|
Casi le pido al mozo "dos
cafés", pero me dio un poco de vergüenza pensar que la gente se
extrañarían al ver ese otro
pocillo frente a la silla vacía, o que el mozo creyera que alguien faltó a
la cita o me dejó plantada.
Dije "un café "...
Y mientras revuelvo
morosamente la cucharita en el líquido humeante, te veo caminar entre las
mesas, con tu risa de siempre la campera
de jean, esa manera de mirar "tocando'.' con los ojos.
Cuánto tiempo hacía que no
nos encontrábamos. Cuánto
tiempo sin que alguien quisiera saber verdaderamente qué siento, qué me
pasa, cómo estoy sin intentar juzgarme o reprocharme, sino simplemente
entenderme.
Eso es lo que más he
extrañado de vos:
la comprensión... poder
decirte todo, confesarte aciertos y errores sin que te sobresaltes ni te
enojes ni me pidas explicaciones
Algo se apura dentro de mi pecho cuando miro tus
manos. Sensitivas y fuertes a
la vez, manos que nunca golpearon ni rompieron ni violentaron.
Manos que no se avergonzaron
de cambiar pañales, de ayudarme a lavar los platos, de traerme un ramito
de violetas...
Todos los amigos se acuerdan
de vos, te echan de menos... Algunos siguen viniendo a. casa, otros no,
pero sé que se acuerdan, que siempre se van a acordar...
No es necesario que te
cuente las cosas en detalle porque estás enterado de todo, ,estoy.
segura.
Y, aunque quisiera hablarte,
las palabras se me van ahogando en ese lago de lágrimas celestes que
inunda mi garganta. Se hunden
allí, no salen.
Estás sereno y suelto, como
antes.
Estás ahí, con una paz que
suelta pajaritos de luz sobre las cosas.
Y me parece que si, estás
ahí nada malo puede sucederme, porque no dejarías que nada malo me
sucediera.
Como el mar contra las rocas
estallan mis recuerdos. Y
hasta la última célula de mi cuerpo se siente desamparada en tu
ausencia.
Nunca nadie me hizo sentir
tan protegida, nunca nadie me ha vuelto a dar paz.
A cada frase entrecortado la
subraya una línea azul de llanto, y me lo bebo a sorbitos, junto con el
café.
No vi en qué momento te
fuiste.
No oí tus pasos
alejándose.
Me sequé las mejillas con
las manos, llamé al mozo, pagué,
respiré, hondo, observé mi pocillo solitario y salí.
Cada tanto entro, como hoy, en un bar, pido café para
uno, te convoco, te siento frente a mí, te arranco de ese exilio que es la
muerte, y por un rato creo que, la silla vacía se puebla con un
sueño.
Poldy Bird |