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                    Juego de Abalorios

                                                            Enviado por Viviana Medina Ayrer

 

 

Escribir «El Juego de Abalorios» le llevó casi 11 años de trabajo. Es su última novela importante, para algunos su obra de mayor profundidad. Fué publicada en 1943.

El relato se sitúa en el año 2400, en un momento catastrófico de la cultura occidental, de materialismo, guerras, ansiedad, dolor. Es tan grande la decadencia espiritual existente que se forma una provincia llamada Castalia, donde podrán mantenerse estos valores y desarrollar la música, la filosofía, las artes, entre personas que vivirán sólo para eso. Se relata la vida de Joseph Knetch (knetch significa siervo), que ingresa desde niño a esta comunidad y llega a ser Maestro del Juego de Abalorios, (Magister Ludi).
 


Describir el juego de Abalorios no es posible, sólo se nos dan algunas ideas sobre éste. Se trata de una actividad que busca la unión y relaciones, y su posibilidad de intercambio y juego entre los diferentes aspectos del conocimiento espiritual humano. Es un anhelo de totalidad y simultaneidad entre el arte, la filosofía y la vida.

Un ejemplo podría ser las relaciones e intercambios posibles entre una música de Bach, las variaciones del latín entre el siglo XIII y XV, y la pinturas de Giotto. Knetch hace un largo recorrido en esta comunidad espiritual, conoce sus problemas, propone cambios. Es influido por un monje benedictino, el Pater Jacobus, en su visión del mundo y de Castalia. Luego de llegar a ocupar el rol más importante y representativo de este lugar, en un acto aparentemente paradójico, por una crisis interna se retira para
vivir una vida personal e individual y muere, inesperadamente, al nadar en un lago.

 

 

Esta obra es la biografía de Josef Knecht, el Maestro del Juego, que vivió pasado ya el siglo XX. En ese tiempo futuro, la Orden del Juego de Abalorios, fundada por sabios y artistas para rescatar la cultura, promovió un nuevo Renacimiento tras los años de devastación que caracterizaron al siglo XX.

La obra incluye una crítica del "tiempo pasado", del Siglo de las Grandes Guerras, en el que los hombres buscaban nuevos modos para escapar de la realidad “porque se enfrentaban casi sin defensa a la muerte, la angustia, el dolor, el hambre, sin que ya pudieran confortarlos las Iglesias o aconsejarlos el espíritu. Esa gente, que leía tantos ensayos y oía tantas conferencias, no se daba tiempo ni ánimo para fortalecerse contra el miedo, para combatir dentro de si misma la angustia de la muerte: se dejaba vivir temblando y no creía en ningún mañana”.

El juego (en el que tenían un papel preponderante la Música y la Matemática) dio origen a una organización internacional que reunía a los más capaces y cuyo principal autoridad era el Maestro del Juego. Josef Knecht ocupaba justamente este cargo cuando, ante el desconcierto general, decidió renunciar. En la circular mediante la que comunicaba su decisión podía leerse: “En todas partes se sienten los signos premonitorios de que el mundo quiere trasladar una vez más su centro de gravedad. Se preparan desplazamientos del poder que no se realizarán sin guerras ni violencias; una amenaza de la paz y también de la vida y de la libertad se levanta en el Lejano Oriente.”

 

 

 

El Juego de los Abalorios


El libro describe la llegada y crecimiento espiritual de Joseph Knecht en una provincia utópica, llamada Castalia, en la cual se cultivan, se desarrollan, se protegen y se enseñan todas las corrientes de las artes y del pensamiento humano. Para lograr esto, se apoyan en el Juego de abalorios. Este juego, como el mismo autor lo dice en las palabras preliminares, es casi indescriptible, pues es algo que no existe. La vida en Castalia, en cuanto a sus tradiciones y a la preservación de la noble tarea que realiza desde tiempos inmemoriales, es conducida por un conjunto de hombres sabios denominados Magisters. Los magisters que más gravitan en la obra son el Magister Musicae y, por supuesto, el líder máximo, el Magister Ludi, maestro del Juego de abalorios. Joseph Knecht, justamente, logra llegar al tope de la jerarquía castaliana.

  

"El Juego de los Abalorios" es la representación plástica de la visión milenarista siempre presente en sus novelas y ensayos. Escrita supuestamente por un narrador anónimo de la mítica Castalia hacia el año 2400, la obra gira en torno al extraño juego del que toma título, abarcador de todos los contenidos y valores de la cultura, y vinculado con el advenimiento del Tercer Reino del espíritu, unificación de todos los tiempos del hombre.

 

     Para empezar hay que decir que es muy largo, y que es mas que necesario leer la introducción, la que es algo complicada pero realmente útil. En la misma nos contará de la creación del juego de abalorios, un juego en el que participan todas las ciencias conocidas por el hombre, desde las matemáticas hasta la música, relacionándolas entre sí y encerrando el universo espiritual en un círculo concéntrico.

 

Esta novela es una especie de biografía inventada sobre la vida de Joseph Knech en sus años de estudio en "Castalia" (el país de la castidad), una provincia pedagógica creada (al igual que el personaje) por Hesse, en la cual solo entran los elegidos de algunas escuelas por la Orden de esa provincia.

 

Joseph tenía una gran inclinación por la música y era un excelente alumno. Su maestro lo recomendó a la Orden, y fue inspeccionado por el Magíster Musical (Maestro de la música) quien quedó sorprendido con Joseph, y además de permitir su admisión a Castalia, entabló una gran amistad con el.

 

Knech primero va a Eschoolz, la primera de las escuelas de la provincia pedagógica, y luego a Waznell, donde allí comienza sus estudio sobre el juego de abalorios. Será en esa misma escuela el lugar donde conocerá a Plinio Disegnori, un chico que pertenece al mundo "foráneo" pero fue admitido igualmente por la orden. En sus conversaciones se verá el choque entre dos mundos: el foráneo o fuera de los muros, y el de Castalia. Plinio le demostrará que el mundo de afuera es el verdadero mundo donde se trabaja, se gana el pan y se sufre, mientras que Castalia es un mundo de fantasías.

 

Cuando Joseph crece realiza un viaje a un convento de monjes benedictinos, y será un monje historiador el que le demuestra que Castalia no está excluida del mundo, sino que es parte de el, que no puede durar por mucho tiempo ya que algún día el mundo foráneo chocará contra ella y esta dejará de existir, como pasó con grandes imperios de la historia. Esto llevará mas adelante a Joseph dejar el cargo de Magíster Ludi (maestro del juego) con la ayuda de Firtz Tegularius, un excelente jugador de abalorios, pero enemigo de las jerarquías, y empezar una vida en el verdadero mundo.

 

 

El libro sigue un poco mas, donde cuenta las actividades de maestro que Joseph realizará con el hijo de Plinio, llamado Tito.

 

  Un cristal delicado roza el aire. Es una estela delgada y lejana al  principio. Luego es la esfera líquida que se estira. Es la gota. Las gotas. La lluvia. Que se difunde en la humedad de la tierra, o en las aldeas, o en los duros  contornos de las ciudades. Lluvia: las melenas acuosas que, desde los hombros de la altura, se descuelgan sobre el mundo terrestre. Agua que danza al precipitarse en figuras ondulantes. Que acaso se asemejan a serpientes. Aguas, lluvias que vierten su alimento para las semillas. Nutrición indispensable para la salud del fruto y la planta, para la cosecha que alimenta y permite la supervivencia.

 

  Y cuando, por mucho tiempo, las nubes no regalan la lluvia benéfica, es necesaria la súplica. El humano que invoca a los dioses y antepasados y traza los pasos sagrados de un rito. Rito del que se espera que quiebre la sequía. Que ahuyente la escasez. Para que regrese la lluvia. La generosidad del cielo.

 

 El personaje que invoca la lluvia ilumina uno de los relatos más resplandecientes de Hermann Hesse: El hacedor de la lluvia, parte de la novela El juego de abalorios. En estas páginas el autor de El lobo estepario o Demian imagina un Estado donde reina el Espíritu: Castalia. Allí, Joseph Knecht guía la orden laica de Castalia. De los Benedictinos, orden religiosa dirigida por un historiador, recibe el conocimiento de la ciencia histórica. Toma entonces conciencia plena del devenir y entiende que el ideal de perfección ama en realidad lo inmóvil. Luego Knecht será el preceptor de un joven que recibe al sol con una danza y después invita a su maestro a adentrarse en un lago. Mediante lo líquido, Knecht ingresó al más allá. Sólo dejó sus escritos, sus poesías. Y los relatos de sus tres vida anteriores: confesor cristiano, vidente en la India. Y hacedor de la lluvia. En su pasada encarnación, Knecht fue un joven de un pueblo antiguo, pagano. Allí, fue elegido por Turu, el hacedor de la lluvia, para ser iniciado en los secretos ancestrales del arte de invocar o "hacer" lluvia.

  En este momento hemos elegido el comienzo del aprendizaje de Knecht y su lenta llegada a una cosmovisión donde todo está ligado en una gran red universal de conexiones, donde la luna es un ser vivo que se ofrece como un mágico espectáculo en la noche. La propiciación de la lluvia necesita de un hombre sabio, de una sensibilidad que comprenda los ciclos del sol y de la luna, de las estaciones y los días. La lluvia se entregará a aquel que ore con el corazón hundido en el viento.

 

  La lluvia a veces es castigo o la asfixia de la inundación. Y otras es el don por el que el cielo, con caricias húmedas, desciende sobre lo que tiene sus raíces en la tierra.

 

 

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