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Aristóteles
nació en Estagira (Macedonia) en el año
385/4. Nicómaco, su padre, oficiaba como médico del padre de
Filipo de Macedonia, el rey Amintas III, que se decía
descendiente de la familia de los Asclepíades, una de las
dinastías médicas supuestamente descendientes de Asclepios.
En su infancia debió Aristóteles estar ligado a la corte
macedonia y a la vida palaciega.
En el 367/6, cuando tenía diecisiete años, se trasladó a
Atenas sin perder la
ciudadanía
de Estagira, donde ingresó en la Academia platónica para
estudiar.
Platón
debía tener unos cincuenta años por aquel entonces, y
Aristóteles debió ser uno de sus discípulos más brillantes
("el lector" le llamaba Platón).
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Allí
colaboró en la enseñanza y escribió algunos diálogos a la
manera platónica, de los que quedan unos pocos fragmentos:
Gryllos o De la Retórica.
En el 347 muere Platón, que había designado a su sobrino
Espeusipo como sucesor en la dirección de la Academia y
Aristóteles deja la Academia para dirigirse a Asso (Eólida)
acompañado de Jenócrates y Teofrasto. Allí, donde trabajaban
algunos platónicos, se convierte en consejero político y
amigo del tirano Hermias de
Atarnea, con cuya sobrina, Pitia, se casará más tarde.
Bajo su influencia, Hermias suavizó su política
reformando su constitución. Paralelamente, Aristóteles fundó
una escuela de carácter marcadamente científico, sobre todo
en el campo de la investigación biológica.
Tres años más tarde se traslada a Mytilene de Lesbos,
inducido por el mismo Teofrasto, donde enseñó hasta el año
343/2, momento en el que es invitado por Filipo de Macedonia
a aceptar el cargo de preceptor de su hijo
Alejandro,
el heredero del trono. Trató Aristóteles de convertir al
futuro rey en un verdadero griego, pero Alejandro tendrá una
visión política imperialista al modo oriental, incompatible
con los ideales griegos de libertad, autonomía y ciudadanía.
En Pela, corte del rey de macedonia, Aristóteles tiene
noticias del trágico fin de Hermias, sometido a tortura y
luego crucificado por haber conspirado con Filipo II de
Macedonia contra los persas. La aflición que le causó queda
de manifiesto en la inscripción y el bello himno que compuso
Aristóteles a su muerte. Cuando muere Filipo (335-334),
Alejandro sube al trono y Aristóteles regresa a Atenas donde
funda El Liceo o
Perípatos
(especie de peristilo o galeria cubierta donde se discutía y
se paseaba, que estaba situado cerca del santuario de Apolo
Licio). Allí ejerció sus propias enseñanzas durante trece
años separado ya del platonismo de la Academia.
En el Liceo se creará por primera vez una de las más
importantes bibliotecas en las que se recopilaban los más
diversos temas: investigación histórica, historiografía
filosófica, obras científicas sobre biología, física, etc.
A la muerte de Alejandro, en el 323, en Atenas se produce
una reacción antimacedónica, y como Aristóteles estaba
ligado con la monarquía de Macedonia, se le amenaza con un
proceso de impiedad, acusándole de haber inmortalizado a
Hernias en el himno que le compuso a su muerte. Temiendo
correr la misma suerte que Sócrates, Aristóteles huyó de
Atenas para refugiarse en Calcis de Eubea, lugar de
nacimiento de su madre y donde se hallaba su propiedad
familiar. Allí, una supuesta afección estomacal puso fin a
su vida al año siguiente, cuando tenía sesenta y tres años
de edad.
Consciente de su muerte, dejó un testamento (conservado
por Diógenes Laercio) en el que deja a su familia (su hija
Pytias, su hijo Nicómaco y su segunda mujer Herpillis) bajo
la protección de Antipáter, lugarteniente de Alejandro, y a
Teofrasto la dirección del Liceo. A la hija de su primer
matrimonio la entrega en nupcias a su ahijado Nicanor, hijo
del tutor que tuvo (Próxeno) cuando murieron sus padres.
Aristóteles pide también que no se venda a sus esclavos y
que se los libere en la edad adulta.
LA OBRA
DE ARISTÓTELES
Los escritos de Aristóteles pueden ser divididos en dos
grupos:
1. Las "obras exotéricas"
perdidas en los
primeros siglos de la era cristiana, fueron publicadas por
Aristóteles y literariamente eran diálogos similares a los
de Platón. Tenemos constancia de alguno de los títulos de
estas obras: Eudemo o Del Alma;
Protréptico; Gryllos o De la Retórica (contra
Isócrates); Sobre la Justicia.
2. Los
"escritos esotéricos"
Se trata de una
serie de manuscritos, notas que probablemente Aristóteles
utilizaba en sus cursos en el Liceo. Son los únicos que se
han conservado y fueron ordenados y publicados por el último
escolarca, Andrónico de Rodas. En la
actualidad seguimos la ordenación y los títulos que les dió
este último y listamos, a continuación, las obras según el
sistema seguido por Bekker.
Organon
De la Interpretación
Primeros Analíticos (dos libros)
Segundos Analíticos (dos libros)
Tópicos (ocho libros)
Refutaciones de Sofismas
Física (ocho libros)
Tratado del Cielo (cuatro libros)
De la Generación y de la Corrupción (dos libros)
Metereológicos (cuatro libros)
Tratado del Alma (tres libros)
Tratados biológicos:
[De la sensación
De la Memoria y del Recuerdo
De la interpretación de los sueños
De la respiración
De la Juventud y de la Vejez
De la lonjevidad y de la brevedad de la Vida.
De la Vida y de la muerte]
Historia de los Animales (diez libros)
De las partes de los animales
Del movimiento de los animales
De la marcha de los animales
De la generación de los animales (cinco libros)
Problemas (treinta y ocho libros)
Sobre Jenófanes, Meliso y Gorgias
Metafísica (catorce libros)
Ética a Nicómaco (diez libros)
Ética a Eudemo (cuatro libros)
Gran ética
Política (ocho libros)
Económica (dos libros)
Retórica (tres libros)
Poética (falta la segunda parte, sobre la comedia)
La Constitución de Atenas
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INTRODUCCIÓN
Teniendo
en cuenta las declaraciones del propio
Aristóteles en el comienzo de la Ética a
Nicómaco, donde dice que se debe preferir la
verdad a la amistad, lo que si parece cierto
es que después de una época platónica,
Aristóteles se separó de
su maestro:
la teoría de las ideas no le pareció
consistente.
De hecho, encontramos una crítica de ésta en
los libros A, M y N de la Metafísica.
En los dos últimos habla el filósofo de los
platónicos en tercera persona, poniendo de
manifiesto su voluntad de ruptura.
Sin embargo y pese a las profundas
diferencias entre ambos filósofos,
Aristóteles no perderá la visión dualista de
la realidad aunque sí echará por tierra la
transcendencia absoluta del mundo platónico
de las ideas: el
chorismós o abismo existente
entre las esencias eternas e inmóviles y la
realidad siempre cambiante del mundo.
No obstante, Aristóteles no suprime ese
abismo, sino que lo introduce en el interior
mismo de los seres terrenales (del mundo
sublunar), quedando a salvo del azar y la
contingencia el mundo supralunar: esa región
celeste y etérea absolutamente ordenada y
regular.
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CRÍTICA A LA TEORÍA DE LAS IDEAS
La crítica aristotélica se
centrará fundamentalmente en el carácter
separado y trascendente de las
ideas
platónicas
. Fue platón y no Sócrates (que se limitó a
buscar y definir la esencia de las cosas,
para poder conocerlas a través del lenguaje)
el que otorgó una existencia absolutamente
separada a las
esencias,
denominándolas ideas:
"Pero Sócrates no
atribuía existencia separada a los
universales ni a las definiciones. Sus
sucesores, en cambio, los separaron, y
proclamaron ideas a tales entes, de
suerte que les aconteció que hubieron de
admitir, por la misma razón, que había
Ideas de todo lo que se enuncia
universalmente."
(METAFÍSICA, M, 1078b 30)
Aunque Aristóteles no reduce la filosofía a
la física, ya que afirma la existencia de
seres no sensibles (esencias), sí renuncia
al carácter trascendente y separado de las
ideas, ya que éstas, en última instancia,
deben explicar los acontecimientos y seres
del mundo en que vivimos, si se quiere
construir una
ciencia ( episteme) que nos
incumba y no sólo una idea de la ciencia.
Por ello,
las esencias (que otorgan la necesidad y
permanencia que lo sensible no posee)
deben ser
inmanentes a las cosas mismas si
queremos reconocerlas como tales y que
cumplan su función: determinar a las cosas a
ser esto o lo otro. Si las ideas se
encontraran separadas no podrían determinar
a las cosas de ninguna manera, por ser
trascendentes a ellas. Además, los conceptos
platónicos de
imitación y
participación tampoco explican realmente
nada y añaden mayor confusión al asunto. Se
trata de hacer ciencia, no de crear bellos
mitos.
La teoría de las ideas tampoco cumple su
función explicativa de la realidad, porque
ellas, en su eternidad inmóvil son
incapaces de
explicar la existencia del movimiento y del
cambio de los seres, y mucho menos, de
ser causa de ellos. Efectivamente, al
platonismo se le presenta el siguiente
problema: si las ideas son eternas e
inmóviles, cómo dan razón de los cambios y
movimientos a los que están sometidos los
seres de este mundo, sobre todo teniendo en
cuenta que éste mundo nuestro no es más que
una copia e imitación de aquel. Mala copia
es este mundo ya que asume atributos que el
original no posee: el movimiento, el cambio,
la pluralidad.

Si se trata de hacer ciencia sobre el
mundo que nos interesa, en el que vivimos,
las ideas no satisfacen su función causal.
Por ello, Aristóteles asegura que es
imposible que las esencias de las cosas
estén separadas de las cosas mismas. Las
ideas son quimeras, hipóstasis de lo
sensible mismo. Y, por lo tanto, podemos
prescindir de la teoría platónica de las
ideas porque más que explicar la realidad,
la complica.
Sin embargo, Aristóteles no se separa del
todo de su maestro: al igual que Platón,
admitirá la existencia de seres no
sensibles, las esencias,
pero esta vez inmanentes (inoculadas) dentro
de las cosas singulares como su "forma" para
formar, junto con la materia, un compuesto
unitario: la substancia. En
ello consiste la
teoría
hilemórfica
de Aristóteles: introducir el mundo ideal
platónico dentro de nuestro propio mundo,
como un coelemento de éste, sin que perdamos
nuestra unidad. Esto tiene la ventaja de que
podemos hacer ciencia de lo que es inmutable
y universal sin perdernos en las alturas:
solo hay ciencia de las esencias, pero éstas
se encuentran en las cosas mismas: lo
universal se halla subsumido en lo
particular en un vínculo íntimo que nos
permite la unidad del hombre con la
naturaleza y el privilegio de su
conocimiento.
LA METAFÍSICA
ARISTOTÉLICA
La
Metafísica
Aristotélica comprende una serie de tratados
que escribió el filósofo en los últimos
períodos de su vida, después de su ruptura
con la Academia y el platonismo en general.
Sin embargo, él no es el autor del título de
dicha obra, sinó su traductor y recopidador:
Andrónico de
Rodas. Fue este el que tituló así a
estos tratados que físicamente se
encontraban después de los libros de la
Física. De ahí el nombre "ta meta tá
Physicá": más allá de la Física.
El nombre tuvo mucha fama y se acogió para
denominar hasta nuestros días a una
disciplina filosófica
que versa sobre el ser. Sin embargo, la
metafísica aristotélica mantiene una
dualidad problemática en torno a la materia
de que trata: metafísica designa no sólo a
la ciencia más general que existe (opuesta
por ello a las ciencias particulares), por
ser una
ontología o "Ciencia del ser ( tó ón) en
cuanto ser y sus atributos esenciales",
sino que él mismo denominó a esta ciencia
filosofía
primera o
sabiduría,
y en ese sentido puede asimilarse a la
teología,
es decir, una ciencia particular entre las
demás, que junto con la Física (o
filosofía
segunda) y las Matemáticas constituirían las
tres divisiones teóricas de la Filosofía.

En algo coinciden, no obstante, la
ciencia del ser en cuanto ser y la teología:
en que ambas son ciencias de los
primeros
principios, es decir, de aquellos que
fundamentan cualquier "región" de ser, en el
resto de las ciencias particulares. Por este
motivo la metafísica luego se dividió en
metaphysica generalis (o ciencia del
ser) y metaphysica specialis (o
ciencia del ser supremo, aunque particular).
Pero esta definición no es aristotélica,
sino bastante posterior.
De todo lo dicho se desprende la dificultad
inherente al problema del ser. Veámoslo.
Cada uno de nosotros
somos, es
decir, tenemos ser, existimos.
Algunos somos
perezosos y otros
somos
estudiosos.
Muchos son
morenos; otros muchos
son
castaños.
Cada cierto tiempo
son las
nueve y media o
es primavera.
Algunas cosas
son cálidas y otras
son
amarillas.
Unos somos
de izquierdas y otros
son de
derechas.
De las diferencias no cabe dudar (es agua
o fuego o poliuretano; arriba o abajo. verde
o esperanzador...).
Sin embargo hay algo que une íntimamente a
toda esta pluralidad de cosas, incluso a las
contrarias:
todas son. Tienen ser. Sobre todo lo que
pensamos podemos afirmar su existencia,
incluso de lo fabuloso también: las sirenas,
los ovnis, los centauros
son, aunque
sean una
ficción.
Pero si todo tiene ser de alguna manera, ¿Lo
poseen con idéntico sentido? ¿Se trata de la
misma forma de ser? ¿Hay un solo ser o una
sola forma de ser de la que participamos o
hay múltiples formas de ser?¿Tiene el mismo
sentido la cópula "ser" en las proposiciones
"yo soy un hombre" y en "yo soy un
impuntual"?¿Puede un hombre dejar de ser
hombre a ratos?¿Y un impuntual no serlo más
o, por lo menos, caritativamente dejar de
serlo alguna vez?
Según Aristóteles, todos los sentidos del
verbo ser se deducen de un análisis de las
proposiciones copulativas,
es decir aquéllas que conectan un predicado
con un sujeto: "Sócrates es hombre";
"Alejandro es músico"; "Mónica es mayor que
José"; "El alquiler es muy caro", etc,.
La estructura es la misma: A
(sujeto) es B (predicado),
pero los tipos de predicación, no se
refieren al sujeto de la misma manera.
Sócrates es hombre responde a la
pregunta ¿Qué es Sócrates? Es decir, nos
muestra la
esencia (hombre) de un sujeto
(Sócrates), definiéndolo.
Sin embargo, "Alejandro es músico" o "el
alquiler es caro" no responde a la esencia
de ese sujeto, ni lo define: Alejandro
esencialmente es hombre y accidentalmente es
músico. Uno puede dejar de ser impuntual o
músico pero, hasta que muera, no puede dejar
de ser hombre.
Todos estos sentidos del ser o tipos de
predicación son denominadas por Aristóteles
kathgoria ,
(categorías), que deriva de
la palabra griega atribución. El predicado
"hombre" no se refiere al sujeto de la misma
manera que el predicado "caro" o "músico".
Hombre hemos visto que se refiere a
la esencia
de un sujeto, es decir, lo que responde a la
pregunta ¿Qué es algo?. Las esencias definen
a los sujetos, por eso si en un diccionario
buscamos la palabra "alquiler" y no se nos
dice nada acerca de su precio ni sobre si es
caro o barato: éstos predicados no responden
a la pregunta ¿Qué es un alquiler? sino a
una cualidad o característica del mismo que
no es esencial: su precio.
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LAS
DIEZ CATEGORÍAS ARISTOTÉLICAS
Pues
bien, hay tantas categorías como diferentes
formas de ligar un predicado a un sujeto.
Aristóteles enumera diez:
-
La
esencia (o substancia)
-
La
cantidad
-
La
cualidad
-
La
relación
-
El
lugar
-
El
tiempo
-
La
situación
-
La
posesión
-
La
acción
-
La
pasión
Las diez categorías de Aristóteles son los
distintos modos en que atribuímos un predicado a
un sujeto y son, en definitiva, los distintos
modos de ser (que tiene algo).
Ahora entenderemos bien la afirmación que da
Aristóteles al comienzo del libro Z de la
Metafísica:
"Ser (tó ón) se dice en varios
sentidos, según expusimos antes en el libro
sobre los diversos sentidos de las palabras;
pues por una parte, significa la (Ousía)
esencia y algo determinado, y, por otra, la
cualidad o la cantidad o cualquiera de los
demás predicados de esta clase."
La
primera de las categorías es la
Ousía o
la esencia (la
substancia), es decir, aquello que responde a la
pregunta ¿Qué es?. La Ousía es la primera y
principal categoría porque sin ella no serían
posibles los demás modos de ser: Tiene que haber
algo que sea sujeto o al que se atribuyan los
demás predicados:
La casa (Ousía)
Es:
de 70 metros (cantidad), blanca (cualidad), En
Madrid (lugar), del siglo pasado (tiempo),
estropeada (pasión),...etc.
Sin casa, no podríamos atribuir el resto de
los predicados; Es decir, las demás categorías
no pueden separarse de la substancia u Ousía,
ya que son afecciones, cualidades o
determinaciones de la primera.
Para que algo sea rojo, tiene que haber un
algo (substancia) que lo sea. Tiempo,
relación. acción cualidad, cantidad, etc, lo son
siempre de y con respecto a algo.
Así pues, la
substancia (Ousía) es el ser propiamente dicho,
ya que todas las demás formas de ser lo son con
relación a ella.
LA SUBSTANCIA
La
substancia
es aquello que posee ser por sí misma y no
necesita de otras categorías para ser.
La subsatancia es el
sujeto del que
se predica todo lo demás. Es la categoría
fundamental porque el resto de ellas se dicen de
un sujeto, necesitan de un sujeto para ser:
rojo, cálido, enfadado, ... son afecciones,
modificaciones o acciones de un sujeto. Sin
éste, no pueden darse. No hay cálido sinó algo
(clima, carácter, agua, etc.) que muestra esa
cualidad. Pues bien, la Ousía o substancia, en
tanto que sujeto en el que se inhieren el resto
de las categorías, es el individuo particular,
la cosa individual y concreta de la que
predicamos (decimos) algo. Caballo, mesa, árbol,
piedra,... todos ellos son substancias y, como
veremos más adelante, compuestos hilemórficos.
Las afecciones, acciones y determinaciones de la
substancia (de los seres concretos y
particulares) son denominadas por Aristóteles
accidentes, es
decir, aquello que necesita de otro (de la
substancia) para ser.
Así, nos queda lo siguiente:
El
ser
se dice en múltiples sentidos; el primero es la
ousía o
substancia,
porque no necesita de otro para ser . También se
dice el ser como aquello que modifica, determina
o cualifica a las substancias : los
accidentes, que son las nueve
categorías restantes (cantidad, cualidad, lugar,
tiempo, etc.) y que mantienen una relación de
dependencia con la primera categoría, sin la
cual no pueden darse.

Aristóteles, especifica aún más qué sea la
Ousía, llegando a la siguiente consideración:
Hay una Primera ousía (próte
ousía), que es el individuo concreto, cada
ser individual que existe por sí mismo.
Pero hay también una Ousía segunda
(deutera Ousía) que es
la idea, la esencia
o quiddidad de ese ser. esto es,
la especie, el
concepto que tenemos y que define a ese ser. El
universal. Los
conceptos universales nos muestran la
esencia (qué es) de las cosas. El concepto
"perro" se aplica universalmente a todos los
animales de esta especie, sin tener en cuenta
sus accidentes. No se es más o menos "perro" por
tener el pelo castaño en vez de gris, o tal o
cual estatura. Los conceptos universales se
refieren a la esencia de los seres y no a sus
accidentes, que pueden cambiar y ser
absolutamente diferentes en un perro y en otro.

EL SER NO ES UN GÉNERO
Ya hemos visto que cada una de
las categorías es ser; sin embargo, el
ser no es un género cuyas especies serían las
categorías. El ser no se divide en
otros géneros inferiores o en especies del
género; Su división consiste en que se dice "de
múltiples maneras", según las categorías. Pero
éstas no se derivan del ser como si este fuera
un género precisamente porque su significación
no es única. Cada categoría es ser en un sentido
distinto.
Esto quiere decir que si el ser fuera un género
conllevaría diferencias y éstas ya no serían
ser. Por lo tanto es imposible. También sería un
absurdo que el ser fuera un género sin
diferencias. Así pues, el ser no nos dice nada;
no es esencia de nada ni puede serlo. Esto no
significa que no sea nada, sino que el ser se
escabulle en la pluralidad de sus
significaciones sin que podamos apresarlo: las
categorías.
Si la unidad del ser no es la de un género ¿Cómo
puede haber ciencia del ser en cuanto ser?
Aristóteles opina que puede haber ciencia del
ser en la medida en que la pregunta por el ser
remite a la pregunta por la esencia, por la
substancia, dado que todas las categorías se
inhieren en la Ousía para ser.
LA TEORÍA HILEMÓRFICA
Aristóteles le ha devuelto al
mundo su realidad: lo que "es" realmente son las
cosas (subsatancias) y no las ideas separadas de
Platón.
Estas substancias están compuestas de dos
coelementos o principios inmanentes:
la materia (hylé) y la forma (morphé).
El hilemorfismo
es la teoría que afirma que las substancias son
un compuesto de materia y forma. Veámoslo.
LA
FORMA
es la esencia
de la cosa, el qué es la cosa. Es decir, aquello
que determina a algo a ser ese algo y no otra
cosa. Por eso la forma es la
especie, las notas esenciales que hacen que
algo sea lo que es y, por lo tanto, pueda ser
conocido y definido. Esta forma es
eterna, pero no puede existir sin la
materia, el otro polo de la substancia.
La forma es también considerada la
naturaleza
propia de la cosa, es decir, su principio
inmanente de actividad y desarrollo por el cual
llega a hacerse como tal ser.
Nosotros seguimos utilizando actualmente esta
manera de hablar. Decimos que hay personas que
tienen una naturaleza irascible o inquieta.
LA MATERIA es
aquello que es determinado por la forma para
sacarla a la luz (hacer presente a la forma).
Sin materia no habría substancias. Y que
efectivamente las hay no es algo que haya que
demostrar.
La materia es indeterminada, ya que no posee
ninguna forma que la determine a ser algo. Es lo
que es susceptible de recibir una forma sin ser
de hecho ninguna. Sin una forma que la
determine, la materia no sería ni perceptible ni
cognoscible
Por lo tanto la materia
no es el material
de que está hecho algo. Madera, hierro,
plástico,... son todos materiales que ya tienen
una forma. Si podemos definir "madera" es porque
ésta ya posee de hecho un principio determinante
que la hace ser lo que es: madera.
La materia de la que habla Aristóteles (próte
hyle) o materia primera,
es algo carente de forma, de cualidades o de
extensión. Dicha materia es incorruptible y
opera como sustrato último de toda
determinación, aquello en lo cual tiene lugar
toda determinación. Por ello la materia primera
es informe e indeterminada, imperceptible ,
incognoscible y eterna.
A lo material conocido, perceptible, lo llama
Aristóteles
eschaté hyle, es decir, materia
próxima, que constituye la diversidad
de materiales que conocemos: bronce, mármol,
madera, poliuretano, vidrio, hierro, plástico,
etc. Esta no es la materia pura porque ya está
determinada por una forma (la forma de bronce,
la forma de mármol, etc.).
Así pues, la substancia
está formada por dos coelementos eternos,
materia y forma,
que son diferenciables tan solo por el
pensamiento y no en la realidad física, donde
siempre se dan indisolublemente unidas la una a
la otra. Aristóteles ha solucionado así el
problema de la trascendencia de las esencias, al
quedar estas inheridas dentro del compuesto.
Paradójicamente, no obstante es la
materia
la que
individualiza las formas o las especies,
produciendo la multiplicidad y diversidad de
seres dentro de una misma especie. Todos somos
hombres por tener la misma esencia común, pero
no todos somos iguales. Las diferencias
sobrevienen por la materia: ésta recibe de
múltiples maneras la forma universal.
"La especie
en esta carne y estos huesos es Calias o
Sócrates. Se distinguen por la materia, que
es distinta, pero son lo mismo por la
especie, ya que ésta es indivisible"
(Met. V, 8, 1034a 5)
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