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Ernest Rutheford
Hoy, los rayos Gamma, asociados a la física de los núcleos atómicos, podrían ayudar a entender mejor la historia y estructura de nuestro universo, gracias a la investigación de uno de los grandes misterios actuales de la astrofísica.
Resulta que a diario llegan a la Tierra señales de titánicas explosiones que se producen en los límites del Universo conocido. Su número varía entre una y tres veces cada día, y provienen de cualquier dirección del espacio. Como hasta hace poco tales deflagraciones cósmicas no se habían detectado en el espectro de luz visible, su existencia permaneció ignorada durante la mayor parte de la historia humana. Según se ha podido calcular por la energía desprendida, la magnitud de las explosiones cósmicas rebasa todo lo imaginable. El más reciente de los megaestallidos fue detectado el 23 de enero de 1999, y tenía su origen a una distancia de 10 mil millones de años luz. Los científicos pudieron calcular que en sólo un instante de tiempo se volatilizó algo con una masa equivalente a 100 mil billones de estrellas.
Lo más característico de esos eventos estelares es el poderoso flujo de rayos Gamma que generan, lo cual da pie a numerosas hipótesis. En primer lugar, resulta que nunca se ha registrado radiación Gamma asociada, por ejemplo, con la explosión de una estrella supernova, que era hasta hace poco el acontecimiento cósmico más catastrófico entre los conocidos. La explicación parece radicar en que los restos de la estrella desaparecida bloquean la detección de la radiación Gamma. El hecho de que las explosiones cósmicas tengan lugar a una distancia descomunal podría dar una idea de los procesos físicos que se produjeron en los albores de la historia del Universo. Se ha sugerido que las misteriosas explosiones pudieran ser el choque de una agujero negro con una estrella de neutrones, produciéndose así su aniquilación mutua y el consiguiente desprendimiento de una fantástica cantidad de energía. Esta teoría implicaría que tanto los agujeros negros como las estrellas de neutrones son algo muy común en el espacio cósmico, y -más extraño aún-, que la colisión entra ambos es algo totalmente corriente. Otra sugerencia para las explosiones de rayos Gamma es que se trataría de hipernovas, es decir, de estrellas con una masa tan enorme que no pueden devenir supernovas, sino que convierten en energía pura toda su materia en un trágico y luminoso canto del cisne.
La debilidad de alguna de las explicaciones sobre las explosiones cósmicas está en el hecho de que las supernovas no son un acontecimiento tan frecuente en una galaxia, pues se registra una por siglo. Si ello es así, entonces, ¿cuántas y hipernovas tendrían que existir para que se observen a diario en todas direcciones del cielo?. Sería más raro aun que los agujeros negros y estrellas de neutrones estén chocando constantemente, como cosa cotidiana, cuando en el tiempo que la humanidad lleva observando el firmamento no se ha detectado en nuestra galaxia un fenómeno de tal magnitud. Es así que los bien conocidos rayos Gamma, a casi un siglo de su descubrimiento, plantean hoy nuevamente una de las incógnitas más apasionantes de la observación astronómica. Tal vez cuando se halle una respuesta se resolverán, de paso, algunas de las preguntas que nos hacemos respecto a cómo es nuestro Universo.
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Cuando los rayos
Gammas se detectaron por primera vez los Astronomos buscaban...
Resumen
Desde que se anunció su descubrimiento en 1973, las
explosiones cósmicas de rayos- El gran avance ha tenido lugar en 1997-98, gracias a la
observación por parte de los satélites BeppoSAX y RossiXTE
de la emisión decreciente de rayos-X que inmediatamente, prosigue tras la
explosión inicial observada en rayos-
Satélite BeppoSAX
Esta radiación (el llamado afterglow) se extiende hasta longitudes de onda mayores, por lo que el localizar esta emisión con una precisión de pocos minutos de arco, ha permitido descubrir las primeras contrapartidas en el óptico y en radio, mejorando sobremanera nuestro conocimiento de estos enigmáticos objetos.
Hoy en día, está ampliamente aceptado que la mayoría
de los GRBs, sino todos, acontecen a distancias cosmológicas, siendo pues
los los objetos más energéticos del Universo (E
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IntroducciónEn la década de los años 60, los cuatro satélites norteamericanos de la serie Vela -así llamados por el verbo español velar- fueron puestos en órbita para verificar si la Unión Soviética cumplía el Tratado de No Proliferación del Armamento Nuclear (1963).
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Satélite Vela

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Durante 1967-73, sus detectores recogieron en 16 ocasiones un
notable incremento del número de fotones-
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Los GRBs aparecen como breves pero intensos fogonazos de
rayos-
Existen diversos métodos para determinar la posición de los
GRBs en la bóveda celeste. En el caso de dos o más instrumentos en el mismo
satélite (y sin posibilidad alguna de obtener una imagen), es necesario tener
en cuenta las distintas intensidades del mismo GRB en cada uno de los diferentes
detectores, pero ello sólo proporciona posiciones con errores de varios grados.
En otros casos, como cuando se emplean instrumentos de gran campo y capaces de
producir una imagen, se puede reducir el error hasta
En cuanto a la estructura temporal, fue advertido de inmediato
que cada GRB era diferente de los demás y cualquier intento de realizar una
clasificación morfológica ha fracasado. Las duraciones oscilan entre varios ms
y más de 1 h (Hurley et al. 1994), llegando a medirse variaciones en escalas de
0.2 ms (Bhat et al. 1992, Scargle et al. 1998), lo que implicaría regiones con
unas dimensiones de menos de 60 km, en ausencia de movimientos relativistas. Sí
que hay una clara evidencia de una distribución bimodal por lo que respecta a
la duración, pudiéndose diferenciar dos clases de GRBs: de corta duración ( Por lo que se refiere a sus características espectrales, se
han observado una gran diversidad de espectros. El continuo en rayos-
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El instrumento KONUS en las Venera 11 y 12
determinó en los años 80 las zonas de error para más de 150 GRBs por medio
del primero de los métodos descrito anteriormente. Fue la primera indicación
de que los GRBs estaban distribuidos de manera isótropa en todo el cielo, no
siguiendo, por tanto, la distribución de las fuentes brillantes de rayos-X en
el plano galáctico (Mazets et al. 1981a). El experimento BATSE (Fishman 1989) a
bordo del Observatorio Compton de Rayos- |

Observatorio Compton de Rayos
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La distribución de las fuentes no es homogénea, como se deriva de la relación
log Esta isotropía aparente, unida a la ya comentada deficiencia de explosiones
débiles, ha llevado recientemente a muchos teóricos a creer que los GRBs
puedan ocurrir a distancias cosmológicas, aunque la posibilidad de que exista
una pequeña fracción de GRBs en nuestra galaxia, en una escala de cientos de
pc o incluso en el propio halo, no puede ser descartada. Si los GRBs ocurrieran
a distancias cosmológicas, la energía puesta en juego sería del orden de 10
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Actualmente sabemos de la importancia de detectar emisión esporádica asociada con los GRBs en otras longitudes de onda. Detallaremos en este artículo todos los esfuerzos realizados en la búsqueda de contrapartidas. Primero hasta 1996, para después centrarnos en los importantes descubrimientos realizados en 1997 y 1998. Anteriores artículos de revisión pueden consultarse en Schaefer (1994), Hartmann (1995), Vrba (1996), Greiner (1996), Castro-Tirado (1998) y Hurley (1998). |
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| Búsquedas ópticas
El rango óptico es sin duda el más accesible desde tierra, y por ello unos de los primeros intentos para hallar la contrapartida fue la búsqueda en archivos. La estrategia consistía en suponer que los GRBs son de naturaleza repetitiva. En ese caso, se utilizaba toda la información disponible en los mayores archivos de placas disponibles, para así intentar detectar emisión óptica esporádica (los llamados OTs, del inglés Optical Transients) en las correspondientes zonas de error.
Telescopio Espacial Hubble
El primer OT fue descubierto por Schaefer en 1981, tras examinar una placa de Harvard tomada en 1928 (OT 1928), que incluía la pequeña zona de error de GRB 781119. Atteia et al. (1985) buscaron en placas que suponían un tiempo de exposición total de más de 1500 horas, pero no pudieron detectar OT alguno. Un segundo OT fue localizado en tres placas diferentes, cercano a la posición de GRB 781006b, por Greiner y Motch (1995) quienes propusieron a una estrella dMe, produciendo una fulguración de gran amplitud, como la causante del OT, aunque probablemente sin relación alguna con el GRB. Otro firme candidato resultó ser OT 1905, encontrado por Hudec et al. (1994) pero ligeramente alejado de la posición de GRB 910219. Aunque estos OTs han sido aceptados por la mayoría de la
comunidad científica como reales, otros
Las búsquedas profundas comenzaron en los años 80 para las
zonas de error más reducidas: aquellas proporcionadas por IPN: GRB 781119
(estudiada por Pedersen et al. 1983) y GRB 790406 (por Chevalier et al. 1981).
Con la llegada de los nuevos y mayores detectores CCD, se efectuaron nuevos
intentos para GRB 790329 y otras zonas de error (Vrba et al. 1995). Los
telescopios más potentes, tales como el 6-m del Caúcaso y el Telescopio
Espacial Hubble ( HST), escudriñaron varias regiones como las de GRB 790613
(Sokolov et al. 1996), GRB 790325 y 920406 (Schaefer et al. 1997a), pero no se
llegó a identificar contrapartida persistente en ningún caso. Además, por lo
general se ha encontrado que las zonas de error más pequeñas no contienen
galaxias relativamente brillantes (hasta magnitud Las mayores esperanzas de encontrar emisión óptica se
centraban en el caso de obtener imágenes simultáneas al GRB. La primera búsqueda
de emisión óptica
El instrumento GROSCE proporcionó límites más restrictivos
(magnitud 10) para más de 30 casos, muchos de ellos mientras la emisión gamma
aún perduraba (Lee et al. 1996). Resultados adicionales para GRBs detectados
por el instrumento WATCH en Granat fueron publicados por Castro-Tirado et al.
(1994b), quienes no detectaron emisión esporádica alguna por encima de
magnitud 18, a partir de las siguientes 12 horas de la ocurrencia de los GRBs.
Observaciones igualmente profundas para GRB 930131 fueron dadas a conocer por
Schaefer et al. (1994b), McNamara y Harrison (1994) y Barthelmy et al. (1994).
Estos últimos sólo obtuvieron límites superiores para otros 3 GRBs, entre 35
horas y 8 días después. El único OT encontrado cuasi-simultáneamente a un
GRB es el comunicado por Borovicka et al. (1992), quienes encontraron un objeto
en el borde de la zona de error para GRB 790929 en una placa tomada 7.1 horas
después del fenómeno En resumen, tampoco en el óptico se había conseguido un gran avance, a pesar de las búsquedas tan intensivas. ConclusionesLa existencia de emisión de rayos-X posterior a la explosión
gamma, es algo que se confirma en casi todos los casos estudiados hasta la
fecha. No es el caso de las contrapartidas ópticas/IR, sólamente detectadas en
un Hoy en día, está ampliamente aceptado que la mayoría de los
GRBs, sino todos, acontecen a distancias cosmológicas, siendo pues los objetos
más energéticos del Universo (E BeppoSAX y RossiXTE han abierto una nueva
ventana en el campo de las explosiones cósmicas de rayos gamma. Se espera que
tanto estos satélites como CGRO facilitarán los descubrimientos de
otras contrapartidas y, conjuntamente con los futuros observatorios en altas
energías ( AXAF, SPECTRUM X/ |
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