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Para toda la aflicción, que con frecuencia
era insoportable, encontré una salida cuando empecé a dibujar
y a pintar, cosa que jamás había hecho en la vida. Una cosa es
que esto tenga objetivamente valor; para mí es una nueva
inmersión en el consuelo del arte, que apenas podía darme ya
la poesía. Es darse sin avidez, amar si deseo". De una
carta a Felix Braun, 1917
"Mis pequeñas acuarelas son
una especie de poesías o sueños, sólo proporcionan un lejano
recuerdo de la 'realidad' y varían según los sentimientos y
las necesidades personales (...), el hecho de que yo (...)
sólo sea un aprendiz es algo que no olvido". De una carta a
Helene Welti, 1919
"Producir con plumilla y pincel es
para mí el vino cuya embriaguez hace que la vida sea tan
cálida y hermosa que se pueda soportar". De una carta a
Franz Karl Ginzkey, 1920
"Me quedo en motivos
paisajísticos muy sencillos, parece que no puedo avanzar más.
Veo perfectamente lo hermoso que es todo lo demás, los aires y
los animales, la vida en movimiento e incluso lo más bello,
los seres humanos, que con frecuencia están conmovidos y casi
desconcertados, pero no puedo pintarlos". De una carta a
Cuno Amiet, 1922
"En estos años, desde que me dedico a
pintar, me he ido distanciando de la literatura (...), hacia
la que no habría sabido tomar otro camino. Que además lo
pintado tenga por sí mismo algún valor o no, es algo
totalmente secundario. En el arte, al contrario de lo que
sucede en la industria, el tiempo no desempeña ningún papel;
hay tiempo perdido cuando sólo al final se alcanza lo posible
en intensidad y perfección. Como poeta, sin la pintura no
habría llegado tan lejos". De una carta a Georg Reinhart,
1924

Torello, 1927
"Por mi propia experiencia, sólo
conozco ya una tensión y una concentración similares (a las de
escribir) en la actividad de la pintura. Esto es lo que
sucede: adaptar cada color individual al color vecino de modo
correcto y cuidadoso es algo hermoso y fácil, se puede
aprender y luego se puede practicar todo lo que se quiera.
Pero, tener además presente todas las partes del cuadro,
incluso las que todavía no se han pintado y no son visibles, y
hacerlo de modo consistente y tenerlas en cuenta, sentir toda
la red de múltiples mallas de vibraciones que se entrecruzan,
es asombrosamente difícil y sólo se logra rara vez". De
Kurgast ("Huésped de balneario"), 1925
"Tengo en
las manos mi sillín de pintar, es mi aparato mágico y mitón,
con cuya ayuda ya he hecho magia mil veces y he ganado el
combate contra la estúpida realidad. A la espalda llevo la
mochila, en la que está mi pequeño atril y mi paleta con las
acuarelas, y una botellita con agua para pintar, y algunas
hojas de bonito papel italiano..." de Ohne Krapplack
("Sin barniz de granza"), en Berliner Tageblatt,
1928
"Cada uno de nosotros, artistas, aunque tenga que
dudar mucho de sí mismo y considere que su talento y su
habilidad son horripilantemente pequeños, tiene un sentido y
una misión y, si permanece fiel a sí mismo, en su lugar rinde
algo que sólo puede dar él. Si tú pintas conmigo en Tessin y
los dos pintamos el mismo motivo, cada uno de nosotros no
pintará tanto una porción de paisaje, como su propio amor a la
naturaleza, y ante el mismo motivo cada cual hace algo
distinto, algo único (...). Y ¡cuántos pintores que en el arte
se consideraron chapuceros o bárbaros, más tarde demostraron
ser nobles luchadores cuyas obras son con frecuencia de mayor
consuelo y más amadas por los sucesores que las mayores obras
de los maestros clásicos!". De una carta a Bruno Hesse,
1928

Carona, 1927
"En mis poesías con frecuencia se echa de
menos el respeto habitual a la realidad, y cuando yo pinto,
los árboles tienen caras y las casas ríen o bailan o lloran,
pero que un árbol sea un peral o un castaño es algo que en
general no se puede reconocer. Debo aceptar este reproche.
Confieso que muchas veces mi propia vida me parece un cuento.
Con frecuencia veo o siento el mundo exterior en un contexto y
equilibrio con mi interior que debo llamar mágico". De: Kurzgefasster
Lebenslauf ("Biografía resumida"), 1925
"Yo no dedico gran afán a la posesión; me
separo fácilmente de las cosas y las doy con facilidad. Pero
ahora me abruma un afán por querer retener, sobre el cual a
veces debo sonreír. En el jardín, sobre la terraza, junto a la
torrecilla bajo la veleta, me siento día tras día y permanezco
quieto durante horas, y de pronto me lleno de actividad y con
lápiz y pluma, con pincel y pinturas, trato de reproducir esto
y aquello de la floreciente y efímera riqueza que hay. Dibujo
con esfuerzo las sombras de la mañana en la escalera del
jardín y las revueltas de las gruesas serpientes de glicinias,
y trato de reproducir los lejanos y vidriosos colores de las
montañas al atardecer, que son tan delgadas como un hálito y
tan radiantes como joyas. Después vuelvo a casa cansado, muy
cansado, y cuando por la noche coloco mis hojas en la carpeta,
casi me entristezco al ver lo poco que pude anotar y conservar
de todo ello". De: Zwischen Sommer und Herbst
("Entre el verano y el otoño"), 1930
"En respuesta a su saludo le envío un
cuadrito que he pintado estos días, pues dibujar y pintar es
mi forma de descansar. El cuadrito pretende mostrarle que la
inocencia de la naturaleza, la vibración de un par de colores,
incluso en medio de una vida difícil y problemática pueden
devolvernos en cualquier momento la fe y la libertad en
nosotros". De una carta a una estudiante en Duisburgo,
1930.
De Magie der Farben ("La magia de los
colores") de Hermann Hesse, acuarela de Tessin. Editada por
Volker Michels |