Es cuerda que trenzamos con
nuestra propia vida.
Y es eterna. No sabe esta boca que besa
que al ritmo de una ley dulce y desconocida,
al través de los siglos, ese beso regresa...
Cada palabra tuya es un grano de
trigo
que siembra en su heredad tu corazón eterno.
Siembra maravillosa que tú llevas contigo
al través de los siete círculos del infierno.
Pero tu alma no ha roto el
misterio insondable.
Hombre del mundo, sueña tus sueños. Es temprano.
Todavía no escuchas la voz inexorable
que te dice: ¿Caín, que has hecho de tu hermano?
Pero despertarás. Entre la
sombra, espera,
que no hay vida fugaz ni caminito estrecho.
¡Si el criminal, borracho con la sangre, supiera
que un dios de ojos azules va dormido en su pecho!
Daniel de la Vega
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