HOMBRE ARBOL

 

   El paisaje del infierno aparece dominado por la figura del “hombre-árbol”. Éste presenta su cabeza tocada por un plato que sirve de plataforma a un grupo de seres inquietantes que giran en torno a una monumental gaita, contrapartida de la ronda del deseo de la tabla central. Su cuerpo abierto muestra en su interior una escena tabernaria. Su sostén lo forman dos troncos de árbol muertos apoyados en barcas que flotan sobre las aguas negras y estancadas.
   Aunque algunos han creído ver en su rostro el autorretrato del pintor, testigo de los castigos infernales, su ubicación en el punto central del infierno tal vez sea un indicador de la presencia de la figura de Lucifer.