
La astronomía primitivaEn el progreso astronómico primitivo posiblemente los seres humanos fijaron su atención en el objeto más luminoso que observaban: el Sol; luego vendría la Luna y después las estrellas y los planetas.
Pronto, el conocimiento de los movimientos cíclicos del Sol, las Lunas y las estrellas mostraron su utilidad para la predicción de fenómenos como el ciclo de las estaciones, de cuyo conocimiento exacto dependía directamente la supervivencia de cualquier grupo humano: cuando la actividad principal era la caza era fundamental predecir el instante el que se producía la migración estacional de los animales que les servían de alimento y, posteriormente, cuando nacieron las primeras comunidades agrícolas, era trascendental conocer el momento exacto para sembrar y también para recoger el fruto.
La alternancia del día y la noche debe haber sido un hecho explicado de manera obvia desde un principio por la presencia o ausencia del Sol en el cielo y el día fue seguramente la primera unidad de tiempo universalmente utilizada. Debió de ser importante también desde un principio el hecho de que la calidad de la luz nocturna dependiera de la fase de la Luna, y el ciclo de veintinueve a treinta días ofrece una manera cómoda de medir el tiempo. De esta forma los calendarios primitivos casi siempre se basaban en el ciclo de las fases de la Luna. En cuanto a las estrellas, para cualquier observador debió de ser obvio que las estrellas son puntos brillantes que guardan entre sí las mismas distancias relativas, es decir, conservan un esquema fijo noche tras noche.
Así parecería natural interpretar que las estrellas estuviesen fijas a una especie de bóveda sólida que rodeara a la Tierra, pero que el Sol y la Luna no deberían estar incluidos en ella: la Luna noche tras noche cambia su posición relativa, y hasta visiblemente, en el curso de una misma noche. Para el Sol esto es menos obvio, ya que cuando el Sol está en el cielo las estrellas no son visibles; pero el cielo nocturno contiene las estrellas de la otra mitad del cielo, y el aspecto de esta mitad visible cambia noche tras noche. El orto de ciertas estrellas es el hecho que determinará la división del tiempo y la fijación de los días. Del Megalítico se conservan grabados en piedra de las figuras de ciertas constelaciones: la Osa Mayor, la Osa Menor y las Pléyades. En ellos cada estrella está representada por un alvéolo circular excavado en la piedra. Del final del Neolítico han llegado hasta nosotros menhires y avenidas dolménicas, es decir, alineamientos de piedras; la mayor parte de ellos orientados hacia el sol naciente (Este), aunque no de manera exacta sino siempre con una desviación de algunos grados hacia la derecha. Este hecho hace suponer que suponían fija la Estrella Polar e ignoraban la precesión de los equinoccios. Con el tiempo, se observó que el esquema visible de las estrellas realiza un giro completo en poco más de 365 días. Esto lleva a pensar que el Sol describe un ciclo completo contra el fondo de las estrellas en ese intervalo de tiempo. Además este ciclo de 365 días del Sol concuerda con el de las estaciones, y ya antes del 2500 a.C. los egipcios usaban un calendario basado en ese ciclo, por lo que cabe suponer que utilizaban la observación astronómica de manera sistemática desde el cuarto milenio. En efecto el año egipcio tenía 12 meses de 30 días más 5 días llamados epagómenos. La diferencia, pues, era de ¼ de día respecto al año solar. No utilizaban, pues, años bisiestos: 120 años después se adelantaba un mes, de tal forma que 1456 años después el año civil y el astronómico volvían a coincidir de nuevo.
A este intervalo de tiempo se le llama período sotíaco, por la estrella Sothis, nuestro Sirio, (el Sepedet de los egipcios), que sirvió a los egipcios para determinar el principio de su año. El Nilo empezaba su crecida más o menos en el momento en que la estrella Sothis, tras haber sido mucho tiempo invisible bajo el horizonte, podía verse de nuevo poco antes de salir el Sol. El calendario egipcio tenía tres estaciones de cuatro meses cada una:
La apertura del año egipcio ocurría el primer día del primer mes de la Inundación, es decir, aproximadamente cuando la estrella Sirio comenzaba de nuevo a observarse un poco antes de la salida del Sol. De finales de la época egipcia (144 d.C.) son los llamados papiros de Carlsberg, donde se recoge un método para determinar las fases de la Luna, procedente de fuentes muy antiguas. En ellos se establece un ciclo de 309 lunaciones por cada 25 años egipcios, de tal forma que estos 9125 días se disponen en grupos de meses lunares de 29 y 30 días. El conocimiento de este ciclo permite a los sacerdotes egipcios situar en el calendario civil las fiestas móviles lunares. La orientación de templos y pirámides es otra prueba del tipo de conocimientos astronómicos de los egipcios: las caras de las pirámides están vueltas haacia los cuatro puntos cardinales, de forma que, por ejemplo, la desviación al Norte de las pirámides de Keops y Kefrén es de 2´28", es decir, prácticamente despreciable dada la dimensión del monumento. Probablemente esta orientación la efectuaban sabiendo que la sombra más corta de un objeto es la que apunta al Norte.
La astronomía griegaEudoxoAstrónomo y matemático griego (408-355 a.C.) nacido en Cnido, se le atribuye el descubrimiento que supone que el año solar tiene 6 horas más de los 365 días, aunque este conocimiento será muy anterior. Además se le considera el primero que establece un sistema que explica los movimientos del sol y los planetas, intentando dar cuenta de las irregularidades manifiestas de los movimientos planetarios.
Supone que la tierra permanece inmóvil en el centro, y el resto de los planetas y el sol son formas esféricas que ejecutan movimientos circulares alrededor de ella. De esta forma considera tres esferas para el sol y la luna y cuatro para cada uno de los cinco planetas, con diferentes ejes de giro. Estas esferas estaban situadas unas dentro de otras, todas ellas concéntricas con la tierra. Así se explicaban los retardos y los bucles de los planetas, así como los movimientos oblicuos a lo largo de la eclíptica. Eudoxo consigue así explicar de una manera primaria los fenómenos celestes conocidos entonces, aunque trata por separado los movimientos de los planetas,uno a uno,pero nunca todos juntos. Por tanto, no puede calificarse su explicación como un modelo astronómico propiamente dicho, sino únicamente bajo la perspectiva de quien desea sólo comprender lo que observa.
Además establece que la Tierra está quieta y el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas se mueven en órbitas circulares y con velocidad uniforme alrededor de ella,ya que el movimiento circular, al ser el más perfecto que existe, es el que debe gobernar los cielos. Sus argumentos sobre la condición y posición de la Tierra le llevan a pensar que no pueden ser simple consecuencia del movimiento de los cielos: la circunferencia de un círculo determina las propiedades de su centro; el cosmos es esférico, luego la tierra ha de ser esférica. Además argumenta que la Tierra es el centro del Universo de la siguiente manera: los cuerpos pesados no caen en líneas paralelas, sino en líneas que convergen en su centro. Los cuerpos que se proyectan directamente hacia arriba caen hacia abajo al punto del cual partieron, por tanto, la Tierra ni está en movimiento ni está en ningún sitio que no sea el centro. Además para Aristóteles las esferas de Eudoxo tienen existencia real: el hecho de ser inteligibles garantizaba su existencia y consideraba a estas esferas como cuerpos cristalinos tridimensionales, partes de la maquinaria física que mantenía en movimiento los cuerpos celestes. Sin embargo, Aristóteles se niega a considerar solo como descriptivos los cálculos especulativos de Eudoxo y Calipo, ya que para él tendrían sentido estos cálculos al unir todos los movimientos de todas las esferas, construyendo así una maquinaria cosmológica única y comprensible. Por ello Aristóteles intenta evitar en este modelo que los movimientos de las esferas externas arrastren a los sistemas de las esferas interiores, insertando una serie de esferas antigiratorias entre las esferas de un sistema planetario y el inmediatamente inferior.Un total de 55 esferas cumplen el objetivo fundamental: la potencia motriz trabaja desde el exterior hacia el centro.
Aristarco de Samos
Aristarco da Samo Pintado e imaginado por Domenico Fetti 1620 Astrónomo griego nacido en la isla de Samos en el 310 a.C. y muerto alrededor del 230 a.C., contemporáneo de Euclides.Fue seguramente el primer astrónomo conocido que defiende una idea heliocéntrica del Universo: la Tierra, los planetas y mucho más lejos las estrellas giran alrededor del Sol. Aristarco no conocía las distancias de la Tierra a la Luna y al Sol, pero fue capaz de calcular su proporción. Su idea está basada en cómo se producen las fases de la Luna: ésta no tiene luz propia sino que la recibe del Sol y la refleja hacia nosotros, de tal forma que sólo se ilumina una mitad de su superficie esférica mientras que la otra mitad permanece en la oscuridad. Por otra parte, Aristarco dedujo, a partir del tamaño de la sombra de la Tierra sobre la Luna durante un eclipse lunar, que el Sol tenía que ser mucho mayor que la Tierra y que además tenía que estar a una distancia muy grande. El Sol, al estar tan lejos, ilumina a la Luna prácticamente con un haz de rayos paralelos Analicemos en qué fase de la Luna ven distintos observadores en la Tierra según su posición:
Podemos preguntarnos, ¿en qué posición el observador ve una media luna?: cuando tenga en su campo de visión una mitad del hemisferio iluminado y una mitad del hemisferio sin iluminar, es decir, cuando esté en algún punto de la línea EE´. En fin, un observador en la Tierra ve una media luna sólo
cuando el ángulo Para medir este ángulo hay que observar a la vez el Sol y la Luna cuando ésta es visible de día, especialmente cerca de la puesta del sol o de su salida. Algunas veces, en estas condiciones, la Luna está en fase de media
luna (cuarto creciente o cuarto menguante), entonces medimos
La primera observación de Aristarco, sin realizar medida alguna, fue muy curiosa: puesto que la hipotenusa de un triángulo rectángulo es el lado más grande, dedujo que el Sol está más lejos de la Tierra que la Luna. También dedujo que el Sol debía ser mucho más grande que la Luna, ya que estando más lejos tenía el mismo tamaño aparente desde la Tierra. Al medir ß, se determina el tercer ángulo (el complementario de ß),
de forma que se conoce la figura pero no el tamaño del triángulo Por tanto, aunque la longitud verdadera de cualquier lado no está determinada, la proporción de cualquier par de lados sí que lo está. La proporción de las distancias LT(Luna-Tierra),ST(Sol-Tierra) nos la da el coseno del ángulo ß:
Aristarco midió un ángulo ß de 87º, con lo que:
Hiparco
Astrónomo griego de Nicea (190-120 a.C.) que, se le conoce principalmente porque elaboró un catálogo de más de 1000 estrellas. Además estudiando observaciones muy anteriores, descubre la precesión de los equinoccios. Descubre así mismo la distinta duración de las estaciones, lo que le lleva a pensar en la idea de una velocidad variable del Sol en su movimiento alrededor de la Tierra, y observa también que la velocidad de la Luna era a su vez variable en las cuadraturas. Para explicar la variación en la duración estacional, utiliza los modelos de Apolonio, con dos argumentos distintos: el uso de epiciclos y el uso de excéntricas. Estas explicaciones son de carácter predictivo, con un margen de error de 1º. PtolomeoNació en Grecia (87-170 d.C.) y trabajó en Alejandría la mayor parte de su vida. Compiló todo el saber astronómico de su época en los trece tomos de su Mathematike syntaxis, más conocida por Megale syntaxis. Escrita en griego originalmente, es traducida al árabe (al-Majisti) y posteriormente transcrita al latín en la Europa medieval con el nombre de Almagesto. Utiliza el modelo geocéntrico heredado de Aristóteles:
Este modelo no describía con claridad que había detrás de la última esfera, pero desde luego no era parte del universo observable por el ser humano.
Utiliza el sistema de epiciclos iniciado por Hiparco y Apolonio. Como resultado dela combinación de epiciclos y deferentes, obtiene una curva que explica los puntos estacionarios y las retrogradaciones. Para que el movimiento esté conforme con la observación, es necesario escoger el tamaño relativo del epiciclo y el deferente; y cuando sea necesario, las velocidades relativas de rotación de ambos círculos.
Basa sus cálculos en el plano de la eclíptica y para acomodar ciertas variaciones en latitud, inclina los planos orbitales de las deferentes de Marte, Júpiter y Saturno. Para Ptolomeo la Tierra no tiene necesariamente que encontrarse en el centro del deferente, de tal forma que éste podría ser excéntrico. Por otra parte, introduce el mecanismo del ecuante, necesario para explicar los cambios aparentes de velocidad en las órbitas de los planetas. El sistema de Ptolomeo presenta algunas dificultades:
Por todo ello, Ptolomeo no se comprometió con la cuestión de la existencia de los epiciclos y deferentes de los cielos, así consideraba su sistema como un modelo del funcionamiento del Universo y no como su verdadera imagen.
Astrónomo polaco (1473-1543) que, estudiando los movimientos del Sol,
la Luna y los planetas, intenta encontrar un modelo cosmológico
inteligible de todo el Universo. Es decir, sigue la senda de sus
predecesores, que ya lo buscaban descontentos, sin duda, con una
explicación que se limitaba a predecir y describir fenómenos con
inventos matemáticos arbitrarios. En suma, pretendía dar un modelo
cosmológico al cómputo matemático de Ptolomeo.
Hay dos hechos que llaman la atención de Copérnico en cuanto que le
sugieren cierta dependencia de los movimientos planetarios con el sol:
Por tanto, estudia la posibilidad de que la deferente de Mercurio y
Venus y los epiciclos de los restantes, representan sencillamente la órbita
de la tierra.
Propone entonces un sistema heliocéntrico que se caracteriza
por:
Las objeciones que cabría hacerle a este sistema son:
La gran aportación del sistema de Copérnico se concreta en dos ideas:
Astrónomo danés (1546-1601) que realizó enormes cambios en las técnicas
de observación y en los niveles de precisión (del orden de los 4´
de arco). Diseñó y construyó un gran número de instrumentos: más
grandes, más sólidos y mejor calibrados.
Además inauguró la técnica de efectuar observaciones regulares de
los planetas en su curso a través de los cielos, ya que hasta entonces sólo
se observaban en las configuraciones más favorables; en concreto, observó
la órbita de Marte con la ayuda de cuadrantes de pared.
Fue tal la precisió y el número de datos que acumuló que acabó con
la dependencia que tenía la astronomía europea respecto a los datos de
la Antigüedad.
Además del movimiento de los planetas, Tycho Brahe cita la nova
observada en la constelación de Casiopea en 1572 y la estudia con
detalle: determinó que el fenómeno era supralunar, por lo que pone en
duda la incorruptibilidad de los cielos.
Por otra parte, observó diversos cometas que pasaron cerca de la
Tierra en 1577, 1580, 1585, 1590, 1593 y 1596. Con el primero de ellos ya
dedujo que este fenómeno era también supralunar.
Brahe no llega a aceptar del todo el sistema de Copérnico a pesar del
cúmulo de datos que posee y que avalan este modelo. Por ello, intenta de
alguna manera reconciliar este sistema con el de Ptolomeo, manteniendo las
ventajas matemáticas del sistema de Copérnico y suprimiendo los
inconvenientes físicos, cosmológicos y teológicos.
De esta forma el sistema de Brahe fue aceptado como alternativa al de
Copérnico durante más de dos generaciones.
El sistema de Brahe se basa, pues, en el principio de circularidad,
el movimiento uniforme y en la precisión observacional; de tal
forma que, interpreta la ausencia total de paralaje estelar como un apoyo
a la idea de una tierra en reposo, no en movimiento como suponía Copérnico.
En 1599 fue acogido en la corte del emperador Rodolfo en Praga, donde
en 1600 nombró ayudante suyo a Johannes Kepler, el cual cuando muere
Brahe - y tras varios pleitos con los herederos - recibe los preciosos
datos acumulados durante toda su vida. Kepler los utiliza para formular
sus tres leyes sobre el movimiento de los planetas
Astrónomo alemán (1571-1630), publica en 1596 su obra Mysterium
cosmographicum que le pondrá en contacto con Tycho Brahe. Tras la
muerte de éste, pasó a ocupar el puesto de astrónomo de la Corte
Imperial y evaluó las observaciones que había hecho Brahe de Marte.
En 1609 apareció su Astronomia nova con las dos primeras leyes
del movimiento planetario (ley de la elipse y ley de las áreas). La
tercera ley estaba contenida en Harmonices mundi. Con ellas da un
modelo que explica adecuadamente los movimientos de los planetas, incluida
su retrogradación.
Las leyes enunciadas por Kepler sobre el movimiento de los planetas son
las siguientes:
En 1611 apareció su Dioptrik, con las bases numéricas y ópticas
del telescopio astronómico (o de Kepler).
En 1627 se publicaron las Tablas rodolfinas, que constituyen la
base de todos los cálculos de órbitas planetarias hasta bien entrado el
siglo XVII.
En suma, Kepler prepara el camino a un descubrimiento fundamental: la
ley de la gravitación universal de Newton, ya que una fuerza de
atracción entre el Sol y un planeta proporcional a sus masas y, sobre
todo, inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los
separa, explicaba el hecho de que el planeta(más ligero) girase en
una órbita elíptica alrededor del Sol, con éste en uno de sus focos.
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