducía más y más  hacia mí mismo. A menudo oía palabras de ella que me parecían respuestas de mi subconsciente a preguntas acuciantes que me atormentaban. Había momentos en los que me devoraba el deseo y besaba los objetos que habían tocado sus manos. Y lentamente fueron superponiéndose el amor sensual y el amor espiritual, la realidad y el símbolo. Podía suceder que en mi habitación pensara en ella con tranquila intensidad y sintiera su mano en mi mano y sus labios en los míos. Otras veces estaba con ella,
miraba su rostro, le hablaba, escuchaba su voz y no sabía si era realidad o sueño.

 

                                Hermann Hesse

 

                    James Tissot. Portrait of Mlle L.L 1864.

Los recuerdos suelen
contarte mentiras.
Se amoldan al viento,
amañan la historia;
por aquí se encogen,
por allá se estiran,
se tiñen de gloria,
se bañan en lodo,
se endulzan, se amargan
a nuestro acomodo,
según nos convenga;
porque antes que nada
y a pesar de todo
hay que sobrevivir.

Recuerdos que volaron lejos
o que los armarios encierran;
cuando está por cambiar el tiempo,
como las heridas de guerra,
vuelven a dolernos de nuevo.

Los recuerdos tienen
un perfume frágil
que les acompaña
por toda la vida
y tatuado a fuego
llevan en la frente
un día cualquiera,
un nombre corriente
con el que caminan
con paso doliente,
arriba y abajo,
húmedas aceras
canturreando siempre
la misma canción.

Y por más que tiempos felices
saquen a pasear de la mano,
los recuerdos suelen ser tristes
hijos, como son, del pasado,
de aquello que fue y ya no existe.

Pero los recuerdos
desnudos de adornos,
limpios de nostalgias,
cuando solo queda
la memoria pura,
el olor sin rostro,
el color sin nombre,
sin encarnadura,
son el esqueleto
sobre el que construimos
todo lo que somos,
aquello que fuimos
y lo que quisimos
y no pudo ser.

Después, inflexible, el olvido
irá carcomiendo la historia;
y aquellos que nos han querido
restaurarán nuestra memoria
a su gusto y a su medida
con recuerdos
de sus vidas.

  Joan Manuel Serrat

 



Todo viene hacia nosotros:
no vamos hacia nada
¿ Hacia dónde podríamos ir ?
Toda marcha es una simulación
un anodino juego
una costumbre inútil.

Todo viene hacia nosotros
Desde la tierra callada
desde el cielo que vemos
o desde el cielo que no vemos,
desde los huesos que nos sostienen
o desde la sangre que nos envuelve,
desde el tiempo que manoteamos
o las motas de azar que nos rozan

Todo viene hacia nosotros
la forma con que nacimos
el pensamientos y las sombras,
las astillas de cada palabra
los silencios que articulamos
el sueño que despoja a la noche
o la noche que despoja al sueño
la apelación desconocida y sin destino
que nos trae cada amor

Todo viene hacia a nosotros 
Salvo tal vez esa figura muda
que arrancamos con un matiz de c ada cosa
y que quizás se yerga al desplomarnos
para marchar por cuenta propia,
para venir con todo lo que viene,
aunque no venga ya hacia nosotros