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Obras desconocidas de este compositor Veneciano del Siglo XVIII mas algunos análisis puntuales de conciertos suyos


 

 

Federico Barreto nació en Perú y es para Tacna, el Cantor del Cautiverio, el poeta que lograba, con sus finos versos, insuflar de patriotismo a los tacneños en los años de la ocupación chilena que duró casi cincuenta años en la Heroica Ciudad del Caplina.

Lo recuerdan los otrora, jóvenes estudiantes peruanos, especialmente los del Centenario Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe a quienes el poema MI PATRIA Y MI BANDERA musicalizado por los maestros Libornio y Ugarte, por varios años les sirvió de himno que cantaban diariamente. Hoy, Mi Patria y mi Bandera, es una marcha a los sones que desfilan escolares y militares.

 Entre la intelectualidad que encabezó la tenaz resistencia a la ocupación chilena de Tacna tiene un puesto de honor Federico Barreto, quien, además de sus dotes de patriota, fue como hombre de letras un indiscutible valor, principalmente en la poesía.

 A los 17 años de edad ( 1885 ) se inició en las lides periodísticas, colaborando con sus poemas en el diario Los Andes, fundado y dirigido por Cúneo Vidal

 Pero el inicio de las acciones bélicas con Chile, y la consecuente alteración de la vida normal en la ciudad, hizo que sus padres lo enviaran a Lima para que continuara sus estudios.

 Terminada la ocupación retornó a Tacna, reiniciando su actividad intelectual, dirigida desde los primeros momentos a alentar la resistencia. Se editaba en Tacna por ese entonces El Deber, El Tacora y el periódico chileno El Eco; Barreto fundó El Progresista, que se convirtió en trincheras de la campaña antichilena.

Más tarde, con su hermano José María Barreto, fundó "Lla Voz del Sur", asaltado y destruido por los chilenos debido a su campaña peruanista.

Barreto, autor de Algo Mío, Aroma de Mujer y otras obras elogiadas por la crítica murió en Marsella (Francia), el 30 de octubre de 1929, sin haber podido estar presente en la Reincorporación de Tacna, que era su principal anhelo.

 Algunos poemas

Último ruego

Ódiame por piedad, yo te lo pido...
¡Ódiame sin medida ni clemencia!
Más vale el odio que la indiferencia.
El rencor hiere menos que el olvido.

Yo quedaré, si me odias, convencido,
de que otra vez fue mía tu existencia.
Más vale el odio a la indiferencia.
¡Nadie aborrece sin haber querido!
         

Antes que tú

Sonríes al pasar, con ironía,
Porque me juzgas un rival vencido...
¡Imbécil! La mujer que has elegido,
antes que fuera tuya ha sido mía.

En sus labios de rosa bebí un día,
la esencia del licor apetecido.
Y tú, ¿de qué te ríes? ¿Qué has bebido?
¡Las sobras de la copa de ambrosía!

 

El nido vacío

En un tiempo mejor, aquí vivía
el ángel tutelar de mis amores.
A la oración, en estos corredores,
ella, mis versos, repetir solía.

Este era su jardín. Aquí venía,
al despuntar el alba, a coger flores.
¡Bajo este limonero, hoy sin verdores,
nos despedimos para siempre, un día!

Han pasado los años. A su huerto,
ya nadie viene al despuntar la aurora...
¡Desde que ella se fue quedó desierto!;

Un cementerio es su jardín ahora,
y aquí, en las sombras, cuando el día ha muerto,
el alma mía por su ausencia llora...

 

Queja a Dios

Me has entregado, ingrata, al abandono,
y yo, que tanto y tanto te he querido,
ni tu negra traición hecho en olvido
ni disculpo tu error...¡ni te perdono!

No intentes, pues, recuperar el trono
que en mi pecho tuviste, y has perdido.
En el fondo del alma me has herido,
y en el fondo del alma está mi encono.

Yo no podría, es cierto, aunque quisiera,
castigar como debo tu falsía;
mas la mano de Dios es justiciera...

¡Castìgala, Señor, con energía!
Que sufra mucho; ¡pero que no muera!
¡Mira que yo la adoro todavìa!

 

Sin corazón

Loco de rabia y despecho
resolví en cierta ocasión,
abrir a mi amada el pecho
y arrancarle el corazón!

"Así sabré, dije, fiero,
si el corazón de la ingrata
que sin piedad me maltrata
es de piedra o es de acero!"

La aceché luego sin calma,
y con un largo puñal
rasgué el seno virginal
de aquella mujer sin alma!

Y cuando a mis pies la ví,
un grito horrible lancé
y mis manos sepulté
en la herida que la abrí!

Busqué luego, temerario,
dentro de su pecho impío…
¡y su pecho estaba frío
como el fondo de un osario!

Busqué… busqué con tesón,
y no hallé lo que buscaba…
¡La mujer que tanto amaba
no tenía corazón!



   Tu castigo
           
 Después de tu traición no he vuelto a verte
 Te ocultas porque temes que algún día
 exclame en alta voz para perderte:
 ¡Esa mujer que pasa ha sido mía!

 No temas nada soy hidalgo y fuerte
 y en mi honradez de caballero fía
 guardaré tu secreto hasta la muerte.
 ¡Antes que divulgarlo moriría!

 No seré yo que fui feliz contigo,
 quien salpique de lodo tu semblante,
 ¡Tendrás el desengaño por castigo...!

 Algún día llorando como loca
 me llamarás, a gritos, y tu amante
 las manos viles te pondrá en la boca...