P. Jaime Arturo Franco Esparza
sdb http://iieh.com/autores/jfranco.... Dr. en Teología Dogmática.
Director del Departamento de Investigación del Instituto Salesiano de
Estudios Superiores ISES
Un fragmento del el Himno a la
Materia Teilhard de Chardin leído por Cristián Warnken
Han pasado ya muchos
años de aquel domingo de Pascua en el que expiraba el Jesuita francés
Marie-Joseph Pierre Teilhard de Chardin. Cinco años antes de morir,
dirigía a Dios esa oración en la que pedía poder formular bien la esencia
de su mensaje:
"Mi Dios Jesús, una vez más, la misma oración, la
más ardiente, la más humilde: Hazme terminar bien (...) terminar bien, es
decir, haber tenido el tiempo y la ocasión de formular mi Mensaje
Esencial, la Esencia de Mi Mensaje"
El Jueves Santo escribía en la
última página de su diario la síntesis de ese mensaje esencial:
"Lo que yo creo - Síntesis: 1) San Pablo... los 3 versículos (1Cor
15,26,27,28): Dios todo en todo (¡confirmación teológica!... Revelación
ultra-satisfecha); 2) Cosmos = Cosmogénesis - Biogénesis - Noogénesis -
Cristogénesis; 3) El Universo está centrado (Evolutivamente, Hacia Arriba
y Hacia Adelante); Cristo es el centro de ello"
Teilhard,
preocupado por hacer llegar el mensaje cristiano en un lenguaje adaptado a
las exigencias de su tiempo, concentra su esfuerzo en restablecer el
vínculo entre el mundo de la ciencia y el cristianismo; entre los
adoradores de Cristo y los adoradores del mundo; entre la pasión de la
tierra por construir y la pasión del cielo por ganar. Esta doble vocación
de "hijo de la tierra" e "hijo del cielo" es lo que ha caracterizado su
persona, su obra [ Nota 3 ].
1. Rasgos biográficos
Hay que recordar que para
entender bien el pensamiento de un autor, no basta simplemente examinar
los diferentes puntos de la doctrina que él nos transmite. Es necesario
también considerar cuál es el problema central de su vida que se vislumbra
a través de sus escritos [ Nota 4 ]. Según Norbert Max Wildiers [ Nota 5
], la vida de Teilhard estaría dominada por la preocupación fundamental de
encontrar una respuesta al problema de las relaciones entre Dios y el
universo. Tal cuestión no sólo ocuparía el puesto central de su
perspectiva, sino que también sería el fulcro de su aventura interior y la
clave para discernir su pensamiento [ Nota 6 ]. Se trata de un problema
que tiene como punto neurálgico las relaciones entre fe y ciencia. Ahora
bien, en vistas a comprender mejor dicho problema y teniendo en cuenta el
nexo íntimo que existe entre el autor y su obra, expondremos en este
apartado un breve cuadro bio-bibliográfico del mismo [ Nota 7 ].
1.1. Vida familiar
Teilhard nace el 1º de
mayo de 1881 en Sarcenat, en las proximidades de Orcines, Puy-de-Dôme, a 7
Kilómetros al Oeste de Clermont Ferrand, Francia. La belleza del lugar,
con sus altas montañas y verdes praderas, ha despertado y favorecido en su
espíritu de aventurero el gusto por la contemplación de la naturaleza [
Nota 8 ]. En los datos biográficos presentados por Claude Cuénot, aparece
la referencia a un acta que prueba la existencia en Auvergne, en el año de
1325, de un Pierre Teilhard [ Nota 9 ]. Por otra parte, aparece también
una remota parentela con Marguerite Catherine Aroueten, hermana de
Voltaire y tatarabuela de Berthe Adèle de Dompierre d'Hornoy, madre de
Pierre [ Nota 10 ].
En el año de 1875
Emmanuel Teilhard de Chardin (1844-1932) se casa con Berthe Adèle
(1853-1936). Pierre será el cuarto de once hijos [ Nota 11 ]. Hasta el año
1892 permanecerá en Sarcenat bajo la tutela de sus padres, recibiendo de
ellos las primeras enseñanzas que forjarán su carácter. Su padre fue un
gran naturalista de amplia cultura. Él transmitió a Pierre el talento de
la observación despertando en su espíritu el amor por la naturaleza y su
afición por coleccionar insectos, pájaros y piedras. Los gestos de
humanidad que su padre manifestaba en el trato con los demás, influyeron
de manera decisiva en su personalidad [ Nota 12 ]. Asimismo la influencia
de Berthe Adèle ha sido determinante para sus hijos. Ella despertó en
Pierre el sentido de la presencia de Dios. La devoción al Sagrado Corazón
de Jesús -que ocupará un lugar especial en la vida de Teilhard- será desde
su infancia alimentada por la piedad de su madre [ Nota 13 ]:
"En
esta dirección, el progreso me fue facilitado por el hecho de que, "el
Dios de mi madre", fue ante todo, tanto para mí como para ella, el Verbo
"encarnado" [...]. Y es en este punto que aparece, en la historia de mi
vida espiritual [...], el rol inicial tan importante, tenido por una
devoción con la cual mi madre no ha dejado jamás de nutrirme, no
imaginando las transformaciones a las que las someterá mi insaciable
necesidad de Organicidad cósmica: la devoción al Corazón de Jesús" [ Nota
14 ].
La madre de Pierre, igualmente preocupada por crear una
atmósfera agradable en la familia, hizo reinar la mutua estima entre sus
hijos. Es de hacer notar que, a pesar del buen ambiente que imperaba en el
hogar, hubo momentos también de inquietud. Puede recordarse al caso, por
ejemplo, cuando seis de los hermanos de Pierre fueron movilizados en el
tiempo de la primera guerra mundial, muriendo dos de ellos en los combates
(Olivier y Gonzague) [ Nota 15 ].
Teilhard quería a todos sus
hermanos, pero sentía una preferencia especial por Marguerite-Marie
(Guiguitte), la hermana que sufría de parálisis [ Nota 16 ]. Con ella, al
igual que con su prima Marguerite, Teilhard encontrará el motivo y la
oportunidad de intensificar el intercambio epistolar. En dichas cartas les
comunicaba los pequeños sucesos cotidianos, las noticias de familia, el
relato de algún viaje y les invitaba a la vez a que vieran en todo
acontecimiento la mano de Dios [ Nota 17 ]. Además de la ayuda espiritual
que les ofrecía con sus diversas reflexiones, Pierre aprovecharía asimismo
la ocasión para comunicarles algunos aspectos sobre la génesis de su
cosmovisión que se iría formando desde muy temprana edad.
1.2. Tendencias innatas Aproximadamente entre los
cinco o seis años, Pierre queda fuertemente impactado al observar cómo un
manojo de sus cabellos al caer en el fuego se transforma instantáneamente
en ceniza [ Nota 18 ]. Después de haber hecho esta experiencia sobre la
mortalidad y la contingencia de las cosas, surge en él la pasión y la
inclinación por buscar algo más duradero y permanente. La necesidad de
poseer en todo "algún Absoluto" fue, desde la infancia, el eje de su vida
interior. Nada le parecía tan característico ni tan familiar en su
comportamiento interior, cuanto el gusto o la necesidad irresistible de
algo que fuese lo "Unico Suficiente y lo Unico Necesario" [ Nota 19 ]. Es
así que empieza a experimentar su inclinación hacia los objetos metálicos:
"Entre los placeres de esta edad, no era feliz (de ello me acuerdo
con lucidez) más que en relación a un gozo fundamental, el cual consistía,
generalmente, en la posesión (o el pensamiento) de algún objeto más
precioso, más raro, más consistente, más inalterable. Tanto más, si se
trataba de algún pedazo de metal" [ Nota 20 ].
"Y en efecto ¿por
qué el Hierro? [...], porque para mi experiencia infantil, nada en el
mundo era más duro, más pesado, más tenaz, más duradero que esta
maravillosa sustancia que asumía bajo forma tan plena como le era
posible..."La Consistencia": tal ha sido indudablemente para mí el
atributo fundamental del Ser" [ Nota 21 ].
Más adelante Teilhard
experimentará otra desilusión. Aquel pedazo de hierro que creía tan
consistente no lo era realmente [ Nota 22 ]. Para consolarse, él buscó los
equivalentes en una llama azul vacilante -a la vez tan material, tan
imperceptible y tan pura- sobre los leños del fogón, pero con más
frecuencia en alguna piedra transparente o coloreada. Esta renacida
atracción por el "mundo de las piedras" produce como efecto una liberación
definitiva en lo más profundo de su vida interior [ Nota 23 ].
Reflexionando sobre sus experiencias del pasado, Teilhard caerá en
la cuenta de que iba madurando en él una clarificación de los elementos
fundamentales de su pensamiento. Lo que él había llamado sucesiva y
continuamente "componentes universales", no era sino el residuo de una
lenta evolución en él [ Nota 24 ]:
"Pero, más aún, variación
gradual de resplandor y de matiz ligado al juego complicado de tres
componentes universales: lo Cósmico, lo Humano y lo Crístico,
-explícitamente presentes en mí (al menos la primera y la última) desde
los primeros instantes de mi existencia, pero de la que he necesitado más
de sesenta años de esfuerzo apasionado para descubrir que éstas no eran
más que las inmediaciones o aproximaciones sucesivas de una misma realidad
de fondo... Rubores resplandecientes de la Materia, virando
insensiblemente al oro del Espíritu, para transformarse en fin en la
Incandescencia de un Universal-Personal" [ Nota 25 ].
Ese
"Universal-Personal" lo encontrará en Cristo y en su misterioso dinamismo
amoroso. Es en él donde encontrará la liberación que anhelaba su corazón
deseoso de poseer Algo verdaderamente definido, tangible y que fuese a la
vez capaz de poseer todos los atributos del ser; en el Dios Encarnado
encontrará realizada, finalmente, la gran síntesis de su búsqueda:
"!Asombrosa liberación! [...]. La entera realidad física y
espiritual de Cristo se reunía ante mis ojos en un objeto definido y
compacto donde se desvanecía toda particularidad accidental y restrictiva
[...]. Para mí, Dios "se materializaba" profundamente en una realidad a la
vez espiritual y tangible, donde, sin que me lo figurase aún, comenzaba a
realizarse la gran síntesis en la cual se resumiría el esfuerzo entero de
mi existencia: la síntesis del Hacia Arriba y Hacia Adelante. Inmersión
del Divino en la Carne" [ Nota 26 ].
Las experiencias vividas por
Teilhard desde los primeros años de su infancia fueron de gran importancia
para él, ya que a través de ellas pudo comprender mejor la evolución de su
vida interior. Posteriormente -y sirviéndose ya del estudio y de nuevas
experiencias-, podrá expresar de manera más completa la síntesis de su
cosmovisión.
1.3. Estudios Teilhard empezó su
educación secundaria con los jesuitas a la edad de once años, en el
colegio Notre-Dame de Mongré (Villefranche-sur Saône 1892-1897). En 1896
obtiene su primer bachillerato en ciencias naturales; al año siguiente
termina su segundo bachillerato en filosofía y letras; en 1897 consigue el
bachillerato en matemáticas. Luego, entra en el noviciado de la Compañía
de Jesús (Aix-en-Provence), a la edad de 18 años (1899). En 1901 emite sus
primeros votos [ Nota 27 ]. Estudia Filosofía durante tres años en la casa
de Saint-Louis (Jersey). Enseña después química y física en el colegio
jesuita de la Sainte-Famille (Cairo 1905-1908) y hace cuatro años de
teología en Hasings-Sussex, Inglaterra (1908-1912). Es ordenado sacerdote
en 1911 por el obispo de Southwark, Monseñor Amigo [ Nota 28 ].
En
esos años comienza a interesarse particularmente por los problemas de
geología y de paleontología. Su amistad con el profesor Marcellin Boulé
será significativa porque le iniciará en la paleontología humana [ Nota 29
]. Un poco más tarde comenzarán sus expediciones científicas. En 1913
tiene la oportunidad de visitar las cavernas con pinturas prehistóricas
que se encuentran al noreste de la España, y regresar de dicha expedición
en compañía del gran paleontólogo Breuil [ Nota 30 ].
Después de
un período de interrupción a causa de la primera guerra mundial, continuó
sus estudios y consiguió el doctorado en ciencias naturales en el año de
1922. Su tesis doctoral sobre "los mamíferos del bajo eoceno" causó un
gran impacto en la famosa universidad de la Sorbona. Por primera vez un
científico católico, que además era jesuita, se declaraba partidario
decidido y entusiasta de la teoría evolucionista [ Nota 31 ].
Estos datos del curriculum, si por una parte ponen de relieve la
notable preparación de Teilhard en el ámbito científico, por otra pueden
tal vez hacer pasar inadvertido un detalle de importancia con relación a
lo académico: su preparación filosófica y teológica. La permanencia en el
colegio de Mongré, desde el año 1892 hasta 1898, y trece años de formación
con los jesuitas en los que realiza estudios serios e incluso brillantes,
ponen de manifiesto la incontestable formación de Teilhard en esos
sectores [ Nota 32 ].
No está de más recordar aquí
el gran interés que siente el Jesuita por los asuntos religiosos. Prueba
de ello son sus participaciones en las jornadas teológicas organizadas por
diferentes instituciones, o sus debates y encuentros con grandes
personalidades -como por ejemplo, con Henri de Lubac, Yves Congar,
Marie-Dominique Chenu, Bruno de Solages, Adhémard d'Alès, Joseph Huby,
Gabriel Allegra, Maurice Blondel, y otros más- con quienes aprovechaba la
oportunidad para intercambiar pareceres o para clarificar sus intuiciones
fundamentándolas con argumentos exegéticos, patrísticos, dogmáticos y
filosóficos [ Nota 33 ].
1.4. La primera guerra mundial
En el primer conflicto bélico mundial el padre Teilhard prestó sus
servicios no sólo como sacerdote sino también como camillero del 8º
Regimiento (Marruecos), que se convertiría posteriormente en el 4º
Regimiento mixto de infantería. Por su valor y por haber mostrado audacia
ante el peligro, fue condecorado con la Medalla Militar y con la Legión de
Honor [ Nota 34 ].
La experiencia de la guerra significó para él
un verdadero "bautismo en la realidad". Fue -por paradójico que pueda
parecer- una "luna de miel intelectual" en la que comenzaba a madurar su
cosmovisión [ Nota 35 ].
Lejos de ser insensible ante el dolor [
Nota 36 ], Teilhard comienza a percibir algo especial en aquellos
acontecimientos bélicos. Con su mirada, al ir más allá de los mismos
hechos, logra percatarse de lo que es capaz la fuerza humana [ Nota 37 ].
Descubría que la energía humana -al organizarse individual y
colectivamente entregándose con pasión a una misión, como por ejemplo, la
de la Guerra- es capaz de llevar a cabo, aún a costa de mucho sacrificio,
grandes empresas. A la luz de tales intuiciones, Teilhard imagina las
consecuencias que podrían desencadenarse en el mundo si la humanidad fuese
capaz de percibir un ideal auténtico que estimulase de manera conveniente
los dinamismos de toda la tierra; ya no bajo su aspecto primitivo y
salvaje de la muerte, sino bajo su forma más sublime en la que triunfe la
vida:
"Hasta el momento presente, la mayoría de los hombres no
comprende todavía la Fuerza (esta clave y este símbolo del ser-más) más
que bajo su forma más primitiva y más salvaje: la Guerra [...]. Pero viene
el tiempo (y llegará) en que la masa se dará cuenta de que los verdaderos
éxitos humanos son aquellos en que triunfen los misterios de la Materia y
de la Vida. Viene el momento en que el hombre de la calle comprenderá que
hay más poesía en un potente instrumento destinado a romper los átomos,
que en un cañón" [ Nota 38 ].
Podemos decir que la cosmogénesis es
vista por Teilhard como un proceso en el transcurso del cual todas las
fibras de la realidad convergen en busca de alcanzar su meta. Dicho
objetivo, para el creyente que sabe observar, se concretiza en un Cristo
personal y universal que reúne las energías humanas, al punto de producir
una vasta transformación [ Nota 39 ]. Es sólo en tal contexto que la
guerra para Teilhard tendrá un significado positivo. En una de sus cartas
que dirigía a su prima Marguerite dirá:
"No sé qué clase de
monumento levantará más tarde el país sobre la colina de Froideterre, como
recuerdo de la gran batalla. Uno sólo sería el adecuado: un gran Cristo.
Sólo la figura del Crucificado puede recoger, expresar, y sublimar todo lo
que hay de horror, de belleza, de esperanza y de hondo misterio en tal
desencadenamiento de lucha y de dolor" [ Nota 40 ].
1.5.
Vida de científico
Después de la primera
guerra mundial, Teilhard asumió con más dedicación su vida de científico.
Acepta la invitación del Institut Catholique de París que le ofreció una
cátedra de geología [ Nota 41 ]. Participó activamente en numerosas
expediciones científicas de renombre, creándose una gran fama tanto como
paleontólogo que como geólogo. Fue invitado en calidad de experto a la
expedición Roy Chapman Andrews del American Museum of Natural History en
el año 1930 [ Nota 42 ]. Al siguiente año se descubre -y Teilhard
participa en dicho descubrimiento- que el Sinanthropus (de Choukoutien),
cercano pariente del Pithecantropus de Java, es un faber, es decir, que
tallaba piedras y usaba fuego [ Nota 43 ]. También participará en las
expediciones Haardt-Citroën (1931-1932), Yale-Cambridge en la India
(1935), y en la expedición Harvad-Carnegie en Birmania (1937-1938). Por
esos años, es nombrado consejero del servicio geológico de China y con el
tiempo lo eligieron jefe de una entera generación de geólogos y
paleontólogos [ Nota 44 ].
Después de la segunda guerra mundial,
en el año 1950, fue nombrado director de investigación del Centre National
de la Recherche Scientifique, en París, donde le ofrecieron una cátedra en
el Collège de France. Al año siguiente fue nombrado colaborador permanente
de la Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research en New York; es
donde en 1952 tuvo la oportunidad de conocer los grandes "ciclocitrones"
de la Universidad de Berkeley y es allí donde realizó sus últimas
expediciones al Sur del Africa (1951 y 1953), en vistas a coordinar e
impulsar la investigación científica de la prehistoria humana.
Teilhard también fue miembro del Royal Antropological Institute de
Gran Bretaña e Irlanda, integrante de la Academia de las Ciencias en el
Institut de France. Formó parte de la Academia de las Ciencias en New York
y fue colaborador de la Sociedad Americana de Geología [ Nota 45 ].
Lo visto hasta el momento ya es suficiente para tener una idea más
clara sobre la actividad que desempeñaba Teilhard en el ambiente
científico. Una actividad en la que los colegas le reconocían la
preparación profesional, que le hacía tener un cierto prestigio [ Nota 46
]; una actividad en la que reconocían igualmente la sencillez con la cual
él trataba a los demás mostrándose siempre sensible y agradable en sus
conversaciones [ Nota 47 ]. Pero, de modo especial, lo que más admiraban
los compañeros en Teilhard, era el espíritu de sacrificio y su capacidad
para afrontar los problemas de sus viajes [ Nota 48 ] y de las aventuras
científicas [ Nota 49 ]. Ciertamente que las experiencias vividas en tales
travesías estuvieron llenas de emociones, las cuales no ocultaron las
tensiones que el aventurero debió sobrellevar con perseverancia y con
espíritu religioso hasta el final de su vida.
1.6.
Dificultades Teilhard fue un peregrino en busca de la verdad; sin
embargo, sus indagaciones no siempre fueron bien aceptadas. Aunque no
recibió ninguna excomunión por parte de las autoridades eclesiásticas, ni
sus obras entraron a formar parte del "Indice", sí fue objeto de una
represión sistemática [ Nota 50 ].
Ya desde el año 1916 empiezan a
darse tensiones entre él y los superiores de su Orden y las autoridades de
la Iglesia Católica. Uno de sus primeros escritos -en el que Teilhard
describe su visión cósmica a la luz de la teoría de la evolución- es
rechazado por la revista Études, negándosele la autorización para
publicarlo [ Nota 51 ]. La situación se vuelve más crítica debido a un
esquema que Teilhard había desarrollado sobre el dogma del pecado
original. De manera confidencial, el Jesuita había redactado unos apuntes
en los que exponía algunas posibles orientaciones en vistas a comprender
mejor dicho dogma tratando de armonizarlo racionalmente con las
explicaciones científicas de la prehistoria [ Nota 52 ]. El esquema, que
estaba destinado para la discusión del momento y no para la publicación,
llegó misteriosamente a Roma a través de un denunciante anónimo [ Nota 53
]. Con el correr del tiempo las consecuencias de tal denuncia resultarían
trágicas, ya que con ella se iniciaron las censuras y los exilios: le
negaron cátedras de enseñanza y el permiso para que aceptara las
invitaciones a dar conferencias de prestigio; y le quitaron la oportunidad
de tener credenciales profesionales o de recibir la nominación oficial por
parte de la autoridad eclesiástica, cuando era el momento de nombrar algún
representante de la Iglesia para que participara como conocedor de la
problemática en grandes conferencias científicas [ Nota 54 ]. La
invitación que recibe para ir a China por parte de los superiores de la
Compañía en Abril de 1923, no fue ciertamente sólo motivada en razones
científicas: fue innegablemente una invitación que no podía eludir, y que
tenía la intención de alejarlo de su cátedra universitaria donde sus ideas
eran juzgadas peligrosas, pues al declararse partidario defensor de la
evolución, era visto como un aficionado comunista que renegaba de la
propia fe y que comprometía las creencias cristianas tradicionales [ Nota
55 ].
Permanecerá en China durante más de veinte años (del 1923 al
1946), con pequeños períodos de residencia en París y en otras partes del
mundo. Al finalizar la segunda guerra mundial, en 1946, Pierre regresará a
Francia, pero ante las nuevas tensiones que surgieron debido a la
propagación de algunos de sus manuscritos y a la difusión de sus ideas,
tuvo que sufrir un nuevo exilio [ Nota 56 ]. En este clima de hostilidad,
cuatro años después de su regreso al país, Teilhard tiene nuevamente que
abandonarlo para dirigirse esta vez a New York donde termina la serie de
sus destierros [ Nota 57 ].
Tal situación de exilio y de censura
se mantendrá hasta los últimos días de su existencia. En marzo de 1955
recibía una invitación para participar en el gran congreso paleontológico
que tendría lugar al mes siguiente en la Sorbona, pero las autoridades
eclesiásticas le prohíben tomar parte en tan importante encuentro [ Nota
58 ]. Sería fácil enumerar una larga cadena de injusticias y de hechos
desagradables vividos por el Jesuita [ Nota 59 ]; pero, a pesar de esos
momentos llenos de incomprensión en los que tuvo que soportar calumnias y
desprecios, él, que había consagrado a Dios su vida, supo ser fiel a su
ideal religioso mostrando en ellos una actitud cristiana digna de imitar [
Nota 60 ].
1.7. Fidelidad a la Iglesia
Teilhard era consciente de
sufrir la persecución a causa de sus ideas, pero, a la vez, por ningún
motivo se sentía con el derecho de romper con la Iglesia [ Nota 61 ].
Vivió a fondo y de manera coherente la virtud de la obediencia [ Nota 62
]. Comentando algunos de sus sentimientos a Jeanne Mortier -referente a
las negativas que había recibido-Teilhard le dirá:
"Te lo repito:
todo esto no produce en mí ninguna amargura, porque estoy demasiado seguro
del resultado final. No me he sentido jamás tan profundamente ligado a la
Iglesia; ni tan firme de que esta Iglesia, reflexionando con mayor
profundidad sobre su Cristo, será "la" religión del mañana..." [ Nota 63
].
Igualmente nos parece interesante recordar aquí las palabras
con las cuales se dirigía al entonces general de la Compañía, el padre
Jean Janssens, referente a la prohibición de publicar alguno de sus
escritos de índole teológica:
"En verdad (y en virtud también de
toda la estructura de mi pensamiento), me siento hoy más que nunca
irremediablemente ligado a la Iglesia jerárquica y al Cristo del Evangelio
como jamás en la vida lo hubiese estado. Jamás el Cristo me ha aparecido
tan real, tan personal y tan inmenso. ¿Cómo podría pensar que la dirección
en la que me he comprometido está equivocada? Queda el hecho, lo reconozco
plenamente, que Roma puede tener sus razones para estimar que mi visión
del cristianismo es prematura, o incompleta en su forma actual y en
consecuencia que no podría ser difundida en el presente sin
inconvenientes. Es sobre este punto importante de fidelidad y de docilidad
exteriores que yo insisto particularmente (esto, en efecto, es el objetivo
esencial de esta carta) en afirmar que, a pesar de ciertas apariencias,
estoy decidido a permanecer "hijo de obediencia"" [ Nota 64 ].
Era
obvio que en ciertos momentos Teilhard sintiese de manera especial la
angustia y el dolor al experimentar censuras, rechazos y exilios
camuflados. Estos mismos sentimientos los pone por escrito en una carta
que envió a su amigo Auguste Valensin:
"Querido amigo, ayúdame un
poco. Exteriormente he estado a la altura: pero interiormente es algo que
se parece a la agonía o a la tempestad [...]. Oh amigo. Dime que no he
sido infiel a mi ideal obedeciendo..." [ Nota 65 ].
1.8. Muerte y problemas
póstumos
Podríamos decir que
Teilhard no tuvo la paz que tanto deseaba hasta el momento de su muerte,
después de haber sufrido, con espíritu religioso, los momentos
tempestuosos. A la edad de 66 años, en Junio de 1947, sufre un infarto del
miocardio, quizás provocado por una mala medicación, es decir, debido a
ciertas inyecciones contra la fiebre amarilla. Transportado de emergencia
a la clínica, durante el trayecto, padece un síncope y durante 15 días se
encuentra entre la vida y la muerte. Apenas se recupera un poco, su pobre
corazón, que había palpitado tanto por el cosmos, por la humanidad y por
Jesucristo, sufre otro impacto por la renovada prohibición de escribir
sobre argumentos espirituales. En la Pascua de 1949 una pleuritis le
inmoviliza en el lecho hasta el mes de Junio. El 10 de Abril de 1955, a la
edad de 74 años, el Jesuita amante del cielo y de la tierra entregaba su
vida al que es Principio y Fin de todo, al Dios Alfa y Omega, al Señor
Dios de la Evolución [ Nota 66 ].
Estaba dirigiéndose hacia el
comedor cuando se desplomó como un árbol que cae al suelo. Después de
algunos minutos de silencio angustioso, entreabrió los ojos y preguntó:
"¿Qué ha sucedido? ¿Dónde me encuentro?" Y, como si tratase de asegurarlo,
pronunció dulcemente sus últimas palabras: "Esta vez, siento que es
terrible". Fue todo. Se llamó al médico, después a su amigo el Padre de
Breuvery. Uno y otro estaban ausentes. Fue el Padre Martín Geraghty, de la
Residencia de San Ignacio en New York, quien llegó inmediatamente a
impartirle la Extrema Unción. Eran las 6 de la tarde. El cielo era
espléndido, la primavera brillaba en todo su fulgor. Murió de improviso
-como había pedido- en plena euforia, en la ciudad más cosmopolita de la
tierra, él, "el amigo de cada hombre del mundo". Murió en plena primavera,
el día de Pascua [ Nota 67 ].
En la carta que Pierre Leroy manda
al provincial Ravier para comunicarle los detalles sobre la muerte de
Teilhard, le comenta que el Jesuita murió de un derrame cerebral [ Nota 68
]. A la vez le hace saber que los funerales tuvieron lugar el martes 12 de
Abril a las 9 de la mañana en el templo de San Ignacio (New York). Fueron
celebrados por el Padre de Breuvery y asistieron al entierro unas pocas
personas [ Nota 69 ].
En el año en que murió Teilhard daba inicio
la publicación de sus escritos, surgiendo con ello nuevos problemas [ Nota
70 ]. Algunos intérpretes de la obra teilhardiana se propusieron seguir
manteniendo vivo su pensamiento, organizando centros de estudios e
invitando a los interesados en su perspectiva a profundizar sobre los
distintos aspectos de sus escritos [ Nota 71 ]. Otros, en cambio, al
afrontar de manera acrítica y superficial su pensamiento, dieron lugar a
grandes polémicas. Tales interpretaciones favorecieron que los estudiosos
tomaran partido no de una manera ecuánime, sino más bien apasionada. Esto
mismo ocasionó la aparición de los dos movimientos que habían engendrado
mayores controversias: el "teilhardismo" y el "antiteilhardismo" [ Nota 72
].
El 6 de Diciembre de 1957, con la intención de evitar la
expansión del teilhardismo, el Santo Oficio promulgó un decreto retirando
los escritos de Teilhard de las librerías católicas y de las bibliotecas
de los seminarios e instituciones religiosas [ Nota 73 ]. En 1959
aparecieron unos artículos en la revista Divinitas en los que se juzgó
duramente el pensamiento teilhardiano [ Nota 74 ]. Poco después,
contrarrestando los juicios precedentes, aparecieron dos escritos, en tono
diverso, que defendieron prácticamente el pensamiento de Teilhard. Fueron
las contribuciones de Jean Daniélou y de Henri de Lubac [ Nota 75 ].
Finalmente, con fecha de 30 de Junio de 1962, se emitió un "Monitum" o
advertencia formal sobre la aceptación acrítica de los escritos de
Teilhard [ Nota 76 ]. En el mismo número de L'Osservatore Romano,
inmediatamente después del "Monitum", apareció un artículo anónimo que
comentó a grandes líneas algunos aspectos de la obra del Jesuita. Tal
artículo fue motivo de diversas reacciones polémicas. Uno de los
contraataques fue encabezado por Leys Roger, quien criticó severamente el
artículo anónimo y, como contrapartida, le respondió Philippe de la
Trinité, autoridad de la Suprema Congregación del Santo Oficio [ Nota 77
]. La situación llegó así a complicarse más y más. Los que estuvieron a
favor o en contra encubrieron bajo una marea de alabanzas o de condenas el
rostro del verdadero Teilhard. Unos y otros presentaron al propio Teilhard
como el único auténtico, haciendo cada vez más difícil la identificación
de su persona y de su pensamiento [ Nota 78 ].
Es curioso
constatar cómo los recelos suscitados por los prejuicios sobre una
personalidad discutida pueden influir de manera determinante en ciertas
decisiones. En Marzo de 1981, el entonces Presidente de Francia, M. Valéry
Giscard d'Estaing, pidió al Provincial de los Jesuitas, y por solicitud de
algunos amigos de Teilhard, que sus restos fuesen trasladados a su tierra
de origen, en honor de su centenario. Las circunstancias parecían ser
favorables ya que la propiedad de St.Andrew-on-Hudson, donde Teilhard
había sido enterrado, se había transferido a una escuela de cocina. Sin
embargo, el Superior de los jesuitas franceses rechazó decididamente la
petición. Fue así negado un derecho acordado a todos los exiliados, el
reposar después de muertos en su propia tierra natal [ Nota 79 ].
Hemos mencionado sólo algunos de los problemas póstumos a la
muerte de Teilhard que originaron grandes debates y que apasionaron a
muchos espíritus. Para terminar de completar el cuadro bio-bibliográfico,
presentaremos a continuación un bosquejo sobre la obra del autor.
2. Datos bibliográficos Ciertamente que se podrá
preguntar cómo fue posible que los escritos de Teilhard lograran
subsistir, después de las dificultades y persecuciones que suscitó su
pensamiento. La respuesta está en un hecho sencillo pero muy
significativo.
2.1. Un testamento Se ha llegado a
afirmar que sin la existencia de su testamento, nadie habría podido
recordar jamás a Teilhard, ni su pensamiento ni sus cualidades [ Nota 80
]. La única manera posible para salvar toda la herencia espiritual del
Jesuita, era hacer algo al margen de la Compañía. La razón era obvia. No
había ninguna garantía de conservar el patrimonio teilhardiano, ya que
había sido dada la orden de destruir todos los escritos que estuviesen en
manos de los jesuitas jóvenes [ Nota 81 ]:
"El asunto fue por fin
decidido por una ocurrencia espontánea -¿podríase hablar de inspiración?-
del P. Jouve, sustituto del superior ausente. Cuando salía de casa, se
encontró en la puerta con la señorita Jeanne Mortier, secretaria de
Teilhard, que venía a tomar dictado. "Como usted sabe -le dijo- , el Padre
viaja próximamente a Transvaal, y ello podría empeorar sus problemas
cardíacos. Ruéguele, pues, que le legue sus escritos, porque nosotros, los
jesuitas, no los podremos publicar jamás" [ Nota 82 ].
Considerando más de cerca los hechos, podemos decir que fue
precisamente un ensayo del padre Teilhard lo que en realidad estuvo en el
origen de tal eventualidad. En Septiembre de 1938 le llegó a Jeanne
Mortier, enviado por un amigo seminarista, el "Medio Divino" [ Nota 83 ].
La lectura del ensayo le impactó espiritualmente. La sacaba del túnel
donde se había metido, después de diez años de estudios tomistas. Ella
sólo conocía el nombre del autor: Pierre Teilhard. Al final de Enero de
1939 le fue entregada una invitación por una pareja de amigos que estaban
interesados en las conferencias científicas del Museo de Historia Natural.
Al leer que la exposición sobre las excavaciones recientes en Birmania
tenían por responsable al padre Teilhard de Chardin, descubría que el
autor místico del "Medio Divino" era un hombre consagrado a la ciencia.
Fascinada por la "nueva visión" del religioso científico, le propuso
ayudarle en aquello que necesitara y en la recopilación de sus
reflexiones. Fue de esta manera que se convirtió en su secretaria. Comenzó
a ordenar los manuscritos, a clasificarlos y a dactilografiarlos. Fue un
trabajo que necesitó de mucho tiempo y de gran esfuerzo. Finalmente
Teilhard, unos años antes de morir, concluiría la "histórica eventualidad"
nombrando como heredera de su patrimonio a Jeanne Mortier [ Nota 84 ]: "En
este mismo recibidor, el 2 de Julio de 1951, el padre Teilhard, a petición
del padre Jouve, redactó en mi presencia el testamento dejándome sus
escritos" [ Nota 85 ].
2.2. Peculiaridad de la obra
Para comprender los escritos de Teilhard en sus justas dimensiones, es
necesario no perder de vista la peculiaridad de su trabajo. René
Latourelle dirá que su obra es una apologética, es decir, la reflexión de
un hombre de ciencia sobre la propia fe, con la finalidad de ver hasta qué
punto y de qué manera se pueden armonizar ciencia y fe [ Nota 86 ].
Norbert Max Wildiers afirmará que Teilhard confrontó, durante toda
su vida, las consideraciones científicas con su fe, pensando no sólo en
eliminar la contradicción sino en realizar una síntesis viviente entre
ellas [ Nota 87 ].
Otros autores han considerado la obra del
Jesuita un testimonio de vida personal, en cuanto que él estaba convencido
de tener un mensaje auténticamente evangélico que transmitir a todos los
hombres [ Nota 88 ]. A la vez, han visto en su obra un deseo apostólico y
una preocupación por difundir en esquemas nuevos el mensaje cristiano [
Nota 89 ].
Con el deseo de abarcar en una sola visión de conjunto
la totalidad de la realidad, Teilhard penetra en el campo de la filosofía
y de la teología, de las ciencias naturales y de la historia, de la
mística y de la moral, tratando así de superar las viejas concepciones que
impedían la conciliación de perspectivas, sirviéndose, para ello, de
categorías de índole científica, filosófica y teológica [ Nota 90 ].
Otra característica de los escritos teilhardianos es la
persistencia en la intuición fundamental. El Jesuita se iniciaba como
escritor en 1909, con un opúsculo titulado Les miracles de Lourdes et les
enquêtes canoniques [ Nota 91 ]. Comentaba a sus padres que estaba
contento por haber tenido la oportunidad de haberse lanzado al agua
publicando algo, y que esas primicias hubiesen sido para la Santísima
Virgen, lo que consideraba como una delicadeza por su parte y un augurio
favorable para él [ Nota 92 ]. Ya desde entonces ponía de manifiesto su
deseo por reconciliar lo rigurosamente positivo, es decir lo científico,
con la fe en un Dios personal [ Nota 93 ].
El 24 de Marzo de 1916,
Teilhard terminaba de escribir La Vie Cosmique, en la que exponía por
primera vez una síntesis sobre las ideas fundamentales de su pensamiento.
Ante el peligro de muerte en el que se encontraba durante el tiempo de la
guerra mundial, suponía que su primera obra de esta índole podría ser en
realidad la única. Manda el opúsculo a su prima Marguerite y le pide que
lo conserve como un "testamento intelectual" [ Nota 94 ]. Lo que allí
anunciaba ya contenía en germen el desarrollo ulterior de su pensamiento.
Después de haber vivido grandes experiencias y haber reflexionado sobre
ellas durante tantos años, Teilhard expondría por última vez lo que estuvo
en su corazón desde los primeros años de su vida literaria. En New York,
unos días antes de morir, en Marzo de 1955, terminaba de redactar Le
Christique. En esta obra no sólo expresaba la "esencia de su mensaje",
sino que hacía ver también que la intuición fundamental de su perspectiva
no había sufrido cambios esenciales, y que era precisamente la misma
intuición que había expresado por primera vez en aquel "testamento
intelectual", pero ahora de una manera más cabal:
"Hoy, después de
cuarenta años de continua reflexión, es todavía exactamente la misma
visión fundamental que siento la necesidad de presentar, y de hacer
compartir, bajo una forma madura, una última vez" [ Nota 95 ].
Resumiendo: el carácter apologético de los escritos, la manera de
proceder interdisciplinar, la preocupación por considerar la totalidad y
complejidad de los fenómenos, el afán por reconciliar el mensaje
evangélico con las distintas actividades terrenas, el interés por renovar
esquemas interpretativos, el uso de nuevas expresiones lingüísticas, la
persistencia y la continuidad en la intuición de fondo, han caracterizado
la síntesis teilhardiana haciéndola verdaderamente original. Teniendo en
cuenta dicha peculiaridad, podemos ahora comentar algo más sobre sus
escritos.
2.3. La obra en general Teilhard fue un
escritor fecundo. Sus escritos alcanzaron alrededor de 500 títulos. Su
obra ha sido clasificada en dos partes: la primera considerada de índole
científica y la segunda de tipo prevalentemente filosófico-teológico.
Además, el Jesuita ha escrito un diario y fue autor de un vasto
epistolario. También han sido elaboradas algunas antologías y varios
léxicos e índices como parte complementaria a la obra teilhardiana.
2.3.1. Obra científica Por lo que se refiere a la obra
científica, existen aproximadamente 300 escritos. Teilhard -como hemos
visto- llevaba una vida de científico bastante activa. Él mismo, con
ocasión de su elección por la Académie des Sciences, escribía una especie
de curriculum vitae para la revista Études. En la auto-descripción
personal hace notar que para situar e interpretar correctamente el
descubrimiento inesperado del famoso "Hombre de Pekín" (el Sinanthropus),
hacía falta un enfoque estratigráfico, fisiográfico y paleontológico de
todo el Cuaternario del Extremo Oriente, al cual él había consagrado los
últimos años de su carrera científica para poder llevar a cabo tal empresa
[ Nota 96 ].
Como investigador y hombre de ciencia, Teilhard
realizó importantes estudios. Contribuyó fundamentalmente a la comprensión
de la historia geológica en el corazón de Asia, centrando su atención
sobre el estudio de los mamíferos y estableciendo científicamente la fecha
de los fósiles asiáticos, los depósitos sedimentarios de Asia y sus
correlaciones estratigráficas [ Nota 97 ]. Asimismo el aventurero de
Sarcenat dejó como patrimonio científico algunas aportaciones de interés
general sobre la teoría de la evolución, despertando la curiosidad en
aquellos que se habían interrogado sobre la convergencia del universo y su
significado [ Nota 98 ].
Tales experiencias y los datos
precedentes al índice bibliográfico de su obra científica nos hacen pensar
que, sin una preparación profesional y sin una competencia como experto en
la materia, nada de esto hubiera sido posible. A menudo se ha hecho la
pregunta: ¿Teilhard es un verdadero científico? Las páginas que siguen
-comenta Jean Piveteau- darán una respuesta clara y precisa a cada persona
de buena fe. Estas mostrarán igualmente que las generalizaciones
filosóficas de Teilhard reposan sobre un serio fundamento científico [
Nota 99 ]. La mayoría de los escritos científicos del Jesuita han sido
reunidos en once tomos a cargo de la pareja Nicole y Karl Schmitz-Moormann
[ Nota 100 ].
2.3.2. Obra filosófico-teológica Por
importante que sea su obra científica, no es en realidad a ella que
Teilhard debe su fama. Su originalidad como escritor no se detiene en el
análisis de los puros datos científicos. A través de estos escritos,
Teilhard ha querido demostrar al hombre de ciencia que la evolución del
universo encuentra en Dios, y por tanto en el cristianismo, una coherencia
que constituye un criterio de verdad. A partir de tal convicción el
Jesuita elaborará una gran cantidad de ensayos [ Nota 101 ].
Los
escritos considerados en este ámbito alcanzan alrededor de 200 títulos.
Han sido reunidos y publicados en trece tomos (a cargo de las Éditions du
Seuil) en un lapso de veintiún años (de 1955 a 1976) [ Nota 102 ]. De los
trece tomos, tres son obras íntegras, es decir, constituyen un solo ensayo
completo: - Le Phénomène humain I (1955); - Le Milieu divin IV (1957) y -
La Place de l'Homme dans la Nature VIII (1966) [ Nota 103 ]. Los demás
tomos contienen breves ensayos, reflexiones y conferencias que se han
agrupado según la temática central y en orden cronológico con el fin de
poner en evidencia la génesis de su pensamiento. Estos son: - L'Apparition
de l'Homme II (1956); - La Vision du Passé III (1957); - L'Avenir de
l'Homme V (1959); - L'Énergie humaine VI (1962); - L'Activation de
l'Énergie VII (1963); - Science et Christ IX (1965); - Comment je crois X
(1969); - Les Directions de l'Avenir XI (1973); - Écrits du temps de la
guerre XII (1976); y - Le Coeur de la Matière XIII (1976).
Haciendo un veloz comentario sobre algunos de los numerosos
ensayos elaborados por Teilhard, podemos decir que Le Phénomène humain
ocupa ciertamente el lugar central de su obra, en razón no sólo de su
extensión sino también de su valor fundamental. Tal ensayo es juzgado por
la mayoría de los intérpretes como uno de los escritos más importante del
autor. No es una obra metafísica ni tampoco una especie de ensayo
teológico, sino una "memoria científica" en la que expone su cosmovisión
sobre el fenómeno humano considerado en su totalidad [ Nota 104 ]. Fue
escrito durante su permanencia en Pekín entre Junio de 1938 y Junio de
1940, época en que su visión del mundo ya había alcanzado la plena madurez
[ Nota 105 ]; más tarde, en 1947-1948, hará algunas observaciones finales
que complementarán la obra [ Nota 106 ].
La Place de l'Homme dans
la Nature está en estrecha vinculación con el estudio del fenómeno humano.
Su redacción fue terminada en París el 4 de Agosto de 1949. En él, el
Jesuita hace hincapié sobre la necesidad de fijar estructural e
históricamente la posición del ser humano en relación con las otras formas
de vida en vistas a comprender mejor el significado de la presencia del
hombre en el universo [ Nota 107 ]. Otros ensayos que están en la misma
línea y que ayudan a clarificar los escritos anteriores se encuentran
reunidos en L'Apparition de l'Homme y en La Vision du Passé [ Nota 108 ].
Le Milieu divin ocupa también un lugar muy especial dentro de los
escritos teilhardianos. Es un ensayo que refleja la experiencia interior
del autor. Teniendo en cuenta el problema sobre la santificación de la
acción, el religioso propone una nueva espiritualidad: llegar a Dios ya no
mediante el desprecio del mundo y de cuanto hay en él, sino mediante el
esfuerzo por acabar de construir ese mundo en el que Dios está presente.
Para ello es fundamental "aprender a ver a Dios en todo", tomando
conciencia del valor que tienen las realidades temporales y de su calidad
mediadora en vistas a "hacer" y "padecer" todo en "Dios Mediador" [ Nota
109 ]. El ensayo fue terminado en Tientsin, entre el Noviembre de 1926 y
el Marzo de 1927. Pero la intención de elaborar un pequeño compendio sobre
la vida interior, surge en él algunos años antes [ Nota 110 ],
reflejándose ya ciertas ideas del proyecto espiritual en varios escritos
del tiempo de la guerra, como por ejemplo en: Le Milieu Mystique
(13-Agosto-1917), L'Ame du monde (Enero 1918), Mon Univers
(14-Abril-1918), Le Prêtre (8-Julio-1918), Forma Christi
(13-Diciembre-1918), L'Élément universel (21-Febrero-1919) y La puissance
spirituelle de la Matière (8-Agosto-1919) [ Nota 111 ].
Existen
otros escritos que también son de gran importancia, ya que a través de
ellos quedan aclarados algunos aspectos de las intuiciones teilhardianas
que a su vez permiten comprender mejor la visión fundamental del autor.
Entre los de mayor relieve se encuentran: Note sur les modes de l'action
divine dans l'univers (Enero-1920) [ Nota 112 ], Science et Christ ou
Analyse et Synthèse (27-Febrero-1921) [ Nota 113 ], La Messe sur le Monde
(1923) [ Nota 114 ], L'Esprit de la Terre (9-Marzo-1931) [ Nota 115 ],
Comment je crois (28-Octubre-1934) [ Nota 116 ], Comment je vois
(12-Agosto-1948) [ Nota 117 ], Le Coeur de la Matière (30-Octubre-1950) [
Nota 118 ] y Le Christ (Marzo-1955) [ Nota 119 ].
2.3.3.
Diario y Epistolario El valor de la espontaneidad que brota de la rica
experiencia humana y religiosa de la vida de Teilhard está reflejado en
sus cartas y reflexiones cotidianas. Por lo que respecta al "Diario" del
Jesuita podemos decir lo siguiente: Teilhard mismo le ha dado el título de
Notes et Esquisses; lo hacía con regularidad; lo inició durante la guerra,
en el año 1915, y en él escribiría su conocida "última página del diario"
el Jueves Santo de 1955 [ Nota 120 ]. El Diario ha sido dividido en tres
bloques: a) los "Nueve cuadernos de la guerra", que contienen precisamente
sus apuntes del tiempo de la guerra y algunas reflexiones que van hasta el
año 1925; b) los "Cuadernos de China", que comprenden las experiencias
vividas allí desde 1925 y que continúan hasta el 1944 y c) los "Cuadernos
de la última etapa", que van desde el año 1944 al 1955 [ Nota 121 ].
Teilhard entregó el primer bloque del diario a su prima Marguerite.
Después de la muerte de ésta, los cuadernos pasaron a manos de Monseñor
Bruno de Solages. Finalmente, Nicole y Karl Schmitz-Moormann, la misma
pareja que editó la obra científica, publicó también esta parte del diario
[ Nota 122 ].
Además del Diario, Teilhard tiene un imponente
epistolario. Muchas de las cartas han sido ya publicadas y reunidas en
tomos con distintos títulos que indican el criterio de la clasificación:
Lettres de voyage (1923-1955); Genèse d'une pensée; Maurice Blondel et le
P. Teilhard de Chardin; Lettres d'Egypte (1905-1908); Lettres à Léontine
Zanta; Lettres d'Hastings et de Paris (1908-1914); Teilhard de Chardin sur
le terrain; Accomplir l'Homme; En Chine avec Teilhard; Dans le sillage des
sinanthropes; Lettres intimes à Auguste Valensin, Bruno de Solages, Henri
de Lubac (1919-1955); Lettres de guerre inédites y Lettres à l'abbé
Gaudefroy et à l'abbé Breuil. Otras cartas han sido publicadas en revistas
o fascículos por separado [ Nota 123 ] y algunas más están próximas a
publicarse [ Nota 124 ].
Entre los mejores estudios que existen
hasta el momento sobre el epistolario teilhardiano, se encuentra
ciertamente el de Gérard-Henry Baudry [ Nota 125 ]. En él se incluye un
repertorio cronológico de las cartas publicadas, la correspondencia
anónima y sobre todo el diccionario de los destinatarios de las cartas, en
el que aparecen los datos biográficos y las referencias bibliográficas [
Nota 126 ].
2.3.4. Antologías Igualmente han sido
elaborados varios opúsculos que recogen los fragmentos más significativos
de la obra de Teilhard, coleccionándolos en torno a determinados temas que
prevalecen en común (elaborados por las Éditions du Seuil). A manera de
ejemplo, pueden mencionarse: Hymne de l'Univers (1961); Je m'explique
(1966); Être plus (1968) y Réflexions et Prières dans l'Espace-Temps
(1972).
Existe además una pequeña serie de Cahiers Pierre Teilhard
de Chardin (también a cargo de las Éditions du Seuil) que contienen
escritos del Jesuita, testimonios, comentarios y alguna información en
general sobre la obra teilhardiana de parte de sus seguidores. Los títulos
más sobresalientes son: Construire la Terre I (1958); Réflexions sur le
Bonheur II (1960); Pierre Teilhard de Chardin et la politique africaine
III (1962); La Parole Attendue IV (1963); Le Christ Évoluteur V (1966) Le
Dieu de l'Évolution VI (1968); Sens humain et sens divin VII (1971) y
Terre promise VIII (1974).
2.3.5. Léxicos e índices
orientativos Para facilitar la comprensión del lenguaje utilizado por
Teilhard en sus escritos, se han elaborado algunos léxicos e índices
orientativos. Los de mayor relieve son: C. CUÉNOT, Lexique Teilhard de
Chardin (Éd. du Seuil, Paris 1963); ID, Nouveaux Lexique Teilhard de
Chardin (Éd. du Seuil, Paris 1968); M. DECKERS, Le vocabulaire de Teilhard
de Chardin. Les éléments grecs (Duculot, Gembloux 1968); A. HAAS, Teilhard
de Chardin-Lexikon. Grundbegriffe, Erläuterungen I-II (Herder, Freiburg
1971) y P. L'ARCHEVÊQUE, Teilhard de Chardin. Nouvel index analytique
(Laval, Québec 1972).
Lejos de haber abordado en un estudio
completo la vida y obra de Teilhard, sólo nos hemos limitado a dar un
bosquejo que nos permitiese tener algunas nociones más claras sobre su
personalidad y sus escritos. Creemos, sin embargo, que de los distintos
centros de investigación que están dedicados a profundizar el pensamiento
de Teilhard, se podrán recabar los demás datos no mencionados en este
trabajo [ Nota 127 ].
Himno a la Materia (de Pierre
Teilhard de Chardin)
Bendita seas tú, áspera Materia, gleba
estéril, dura roca, tú que no cedes más que a la violencia y nos obligas a
trabajar si queremos comer.
Bendita seas, peligrosa Materia, mar
violenta, indomable pasión, tú que nos devoras si no te
encadenamos.
Benditas seas, poderosa Materia, evolución
irresistible, realidad siempre naciente, tú que haces estallar en cada
momento nuestros esquemas y nos obligas a buscar cada vez más lejos la
verdad.
Bendita seas, universal Materia, duración sin límites, éter
sin orillas, triple abismo de las estrellas, de los átomos y de las
generaciones, tú que desbordas y disuelves nuestras estrechas medidas y
nos revelas las dimensiones de Dios.
Bendita seas, Materia mortal,
tú que, disociándote un día en nosotros, nos introducirás, por fuerza, en
el corazón mismo de lo que es.
Sin ti, Materia, sin tus
ataques, sin tus arranques, viviríamos inertes, estancados, pueriles,
ignorantes de nosotros mismo y de Dios.
Tú que castigas y que
curas, tú que resistes y que cedes, tú que trastruecas y que construyes,
tú que encadenas y que liberas, savia de nuestras almas, mano de Dios,
carne de Cristo, Materia, yo te bendigo.
Yo te bendigo, Materia, y
te saludo, no como te describen, reducida o desfigurada, los pontífices de
la ciencia y los predicadores de la virtud, un amasijo, dicen de fuerzas
brutales o de bajos apetitos, sino como te me apareces hoy, en tu
totalidad y tu verdad.
Te saludo, inagotable capacidad de ser y de
transformación en donde germina y crece la sustancia elegida.
Te
saludo, potencia universal de acercamiento y de unión mediante la cual se
entrelaza la muchedumbre de las mónadas y en la que todas convergen en el
camino del Espíritu.
Te saludo, fuente armoniosa de las almas,
cristal límpido de donde ha surgido la nueva Jerusalén.
Te saludo,
medio divino, cargado de poder creador, océano agitado por el Espíritu,
arcilla amasada y animada por el Verbo encarnado.
Tú, Materia,
reinas en las serenas alturas en las que los santos se imaginan haberte
dejado a un lado; carne tan transparente y tan móvil que ya no te
distinguimos de un espíritu.
¡Arrebátanos, oh, Materia, allá
arriba, mediante el esfuerzo, la separación y la muerte; arrebátame allí
en donde al fin sea posible abrazar castamente al
Universo.
(Fuente: Himno del Universo, de Pierre Teilhard de
Chardin) Dedicado a mi amigo y maestro Jose Miguel de
Haro.
posted by Alberto J. Revolware @ 5:23 PM
4
Comments: At octubre 14, 2005, nacho said... Muy profundo el texto
... inmanencia ... transcendencia ... No he leido nada de Teilhard de
Chardin, ¿que webs o recursos suyos me aconsejas para una rápida lectura
suya? Me ha alegrado que sigas escribiendo en el blog, y con esto
sentirme acompañado por esta blogosfera integral de habla castellana ...
que intuyo que en breve se hara más amplia y profunda.
At
noviembre 15, 2005, Juan Carlos said... Un poco tarde pero... me gustó
muchísimo el Himno a la Materia. Gracias por darlo a conocer en tu
blog.
At noviembre 15, 2005, Alberto J. Revolware said...
Juan Carlos y Nacho,
gracias por vuestros comenarios. La verdad
es que la obra de Teilhard de Chardin tiene una fuerza inmensa y, como
jesuita que era, el potencial para originar un movimiento de renovación
muy importante (y necesario con urgencia) en la Iglesia Católica. No
obstante me sorprende comprobar que son pocos los católicos, no sólo que
no conocen su obra, si no que hayan oido hablar de él. ¿Será que se le
sigue silenciando en los ámbitos católicos?. ¿Tiene alguién constancia de
que se le mencione en los libros de texto de las editoriales católicas: SM
por ejemplo?.
Un fuerte abrazo...
At febrero 24, 2006,
agaposfera said... El cientifico Teilhard me impulsa su manera de
pensar y su himno me lo ratifica. Es un pensador cosmico como ningun otro
que haya conocido.