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Nació el 23 de
febrero de 1685 en la ciudad de sajona de Halle, en
el seno de una familia acomodada aunque carente de
una tradición musical al estilo de la de su
contemporáneo Johann Sebastìan Bach o de Domenico
Scarlatti, también nacido en 1685 y con quien le
unió una fructífera amistad.

Su padre,
Georg Haendel (1622 – 1697), barbero–cirujano que
trabajaba por su cuenta, se había casado en segundas
nupcias con Dorothea Taust (1651 – 1730), 28 años
más joven que él, la cual complementaría la familia
con 3 hijos más, el compositor y 2 niñas.
George Haendel era un hombre prudente como buen
luterano y buen burgués, respetuoso con las
tradiciones y conocedor del libro sagrado. En el
seno de esta familia vivió sus primeros años Haendel
rodeado por el afecto de su padre ya anciano, algún
hermanastro, sus dos hermanas y su madre por la que
sintió toda su vida un gran respeto.

En sus primeros
años, el duque de Sajonia-Weissenfels, después de
escucharlo recomendó a su padre que desarrollara las
facultades musicales que poseía, fue así como empezó
a recibir clases con Friedrich Wilhelm Zachow,
organista de la Marienkirche abierto de pensamiento,
que lo inició en el conocimiento no solo del órgano,
sino también del clave, el violín y el oboe, también
le enseñó las bases de contrapunto, la fuga y la
instrumentación. Fue a su lado donde Haendel
descubre una serie de técnicas y métodos que
repetiría de manera constante en las obras de
madurez como las Arias alemanas que fueron
compuestas en su niñez.
Ya a la edad de 11
años, conoce de cerca la corte de Federico III, y
fue tanto el aplauso y la admiración que causó su
dominio del teclado, que el mismo rey le ruega a su
padre que le dejara bajo su protección para
proporcionarle una formación adecuada. A pesar de
esta oferta regresó a Halle a continuar su formación
humanística y por supuesto la musical.

Sin embargo, esta
vida rutinaria de estudio y práctica de la música no
llenaba sus ansias musicales por más que en
ocasiones empezara a sustituir a Zachow en el órgano
de la iglesia y que, en 1702, obtuviera un contrato
como organista de la catedral de Halle. Se cree que
fue esta época cuando conoció a Georg Philipp
Telemann (1681 - 1767), con el que le unió una
amistad duradera. Finalmente, en 1703, no pudieron
soportar el ahogo de la rutina de maestro de capilla
y terminados sus estudios en la universidad, se
trasladó a Hamburgo. A sus 18 años, Haendel poseía
un dominio suficiente de casi todos los aspectos de
la música, pero se sentía enormemente atraído por el
género rey. El lugar más idóneo para satisfacer sus
deseos era Hamburgo, que fue la primera ciudad
alemana en contar con un teatro de ópera, fundado en
1678. La nueva forma teatral barroca, nacida a
principios de siglo en Florencia, no había
fructificado antes en el centro de Europa a causa de
la guerra de los Treinta Años que había sumido a
Alemania en una gran miseria cultural. Hamburgo fue,
por lo que respecta a la ópera alemana barroca, lo
que Venecia a la italiana.
En esta ciudad
entabló una fructífera amistad con Johann Matasen
(1691 - 1764), teórico e historiador de música que
se convirtió en profesor, introductor en los
círculos culturales y a la vez alumno de Haendel.
Esta amistad juvenil hecha de confidencias y de
necesidades llevó a ambos amigos a Lübeck, en la que
el anciano Dietrich Buxtehude (h. 1673 - 1707) iba a
dejar su supuesto de organizar en la Marienkirche a
quien lo mereciera y aceptara a la vez casarse con
su ya no joven hija. Con estas condiciones ambos
amigos rechazaron el cargo.
A la vuelta,
Matheson proporcionó alumnos a Haendel para que
pudiera mantenerse y lo hizo ingresar en la orquesta
de la Ópera hamburguesa, circunstancia que le
permitió, de modo excepcional, conocer a fondo el
nuevo género, que se nutría principalmente de obras
italianas y francesas. Este conocimiento tan de
primera mano de la ópera tocó hasta tal punto la
fibra musical del joven Haendel, que desde entonces
la mayor actividad de su vida se desplegó en esta
dirección.

Reinhard Keiser
(1674 - 1739, por entonces director de la Ópera de
Hamburgo, no supo aceptar el éxito haendeliano de la
Pasión según San Juan (1704), que fue recibida con
menos críticas que la suya, y de la primera ópera,
Almira, estrenada el 8 de enero de 1705; tanto en
una como en otra Haendel dio muestras de su gran
capacidad para reunir diversos elementos, como son
las arias italianas, las referencias a la cantata
alemana y alguno de los motivos del propio Keiser,
en un conjunto muy homogéneo.
Poco después el
público, que no supo comprender la transparencia
orquestal de la que Haendel empezaba a hacer gala,
rechazó su segunda ópera, Nero (1705), y éste, como
buen perdedor, se retiró a la espera de ocasiones
mejores, componiendo entre tanto algunas Sonatas,
algunos de los conciertos para oboe y parte del
Klavierbuch aus der Jungenzeit, libro para iniciarse
en los instrumentos de teclado.

La quiebra de
Keiser como empresario al frente de la Ópera
hamburguesa fue la causa decisiva de que aceptara la
invitación de Gastón de Médicis, hermano del gran
duque de Toscana, para viajar con él a Italia. Las
especulaciones sobre qué habría sido de la ópera
alemana barroca si el éxito hubiese sonreído a
Haendel son vanas; el compositor llevaba en su seno
un potencial que fue abonado en Italia y
desarrollado en las duras batallas londinenses. La
realidad es que con la partida de Haendel en 1706 se
certifica la defunción del género en del genero en
Alemania hasta la aparición de Gluck, Mozart y Hadn,
en la segunda mitad del siglo. Haendel marchó a
Italia, ilusionado por las noticias que tenía de la
vida musical florentina, pero sus ilusiones se
vieron pronto defraudadas porque, aunque la corte
mantenía a Alessandro Scarlatti (1660 - 1725 ) como
compositor de óperas y oratorios, el ambiente
general de indiferencia hacia la música era
decepcionante. A principios de 1707 decidió
trasladarse a Roma, donde tocó en San Juan de Letrán
e hizo las primeras composiciones sobre los salmos
Laudate pueri Domino, Nisi Dominus y dixit Dominus,
que muestran influencias de su antiguo profesor en
Halle, por una parte, y de las novedades que iba
conociendo en sus viajes, por otra, ya que en los
primeros meses de estancia en Italia se dedicó al
estudio de los compositores italianos de moda,
Benedettó Marcello (1686 - 1736), Giacomo Carissimi
(1605 - 1674) o incluso los dos Gabrieli (Andrea, h.
1515-1586, y su sobrino Giovanni, 1557-1612).

La grandiosidad
armónica y el sentido dramático que iban impregnado
las obras del compositor alemán le permitieron
entrar en los círculos musicales romanos. El
cardenal Colonna le encargó algunas obras destinadas
a la virgen y el cardenal Ottoboni, que se había
rodeado de músicos de la talla de Domenico Scarlatti
(1685-1757) o Antonio Caldara (h. 1670-1736), le
recibió en sus veladas musicales de los miércoles,
para las que compuso algunas obras. Pero, consciente
de la necesidad de escribir obras de mayor
envergadura y ante la imposibilidad de estrenar
alguna ópera en Roma por falta de un local adecuado,
se trasladó de nuevo a Florencia. Allí, en verano de
1708, estrenó Rodrigo, que fue acogida con éxito
suficiente como para que Haendel creyera llegado el
momento oportuno de lanzarse a la conquista de
Venecia. Su estancia en la capital italiana de la
ópera, a la que llegó lleno de esperanzas, no se
plasmó en nada concreto cosa que conocer más a fondo
la ópera de Alessandro Scarlatti y sus
contemporáneos.
En Roma tenía
puertas abiertas por su extraordinario éxito
florentino y, con ayuda de Domenico Scarlatti, logró
estrenar los oratorios. Las Resurreziones (1708) e
II trionfo del Tempo e del Disinganno (1707), en
sesión dirigida por Corelli. Su amistad con el hijo
del gran Alessandro Scarlatti fue muy fructífera y
les llevó a competir, de modo amistoso, por el
predominio sobre el teclado; si bien Haendel hubo de
reconocer la maestría de Domenico en el clave, el
sajón superó al italiano en el órgano. También con
ayuda del napolitano logró entrar en los círculos de
la Academia Arcadia, una de las tantas instituciones
fundadas con la finalidad de promover la cultura a
su más alto nivel. Para los miembros de la Arcadia
compuso un centenar de cantatas profanas de formato
muy diverso, y que se distinguen por su gran calidad
musical.
En mayo de 1708
partió a Nápoles con Scarlatti, donde permaneció
hasta el mes de julio. Esta ciudad era, en German,
la sede de la nueva escuela operística llamada a
renovar el género a lo largo del siglo XVIII.
Acogido con grandes honores, recibió el encargo de
componer una cantata para la boda del duque de
Alvito, Aci, Galantea e Polifemo (1708), y escribo
además 7 arias francesas, una cantata española, No
se enmendará jamás, repleta de elementos aprendidos
en las tierras del sur, y y una ópera bufa,
Agrippina, que no sería estrenada hasta el 26 de
diciembre de 1709 en el teatro de San Juan
Crisóstomo de Venecia y cuya apoteósico éxito le
valió el reconocimiento internacional.
Cuando Haendel
parecía decidido a quedarse en la ciudad de los
canales para sacar el máximo provecho de su éxito,
recibió la tentadora oferta de ocupar la plaza de
maestro de capilla de la corte de Hannover.
Abandonó, pues, Italia en 1710 y se dirigió a
Hannover, para no volver hasta nueve años más tarde
en busca de cantantes para sus óperas. La estancia
en Italia, en la época en que el Barroco llegaba a
las más altas cotas en el campo de la música para
teatro y en el de la música de cámara, fue, como
puede fácilmente intuirse, de gran importancia para
el caro sassone. Como muy bien suele decirse,
Haendel ya no pudo escribir como lo hacía antes de
este viaje.
Con el gran
sentido de la oportunidad que siempre le
caracterizó, Haendel no firmó el contrato con el
elector de Hannover sin antes introducir una
cláusula que le permitía disponer de un permiso de
12 meses. A finales de 1710, es decir, pocos meses
más tarde de la firma de la firma del contrato,
Haendel marcó a Londres. LA corte londinense, falta
de estímulos musicales autóctonos desde la muerte,
quince años antes de Henrry Purcell y ante la
generosidad de la pléyade de mecenas que iban
surgiendo, se fue llenando de músicos que importaban
las tradiciones italiana, germánica y francesa. En
el campo de la ópera, contando sólo con una obra de
la envergadura del Dido and Aeneas purcelliano,
Londes era una sucursal de Italia, abierta
plenamente a esta actividad teatral con el furor que
suele caracterizar a los nuevos ricos.
Precedido de la
fama que ya formaba parte de su personalidad y que
había llegado incluso hasta oídos de la reina Ana,
pocas semanas después de su llegada, en febrero de
1711, Haendel pudo estrenar la obra Rinaldo en el
King's Theatre, que se basó en un texto inspirado en
la Jerusalén liberada de Tasso y el Orlando el
furioso de Ariosto. El éxito de la representación
permitió al compositor reincorporarse a su cargo de
Kapellmeister en Hannover, con la seguridad de haber
conquistado el aprecio de la ciudad que pronto sería
la suya para el resto de sus días.

El Mesías
En Hannover,
cumpliendo con los deberes de su oficio, escribió
algunas sonatas dedicadas la esposa del elector.
Pero ante la imposibilidad de representar su Rinaldo
a causa de la inactividad del teatro local, y debido
a la atracción cada día más fuerte que sentía por
Londres en 1712 pidió de nuevo licencia para
trasladarse a la capital británica, donde se instaló
definitivamente. Allí, a finales de 1712, estrenó II
pastor fido y Teseo, pero su escaso éxito, que no
permitió pasar de unas pocas representaciones,
inclinó al compositor a retirarse discretamente de
escena para estudiar la situación y abrirse camino
por otros senderos.
Hábil político,
supo ganarse el favor de la reina Ana compuso una
oda para conmemorar su aniversario quien consiguió
que se encargara a Haendel, a pesar de ser
extranjero, una obra para conmemorar la paz de
Utrecht con la que finalizaba la guerra de Sucesión
de la corona española que había enfrentado desde los
primeros años del siglo a franceses y españoles
contra austríacos, ingleses, prusianos y
portugueses.
El Te Deum "Utrech"
y el y el Jubilate "Utrecht", cantados el 7 de julio
de 1713 en la catedral de San Pablo, fueron el
primer gran éxito cortesano que confirmó la
categoría del Haendel como compositor, que ya sabía
sacar un buen partido de los grandes acordes y los
silencios, los cuales, sumados a los ritmos
saltarines, daban a su obra una majestad muy
oportuna para conmemorar la ocasión. Su privilegiada
posición se vio, sin embargo, seriamente
comprometida con la muerte súbita de la reina en
1714 y con la coronación de Georg-Ludwig de Hannover,
con el nombre de Jorge I, como nuevo rey. Haendel se
vio ante la triste situación de tener que buscar el
apoyo de su antiguo soberano, al que años antes
había dejado plantado. No era extraño que el monarca
buscase congraciarse con sus nuevos súbditos y que
para ello aprovechase el prestigio internacional de
que gozaba Haendel; es más, incluso lo llevó consigo
en el viaje que efectuó a Hannover en 1716, viaje
que permitió a Haendel componer una Pasión, conocida
como Pasión Brockes, por ser éste el autor del texto
que serviría más adelante para Keiser, Telemann y
Johann Sebastián Bach.
De nuevo en
Londres, Haendel compuso una de sus obras
instrumentales de más prestigio, la Música acuática,
estrenada en julio de 1717. Hasta entonces, alojado
en Londres en casa del conde de Burlington, Haendel
no había ofrecido más que obras ocasionales ya que,
de momento, necesitaba situarse y buscar punto de
apoyo. El primero de ellos le vino con la invitación
del duque de Chandos, mecenas enriquecido, que le
recibió en su fastuoso palacio de Cannons a finales
de 1717, en el que permaneció hasta 1719.
En Cannons el
sajón se inició en un género que le proporcionó una
gran gloria: la música vocal de inspiración
religiosa en lengua inglesa. En el palacio ducal
compuso la serie de anthems conocidos como los
Chandos Anthems, inspirados en los salmos bíblicos,
así como la nueva versión de la cantata profana Acis
and Galatea (1718), sobre texto de Hhn Gay, y la
primera versión del oratorio Hamman and Mordecai
conocido como Esther (1718). Este período marcó a
Haendel la línea a seguir en su actividad musical
posterior.
En el año de 1719
Haendel ocupó el cargo de director musical de la
Royal Academy of Music, viajó a Italia a reclutar
primeras voces, para iniciar la temporada en 1720,
logrando su primer éxito apoteósico con Radamisto,
que se basó en un texto de su colaborador Nicola
Haym (1678 - 1729) inspirada en los Anales de Tácito
para mostrar el conflicto entre el amor y la
política. El éxito inclinó a Haendel a pedir al rey
un privilegio de protección de derechos de autor, lo
que da idea de lo peligrosas que empezaban a ser la
ediciones piratas de las partituras haendelianas.
Poco después los
compositores Giovanni Battista Bononcini (1670-1755)
y Filippo Amadei (1690 - 1730)fueron contratados por
los empresarios de la Royal Academy para completar
las temporadas. Este hecho supuso un duro golpe para
el compositor sajón, pues el público empezó a
decantarse por las primeras composiciones llenas de
aire sensual de Bononcini. Herido en su orgullo,
Haendel escribió a marchas forzadas, arrancando
éxitos sonados con Ottone (1723), Giulio Cesare y
Tamerlano (1724), Rodalinda (1725), Scipione,
Alessandro y Admento (1726-1727).
Lo que en
principio no debía ser más que una de tantas
querellas entre artistas para imponer determinados
gustos musicales acabó con la victoriosa
consagración de Haendel. Sin embargo, la rivalidad
entre las sopranos Francesca Cuzzoni la Parmigiana
(1700-1770) y Faustina Bordoni (1693-1781), que
llegaron incluso a agredirse en una representación
de Bononcini el 6 de junio de 1727, ante la
presencia atónita del público y del príncipe de
Gales, muy pronto a acceder a la corona. Aunque el
prestigio el prestigio de Haendel no decayó, puesto
que se le encargaron los Coronation Anthems,
cantados en la coronación de Jorge II y el 11 de
octubre de 1727, la ópera y todo cuanto estaba
relacionado con ella quedaron heridos de muerte. La
Royal Academy fue disuelta en 1728. Ante esta
situación, y como ya era habitual en Haendel, se
retiró de la escena para recuperar fuerzas y
reconsiderar la situación. Dos años después, junto
con Johann Jakob Heidegger, empresario de King's
Theatre fundaron una sociedad musical con el mismo
nombre, Royal Academy of Música, que obtuvo del rey
el permiso para reutilizar el material de la antigua
sociedad. Haendel marchó de nuevo a Italia en busca
de voces. Allí fue recibido con entusiasmo por los
círculos musicales italianos a los que son duda
había llegado el eco de sus éxitos londinenses. El
músico aprovechó el viaje para visitar en Halle a su
madre, que, ciega como después lo sería su hijo,
estaba viviendo sus últimas semanas.
La segunda edición
de la Royal Academy of Music estuvo jalonada de
fracasos. Las nuevas óperas no gustaron. Debido a
ello Haendel tuvo que recurrir a éxitos anteriores
para completar la temporada. Además, las voces no
estaban a la altura de las exigencias del público,
viéndose en la necesidad de contratar al célebre
castrato de nombre Senesino, que ya había figurado
en la primera sociedad. Estrenó un buen número de
óperas: Poro, rèdell'Imdie (1731), Ezio (1732),
Sosarme, rè di Media (1732), todas ellas según
libreto de Pietro Buonaventura Metastasio
(1698-1782), que se estaba imponiendo como
libretista de moda debido a sus conocimientos
históricos y escénicos, y Orlando (1733), inspirado
en el texto de Ariosto. Para completar la temporada
recurrió al oratorio en inglés Dehorah (1733), que
obtuvo un éxito aceptable.
Para colmo de la
situación, un grupo de nobles aliados por razones de
tipo político y amparados por el príncipe de Gales,
descontento con la actividad de la Royal Academy
protegida por su padre el rey, fundaron en 1733 la
Nobility Opera. La nueva compañía contrató al
célebre castrato Carlo Broschi, llamado Farinelli
(1705-1782), a la Parmigiana, al compositor Nicola
Porpora y a la compañía de Haendel. Su socio
Heidegger, viendo mejores ganancias y mayor
prestigio en la nueva institución, ofreció el año
siguiente el King's Theatre a la Nobility. Si en la
primera Royal Academy of Music Haendel fue director
musical y en la segunda socio de la empresa, en la
tercera, que fundó en 1733, fue el alma y pronto el
único socio, debido enfrentarse solo a un enemigo
fuertemente pertrechado. La Nobility contrataba lo
mejor del mercado y las obras de Porpora y Hasse
(compositor amigo de Haendel que no rechazó la
oferta de la nobility por estar casado con la
soprano Francesca Cuzzoni) se fueron sucediendo con
bastante éxito.
A partir de 1734,
en el Convent Garden y con una compañía de
aficionados, Haendel se vio obligado a componer,
rehacer obras anteriores e incluir oratorios,
conciertos para órgano y concerti grossi en los
programas. La batalla se presentaba a todas luces
desproporcionada y acabó con las fuerzas del
compositor empresario.
En 1737, ambas
compañías se vieron obligadas a cerrar a causa de la
muerte de la reina Carolina. Al fracaso de la
compañía de Haendel vino a sumarse un amago de
infarto que obligó al compositor a descansar en un
balneario. Con esta absurda batalla política -
operístico, Londres cerró definitivamente las
puertas a la posibilidad de crear una escuela
operística autóctona. Habrá que esperar hasta el
siglo XX para que esto se haga realidad.
En el breve lapso
de tiempo que va desde el fracaso de la compañía
hasta su definitiva ruptura con la ópera en 1741,
Haendel estrenó todavía Faramondo (1738), Serse
(1738) y Deidamia. Estos años son representativos en
la biografía de Haendel por sus obras líricas
italianas, sino por otro tipo de creaciones: su Opus
5 (sonatas para diversos instrumentos y bajo
continuo), los doce Concerti Grossi del Opus 6, el
primer grupo de Conciertos para órgano del Opus 4,
la Oda para la festividad de Santa Cecilia (1739) y
los oratorios Saúl (1739) e Israel en Egipto (1739).
Debemos hacer aquí
mención de la gran capacidad de trabajo que poseía
Haendel; cuando veía claro el camino y la prisa lo
atenazaba, se sumergía en la composición de forma
obsesionada; Ello explica que pudiera componer a
contrarreloj para sus temporadas teatrales o que
cuando recibía encargos urgentes, como el acontecido
a la muerte de la reina Carolina, compusiese en sólo
cinco días, en plena batalla con la Nobility Opera,
el Funeral Anthem (1737), que no es una obra de
encargo fría y distante.
Haendel fue
adiestrándose en el campo del oratorio en lengua
inglesa que ya cultivaba desde hacía largos años.
Pero su gran contradicción interna entre sus
intenciones y los gustos cada vez más determinantes
del público burgués londinense acabaron por
convencerle de que debía aceptar la invitación de
William Cavendish y para 1741 se trasladó a Dublín,
donde dio una larga serie de conciertos de abono
formada por sus obras más relevantes en el campo de
la música vocal.
Terminada esta
temporada, Haendel se dedicó permanentemente al
nuevo género, pero no fue solamente una opción
económica lo que lo llevó a dejar la
.Ópera por el
oratorio, también su fervor religioso que quedó
plasmado en su música.
Haendel no fue un
músico artesano dependiente económicamente de un
príncipe o de una alta jerarquía eclesiástica, como
era habitual en su época, sino que a su debido
tiempo supo prescindir de esta sujeción y
organizarse su propia actividad musical.
Si bien es cierto
que muchas de sus obras, sobre todo las
instrumentales y algunas de las vocales, fueron
compuestas por encargo de una institución o de un
personaje de la nobleza, los géneros que dieron
prestigio al compositor - la ópera y el oratorio -
fueron creados en un ambiente de libertad
relativamente amplio para le momento que estamos
considerando. Haendel tenía fama de buen vividor y
se preocupó siempre que su economía particular no
fuera nunca deficitaria; poseía una pensión de 200
libras que le había concedido la reina Ana y que los
sucesivos monarcas ingleses le fueron renovando; sus
conciertos dedicados a conmemorar ocasiones
señaladas fueron ampliamente remunerados y además
las diferentes ediciones de la Royal Academy of
Music le proporcionaron siempre unas ganancias netas
que estaban muy por encima de lo que un músico de la
época podía aspirar a ganar con sus composiciones.
Es lógico, pues,
que Johann Sebastián Bach intentara acercarse a tan
pretigiosos compositor y que no lo lograra a pesar
de sus dos intentos. Haendel era más famoso, y
prueba de ello son los retratos que del compositor
nos han quedado así como la estatua debida a L.F.
Roubiliac colocada en los jardines de Vauxhall.
Estas obras muestran a un hombre de mirada
tranquila, apacible y bien alimentado, seguro de sí
mismo, un hombre que, a pesar de las muchas
dificultades que tuvo que afrontar, supo ganarse la
confianza de todos los que le rodearon.
Ningún compositor
ha mostrado unas dotes melódicas tan fértiles y tan
variadas. Haendel era maestro en la composición de
todos los tipos de canciones y en todos los pasajes
melódicos elaborados, formados frecuentemente a
partir de elementos formales y rítmicos diferentes,
y que, sin embargo, al oído aparecen perfectamente
naturales. Su armonía, sobre todo en las obras del
período italiano, puede parecer tan compleja y tan
audaz como la de Bach. En
Empieza a declinar
en el año de 1751, después de una operación de
cataratas en el año de 1752, quedó casi totalmente
ciego pero, hasta el final de su vida, continuó
dirigiendo sus oratorios desde su puesto ene l
teclado. Era ayudado por su discípulo y amigo J.C.
Smith el joven, al que dictaba sus intenciones hasta
1758, The Triumph of Time and Truth (1757), que se
considera frecuentemente como su última obra
importante, es algo más que una traducción inglesa
del oratorio italiano de 1737, II Trionfo del Tempo
e della Verità (que es también una revisión de una
composición de 1707. Murió tras varios días de
enfermedad el 14 de abril de 1759, y fue enterrado
el 20 en Westminster Abbey por petición propia. Un
monumento de Roubillac, que ya le había esculpido en
1739 la estatua de Vauxhall Garden, fue erigido en
su memoria.

TEXTO TOMADOS DE:
HONEGGER, Marc. DICCIONARIO DE LA
MUSICA: Los hombres y sus obras. Vol.1. Madrid.
ESPASA - CALPE. 1988. 609 p.p |