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1. Introducción Es la segunda gran corriente filosófica de la
Modernidad. Pero cualquier filosofía es empirista si afirma que todos nuestros
conocimientos tienen su origen y valor en la experiencia, y filsofías así ya las
hubo (Aristóteles, Tomás de Aquino, Ockham...). En este caso nos referiremos al
empirismo inglés del s. XVIII, surgido en respuesta al racionalismo del XVII.
Representantes: Locke, Berkeley y Hume. I. LOCKE • Biografía: Nac. en Bristol, 1632. De familia liberal, defendió siempre el liberalismo y los ideales ilustrados de racionalidad, tolerancia, filantropía y libertad religiosa. Estudió teología, química y medicina y viajó por Holanda, Francia y Alemania. Murió en 1704, a los 72 años. • Obras:
1. Negación de las ideas innatas Los empiristas rechazan que existan ideas o principios innatos al entendimiento. Todo nuestro conocimiento procede de la experiencia, y el entendimiento es como una página en blanco antes de que la experiencia le proporcione conocimientos. Si hubiese conocimientos innatos, todos los hombres los conocerían desde siempre y en todos los lugares; y eso no ocurre. 2. Génesis de las ideas. El psicologismo Si todas nuestras ideas proceden de la experiencia, es necesario precisar cómo se originan todas a partir de la experiencia y por qué nuestro conocimiento no puede ir más allá de la experiencia. • Respecto al origen, sólo es posible determinarlo por análisis de las ideas más complejas, descomponiéndolas en sus elementos simples y estudiando sus reglas de composición/asociación. Es decir: hay que estudiar los mecanismos psicológicos de asociación y combinación de ideas. • Realizan así un platenamiento del conocimiento psicologista. El psicologismo sostiene: i) el valor de los
conocimientos depende de su origen y génesis; y El estudio psicológico de las ideas lleva a Locke a distinguir entre: i) Ideas simples: Son átomos del conocimiento, ideas simples que no surgen por combinación de ideas particulares. El entendimiento se limita a recibirlas pasivamente. Se dividen en: a. Ideas de origen sensorial externo (se origina en la experiencia con objetos exteriores). • Ideas de cualidades primarias (figura, tamaño, etc.,
las únicas que existen realmente en los cuerpos). b. Ideas obtenidas por reflexión (las sensaciones que tenemos de nuestro funcionamiento interno: pensamiento, dolor...). ii) Ideas complejas: Las restantes ideas -las complejas- surgen por combinación de ideas simples. En este caso el entendimiento adopta un papel activo, combinando y relacionando ideas simples. Las ideas complejas son:
4. Incognoscibilidad de la sustancia De los objetos sólo percibimos cualidades aisladas, impresiones individuales, sueltas e inconexas: tamaño, color, olor, figura, etc. El objeto no se reduce a ninguna de esas impresiones, pero suponemos que debe haber algo por debajo de esas cualidades que les sirva de soporte -vuelta al sentido etimológico-. La sustancia, como soporte de las cualidades, es incognoscible, algo misterioso, inespecífico. Consecuencia: Desconocemos
la estructura profunda y la sustancia de los objetos; sólo conocemos lo que la
experiencia nos muestra de ellos: un conjunto de cualidades sensibles. La
experiencia, por tanto, es origen y límite de nuestro
conocimiento. A diferencia de Descartes, Locke nunca dudó de que existiera una realidad exterior a nuestras ideas. El mero hecho de tener una idea ya supone, según su propia definición de «idea», la existencia de una realidad exterior que la idea representa. Los tres grandes ámbitos de la realidad son: • El «yo», del que tenemos certeza intuitiva (=
«Pienso, luego existo»). 6. La importancia de Locke en el desarrollo del pensamiento político Además del conocimiento, los
filósofos empiristas se ocuparon, sobre todo, de política y moral. Locke tuvo un
enorme influjo en el origen de la filosofía política liberal. Sus ideas fueron
recogidas por Montesquieu, se plasmaron en la revolución americana y en toda la
corriente liberal progresista que se opuso al absolutismo político en el XVIII.
Intentó dejar claro (en el "Tratado del gobierno civil") que si al poder se le
atribuye un origen divino, no podremos sostener entonces que los seres humanos
son libres e iguales por naturaleza, una de las reivindicaciones políticas
fundamentales en Locke. Como los sofistas, Locke parte de la
distinción entre naturaleza y convención. Antes de establecer las normas que
regirán la sociedad política, es preciso conocer cuál es el estado natural del
ser humano. Además de la ley
moral, los hombres poseen naturalmente ciertos derechos como el derecho a la
propiedad, cuyo fundamento es el trabajo. Se necesita una organización política y una ley objetiva que solucione los conflictos y deficiencias del estado natural. Por tanto: • Locke no cree que la sociedad política sea antinatural, contraria a la naturaleza: es, más bien, algo útil y adecuado para hacer posible el disfrute de los derechos naturales. • El consenso constituye el único fundamento racional de la sociedad política. El acuerdo, el pacto consentido por todos los individuos origina la sociedad política. Mediante este pacto, formal o implícito, los individuos renuncian a parte de su libertad para ganar en seguridad, y se someten de buen grado a la voluntad de la mayoría. • Los representantes del poder político reciben del pueblo su poder y son responsables ante el pueblo del desempeño de su función, que consiste en promover el bien común. Tales ideas, por vagas y generales que
parezcan, constituyen los principios fundamentales de todo estado
democrático. II. HUME • Biografía: Nació en 1711, hijo de un terrateniente escocés.
Comerciante primero, la • Obras:
Hume llama impresiones a lo que Locke
denominaba «ideas». Las impresiones son las percepciones vivas que nos
transmiten los sentidos cuando conocemos objetos. Las ideas, en sentido
estricto, son las representaciones o copias de las impresiones en el
pensamiento, ausente ya el objeto que originó las 2. Conocimiento de hechos y de relaciones entre ideas La distinción entre impresiones e ideas se refiere a elementos del conocimiento. Pero Hume distingue tb diversos modos o tipos de conocimiento (~ distinción leibniziana entre VV-raz. y VV-hecho): a. Conocimiento de las relaciones existentes entre las ideas: P.ej.: la proposición «Dos números iguales a un tercero son iguales entre sí» nos resulta verdadera basándonos simplemente en los términos que contiene, independientemente de cualquier conocimiento empírico. Este tipo de conocimiento se refiere a relaciones entre ideas, no a hechos (lógica/matemática). b. Conocimiento de hechos: Es el que
procede de la experiencia, en contacto con objetos y procesos del mundo físico
(p. ej.: «Llueve»; «Los serbios son belicosos»,
etc.). 3. El empirismo de Hume y su implicaciones Si consideramos impresiones e ideas los
elementos fundamentales del conocimiento, introducimos un criterio radical de
certeza: Para saber si una idea es verdadera, basta comprobar de qué impresión
procede. Las ideas sin ninguna impresión que les corresponda serán pura ficción
o fantasía. Por tanto, i) Aplicado a la idea de causa y al conocimiento de hechos: a. Nuestro conocimiento de hechos queda limitado a las impresiones actuales ?lo que vemos, oímos, etc.? y a nuestros recuerdos de impresiones pasadas. Pero no puede haber conocimiento cierto del futuro porque no tenemos impresión alguna de lo que sucederá en el futuro. Sin embargo, constantemente hacemos
predicciones sobre el futuro: si no estudiamos será difícil encontrar un buen
trabajo; si no buscamos cobijo nos mojaremos, etc. Esto sucede porque
continuamente hacemos inferencias causales: ciertos trabajos existen porque hay
gente preparada para b. La idea de causa es la base de todas nuestras inferencias acerca de hechos de los que no tenemos impresión alguna. Y entendemos, habitualmente, la conexión causal como una conexión necesaria entre el efecto y la causa. Después de observar en muchos casos que el fuego calienta, podemos predecir que el agua hervirá si permanece cierto tiempo sobre el fuego. Dicho efecto se seguirá necesariamente de su causa. c. Sin embargo, nuestra experiencia no
justifica el establecimiento de conexiones necesarias entre fenómenos: ¿En qué
impresión está basada la idea de «conexión necesaria entre fenómenos»? En
ninguna, excepto en el número de veces que hemos visto cómo el fuego calentaba
agua o la lluvia ii) Aplicado a los límites de la inferencia causal Aunque nuestro conocimiento de hechos no
observados sólo se base en creencias, en la práctica esto resulta suficiente
para vivir sin problemas. Pero al científico le interesa saber hasta dónde puede
llevar sus inferencias causales para obtener conocimientos verdaderos sobre la
realidad. Hume iii) Aplicado a la existencia de una realidad exterior Hume rechaza el argumento lockeano que
reconocía la existencia de una realidad extramental porque era la causa de
nuestra «idea» o convicción sobre la existencia del mundo exterior. Lo rechaza
porque Locke pretende inferir de impresiones particulares una pretendida
realidad que va más allá de ellas y de la que no tenemos impresión o experiencia
alguna. Por tanto, creer que existe una realidad física distinta de nuestras
impresiones no puede justificarse apelando a la idea de
causa. iv) Aplicado a la demostración de la existencia de Dios Descartes y Locke recurrieron al principio de
causalidad para demostrar que Dios existe. Pero Hume considera inválidos sus
argumentos porque pretenden dar el salto de impresiones particulares a Dios, del
que no tenemos impresión alguna. Para Hume es imposible averiguar si existe Dios
o un mundo más allá de nuestras impresiones: nuestras nociones de Dios y de
mundo exterior son un misterio,constituyen la frontera y el límite de nuestro
conocimiento. v) Aplicado a la noción de yo e identidad personal Tanto racionalistas como empiristas (Locke, Berkeley) habían considerado indudable la existencia de un yo o sustancia cognoscente, pensante, origen de las acciones que atribuimos a humanos. Su existencia resultaba evidente por intuición inmediata, no por inferencia causal. Pero Hume halla un punto débil en esta argumentación: [a] Hablar de un yo como sustancia o sujeto
permenente de nuestros actos psíquicos no tiene justificación apelando a la
experiencia, porque las impresiones son efímeras y se suceden unas a otras
ininterrumpidamente. Si tuviésemos una impresión del yo, permenecería invariable
y constante a lo [b] No existe un yo como sustancia distinta de
nuestras impresiones e ideas, como sujeto de nuestros actos psíquicos. Aunque
todos tenemos conciencia de identidad personal mantenida a lo largo del tiempo y
a través de las múltiples ideas e impresiones, esto no es más que un efecto de
la memoria: la memoria nos permite recordar la conexión existente entre las
múltiples impresiones. Pero la memoria sólo es un mecanismo útil para seguir la
sucesión de impresiones, no una identidad. Esto no convencía ni al propio Hume,
y adoptó una actitud escéptica al respecto. El empirismo radical de Hume le llevó al fenomenismo y al escepticismo: las impresiones aisladas con el punto de partida absoluto de nuestro conocimiento, la única realidad incuestionable. Y entre las impresiones no cabe establecer más conexión que su contigüidad o sucesión espacio-temporal. Es imposible encontrar un fundamento real a la conexión entre percepciones o impresiones: ni conocemos una realidad exterior distinta de la suma de impresiones ni un sujeto con identidad personal: la realidad queda reducida a mera sucesión de fenómenos (etim.: lo que aparece/se muestra). El fenomenismo lleva a una actitud escéptica
respecto a las capacidades de nuestro entendimiento: no podemos conocer nada más
allá de las impresiones, ni establecer conexiones verdaderas y firmes entre
ideas o fenómenos. 5. Fundamentos de la moral y emotivismo en Hume Todo grupo humano tiene algún código moral o
conjunto de juicios mediante los cuales expresa su aprobación o reprobación de
conductas y actitudes. Los grandes filósofos se han planteado antes o después
cuál es el fundamento de nuestros juicios morales, cómo se originan y qué
justifica nuestras El fundamento tradicional de la moral, desde los griegos: el entendimiento o la razón, que puede conocer el orden natural y derivar así normas de convivencia adecuadas. Por tanto, la adecuación al orden natural fundamenta nuestros juicios morales. Pero Hume opina que el conocimiento intelectual no puede ser el fundamento de nuestros juicios morales, porque la razón no puede determinar ni impedir nuestro comportamiento (p.ej.: por mucho que conozcamos de matemáticas, no nos sentimos obligados a aplicar ese conocimiento en la realidad). • El conocimiento de hechos o de relaciones entre ideas es útil para la vida pero no impulsa por sí mismo a actuar. • Y el conocimiento de los hechos simplemente nos informa de lo que sucede, pero no de lo que debe suceder o de la valoración moral que merece un suceso o actuación. • No presenciamos cosas tales como vicios, inmoralidades o iniquidades. Sólo tenemos noticia de ciertas acciones, intereses, motivos, propósitos o pensamientos. • El único hecho del que tenemos impresión
clara es del sentimiento interior de aprobación o reprobación que ciertas
conductas provocan en nosotros, pero no tenemos impresión de su justificación o
fundamento racional. 6. El sentimiento, único fundamento de los juicios morales Ni la razón, ni el entendimiento ni el
conocimiento pueden servir de fundamento a los juicios morales: sólo el
sentimiento es capaz de explicar por qué actuamos como lo hacemos y hacer
comprensibles nuestras decisiones. Ante ciertas acciones o maneras de actuar
experimentamos un sentimiento de aprobación o reprobación moral, y ese
sentimiento es natural y desinteresado. Esta argumentación sobre los fundamentos
de la moral es típica de una corriente de filósofos moralistas desarrollada a
comienzos del XVIII en Inglaterra por Shaftesbury (1671-1713) y Hutcheson
(1694-1746), con seguidores actuales adscritos a la doctrina que se conoce como
emotivismo moral. 7. Negación del deísmo y de la religión natural en Hume Hume niega que exita una «naturaleza humana» que pueda servir de base a la religión. Eso a lo que llamamos naturaleza no es más que un complejo de impulsos, instintos y pasiones, ordenados y fijados de cierta manera por unos principios cuya naturaleza última es en sí misma inexplicable. Hume considera la razón algo tan desconocido e inexplicable como la naturaleza o la vegetación. Consecuencias: [a] A la religión no se le puede encontrar ni fundamento ni explicación racional. Surge de los sentimientos, y son el temor, la ignorancia y el miedo a lo desconocido lo que la alimenta. [b] Las creencias y los principios religiosos no son «más que sueños de hombres enfermos». [c] Pero no existe una respuesta tajante y
categórica al problema de la religión: constituye un enigma, un misterio. Una
vez más, el resultado de la crítica humeana es el escepticismo y la incapacidad
de ir más allá de lo que él considera límites naturales del conocimiento
humano.
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