
Aunque tus dardos me han herido
y me han dejado solo y
triste,
yo humildemente te he vivido...
¡Tú bien sabrás por qué lo
hiciste!
Me diste rosas, cogí rosas:
me diste penas, bebí penas,
¡penas
dolientes y armoniosas
en tus inmensas manos buenas!
Siempre que tú para mí has sido
clara o sencilla, alegre o
triste,
yo humildemente te he vivido...
¡Tú bien sabrás por qué lo
hiciste!
Entre quebrantos y alegrías,
con estas pobres manos
ciegas,
tomo del fondo de tus días
todas las horas que me
entregas.
Vida, tú mandas y no ruegas,
en este espíritu doliente,
cuando
yo siento que tú llegas
abro los brazos dulcemente...
Tú me has besado y me has herido,
rosas y lágrimas me diste;
yo
humildemente te he vivido.
¡Tú bien sabrás por qué lo hiciste!
VOLVER