Crucifixion with a Donor
Oil on oak, 1480-1485
29 3/8 x 24 inches (74.7 x 61 cm)
Musée Royal des Beaux-Arts, Antwerp

 

 

 

 

 

 

    El tríptico El Jardín de las Delicias es una obra enigmática, en la que es difícil encontrar las claves que permitan entender el significado pleno de su obra. Los estudiosos difieren respecto a la interpretación de la obra más enigmática de El Bosco. La mística de su tiempo, la alquimia, la astrología el folklore local, la herejía adamita y hasta la teoría psicoanalítica se han utilizado para dar sentido a una pintura de la que ni siquiera conocemos su nombre original. Podemos aceptar o rechazar estas interpretaciones sobre la obra de El Bosco, pero no puede ponerse en duda que su significado era explícito para sus contemporáneos.

    De Tolnay, en una explicación de tipo psicoanalítico, explica la obra como una representación del sueño humano que trata de romper con los límites impuestos al amor por la tradición y la moral entonces vigentes.

    Otros ven en El Bosco un hereje o un seguidor de sectas e ideas esotéricas. Para Fraenger, la tabla central del tríptico representa el Paraíso sensual de los Adamitas, que defendían el nudismo y las relaciones sexuales libres. La unión del placer y el amor, sensual y espiritual, era el mejor de los medios para restablecer la inocencia perdida del Edén. Sin embargo, estas explicaciones no tienen conexión real con la biografía de El Bosco. Éste es un pintor famoso, perfectamente integrado en una sociedad cristiana de la que es un miembro apreciado y respetado, lejos de toda duda razonable sobre su ortodoxia. Esto aleja cualquier interpretación esotérica o críptica a la hora de encararse con su obra. 

   Hoy la mayoría de los críticos rechazan estas interpretaciones, aun cuando reconozcan elementos aportados por sus defensores en el análisis pormenorizado de la simbología del Bosco. Mayoritariamente el Jardín de las Delicias se considera una sátira moralizante sobre el destino de la naturaleza humana y los hombres de su entorno social.

   Sin embargo, la proliferación de monstruos y de signos fantásticos conduce a una lectura ambigua o poco clara. Aunque se admite su consideración como pintura religiosa, con un meditado programa iconográfico donde se condena la participación en un mundo de placeres, al tiempo éstos se presentan (tabla central) de forma agradable. El Bosco pretende mostrar en la tabla central el desenfreno del pecado de la lujuria, pero muestra una peculiar fascinación por los vicios que ataca. Hay un mensaje de advertencia al cristiano, un anuncio de castigos, pero en el exceso de las imágenes, en la reiteración de los motivos, hay una sobrecarga consciente quizá con la pretensión de satisfacer y  deleitar al clientes que adquiere la obra. 

   El Jardín de las Delicias fue probablemente un encargo de Enrique III de Nassau para su palacio de Bruselas, donde se encontraba la obra en 1517, tan sólo un año después de la muerte del pintor. Estos encargos de particulares no siempre tenían como finalidad colgar la pintura en un recinto sagrado o, al menos, en una iglesia pública, y se reservaban el "placer" del disfrute privado de las ocurrencias bosquianas. No lo hacían por el "sermón" del contenido de obra, sino también por el disfrute en su contemplación. En esta capacidad fabuladora y de "divertir con sus diabluras" pueden estar algunas de las razones de su éxito. 

   No obstante, si bien muchas de las imágenes y símbolos del Bosco han encontrado su explicación en fuentes históricas documentadas, aún permanecen en penumbra muchos aspectos de la figura y la obra del pintor.

 

 

 

PANEL IZQUIERDO

 

                       

 

 

Lean no sean flojos

En este panel nos muestra una escena del Paraíso en la que Dios entrega Eva a Adán como mujer. Es el origen del pecado de la lujuria que se desencadena en la tabla central. El Bosco reproduce la mentalidad medieval: "la culpa de Eva" en el inicio de los males de la Humanidad.
   En la parte superior están representadas la Fuente de la Vida, el Árbol del Bien y del Mal (con la serpiente) y el Árbol de la Vida (un drago canario).
   Están rodeados de animales, algunos en lucha entre ellos anunciando los futuros males del mundo. Se ha querido ver en ellos un significado simbólico, procedente de los bestiarios medievales. En algunos casos tal vez haya simplemente una intencionalidad burlona y desenfadada, como en el conejito, alusión al sexo femenino, situado junto a Eva.
   Nos presenta una figura de Dios muy joven, convención muy frecuente en la literatura holandesa del siglo XV donde el matrimonio entre Adán y Eva es realizado por un Dios juvenil.
   Como es habitual en El Bosco, el Paraíso no existe enteramente libre de al menos una prefiguración del diablo, que aparece como un foso en el primer plano, del que están emergiendo una gran variedad de criaturas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PANEL CENTRAL

 

 
 

PANEL DERECHO

Representa el dominio de la lujuria en el mundo, descrita a través de todo tipo de relaciones sexuales, manifiestas de una forma rotunda: cuerpos desnudos de hombres y mujeres, blancos y negros, se mezclan, se tocan, bailan..., en parejas, en grupos, heterosexuales, homosexuales, onanistas... 
   Pese a una primera impresión de desorden, la escena se ordena en tres niveles en altura:
   La parte superior, con detalles que se perciben difícilmente por su pequeñez y rareza (humanos alados, grifos...) aparece dominada por construcciones fantásticas, entre las que destaca la
Fuente de los Cuatro Ríos del Paraíso Terrenal, falsa fuente del paraíso, inestable, amenazando ruina con sus paredes cuarteadas.
   En el centro de la composición, la gran
cabalgata del deseo, girando en círculo en torno a un estanque, donde se bañan varios grupos de mujeres. 
   En el plano inferior la sexualidad se manifiesta de mil maneras, tanto en las acciones de la masa de hombres y mujeres, todas ellas de inequívoco signo erótico, como en las connotaciones sexuales de
plantas, frutas y animales
   En las esquinas inferiores aparecen dos focos de atención peculiares. A la izquierda, un grupo que señala la tabla de la izquierda (el Paraíso), hacia la Eva de la Creación, poniendo el acento en el papel que desempeña en el engaño de la tentación. A la derecha: en la cueva se encuentran Adán y Eva, testigos de lo que ha acaecido al mundo por su causa. El dedo acusador de Adán
responsabiliza a la mujer.
 

 “Aquellos que has visto danzando y jugando en las praderas verdes salpicadas de flores y árboles, son los que aspiran a los placeres de este mundo. Buscan la saciedad de los placeres de la carne y de los sentidos, y se aplican a seguir sus inclinaciones sensuales, Absortos en su frenesí, no saben que Dios existe; no creen más en Dios, ni en el cielo, ni en el infierno: Está escrito: el tonto dice que Dios no existe.” (Hendrick Mande, siglo XVI).

   El Jardín de las Delicias es un engañoso jardín de los falsos placeres terrenales, una consecuencia del pecado original. Cada detalle de este “mundo al revés” nos lo advierte en el panel central: es el paradisíaco ensueño es el reino de lo no durable.

 

                   

 

Con un enorme ingenio y efectos lumínicos de notable modernidad, El Bosco expone en el panel izquierdo el castigo de los pecados y faltas de la sociedad bajomedieval, fustigadas por los predicadores de la época (lujuria, avaricia, soberbia, afición al juego, sensualidad de la música, costumbres de los clérigos...). 
   Se así cierra el ciclo, y se castiga a aquellos que se dejaron seducir por los goces placenteros que les ofrecía el Jardín de las Delicias terrenales. 
   El conjunto se ordena en varios niveles. La parte superior aparece dominada por el infierno de incendios y fuego. En la zona media destaca la figura del
hombre-árbol y patinadores desnudos sobre una fina capa de hielo que se quiebra, con lo que van a parar a las aguas heladas donde se debate ya algún condenado. El contraste
entre el frío y el calor es uno de los suplicios que según la tradición se sufría en el infierno. En la zona inferior se encuentra el infierno musical, donde los instrumentos musicales (laúd, arpa, órgano de manivela, flauta... de dimensiones descomunales), se transforman en torturadores de los condenados.

 

OTRA INTERPRETACIÓN

 

 

Pasemos a describir las distintas partes del tríptico. Cuando éste se mantiene cerrado, en el exterior está representado, en grisalla, el mundo después del diluvio. Se ve una imagen de la tierra como un disco plano rodeado de agua, y Dios en la parte alta del ángulo izquierdo; hay escrita una cita del salmo 33 ("Ipse dixit et facta sunt; ipse mandavit et creata sunt") que ha hecho pensar que se refería a la Creación del mundo, pero no lo puede ser porque en el paisaje se ven castillos y otros edificios. Hay un haz de rayas a la izquierda de la esfera que podrían ser el arco iris, que es el señal de la alianza que hizo Dios con Noé después del diluvio (Génesis, 9, 13-15).
 

                                                

El panel izquierdo del interior del tríptico nos muestra la Creación, con Dios que acaba de dotar a Adán de una compañera. En un primer término, animales de distintos géneros pululan alrededor de una balsa: reptiles, aves, peces y mamíferos de extravagante apariencia se mueven por tierra, agua y aire. En medio del paraíso, en el centro de un lago, una extraña fuente de color rosado. La profundidad del paisaje está hecha de colinas, prados y lagos poblados de una fauna primitiva.
 

El panel central del tríptico, con su orgía compositiva, contrasta con el ambiente bucólico y reposada de la Creación. Es un paisaje, tomado desde una perspectiva elevada, en el que también se suceden lagos y prados hasta un horizonte montañoso. En el primer término, hombres y mujeres -algunos de piel negra- se dedican a sofisticados juegos: algunos están ocultos en el interior de esferas que parecen frutas o bayas, otros se protegen con flores de pétalos transparentes, los hay que pretenden morder grandes fresas, frambuesas y moras. Peces, aves y grandes moluscos se mezclan con los humanos, y en el lago del primer término las parejas se dedican a juegos amorosos. El centro compositivo es un estanque circular, en el que se bañan mujeres blancas y negras, con garzas, cuervos y pavos reales encima de la cabeza, alrededor del cual una estrambótica cabalgata (hombres y mujeres sobre camellos, gatos, jabalíes, unicornios, ciervos, cabras y caballos) tiene un aspecto procesional. En el lago del fondo desembocan los cuatro ríos del paraíso, con extrañas embarcaciones y sirenas, una esfera flotante que aguanta una fuente monumental y grupos de personajes que se introducen en un huevo monumental o se comen un madroño. En el panel derecho, con un procedimiento basado en el juego de luces y tinieblas, se describe el infierno, donde los humanos son sometidos a torturas con máquinas que parecen instrumentos musicales, relojes de sol o formas medio zoológicas medio vegetales, como el demonio que devora a los condenados y los evacua a un agujero, con unos pájaros que salen volando del ano del cuerpo cuya cabeza es devorada. Al fondo, explosiones de fuego recuerdan la naturaleza del infierno.
 

Una primera interpretación de este tríptico lo ve como una parábola del mal producido por el goce s. En el panel de la izquierda, en el Paraíso, la creación de Eva introduce en el mundo la relación entre los dos sexos, relación que está plasmada, en la parte central, en formas variadas y muy numerosas, entre parejas o grupos de figuras desnudas reunidas en lugares irreales. La consecuencia de estas "delicias" aparece a la derecha, donde los pecadores recibe su castigo.
 

Otra interpretación lo entiende, así mismo, como una descripción positiva de la relación sexual: santificado por la presencia de Dios, el tema de las delicias amorosas se ejemplifica en millares de episodios en los que los cuerpos desnudos se dejan transportar por un ligero movimiento, y todo empapado de una sublime inocencia, según la tradición de los adamitas que querían simbolizar con la desnudez del cuerpo el estado de pureza y de gracia propio del paraíso. El infierno, según esta hipótesis, está reservado a todos los que se oponen a la satisfacción de los sentidos.
 

También existe otra visión que, dejando de lado el elemento sexual, ha subrayado un tema que parece impregnar esta obra: la inestabilidad y la fugacidad. Se basa en la observación de un conjunto de estructuras que presentan un equilibrio sumamente precario: la torre del lago central, construida sobre un globo agrietado que flota sobre el agua y que está rematado por columnas que descansan sobre una base redonda; figuras que balancean cosas sobre la cabeza; acrobacias sobre caballos; los tubos de vidrio; el hombre-árbol del infierno apoyado sobre dos barcas desencajadas que no ofrecen ninguna seguridad... Sigüenza, que lo describió el 1605, vio en la tabla central una representación simbólica de la vanidad de los placeres mundanos figurados por las fresas, fruto cuya fragancia "apenas se puede oler antes que pase".
 

Recientemente, Michel Foucault adopta como punto de partida para su análisis el papel que han desempeñado los animales en a visión de la naturaleza y de la divinidad. En la Edad Media, los animales a os que Adán había dado nombre, llevaban simbólicamente los valores de la humanidad; pero, desde el Renacimiento esta relación con la animalidad se transforma: ahora es el animal el que espía al hombre, el que le revela la propia verdad, en el sentido de que los animales imposibles, nacidos por el impulso de una imaginación desbordante, se convierten en la naturaleza secreta de los humanos. Ésta sería, según él, la base de la pintura de El Bosco: un nuevo sentido de la animalidad, del hombre como animal, y de la revelación de la verdad a través de lo monstruoso. Exaltando la monstruosidad se puede estudiar mejor el alma humana.
 

Finalmente, Gombrich, a partir del significado del exterior del tríptico, deduce que el tema de la obra es el Diluvio y que el panel central representaría el mundo antes del diluvio, ilustrando las escenas concretas que incitaron a Dios a destruir el mundo (Génesis, 6, 11-13). Decían los comentaristas bíblicos que Dios no destruyó la tierra sino su fertilidad; si antes del diluvio el vigor y la fecundidad del suelo eran mayores, parece lógico que el pintor haya llenado el cuadro de personas que comen frutas gigantes (fresas, uva...). Si el pecado por el que Dios envió el diluvio era la impudicia, El Bosco se recrea en la idea de que la lujuria había llevado al hombre a la locura en el período anterior al Diluvio: la alegría de los personajes (los negros serían los descendientes de la tribu de Caín), la falta del sentido de pecado, es lo que constituye el verdadero pecado del hombre antes del diluvio. La despreocupación por el juicio, la entrega total al comer, al amor y a la diversión, es lo que evoca y visualiza El Bosco. Sin embargo, no nos da una visión pesimista: el arco iris en la nube de tempestad, en el exterior del tríptico, contiene la promesa que no habrá un segundo diluvio que destruya la humanidad, y la salvación de Noé es una advertencia de que los buenos no morirán. Por ello, en vez de El jardín de las Delicias sería más adecuado llamarlo La lección del diluvio.

 

 

                   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

St. John on Patmos
1485

 

 

 

 

 

 

 

 

Haywain
Central panel

 

 

 

Hell
Right wing

 

 

 

 

Hieronymus Bosch (1450-1516)
Christ Mocked
Oil on wood
National Gallery, London

 

 

 

 

 

Hieronymus Bosch (1450-1516)
The Seven Deadly Sins
Oil on panel, c.1480
47 1/8 x 59 inches (120 x 150 cm)
Museo del Prado, Madrid

 

 

Hieronymus Bosch (1450-1516)
Last Judgement, central panel of the triptych
Oil on panel
64 3/8 x 50 inches (163.7 x 127 cm)
Akademie der Bildenden Künste, Vienna

 

 

 


 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

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