Los primeros artistas que destacan en México son europeos: Peyrens, Andrés de la Concha y Baltazar Echave. Sus obras son de tendencia religiosa. Y por esto los primeros pintores barrocos nacidos en México son hijos de los anteriores y, como ellos, pintan la vida de los santos, que es una clara característica del Barroco. Posteriormente, Velasco, Villalpando y Correa, incursionan en los mismos temas. Su estilo es claramente barroco y simbólico. 




Entre los pintores más importantes del XVII podemos citar a Baltasar Echave Rioja, seguidor de Murillo y Rubens y que pintó, por sólo citar un par de sus obras el Martirio de san Pedro de Arbués que le solicitó el Santo Oficio y los Tributos de la Eucaristía, la Fe y la Iglesia. José de Juárez ( de la primera mitad), fue otro de los artistas de gran notoriedad en aquel periodo. 




Juan Correa, trabajó intensamente de 1671 a 1716 y alcanzó gran prestigio y fama por la calidad de su dibujo y la dimensión de algunas de sus obras. Entre las más conocidos: Apocalipsis en la Catedral de México, La conversión de Santa María Magdalena, hoy en la Pinacoteca Virreinal y Santa Catarina y Adán y Eva arrojados del paraíso este último en el Museo del Virreinato de Tepoztlán. 



 

 

Anónimo  ( )
La Anunciación,  ca. 1610
Oleo / lámina de cobre
21 x 16 cm


 



Las obras eclesiásticas eran, evidentemente las más importantes, no sólo por sus dimensiones sino porque tenían mayor apoyo, sobre todo gracias a las clases más poderosas económicamente. 


 


 

Manuel García ( (activo 1780-1820))
Escudo de monja, ca. 1790
Oleo / lámina de cobre
16.5 cm diám.



Cristóbal de Villalpando, considerado el pintor más representativo de la segunda mitad del siglo XVII novó hispano y que, como muchos artistas de su época trabajó más para la iglesia que para particulares o instituciones y trabajó tanto en pequeño como en gran formato. Algunas de sus obras son La apoteosis de San Miguel, Los desposorios de la Virgen y La huida a Egipto, todos ellos representativos de la calidad de la pintura barroca en la Nueva España. 


Otros pintores novó hispanos importantes de este siglo fueron son Rodrigo de la Piedra, Antonio de Santander, Bernardino Polo, Juan de Villalobos, Juan Salguero y Juan de Herrera. 




Podemos encontrar en la actualidad algunas pinturas barrocas, en lugares como: 


La colección Banamex (Mty.) Y el templo de la Compañía de Jesús (Gto.): 


San Cristóbal (José Rodríguez) Arzobispo A. Lorenzana (Miguel Cabrera) María Magdalena (Juan Tinoco) Cuadro con concha nácar (Miguel González) Las Batallas de Alejandro Magno (Juan Patricio Matete Ruiz) Sor Juana Inés de la Cruz Inmaculada (José de Ibarra) Benditas ánimas del Purgatorio (Patricio Matete) 




                                        Juan Correa 




Nació en el año de 1646 en la Ciudad de México. Tuvo una gran participación en la obra de retablos como: en 1678, dos colaterales en la iglesia de San Pedro y San Pablo, uno, en el que se encuentra asociado al maestro Tomás Xuárez, maestro de arquitecto ensamblador, y el dorador Alonso de Jerez, y otro, que realiza al lado de Juan Montero, ensamblador y Andrés de Fuentes, dorador. En ese mismo año contrata la pintura de un retablo destinado para la iglesia de Jocotitlán, con Xuárez y Jerez. En 1681, es mencionado, junto con Baltazar de Echave y Rioja y Juan Sánchez Salmerón, como uno de los probables autores de las telas que llevaría el retablo mayor de Tepotzotlán, el cual sería fabricado por Juan Montero. 

 

 

 

 


Con Manuel de Nava, ensamblador, participa en la obra del retablo de la parroquia de la Santa Veracruz en la ciudad de México en 1709. El catálogo de su obra pictórica es inmenso. Tan sólo las pinturas de la sacristía de la Catedral de México bastarían para acreditarlo como uno de los pintores más destacados que hubo en nuestro país en el último tercio del siglo XVII y primero del XVIII. Miguel Correa, figura como "oficial del arte de pintor", en el testamento de su padre, y como originario y natural de la ciudad de México, hijo de Juan Correa, "maestro que fue del dicho arte de pintor", y de Úrsula de Moya, según lo declara en su propio testamento, fechado en 27 de febrero de 1720. Por esto es reconocido como una de los pintores más representativos del barroco. 

 

 

 



 

 

 

[The
Visitation]

The Visitation
Juan Correa De Vivar-1539 † 1552
The Museum Del Prado

                                               LOS REPRESENTANTES
 

 

 

Nació en la Ciudad de México hacia 1645 y murió en 1716. Su padre, de mezcla africana y española, era un cirujano de Cádiz y su madre, era una morena libre de la Nueva España.1 Se cree que fue discípulo de Antonio Rodríguez y por ello Correa desarrolló una producción en la que se manifiestan efectos de color y dinamismo academicista, propios de la pintura europea a su vez distinguible por los tonos dorados, la suntuosidad y un carácter eminentemente decorativo de la pintura.2

 

Sin embargo, Correa expuso su propio estilo que se determina a partir de dos etapas, según Elisa Vargas Lugo: su obra antes de 1680 en donde el pintor enfatiza los detalles; y el segundo periodo, después de ese año, donde sus composiciones tienden a profundizar en los elementos dinámicos.3 Como se verá con Villalpando, los historiadores han situado lo mejor de su producción pictórica en los lienzos de la sacristía de la Catedral de México, que son La Asunción de la Virgen (1689) y La entrada de Cristo en Jerusalén (1691).

Asimismo, Correa se convirtió en gran devoto hacia la Virgen de Guadalupe, otorgándole numerosas representaciones en base a la calca de la imagen original que poseía.4 Podemos darnos cuenta aquí del desarrollo del sentimiento criollista y el constante pedido que se hacían de estas imágenes puesto que era necesario enfrentar el milagro guadalupano frente a la crisis que se avecinaba con los españoles. Correa representó por lo general a una Virgen de rasgos occidentales, pero morena en la que destacó, como en algunos de sus ángeles en otros lienzos, este tono oscuro. Sin embargo, Vargas Lugo apunta que las representaciones de Juan Diego tienden más a la fidelidad de los rasgos indígenas, como si el artista hubiera tenido interés en imprimir el carácter "realista" del indio.

Además, cabe aquí señalar que Juan Correa es la causa por la que generalmente se ven angelitos novohispanos, es decir, morenos o del "color quebrado". Elisa Vargas Lugo estudió con determinación estas figuras y ha expuesto una interesante hipótesis acerca de la influencia que recibió Correa por parte de su propia raza así como el querer incorporar las etnias oscuras -morenos y negros- dentro de la pintura colonial. La investigadora ubica concretamente la aparición de estos angelitos en la obra Niño Dios con ángeles músicos, en donde se observan un angelito de color negro y otro de color mulato.5

 

De esta manera, Correa habría querido manifestar plástica y públicamente la igualdad espiritual de la condición humana en términos del cristianismo. Cuestión muy interesante si fue que el pintor quiso reverenciar ya sea una crítica social o bien un deseo íntimo, personal o un sello característico de su obra.

 


 
 

Baltasar de Echave Ibía (1583-1650)
La Samaritana, ca. 1625
Oleo / lámina de cobre
44.5 x 59 cm

 

En este cuadro magistral, se representa el pasaje bíblico, donde Jesús camino a Galilea se sentó al lado de una fuente, cuando de repente, una mujer de Samaria se acercó a sacar agua. Jesús entonces le pidió de beber, a lo que ella preguntó que por qué le hablaba si los judíos no acostumbraban hacerlo con las mujeres samaritanas. Jesús a su reacción, contestó que le diera, porque ella le pediría a él de un agua que le quitaría la sed para siempre. Este cuadro es un ejemplo de los inicios del barroco, ya que los rasgos manieristas ya no son fundamentales como en las obras de su padre, el pintor Baltasar de Echave Orio. Por sus cualidades estéticas e innovadoras para su época, en color, la factura del manejo de las encarnaciones y los ropajes de los personajes representados, esta obra es considerada como una de las más importantes y representativas del siglo XVII, en la pintura novohispana.

Renata Blaisten y Lucía Rule. Comprobación de autenticidad de dos cuadros de Echave Ibía, Trabajo de investigación, México, Universidad Iberoamericana, 2004.

 

 

 

Joseph Mora  ((activo 1708-1725))
Virgen de Ocotlán , ca. 1720
Oleo / tela
48.5 x 38 cm

 

 

 
 

Este escudo de monja es uno de los cinco firmados por Francisco Martínez. Dos de ellos muestran a la Virgen de Guadalupe, otro a la Anunciación y éste y uno más, a la Inmaculada Concepción, siendo coronada por la Santísima Trinidad y rodeada de santos. En éste, podemos ver, siguiendo las manecillas del reloj, empezando por enmedio a la derecha a: San Joaquín, Santa Teresa de Avila, Santo Domingo, Santa Catalina de Siena, San Ignacio de Loyola, Santa Ana y San José. La iconografía central indica que el escudo ciertamente perteneció a una monja de la orden de las Concepcionistas, de los franciscanos. Esto se confirma por la cuerda anudada del marco, un símbolo franciscano. La selección particular de santos puede haber correspondido a preferencias personales o familiares, ya que éstos objetos eran medios para mostrar una identidad así como el nivel social y la devoción, pero pueden también haber sido dictados por el convento al cual pertenecía la propietaria .

Cfr. Clara Bargellini en Copper as Canvas, catálogo de la exhibición, Phoenix Art Museum, 1999.

 

 

 

 

 

 

 

Miguel Cabrera (1695-1768)
Virgen del Apocalipsis, ca. 1765
Oleo / tela
42.5 x 33 cm

 

 

 

 

Fray Miguel de Herrera  (1729 - 1780)
Arcangel Rafael , 1775
Oleo / lámina de cobre
58 x 45 cm
 

 

 

 

 

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