Eres
el hilo que lo conecta todo, me hilvana a la
música, al color, a las palabras, a los
sentimientos, a la naturaleza, al pensamiento,
al deseo, al espíritu.
Antes de encontrarte, yo era un ramo de cosas
entremezcladas, ahora soy una luz única en la
que todo está fundido, aglutinado, amasado sin
grumos, procesado, unificado en el sentido
literal del término. Diste vuelta el cielo para
volcarme las estrellas. Ovillaste el canto para
atármelo al alma. Aunque me quede quieta pongo
en movimiento todo lo que construye al mundo:
ternura, alegría, amor. Y lo que lo transforma:
mareas, huracanes, hielos, fuegos, sequías...
Me voy abriendo. Y al abrirme, me expando,
crezco, llego a los confines, vuelvo y entro en
mí. En todas partes estás, precediéndome o
esperándome. Eso es lo que más amo en ti: tu
puntualidad para vencer mi soledad. Tu
perseverancia para pulverizar mi pena y echarla
al aire. Tu fuerza para ocupar los espacios
ambiguos que existen en un ser: el espacio de la
duda, el de la indecisión el de la inquietud, el
del desgano... Los transformaste en depósitos de
vida, latidos de reserva, semillas de tumbergias
rosadas (que ya no sé si existen estas flores
cuyo nombre me enseñó Silvina Ocampo). No te voy
a decir que es la primera vez que me enamoro,
porque no es verdad. Pero sí es la primera vez
que "me enamoran". Que no elegí, que no ejercí
el control desde el principio. Que sucedió sin
que me diera cuenta. Que cuando supe, ya lo
habías resuelto. Y empecé, entonces, a
desatarme.
A abrir todas las puertas. A deshacer los nudos.
A tirar las piedras a los costados del camino. A
respirar llenando los pulmones. A desprenderme
culpas y dolores, resentimientos y rencores y
dejarlos en papeleros amarillos. Me gusta tu
nombre estereofónico, tu voz vibrante y
áspera... ¡bah, todo me gustas!
De pe a pa. Tu risa un poco tímida. Tus manos
sensitivas. La forma en que entornas los ojos
con un movimiento casi infantil, como si los
párpados pudieran defender todo lo que se lee en
ellos. Y tu mirada rápida, directa, que se
adelanta siempre a tus palabras, como si les
fuera abriendo paso. Me gusta que te importe lo
que digo, lo que pienso, lo que siento. Que
tengas curiosidad por todo lo que tiene que ver
conmigo. Que estés constantemente tratando de
asomarte a mi corazón. Para que puedas espiarlo,
lo dejo descubierto. Quiero que sepas de mí más
de lo que yo misma sé. Que por una vez en mi
vida alguien me explique por qué hago o digo...,
alguien me dé un consejo acertado, me haga
razonar, me brinde un poco de par..., alguien me
saque del torbellino cotidiano, de la envidia de
los inútiles, del orgullo de los ínfimos y del
desagradecimiento de los mendicantes. Alguien
que puede mirar de frente el rostro de los
ángeles y que hasta los conoce por sus nombres.
Alguien que guarde boletos capicúa, programas de
cine, servilletas con el nombre de las
confiterías, cajitas de fósforos, sobrecitos de
azúcar de todos los lugares por donde viaja.
Alguien que conoce el nombre de las estrellas y
puede señalar las constelaciones. El hilo que lo
conecta todo: cuerpo, mente y espíritu, con la
fuerza del cosmos y la vitalidad de la
naturaleza. Un hilo que me envuelve, que me
hilvana al diamante y a la flor, a la espuma del
mar, al granizo, al vuelo del cóndor, al aletear
mágico del colibrí, a tu voz, a tu abrazo, a las
esquirlas de tu amor cayéndome en el.