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Cometas
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Los hombres primitivos ya conocían
los cometas. Los más brillantes se ven muy bien y no se
parecen a ningún otro objeto del cielo.
Parecen manchas de luz, a menudo
borrosas, que van dejando un rastro o cabellera. Esto
los hace atractivos y los rodea de magia y misterio.
Los cometas son cuerpos frágiles y
pequeños, de forma irregular, formados por una mezcla de
substancias duras y gases congelados.
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En general, la órbita de los
cometas es mucho más alargada que la de los planetas.
En una punta los pueden acercar al Sol
y, en la otra, alejarlos más allá de la órbita de Plutón.
Cuando un cometa se acerca al Sol y
se calienta, los gases se evaporan, desprenden partículas sólidas
y forman la cabellera. Cuando se vuelve a alejar, es enfría,
los gases se hielan y la cola desaparece.
En cada pasada pierde materia.
Finalmente, sólo queda el núcleo rocoso. Se cree que hay asteroides
que son nucleos pelados de cometas.
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Hay cometas con periodos orbitales
cortos y, otros, largos. Los hay que no superan nunca la órbita
de Júpiter
y otros que se alejan mucho, hasta que abandonan el Sistema
Solar y ya no vuelven.
La foto de la izquierda es el
cometa Kohouotek, que pasó cerca de la Tierra
en enero de 1974. Había sido detectado muy lejos, cuando
atravesaba la órbita de Júpiter.
El cometa Encke, de órbita
corta, se acerca cada tres años y tres meses. Únicamente
se ve con un buen telescopio. En cambio, el cometa Halley,
que nos visita cada 76 años, y el Rigollet, que lo
hace cada 156, son aún brillantes.
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Secuencia de imágenes del cometa 1993a Mueller
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El Halley fotografiado por la nave Giotto en marzo de 1986.
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El cometa West, con sus colas de plasma y polvo.
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