El cristianismo es el nombre con que es conocida la santa religión
fundada por Jesús, que tuvo por cuna la ciudad de Jerusalén, en
Judea, en tiempos del emperador romano Tiberio.
Esencia del Cristianismo
En los Evangelios, en las epístolas de San Pablo y en los escritos
de los demás apóstoles es donde hemos de ir a buscar la esencia del
Cristianismo. Y en tales documentos lo primero que salta a la vista
es la dignidad superior, trascendental y divina de Jesucristo. Él es
el Mesías anunciado por los profetas, el enviado de Dios a los
hombres, el plenipotenciario divino, Hijo de Dios y Dios con el
Padre. Y es el propio Jesús quien se aplica a sí mismo las profecías
antiguas y confirma su personalidad trascendente de mandatario
divino y de Hijo de Dios con estupendos milagros.
Juan el Bautista envió a dos de sus discípulos a preguntarle "¿Eres
tú el Mesías que ha de venir, o debemos esperar a otro?" Y Jesús
cura, en aquel momento, a algunos ciegos y da libertad a algunos
posesos, y les responde con estas palabras que pertenecen al profeta
Isaías, citadas casi al pie de la letra: "Id y contad a Juan lo que
habéis visto y oído: cómo los ciegos ven, los cojos andan, los
leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y se
predica el Evangelio a los pobres" (Evangelio de Mateo, XI, 4-5).
"Para que crea el mundo que tú me has enviado" -dice a su Padre, al
resucitar al Lázaro."Padre mío", es la frase que emplea siempre
hablando con Dios, y "Padre Nuestro" es como nos enseña a rezar
nosotros. "Para que seáis hijos del Padre celestial" - nos dice,
animándonos a ser misericordiosos.
Él, en cambio, es el Hijo de Dios, a quien sólo el Padre conoce
(Mateo, VI, 9 y XI, 27). Legisla en nombre propio, aun
contraponiéndose a la legislación del Sinaí, en su Sermón de la
Montaña:"Se dijo a los antiguos... Mas yo os digo a vosotros (Ego
autem dico vobis)(Mateo, Véase passim).
Tiene autoridad para perdonar los pecados:"Para que veáis, pues, que
el Hijo del hombre tiene poder para perdonar los pecados, levántate
y anda" - dice al paralítico. Y este mismo poder lo delega en sus
discípulos más adelante: "A quienes perdonéis vosotros los pecados,
les serán perdonados; y a quienes se los retuviéreis vosotros, les
serán retenidos"(Juan, XX, 23).
Con esta personalidad y con estos poderes, expone y promulga su
nueva Ley, su gran Evangelio: "Bienaventurados los pobres de
espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados
los mansos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que
lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que
tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia. Bienaventurados los que tienen puro su corazón, porque
ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacíficos, porque ellos
serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen
persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los
cielos."(Mateo, V, 4-10)
Expone la partenidad compasiva y afectuosa de Dios respecto del
hombre y nuestras relaciones filiales con Él, a base de fe y de
confianza: "No habléis mucho en la oración; que ya sabe vuestro
Padre celestial lo que habéis menester, aun antes de que vayáis a
pedírselo. Decidle así: Padre nuestro, que estás en los
cielos..."(Mateo, VI, 7-18). Y pedidle con toda confianza: "Si
vosotros, siendo malos, sabéis dar vuestras cosas a los hijos,
¿cuánto más no dará las suyas el Padre Celestial a todos vosotros,
si se las pidiéreis?" (Mateo, VII, 11). Y respecto al pecador
representado en el hijo pródigo, nos presenta en la parábola al
Padre celestial, saludándole al regreso, abriéndole sus brazos y
estrechándole en ellos entre besos y lágrimas y preparando un
banquete para celebrar el retorno (Lucas, XV). "En verdad, en verdad
os digo: más fiesta habrá en el cielo por la vuelta de un pecador
que se arrepiente, que por la persistencia en el bien de noventa y
nueve justos que no tienen por qué arrepentirse"(Lucas, XV, 7).
Pero, eso sí, con tal de que nosotros perdonemos las ofensas que nos
hicieren: "Porque si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco
vuestro Padre os perdonará vuestros pecados"(Mateo, VI, 15). "Sed misericordiosos, como vuestro Padre
celestial es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no
condenéis y no seréis condenados. Perdonad y se os perdonará; dad y
se os dará. Porque con la misma medida con que midiereis vosotros,
se medirá después para vosotros"(Mateo, VII, 36-39). Y en su
última cena expone en forma alegórica las relaciones recíprocas
entre Él y sus discípulos: "Yo soy la vid, vosotros sois los
sarmientos. Quien permanece unido a mí, en forma que yo esté en él,
ése dará mucho fruto. Quien no permaneciere en mí, será arrojado
fuera, como los sarmientos inútiles, y se secará, y lo cogerán en
manojos y lo arrojarán al fuego para quemarlo". (Juan, XV, 1-12).
Durante 3 años de vida pública había ido preparando Jesús un grupo
de discípulos predilectos que habían de ser, después de su
sacrificio, los continuadores de su obra. A estos discípulos había
de encomendar la custodia de su doctrina, y especialmente a Simón,
llamado después Pedro, a quien se dirige con estas palabras: "Yo te
digo que tú eres Pedro (piedra) y que sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia; te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que tú
atares en la tierra, atado quedará en el cielo, y lo que desatares
en la tierra, desatado quedará en el cielo"(Mateo, XVI, 18-20). Y
después de su resurreción, junto al lago Tiberíades, entrega ya a
Pedro, luego de una triple declaración de amor por parte de éste,
los poderes sobre el rebaño de Cristo: "Apacienta mis corderos",
"Apacienta mis ovejas" (Juan, XXI, 15-18). Y en el instante de su
ascención al cielo, dice a los que desde ese momento serán sus
apóstoles o enviados: "Como mi Padre me envió a mí, así yo os envío
a vosotros. Id, pues, por todo el mundo y predicad el Evangelio a
todas las gentes. Quien creyere y fuere bautizado, se salvará; quien
no creyere, será condenado"(Mateo, XVI, 15-16). Con estas palabras,
Jesús constituye la Iglesia Católica.
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Expansión del Cristianismo
A consecuencia de un sermón de San Pedro el día de Pentecostés, se
convirtieron a la fe tres mil judíos en Jerusalén, número que poco
más tarde se elevó a cinco mil. Después de la muerte de San Esteban
y de la persecución de que fueron objeto los discípulos de Jesús,
éstos se esparcieron por todas partes, predicando el Evangelio del
Maestro. Los viajes de San Pablo llevaron el cristianismo a Chipre,
Asia Menor, Macedonia, Grecia, Iliria y otras regiones; más tarde lo
predicó en España y se cree que también en la Galia Narbonense. San
Pedro lo predicó en Roma. En el año 179 escribía Tertuliano: "Somos
el ayer y hemos llenado todas vuestras casas, las ciudades, las
islas, los castillos, los municipios, los conciliábulos, los
campamentos mismos, las tribus, las decurias, el senado, el foro;
sólo os dejamos los templos". Estas frases del apasionado
apologista, escritas cuando la nueva doctrina no tenía aún dos
siglos de existencia, son como un preludio augural del gran
desarrollo y expansión que en los siglos sucesivos iba a adquirir el
cristanismo.
Influencia del Cristianismo en la civilización
En medio del frío escepticismo filosófico, de la incredulidad
religiosa, de la relajación de las costumbres y del afán de ritos
exóticos en que se debatía la sociedad pagana cuando aparece Jesús,
surge la religión cristiana que, como saludable rocío del cielo,
pronto iba a dar opimos frutos entre las almas ansiosas de
perfección. El cristianismo transformó, por así decirlo, la
conciencia y el corazón de los hombres. La persona humana redimida
adquiere a los ojos del cristianismo un precio incomparable, que
junto con la enseñanza de la comunidad de origen y destino de todos
los hombres, contribuyó a grabar y propagar los principios
esenciales de libertad e igualdad. Desde el instante en que el
hombre aparece como criatura predilecta de Dios, dotada de alma
inmortal, no es ya posible admitir lo que constitutía uno de los
puntales de la sociedad pagana: la posesión del esclavo, de un
hombre por otro hombre. El cristianismo abre a éste horizontes
insospechados y hace que el ser humano ame al prójimo como a sí
mismo y descubra en el amor de Dios la razón de poder sacrificar su
propia vida en bien de los demás. La formación de la familia, tal
como se conoce en las modernas sociedades, es también obra del
cristianismo, y de la cual ha hecho éste el núcleo básico, la célula
primordial e indestructible de la sociedad civil.
Herejías
Apenas nacido el cristianismo aparecieron en su seno diferentes
escuelas que pretendieron dar interpretaciones diversas a la
doctrinas de Jesucristo y de sus discípulos. Entre las principales
de los primeros siglos mencionaremos el gnosticismo, el montanismo,
el arrianismo, el eutiquianismo, el pelagianismo, el maniqueísmo,
etc.[Ver notas], que fueron sucesivamente condenadas como heréticas
por la Iglesia Católica, intérprete infalible de las doctrinas de
Jesucristo.
Notas
Gnosticismo: Doctrina filosófico-religiosa de los primeros siglos de
la Iglesia, mezcla de la cristiana con creencias orientales y
judaicas, que pretendía tener un conocimiento intuitivo y misterioso
de las cosas divinas. Se dividió en varias sectas.
Montanismo: Herejía de Montano, heresiarca del siglo II, que
aseguraba haber sido enviado por Dios para perfeccionar la religión
y la moral. § Montano: Hereje frigio muerto en 212. Fundó la secta
de los montanistas. [Volver a Tertuliano]
Arrianismo: Herejía de los arrianos. § Arriano: Dícese de los
heresiarcas sectarios de Arrio, el cual enseñaba que el verbo o Hijo
de Dios no es consubstancial al Padre. § Arrio: Obispo de Alejandría
(280-336) que negó la consubstancialidad e igualdad de las tres
personas de la Santísima Trinidad. Dio origen a la herejía del
arrianismo, que fue condenda en el Concilio de Nicea, formulándose
al efecto el Credo cristiano.
Eutiquianismo: Doctrina y secta de los eutiquianos.§ Eutiques:
Heresiarca giergo, nacido hacia 378. Consagrado desde su juventud a
la vida monástica, fue acusado de herejía al negar la doble
naturaleza de Cristo y su consubstancialidad con el hombre. Sus
doctrinas, condenadas por el concilio de Calcedonia, se propagaron
bajo diferentes formas y aún hoy las profesan muchos cristianos
orientales.
Pelagianismo: Secta de Pelagio § Pelagiano: Sectario de Pelagio,
heresiarca del siglo V, quien negaba que el pecado de Adán se
hubiera transmitido a sus descendientes. § Pelagio: Hereje inglés
(360-420), negaba el pecado original y la necesidad de la gracia, y
sostenía que basta con el libre albedrío para lograr la salvación.
Maniqueísmo: Secta de los maniqueos. § Maniqueo: adj.Aplícase al que
sigue las doctrinas de Maniqueo o Manes, quien admitía, dos
principios creadores, uno para el bien, otro para el mal. §
Maniqueo: Biog. Heresiarca babilonio del siglo III de nuestra era.
En el año 242, durante la coronación del rey Sapor I, se presentó
como apóstol del verdadero Dios y dio a conocer sus doctrinas, que
propagó después con discursos y escritos que se extendieron por
diversos pueblos de Oriente, en pugna con el Cristianismo. Ganó
muchos prosélitos con la promesa de una sabiduría superior y con sus
prácticas misteriosas. Por orden de Bahram I, fue crucificado en
276.
Glosario
Consubstanciación: Presencia de Jesucristo en la Eucaristía,
conservando el pan y el vino su propia substancia y no una mera
apariencia. Es la creencia de los luteranos. [ Volver a Arrianismo ]
- [ Volver a Eutiquianismo]
Tertuliano: (Quinto Septimio Florente) Apologista y heterodoxo
latino, nacido y muerto en Cartago (160-220). Descendiente de
paganos y pagano él mismo durante su juventud, sus padres le dieron
esmerada educación científica. Llevado de su carácter sombrío y de
espíritu rigorista, después de haberse convertido al cristianismo
ingresó en la secta de los montanistas, donde pronto se constituyó
en jefe de una faccon cuyos adeptos tomaron el nombre de
tertulianistas. Es autor de numerosos escritos, pero la obra que le
dio fama universal es El apologético. Brioso polemista, de
penetrante inteligencia y elocuencia avasalladora, Tertuliano
sobresale por la profundidad con que toca todas las materias y por
la pasión desbordada que pone en la lucha. Diríase que su afán es
aniquilar al adversario. Una vez afiliado a la secta de Montano,
ataca con la misma violencia a los paganos convertidos al
cristianismo, que a los cristianos. Abrasado por el fuego de su
pasión, exageró los principios de la moral, y la hizo así
impracticable para la mayoría de los mortales.[ Volver a texto]
Imagen: "The Ceiling of the Sistine Chapel: A photo of the Last
Judgement fresco on the altar wall.(1509-1512)" El cielo de la
Capilla Sixtina: Foto del fresco de El Juicio Final en la pared del
altar.
Continente de las dos Lunas. Sección Misticismo. Creado el Viernes Santo 25
de Marzo del 2005
Fuentes : http://www.apocatastasis.com/cristianismo.htm
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