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Anna Holtz, de 23 años, es una aspirante a
compositora con pocos medios que intenta encontrar inspiración y
prosperar en la capital mundial de la música, Viena. Anna, que estudia
en el conservatorio de música, consigue una recomendación para trabajar
en una reconocida editorial y, tras una serie de acontecimientos
inesperados, se las ingenia para conseguir la oportunidad de trabajar
junto al mayor y más voluble artista vivo: Ludwig van Beethoven.
Cuando, improvisadamente, el escéptico Beethoven la pone a prueba, Anna
demuestra sus dotes y su especial valía para la música. El maestro
decide aceptarla como copista, lo que da comienzo a una extraordinaria
relación que cambiará la vida de ambos.
Comentario
COPYING BEETHOVEN, dónde Ed Harris encarna con maestría al célebre
compositor y Kruger ("Troya", "La búsqueda") hace un trabajo memorable,
se centra en los últimos días de la vida de Beethoven: un periodo
turbulento en la vida del genio. Su lucha contra la sordera, la soledad
y los traumas familiares le sirvieron de inspiración para su Novena
Sinfonía, que puede considerarse la más grandiosa jamás compuesta.

La película, dirigida por Agnieszka Holland ("El jardín secreto", "Europa,
Europa"), es una coproducción entre el Reino Unido y Hungría de Sidney
Kimmel Entertainment (SKE) y Film & Entertainment VIP 2 Medienfonds. Los
productores son Sidney Kimmel y Michael Taylor, y los productores ejecutivos
Marina Grasic, Andreas Schmid y Andreas Grosch. Escrita y producida por
Stephen Rivele y Christopher Wilkinson ("Ali", "Nixon"), la película está
interpretada también por Matthew Goode ("Deseando libertad"), Ralph Riach ("The
Canterbury Tales", para televisión) y Bill Stewart ("Ana y el rey"). Los
exteriores fueron rodados en Hungría.
Entre los creadores de esta película se encuentran el productor de la SKE
Victor Teran, el jefe de producción Ronaldo Vasconcellos ("Lock & Stock"),
la directora de fotografía Ashley Rowe ("Alfil"), la directora artística
Caroline Amies ("Carrington", "En el nombre del padre") y la diseñadora de
vestuario Jany Termime (películas de Harry Potter).
ACERCA DE LA HISTORIA
1824. Es la víspera del estreno de la Novena Sinfonía de Beethoven y las
partes aún no están listas. El editor musical Wenzel Schlemmer (Ralph Riach)
necesita encontrar urgentemente a un copista que termine el trabajo, y la
joven Anna Holtz ofrece una ventaja: está libre. Aún sabiendo que Beethoven,
enfermo y cascarrabias, detesta trabajar con mujeres, Schlemmer no tiene más
remedio que contratarla. Anna, que considera la situación como una
oportunidad que Dios le ha dado de mostrar su trabajo al famoso compositor,
acepta entusiasmada.
"En aquella época muy pocas mujeres desarrollaban una profesión, así que
dejar a su familia y su ciudad para estudiar composición musical es una
decisión muy valiente por parte de Anna", explica Diane Kruger. "Ella no
tiene miedo de lo que Beethoven piense de ella, aunque, naturalmente, se
siente intimidada por lo que él representa."
En uno de sus primeros encuentros, al enterarse de las expectativas de Anna
respecto a la música, Beethoven intenta intimidar a la entusiasta alumna
diciendo: "Una mujer compositora es como un perro que camina con las patas
traseras: nunca lo hace bien, pero uno se sorprende de que sea capaz de
hacerlo".
Anna se adentra con valentía en el fascinante mundo de Beethoven, ayudándole
en sus frenéticos esfuerzos por llegar a los más profundos recovecos de su
talento. Esta experiencia influye enormemente en Anna y en su destino.

"Beethoven es de esos personajes extraordinarios de los que todo lo que se
haya podido oír es cierto, o al menos la mayoría", explica Agnieszka Holland,
directora de la película. "Él cambió el concepto mismo de música, acabó con
las reglas, las convenciones (y la paciencia de algunos de los que
trabajaron con él)."
Grandilocuente, brillante, generoso, implacable y a la vez bondadoso,
Beethoven dominó el panorama cultural europeo del primer cuarto del siglo
XIX. A diferencia de sus antecesores, como Mozart, Beethoven gozó de una
gran reputación durante su vida.
"Beethoven fue el primer músico independiente de la historia", señala el
guionista Christopher Wilkinson. "Componía según sus normas, no dependía de
nadie, como era costumbre hasta entonces, no dependía de un trabajo a sueldo
para la iglesia o la familia real. Creía que el talento debía valorarse por
encima de los linajes y los títulos, un pensamiento muy radical para aquella
época."
Una conocida cita del musicólogo Harold C. Shoenberg en su libro Lives of
the Great Composers ("Vidas de los grandes compositores") dice que mientras
que Mozart orbitaba alrededor de la aristocracia, "Beethoven abría las
puertas a patadas, irrumpía y se ponía cómodo".
Ed Harris dice: "Es el músico más grande que haya pisado el planeta. Una
fuerza fluía a través de él, y sufría tormentos inimaginables para poder
escribirla de la manera en que la sentía, de una manera abierta y franca".
La película introduce al espectador en la silenciosa soledad de la vida de
Beethoven a través de los ojos de Anna Holtz, un personaje ficticio basado
en personas reales de la vida de Beethoven o del panorama musical europeo de
la época.
Stephen Rivele, guionista y productor, comenta: "El mayor reto de crear una
historia sobre los últimos años de la vida de Beethoven ha sido que
realmente no tenía a nadie con quien hablar: padecía una sordera profunda
que dificultaba sus relaciones. Anna nos abre la puerta de su mundo".
Rivele explica que entre las personas reales en que está inspirado el
personaje de Anna se encuentran dos estudiantes de música austriacos que
trabajaron con el copista que Beethoven había tenido toda la vida.
Christopher Wilkinson menciona también a otras dos personas que sirvieron de
inspiración: una compositora asentada en Francia, Lorenc Ferenz, que estuvo
muy influenciada por la música de Beethoven, y otra mujer que protagonizó un
sencillo acto de devoción que pasó a la historia.
"Al comenzar a documentarme me llamó la atención la famosa historia de una
mujer que subió al escenario y dio la vuelta a Beethoven para que viera de
frente el clamoroso aplauso del público al concluir la Novena Sinfonía", nos
explica Wilkinson. Algunos expertos afirman que aquella mujer fue Caroline
Unger, una de las cantantes. "Eso nos dio la idea de tratar la historia
desde la perspectiva imaginaria de una persona muy cercana a Beethoven."

La música de Beethoven arrastra a Anna cada vez más dentro de la mente de su
creador, revelando el torbellino de ingenio que alberga. Aunque Beethoven
era una persona de naturaleza gregaria y sociable, su creciente sordera y
las angustias lo llevaron a aislarse cada vez más. La música que compuso
durante aquella época, reflejo de su estado de ánimo, fue considerada como
demasiado seria por el público vienés, que prefería la frivolidad de la
ópera italiana.
"Cuando estaba a punto de estrenar su Novena Sinfonía, Beethoven ya no
gozaba del favor del público de Viena", explica el asesor musical de la
película, Piotr Kaminski. "Habían pasado años desde su última sinfonía, y el
público ya no estaba tan interesado en la música instrumental. Beethoven
tuvo la audacia de añadir voces a la sinfonía, lo que supuso un escándalo y
a la vez sirvió de reclamo para el público. La Novena supuso uno de los
regresos más apoteósicos que jamás haya hecho una estrella."
Tras el éxito del estreno, con Viena de nuevo a sus pies, Beethoven empezó a
escribir los últimos cuartetos de cuerda, un sonido nuevo y sorprendente que
describió como un puente hacia una forma totalmente nueva de música. En una
de las escenas más reveladoras de la película, Beethoven explica a Anna que
Dios no vive en las mentes ni en las almas de los hombres, sino en sus
entrañas.
"Su último periodo fue tan intenso, se adentró en tales profundidades que su
salud se resintió", explica Agnieszka Holland. "De los momentos más agónicos
de su vida surgió la música más compleja y bella. Hemos querido ser fieles a
su biografía en el guión, pero al mismo tiempo utilizar las licencias
artísticas que fueran necesarias. El guión tiene resonancias trágicas y
cómicas a la vez, igual que la huella que Beethoven dejó y la manera en que
cambió el concepto de genio, y la relación entre los compositores y la
sociedad."
Ed Harris, declara: "Tenía una fortaleza impresionante. Estaba enfermo,
sordo y terriblemente solo, y aún así sentía que tenía que sacar fuera su
música, y lo hizo hasta el fin de sus días".

Una de las principales motivaciones de Rivele y Wilkinson al escribir el
guión fue descubrir a un público nuevo los últimos cuartetos de cuerda de
Beethoven. Ambos querían, ya desde principios de los noventa, escribir un
guión sobre el legendario compositor que se centrara en sus últimos años
(una película anterior sobre Beethoven, "Amor inmortal", de Bertrand Rose,
se centraba sobre todo en su relación sentimental con una mujer desconocida
en una primera etapa de su vida).
Rivele explica: "Los últimos trabajos son los más sublimes e inaccesibles de
su música, son un idioma que inventó para expresar las experiencias
espirituales que estaba viviendo en aquel momento de su vida. Hemos querido
crear una historia que permitiera acercar al público esta extraordinaria
música de modo que pudiera apreciarla en toda su grandeza".
Aunque en un principio no logra comprender del todo ese nuevo idioma
musical, la obsesión de Anna con Beethoven consume su vida, amenazando con
consumir también su relación con su adinerado pretendiente, Martin Bauer (Matthew
Goode).
Martin, arquitecto, ingeniero y científico en ciernes, desconfía de
Beethoven y ve con cierto recelo el deseo de Anna de adentrarse en el mundo
de la composición, un mundo de hombres.
"Anna y mi personaje tienen química, porque los opuestos se atraen, pero él
es un hombre muy de su época, en una sociedad patriarcal, y quiere que ella
cumpla con la tradicional función de ama de casa", explica Matthew Goode. "Beethoven
se refiere a él con el apodo de "El hombre de hierro", insinuando que no
tiene corazón. Martin sirve para exponer el conflicto no sólo entre
Beethoven y Anna, sino entre ciencia y arte."
La noche del estreno, Martin no puede evitar sentirse contagiado por la
euforia de la Novena, al tiempo que se da cuenta de que el impresionante
efecto que produce en Anna la acercará más a Beethoven, y la alejará de él.
"Beethoven ha alimentado sus ambiciones y deseos", dice Diane Kruger de Anna,
"y ella empieza a preguntarse si podrá estar con alguien que no aprecia del
todo el arte y la música, por no hablar de su vocación y talento."
"Esta historia es un testimonio de cómo la esperanza y la ilusión pueden
surgir del caos", dice Stephen Rivele. "Tras burlarse de sus ilusiones,
Beethoven pide a Anna que lo ayude con sus últimos cuartetos de cuerda (su
legado para la música del futuro). Ella aprende el más profundo sentido de
la música, y encuentra el coraje para transformarse en una artista".
ACERCA DE LA PRODUCCIÓN
"Veo a Beethoven ahí de pie" dijo el guionista y productor Christopher
Wilkinson el primer día de rodaje, "pero, ¿qué habéis hecho con Ed Harris?"
Al igual que para otras magníficas interpretaciones, en películas como "Pollock:
la vida de un creador" y "Las horas", el actor Ed Harris, cuatro veces
candidato a los Oscar, se introdujo, física y mentalmente, en un papel
artísticamente arduo, esta vez el de uno de los personajes más conocidos de
la historia. Haciendo honor a su fama de actor meticuloso, Harris dedicó
muchos meses a practicar piano y violín, estudiar dirección musical y leer
ávidamente libros sobre la vida y obra de su personaje. Todo ello para, como
él dice, "intentar imaginar de dónde sale, espiritual e intelectualmente, la
música de Beethoven".
La directora Agnieszka Holland afirma: "Ed es uno de los pocos actores de su
generación con la profundidad, la inteligencia y el valor necesarios para
pasar por una experiencia tan difícil. El personaje requería toda su entrega
y su talento".
Lo mismo puede decirse de Diane Kruger. Según Wilkinson, "ver a Diane
interpretar una escena me ayudó a comprender, exactamente y por primera vez,
el guión que Stephen y yo habíamos escrito".
Al igual que Harris, Kruger estudió música y dirección musical, y conocía
las obras de Beethoven por haber crecido en Alemania, un país en el que se
familiariza a los jóvenes con la música del compositor desde temprana edad.
Kruger recuerda: "Ed, Agnieszka y yo nos conocimos en Los Ángeles justo un
año antes de que empezara el rodaje. Estuvimos un mes leyendo, ensayando y
puliendo detalles, así que cuando llegamos a Budapest ya teníamos una idea
bastante clara de lo que queríamos", y añade: "Beethoven tuvo una vida muy
interesante y llena de estímulos. Creo que el guión lo retrata como persona,
no como mito".
El productor y guionista Stephen Rivele explica: "No tuve que investigar
demasiado sobre Beethoven, ya que había vivido con él durante 30 años de mi
vida. Lo descubrí a los 13 años, cuando mi madre trajo a casa un disco de la
Quinta Sinfonía. Desde entonces me apasiona, y para mí es tan real como
cualquiera de las personas que conozco".
El rodaje de COPYING BEETHOVEN comenzó el 5 de abril de 2005, en un bosque a
las afueras de Budapest, Hungría, con una intensa escena en la que Beethoven,
Anna y otras dos personas se dirigen a toda prisa en un carruaje al
encuentro de Karl van Beethoven. Karl, interpretado por el joven actor Joe
Anderson, es un alma atormentada, abrumada por las expectativas que tiene su
tío de que siga, a pesar de que es imposible, sus pasos.
"Era el primer día de rodaje y yo tenía que interpretar la escena más
emotiva de mi personaje", explica Anderson. "Y no había rodeo posible."
Lo mismo puede decirse de Harris y Kruger, quienes tuvieron que pasar varias
horas de una calurosa tarde de primavera corriendo por el bosque vestidos
con prendas de lana muy pesadas.
Al día siguiente, el equipo de rodaje se desplazó a los estudios de Mal Film
Studios en Budapest para rodar durante más de tres semanas en el decorado
del apartamento de Viena en el que vivía Beethoven.
"La estructura de la historia recuerda a una obra de teatro, pues los
personajes se mueven activamente por el apartamento", explica la directora,
Agnieszka Holland.
Para que los actores pudieran moverse y crear un entorno que permitiera
diferentes planos con cada ángulo de cámara, la directora artística,
Caroline Amies, diseñó una "estructura de laberinto para poder trucar un
poco la realidad y crear así un espacio en el que los personajes pudieran
hacer pequeños trayectos. No queríamos que la habitación, ni la película,
parecieran la estancia de un museo, sino que reflejara el espíritu del
tiempo y el color. Creamos una paleta muy rigurosa, rica y tenue, utilizando
sólo materiales de la época (nada de vinilo o plástico), y buscamos
artesanos expertos que supieran trabajarlos".
El apartamento, de cuatro habitaciones, está atestado de platos sin lavar,
papeles desperdigados, instrumentos, dos pianos y muchos otros objetos fuera
de sitio.
"Beethoven era muy desordenado (él siempre estaba pensando en la música, no
en limpiar, y tuvo muchas amas de llaves diferentes).", explica Amies. "Me
sorprendió enterarme de que vivió nada menos que en cincuenta apartamentos
diferentes en Viena. Muchas veces se mudaba para escapar de las amas de
llaves, que no le inspiraban ninguna confianza. Siempre comprobaba las
cuentas minuciosamente, porque sospechaba que le engañaban."
Amies esbozó por primera vez lo que sería el apartamento de Beethoven en el
reverso de la tarjeta del hotel de Viena en el que se alojaba mientras
investigaba sobre el compositor, y se la envió por fax a Agnieszka Holland.
Durante su investigación visitó archivos y museos, pudo ver partituras de
Beethoven (como ella misma exclamó: "¡escritas de su puño y letra!") y
estuvo en dos de los apartamentos que el compositor alquiló. Incluso paseó
por una de las calles en las que vivió (una de las pocas de aquella época
que siguen intactas).
"Empecé a enamorarme de él al descubrir más cosas sobre su vida", explica
Amies. "Tenía una rutina muy organizada, se levantaba a la misma hora, se
hacía siempre el café con sesenta granos exactamente, seguía el mismo
horario de trabajo, comía siempre en el mismo sitio y a la misma hora, y
solía acostarse a las nueve para leer a Goethe o a Schiller. Le gustaba
tomar un poco de vino tinto y salía de vez en cuando, pero su sordera le
obligó a refugiarse en sí mismo cada vez más, y quizás por eso su música es
tan especial: no estaba influido por lo que pasaba a su alrededor."
Uno de los artilugios más curiosos que abarrotan el apartamento del maestro
es un aparato de metal que se ataba alrededor de la cabeza para dirigir el
sonido hacia sus oídos. "No existe un registro exacto de todos los aparatos
que probó para amplificar el sonido", explica Amies, "pero se sabe que
modificó algunos instrumentos para aumentar su audición. "
La sordera del compositor es evidente en las escenas rodadas en el hermoso
Museo Etnográfico de Budapest, lugar en el que se rodó durante dos días la
escena del ensayo de la innovadora Gran Fuga de Beethoven. En dicha escena,
el Archiduque (Nicholas Jones) termina preguntándose si el grandioso genio
ha perdido definitivamente los papeles. También se rodó en este museo la
intensa confrontación entre Beethoven y Martin Bauer, a la que Anna asiste
horrorizada. Al igual que en el caso de Joe Anderson, la escena más intensa
de Matthew Goode se rodó el primer día, y fue ésta.
"Creo que fue bueno para la historia tener que lidiar por primera vez con la
intimidante imagen artística de Ed Harris al mismo tiempo que mi personaje
se enfrentara a Beethoven", explica Goode. "Ed es un hombre generoso y
considerado, bastante afable, de verdad, pero cuando se te acerca con paso
decidido desde la otra punta de la habitación y te mira desde dentro de su
papel, resulta fácil olvidarse de todo eso y que surja cierto nerviosismo."
Tras rodar las escenas en el museo, el equipo se trasladó a un castillo
antiguo en el distrito de Zichy, en la zona de Buda, a la orilla derecha del
Danubio, donde se construyeron los decorados de la imprenta y la oficina de
Schlemmer, así como de la taberna Kresnski (la favorita de Beethoven).
"El castillo estaba abandonado, y hubo una época en que se utilizó de
cuartel militar", explica Caroline Amies. "En la oficina privada de
Schlemmer hay un sofá cama rodeado de instrumentos musicales, entre ellos
una reproducción de una espineta y un piano de mesa de época que él toca en
una escena con Anna."
En dicha escena, Schlemmer recuerda con nostalgia las hermosas melodías que
Beethoven solía componer y expresa su desconcierto ante los tonos disonantes
que está utilizando en sus últimas composiciones.
Diane Kruger explica: "Anna, a su vez, tampoco logra entender los nuevos
trabajos de Beethoven hasta que una noche, volviendo a Viena tras visitar a
su padre enfermo, la música encaja de repente en su cabeza. Pone voz a todos
los sentimientos y emociones que ella está experimentando".
Junto a la oficina de Schlemmer hay un taller lleno de imprentas y prensas
originales y reproducidas. Amies dice: "En aquella época, Viena estaba
plagada de compositores, y hacían falta personas que pudieran copiar a mano
las partituras originales, que muchas veces eran confusas y estaban escritas
sin cuidado. Esas copias hechas a mano se grababan y se imprimían, y luego
se cosían juntas y se prensaban".
Como cada instrumento requería su propia partitura, una orquesta podía
necesitar hasta cien partituras para cada actuación.
"Tuve que aprender todo el proceso de impresión con planchas de cobre, en el
que se utilizan ácidos, barniz de cera de abeja, tiza y rejillas calientes",
explica Amies. "El proceso ha permanecido igual hasta nuestros días."
El barrio medieval de la ciudad húngara de Sopron ha servido para rodar los
exteriores de una de las escenas más complicadas de la película, en la que
participan cientos de extras y en la que se ve a Anna deambulando por las
concurridas calles de Viena.
"Esta ciudad pasa perfectamente por Viena debido a su arquitectura similar y
a la proximidad e influencia de Austria", comenta Agnieszka Holland. "Como
mitades del Imperio Austrohúngaro, Austria y Hungría comparten una historia
y una cultura comunes."
Otros decorados creados en la ciudad de Sopron son el apartamento de Martin
Bauer y el exterior del Teatro de la Corte Imperial de Viena, donde
Beethoven recibe una calurosa acogida tras el estreno de la Novena Sinfonía.
No obstante, la monumental tarea de rodar los fragmentos de la sinfonía tuvo
lugar en la ciudad de Kecskemet, Hungría, en el Teatro Katona Jozsef.
Allí, durante cuatro días, Ed Harris y Diane Kruger dirigieron la Orquesta
Sinfónica de Kecskemet, compuesta por 55 músicos, y el prestigioso Coro de
Kecskemet, de 60 miembros, en cuatro partes diferentes de la sinfonía (que
cubren aproximadamente diez minutos de película). Aunque la música que
aparece en la película pertenece a una grabación del año 1996 de la
discográfica Decca, la orquesta y el coro de Kecskemet interpretaron en
directo algunas partes para acompañar el sonido grabado. Tenían que
interpretar exactamente con el mismo ritmo de la grabación, y a Ed Harris le
costó mucho marcarlo aunque, según el asesor musical Piotr Kaminski, lo hizo
muy bien.
"Me impresionó mucho (por lo que vi y lo que oí comentar a los músicos) la
habilidad de Ed para dirigir la orquesta en todas aquellas partes. Estuvo
increíble, muy convincente, igual que Diane, que tenía que dirigir desde una
posición bastante difícil en el foso de orquesta."
Ed Harris dice: "Tras cierta inquietud inicial, el coro y la orquesta se
dieron cuenta de que tenía idea de lo que estaba haciendo y de que había
hecho los deberes, y cuantas más tomas hacíamos, más libres y cómodos se
sentían. Hubo un momento en que, justo antes del final, Agnieszka gritó:
"¡Corten!", pero no podíamos parar. Yo seguí dirigiendo, y ellos siguieron
tocando hasta el final. Cuando acabamos, el teatro estalló en aplausos. Fue
un momento muy gratificante".
Las numerosas tomas fueron a la vez agotadoras y estimulantes para el equipo
técnico y artístico. Cientos de extras vestidos con trajes de gala de época
llenaban el auditorio, donde también se encontraba Matthew Goode, cuyo
personaje, Martin Bauer, a pesar de su aversión personal hacia Beethoven,
llora de emoción con la música. El propio Goode quedó fascinado por la
experiencia.
"Viendo a Ed dirigir se me puso la piel de gallina", dice. "Me sentí como si
viajara en el tiempo hasta aquel preciso momento. La toma 50 fue igual de
emocionante que la primera."
Aunque existen más de cien grabaciones distintas de la Novena Sinfonía, el
montador musical Andy Glen dice que la grabación de 1996 de la discográfica
Decca, con Bernard Haitink dirigiendo la prestigiosa Royal Concertgebouw
Orchestra de Ámsterdam (formada en 1888), cautivó especialmente a la
directora del filme.
"Existen ciertas diferencias en las distintas grabaciones de la Novena, y
Agnieszka quería una con un tempo rápido y mucha emoción y brío. Oímos
aproximadamente seis grabaciones antes de decidirnos por la versión de
Haitink."
En la banda sonora hay música tocada con instrumentos de principios del
siglo XIX, que tenían un diseño y unas afinaciones diferentes a los
actuales. Los arcos del violín y el chelo, por ejemplo, tenían unas
curvaturas características que requieren una técnica diferente a la que se
utiliza hoy día. Algunos de esos instrumentos de época aparecen en el
escenario del Teatro Katona Jozsef durante el rodaje de la Novena Sinfonía.
Para iluminar el teatro, decorado con madera oscura y colores rojos, se
utilizaron 600 velas, y fueron necesarias ocho personas para encenderlas y
apagarlas rápidamente entre toma y toma.
De pie frente a la orquesta, Ed Harris está ataviado con lo que la
diseñadora de vestuario Jany Temime describe como un traje "chic-raído.
Quería que pareciera una estrella del pop avejentada, alguien que aún
conserva cierto sentido de la elegancia pero que ya no se preocupa por su
aspecto".
Temime fabricó y ajustó más de 650 trajes de época inspirándose en los
retratos del maestro francés Ingres (1780-1867). Todos los trajes y tejidos
se trajeron de Londres, incluidos cien trajes de noche.
"1824 fue una época de transición en la forma de vestir de las mujeres. Los
talles altos empezaron a bajar. Aún así, he decidido mantenerlos altos,
porque se identifican más fácilmente con esa época", explica Temime.
Para el personaje de Anna Holtz, Temime diseñó vestidos y abrigos sencillos
que "Anna, por ser una mujer trabajadora y sin recursos, se habría hecho a
mano. Sólo tenía dos vestidos, que diseñamos a partir de patrones antiguos y
luego tratamos y envejecimos con planchas de hierro calientes y jabón".
El vestuario de Matthew Goode, explica Temime, "refleja refinamiento, buena
posición y elegancia. Una persona de su posición iría a un buen sastre y se
preocuparía mucho por su apariencia".
Tomándose el mismo interés, la directora Agnieszka Holland aplicó por igual
"hierro caliente" y un toque de terciopelo en el escenario.
Kruger explica: "Agnieszka es el capitán del barco, y es muy resolutiva.
Está muy preparada y trata de maravilla a los actores, incluso cuando nos
pide que mejoremos nuestras interpretaciones".
COPYING BEETHOVEN es la tercera colaboración entre Agnieszka Holland y Ed
Harris, quien explica: "Agnieszka es una buena amiga, la conozco desde hace
veinte años. Sabe lo que se hace. Cada día hay muchísimo rodaje, y ella
consigue sacarlo adelante. Yo me maravillo. Estoy muy orgulloso de trabajar
con ella".
Por su parte, Agnieszka Holland afirma que ha intentado permanecer fiel al
espíritu del gran compositor y al mismo tiempo acercar su música tanto a
quienes ya conocían su trabajo como a quienes lo descubren por primera vez.
"En la película, la música no es una ilusión. La estamos utilizando, como
hizo Beethoven, para reflejar una época de la historia con un estilo
contemporáneo popular. Así era Beethoven: su música pertenecía a una época y
al mismo tiempo era eterna".
Reflexionando sobre las muchas contradicciones de la vida de Beethoven,
Agnieszka Holland se preguntó cómo pudo la sordera influir en su música.
"Es una paradoja que te hace reflexionar sobre el concepto de genio",
explica. "La sordera no parecía restarle talento. Tendió un puente entre el
romanticismo clásico y la música moderna, y luego lo destruyó para que no
hubiera vuelta atrás."
Ed Harris hace la siguiente reflexión: "Quizá eso hizo que escapara a las
influencias de su época y que sólo tuviera su mundo. Empezó a romper moldes
y a cambiar enormemente las cosas".
Stephen Rivele concluye: "Encontré un disco que da una idea de cómo debía de
ser su pérdida de audición. Me pareció enloquecedor, y eso me hizo
preguntarme cómo él no se volvió loco también. Eran todo silbidos, aullidos
y estridencias, y el frustrante enmudecimiento de los sonidos iba cada vez a
peor. Seguir trabajando fue una muestra de valor y determinación por su
parte. Sin embargo, pienso que compuso la música más poderosa, conmovedora,
heroica y espiritual de nuestra civilización".
"COPIANDO" A BEETHOVEN
Para el rodaje de la película se necesitaron cientos de páginas de
partituras, tanto para conseguir un efecto visual realista como para las
interpretaciones de Ed Harris, Diane Kruger, el coro y la orquesta. El
trabajo de encontrar, clasificar, copiar a mano y hacer que estuvieran
disponibles las partituras recayó sobre la londinense Emily Luytens, la "Anna
Holtz" de la producción. Así relata ella su experiencia...
"El proceso de "copiar a Beethoven" fue muy arduo al principio, ya que el
análisis del guión reveló una compleja y profunda disección de la Novena
Sinfonía, la Gran Fuga y varias piezas adicionales para los cuartetos. El
guión estaba plagado de referencias a partituras que tanto Beethoven como
Anna aparecían escribiendo o interpretando.
La letra de Beethoven va desde esbozos muy resumidos hasta pequeñas
anotaciones hechas muy deprisa, y varía en función de su estado de ánimo: en
sus manuscritos pueden verse furiosas tachaduras que reflejan su ira y
frustración. Practiqué copiando directamente de facsímiles de sus partituras
para comprender el estilo que utilizaba para abreviar. Afortunadamente, la
letra de Beethoven es bastante parecida a la mía: unos garabatos un tanto
ilegibles que se inclinan hacia la derecha.
Tras desglosar el guión escena por escena, los asesores musicales de
Londres, Margaret Rodford y Andy Glen, me enviaron las partituras impresas
con números marcados en las barras para que supiera a qué escena
pertenecían. Lo más difícil fue conseguir que cada manuscrito pareciera un
bonito dibujo y al mismo tiempo fuera correcto. Me enviaron plumas de ave
desde Canadá, y me resultaron valiosísimas; su punta flexible era casi como
un pincel, y pude trazar unas notas cuya abstracción formal recordaba mucho
a la caligrafía china.
Un copista de música húngaro me enseñó dónde podía realizar abreviaturas y
qué partes se podían resumir más fácilmente. Al final, con algo más de
práctica, pude copiar directamente de la partitura impresa.
El copiado de Anna, sin embargo, fue un trabajo conjunto que realicé con el
excelente copista húngaro que nos ayudó con la letra de Beethoven. Pronto
descubrí que podía imitar con más facilidad los garabatos llenos de tinta de
Beethoven que la pulcra y correcta notación de Anna. Así que la mayor parte
del copiado de Anna, salvo unas cuantas piezas, fue realizado por un hombre
de 65 años, mientras que yo hice el de Beethoven. Me pareció una inversión
de papeles bastante curiosa.
Es importante destacar que Diane Kruger demostró ser extraordinariamente
buena escribiendo música, con una letra muy bonita, y que en la mayoría de
los primeros planos se grabó su mano. Ed Harris también era muy bueno
escribiendo con el estilo de Beethoven, y con muy pocas muestras consiguió
garabatear maravillosamente bien el final de la Novena Sinfonía ante la
cámara."

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