Por fin nos decimos un día:
No vale la pena...
Ni beso con luna, ni fronda con cielo,
ni lisonja de oro, ni trenza morena.
Todo al fin se pierde.
No vale la pena...
Un día quisimos la mañana viva,
después esperamos la noche serena,
en seguida el nido,
luego la colmena,
más tarde la espiga y la rosa,
la rosa con lágrimas de la Nochebuena.
Y vimos que todo
finaba en un seco puñado de lodo.
Ni viaje sin rumbo, ni afán de verbena,
ni poma escarchada de la huerta ajena,
ni amor de otro tiempo...
No vale la pena.
No piense el menguado que acaso es cansancio.
¡Es desdén! Contemplo desde la alta almena
el circo romano de los apetitos,
la avidez villana, la pasión obscena,
y doy las espaldas al mundo.
¡No vale la pena!
Ni fiesta, ni guerra, ni ensueño,
ni calma gustosa, ni noble faena.
Lo he mirado todo.
Y esta noche muda que habrá luna llena,
sonrío en silencio,
beso aquella mano que es una azucena,
dejo la posada,
tomo mi camino...
No vale la pena.
Daniel de la Vega
VOLVER