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Jean Ranc
(Montpellier 1674 - Madrid 1735)
French
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Jean Ranc, retratista barroco francés, nació
en Montpellier en 1674; fue discípulo de Hyacinthe Rigaud, desempeñando
desde 1723 el cargo de pintor de cámara de Felipe V en España. Su llegada
a Madrid no fue tan maravillosa como él esperaba al surgir problemas con
Houasse por celos artísticos y al no llegar los deseados encargos; por si
fuera poco, tuvo problemas oculares y en sus habitaciones se declaró el
incendio que acabó con el Alcázar de Madrid, en la nochebuena de 1734,
destruyendo por completo el edificio y buena parte de la decoración
pictórica, edificándose en su lugar el actual Palacio Real. Su estancia en
la capital de España no fue un camino de rosas. Falleció en Madrid en
1735, sumido en una profunda tristeza. |
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Jean Ranc: Carlos III de niño.c.1724.
Museo del Prado
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Comentario: Ranc fue retratista
oficial de la corte de Felipe V, primer monarca de la dinastia Borbonica,
que al igual que otros muchos artistas franceses vinieron a la corte de
"Felipe de Anjou", contribuyendo a la renovación de las tradiciones
artísticas de la misma. Por aquel entonces el joven Carlos solo era uno
mas de los infantes de la corte, y nadie se imaginaba que se convertiria
en monarca. Tras la abdicación de Felipe V en su hijo Luis I y la muerte
de éste a los pocos meses, el viejo rey toma las riendas del estado otra
vez, sucediendole seis años luego Fernando VI, el cual muere sin
descendencia en 1759; recayendo la corona en el tercer hijo varón de
Felipe V, que por aquel entonces era Rey de Nápoles. Carlos III es el mas
claro representante de lo que se llama el "despotismo ilustrado", en su
reinado hubo un gran impulso de la economia, la educación, las ciencias y
la técnica, y como consecuencia de este florecimiento económico la
población a lo largo del siglo pasó de menos de 6 millones de habitantes a
mas de 10. También es conocido como "el mejor alcalde de Madrid", sin duda
por las numerosas obras publicas y mejoras que se hicieron durante su
reinado en la capital española.

"Vertumnus and Pomona", oil on canvas, 170
x 120 cm, c. 1710-1720,
Musée Fabre, Montpellier
Bourdon,
Sebastien Nacionalidad: Francia Montpellier (1616) - París
(1671)
Este artista destacó en el clasicismo
barroco francés, aunque su mayor producción tuvo lugar en Italia, adonde
se trasladó para aprender el estilo de los paisajistas romanos, como el
caso de otro francés egregio, Claudio de Lorena. Cuando hubo aprendido su
estilo, así como el de otros del estilo de Dughet o Van Laer, se dedicó a
copiar sus cuadros. El copiar paisajes de Lorena se realizaba por muchos
pintores con intención de falsificarlos y venderlos a menor precio.
Bourdon llevó a cabo esta práctica con tanta frecuencia que provocó que
hoy día su obra sea de difícil atribución, puesto que continuó haciéndolo
incluso a su regreso a Francia. Su maestría técnica, empero, hizo que la
reina Mª Cristina de Suecia le hiciera su pintor de cámara de 1652 a 1654.
Bourdon no tuvo inconveniente en trasladarse a tan lejano y frío país, que
bajo el reinado de Mª Cristina experimentó tal pujanza que resultaba
atractivo para un pintor de cámara como él. Fruto de este trabajo son dos
retratos de la reina, uno de los cuales, en el que se la representa a
caballo, cuelga hoy de los muros del Museo del Prado

Entre los monarcas europeos era frecuente
regalarse los retratos y mandarlos a las corte de aquellos que deseaban
como aliados, o incluso por políticas matrimoniales. En este caso, la
reina Mª Cristina de Suecia se lo regaló a Felipe IV. La reina aparece a
caballo en un brioso corcel, retratada por mano de uno de los pintores más
disputados por las cortes reales del siglo XVII: Sebastián Bourdon. Este
pintor barroco francés tiene la cualidad de transmitir la elegancia y el
status de sus retratados, como aquí se aprecia en la reina, sentada con
extrema dignidad en su caballo, lo que no le impide captar una cierta
sonrisa de simpatía. El retrato ecuestre era por sí mismo una
representación de poder utilizada desde tiempos del Arte Romano

SERPIENTE DE METAL
Claude Gellée
Claudio de Lorena, nombre por el que se
conoce en España al gran paisajista del Barroco francés Claude Gellée,
apodado Le Lorrain, nació en el castillo de Chamagne, cerca de Nancy, en
1600. Dicen que trabajó como pastelero de niño, pero a los trece años se
trasladó a Italia, trabajando para el Cavaliere d´Arpino en Roma, el mismo
que protegió a Caravaggio. Después se marchó a Nápoles, regresando a Roma
a los dos años para convertirse en el ayudante del paisajista Agostino
Tassi. Al finalizar la década de 1630, Lorena tenía una excelente
reputación, realizando unos paisajes muy románticos, inspirados en los
manieristas italianos y nórdicos como Elsheimer. Los paisajes de Lorena
consiguen unos maravillosos efectos poéticos gracias a la atmósfera con
dorada niebla producida por la luz solar. Normalmente, son muy similares,
siguiendo una composición predispuesta, muy idealizada. Sus composiciones
resultan sumamente equilibradas, y sientan el modelo que se tomará durante
todo el paisajismo posterior, especialmente en la pintura inglesa y
alemana. Su estructura es la de un horizonte bajo, a un tercio, con dos
tercios de cielo, lo cual le permite grandiosos efectos atmosféricos de
luz y agua (nubes, reflejos, mar). Para dotar de simetría y equilibrio a
las imágenes colocaba en el centro geométrico del lienzo un claro de luz,
provocado por el sol o el mar, al cual rodeaba de masas oscuras: nubes,
masas vegetales a los lados, y tierra abajo. Su obra tendrá mucha
influencia en Turner. Su fama mundial provocó la aparición de múltiples
falsificaciones de sus obras, por lo que el propio Lorena inició una
carpeta de dibujos en la cual recogía todas sus composiciones. Esta
carpeta se conoce como el Liber Veritatis, y no se publicó hasta 1777.
Claudio de Lorena falleció en 1682.

Puerto al amanecer,
1674
Aunque Nicolas Poussin es considerado un
paradigma del paisajismo francés del Barroco, la encarnación verdadera de
este género es Claudio de Lorena. Lejos del realismo holandés, Lorena
re-crea sus paisajes a partir del natural introduciendo un fondo de
lirismo, de melancolía, que no aparece en la pintura del norte de Europa.
Su luminosidad abrió nuevas puertas al género, y fue la referencia
posterior de paisajistas como el británico Turner. La gran preocupación
del Barroco era, en efecto, la luz. Frente al poderoso contraste de luz y
oscuridad de Caravaggio, se alza la visión directa de la luz solar, en
diferentes momentos, en especial el amanecer y el atardecer, momentos en
que los colores se perciben con una mayor riqueza de matices. Este estilo
se asentaría en especial a partir de 1640. La gradación cromática,
"atmosférica", reemplaza la perspectiva lineal; la arquitectura, aunque
clásica en algunos casos, se halla sometida al paso del tiempo, en
ocasiones ruinosa y romántica, a diferencia de Poussin, para quien la
arquitectura romana es un valor imperecedero. Lorena realizaba numerosos
apuntes, recogidos en sus giras por los alrededores de Roma y los puertos
de Nápoles y Génova. Por ello, a pesar de situarse en la Antigüedad, la
pintura tiene el valor de lo cotidiano. No es una reconstrucción
arqueológica del pasado, sino el pasado evocado desde el presente. En su
última etapa, a la que pertenece esta obra, su escenario se amplía hasta
la totalidad; la asimetría compositiva es característica

Se conserva fechada en el fardo portado por
el hombre en el centro de la escena, lo que nos permite situarla en 1643.
Las escenas de puerto son muy frecuentes en la obra de Claudio de Lorena,
quien se interesaba por los efectos de la luz a diferentes horas del día,
en especial el amanecer y el atardecer sobre el agua y sobre los
monumentos clásicos, poblados por todo tipo de personajes, tanto
mitológicos como tomados de la realidad. En este caso, vemos a una serie
de operarios y marineros cargando y descargando un barco, a la izquierda,
empleando un bote, durmiendo o paseando entre los pórticos. Aunque la
mayoría de los monumentos que plasmaba Claudio de Lorena no son
identificables, la costumbre de tomar notas de paisajes y edificios en sus
frecuentes paseos por los alrededores de Roma, a veces acompañado por
Nicolas Poussin, deja su huellas en algunas ruinas identificables. Este es
el caso de la puerta monumental de la derecha, junto a la torre, que está
inspirada en el romano Arco de los Plateros, en San Giorgio in Velabro. La
obra presenta todas las características propias de la madurez del pintor,
con una mayor destreza en el dibujo de las figuras, una paleta más cálida
y un tono intenso, profundo, en el mar. Esta obra, aunque presenta
variaciones en cuanto a la composición, está autentificada por un dibujo
del propio Claudio de Lorena en su Liber Veritatis, un catálogo de su obra
que el pintor realizó para evitar falsificaciones y usurpaciones de
autoría, dibujo que hoy se conserva en el Museo Británico.

Las Tentaciones de San
Antonio
Las Tentaciones de San Antonio es uno de los
cuadros más sorprendentes de los pintados por Claudio de Lorena, llegando
incluso a estar catalogado como de El Bosco por sus fantásticas imágenes.
Un árbol divide la escena en dos zonas: a la derecha se sitúa San Antonio,
observando con cara de pánico las temibles tentaciones que en cualquier
momento le aparecerán; tras él observamos un palacio en ruinas, iluminado
por las llamas en el que juegan demonios; a la izquierda, vemos un río con
un puente destruido y en el río aparecen tres barcas con demonios, uno de
los cuales tira del manto del santo. Toda esta zona izquierda está
iluminada por la luz lunar, obteniéndose unos magníficos brillos azul
plata. Los tonos oscuros empleados y las luces - lunar y anaranjada del
fuego - sitúan esta obra totalmente alejada de las típicas composiciones
de Lorena como el Entierro de Santa Serapia o Moisés salvado de las aguas.
Posiblemente el tema vendría motivado por el encargo, ya que la obra
estaba destinada al Palacio del Buen Retiro de Madrid, construido en el
reinado de Felipe IV, gran amante de las obras del maestro
lorenés

Un tópico dentro del arte barroco fue la
relación entre la poesía, es decir, la poesía lírica, y la pintura, como
lo reflejan la serie de lienzos que se ocupan de estos temas, como La
inspiración del poeta, de Nicolas Poussin. En este sentido, era común
aceptar la idea de la relación entre ambas como expresión de una misma
poesía a través de dos herramientas diferentes, la palabra o el color y la
línea. La escena está tomada de la mitología clásica. El dios Apolo, hijo
de Júpiter, representaba la música y la adivinación, y era, asimismo, dios
pastoral unido a la vegetación y la Naturaleza. Para vengarse de la muerte
de su hijo Asclepio a manos de Júpiter, Apolo dio muerte a flechazos a los
Cíclopes, forjadores del rayo. Júpiter, para castigarlo, ordenó que Apolo
sirviese como esclavo al mortal Admeto, a quien sirvió como pastor. Sus
ganados fueron robados por Mercurio (a la derecha con el gorro alado)
aunque fueron recuperados en el monte Cileno. Sin embargo, como Mercurio
había inventado la lira, Apolo quedó tan maravillado que le entregó los
rebaños a cambio del instrumento, que pasó desde entonces a ser el
atributo permanente del dios. Dado que el robo de ganado sucede antes de
la aparición de la lira, Claudio de Lorena ha representado, de forma
inusual pero correcta, al dios de la música cantando con el acompañamiento
de un violín. Absorto en su música, no es consciente del robo de los
bueyes por parte de Mercurio. A diferencia de otros paisajistas, como
Poussin, Lorena prescinde de la perspectiva lineal y la sustituye por una
sutil gradación cromática
Vouet,
Simon Nacionalidad: Francia París (1590) - (1649) Estilo: Barroco
Francés
Artista parisino de la época barroca, que
trabajó durante la primera mitad del siglo XVII para la corte de Luis
XIII. Vouet fue el pintor francés más famoso de su época. Desde muy joven
estudió en Roma, donde se introdujo plenamente en la corriente
caravaggista. Como muchos otros pintores (Guido Reni, Domenichino), derivó
hacia el Idealismo de los Carracci.Luis XIII le ordenó regresar a París en
1627, donde trabajó a las órdenes del rey. Su "reinado pictórico" fue
indiscutible, tan sólo amenazado al regreso de Poussin a la corte, que sin
embargo no consiguió derrocarle. Fue el maestro absoluto de la siguiente
generación: Lebrun, Mignard, etc
Simon Vouet representa la vertiente más
académica y fría del Barroco francés, aunque es la que, en su momento,
mejor sintonizó con la atmósfera política propiciada por el Absolutismo.
Su obra, que recoge una suma de influencias italianas, en especial del
clasicismo boloñés de los Carracci y de la escuela veneciana, le llevó, a
su retorno a París en 1627, a ser Primer Pintor Ordinario de Luis XIII.
Este profundo academicismo se refleja en esta obra de 1632, fecha que
conocemos por el epígrafe que aparece bajo la Virgen. La coloración pálida
de la carne y los tonos sobrios de los ropajes, aunque nos remiten al
clasicismo italiano, son los propios de la pintura decorativa que por
estos años se hallaba realizando con gran éxito. Sin embargo esta pintura,
de excelente factura técnica, carece de alma, de sentimiento. A este
respecto, no es de extrañar que su compatriota Nicolas Poussin se hallara
insatisfecho con la capital francesa, pues sus cuadros poseen una fuerza
interior alejada del gusto preponderante entre la alta clientela, gusto
satisfecho a la perfección por Vouet. La Anunciación de Poussin es el
exponente del otro polo del Barroco francés y de la diferente influencia
que el italiano ejerció sobre él.
Simon Vouet fue, sin duda, el máximo
representante de la vinculación del arte barroco y el Absolutismo francés
en la primera mitad del siglo XVII. Cuando fue reclamado por el Cardenal
Richelieu y el rey Luis XIII y retornó a París desde Roma, se convirtió en
el artista destinado a satisfacer los gustos e ideología de la élite de la
monarquía francesa. Uno de los géneros preferidos de esta clientela fue la
alegoría, en la cual, según la concepción académica francesa, pueden
expresarse las verdades supremas. Además, si la alegoría se unía al género
del retrato, que no puede faltar en todo pintor cortesano, el efecto
político, de transmisión de una mensaje ideológico concreto, se logra de
forma directa. Este es el caso de este retrato de Ana de Austria,
representada como diosa de la sabiduría y la justicia, es decir, como
Minerva, cuyos atributos son las armas y la lechuza. En su ceñidor porta
la cabeza de la Gorgona. Ana de Austria, hija de Felipe III de España, era
la reina de Francia, por ser esposa de Luis XIII, y ejerció la regencia
durante la minoría de su hijo Luis XIV. La composición, de un frío
clasicismo, presenta las características propias de este periodo de Vouet,
con sus tonos pálidos para la carne y los colores ligeros, azules y
amarillos suaves, para los ropaj
Diana,
1637
Simon
Vouet
A su regreso de Roma en 1627, Vouet se
estableció como Primer Pintor del rey Luis XIII. Tras una estancia de diez
años en la capital del Arte, en la que fue Presidente de la Academia de
San Lucas, se situaba ahora como indiscutible maestro y juez de los
pintores franceses del naciente Absolutismo. Esta situación sólo se verá
amenazada con la llegada en 1640 de Nicolas Poussin, a quien logró vencer
con numerosas intrigas y un hábil manejo de sus partidarios. No sólo
trabajó para la Corona francesa sino que, a raíz del matrimonio de
Henrietta María, hermana de Luis XIII, con Carlos I de Inglaterra, envió
diversas obras a la isla. Esta es una de ellas, cuya fecha se conoce
gracias a la inscripción que aparece en la aljaba de la esquina inferior
derecha, y que reza: "Simon Vouet F(ecit). Paris 1637". Para esta época se
había convertido en un reputado pintor decorativo, heredero de la
tradición aprendida en el Barroco romano e influido por la escuela de
Bolonia de los Carracci, de esencial clasicismo. Tal fue su inclinación
por el clasicismo que, un año antes de morir en 1649, aparece como uno de
los fundadores de la Academia de Bellas Artes, que regirá el arte francés,
con una rígida normativa estética, durante décadas. Este lienzo representa
a la diosa cazadora Diana. La primera composición era oval, aunque luego
fue adaptado a la forma que ahora apreciamos. Esto explica la composición
en curva del cuerpo de la diosa y el hecho de la diferente dirección de
las cabezas de los perros. La pose lánguida de Diana es similar a la que
aparece en numerosas obras de la Escuela veneciana. El colorido pálido de
la carne y los tonos ligeros de los ropajes son propios de la última etapa
del pintor y su pintura decorativa.
Al igual que ocurriría con Nicolas Poussin
en 1640, trece años antes el rey Luis XIII y el Cardenal Richelieu
reclamaron a Simon Vouet, quien a la sazón llevaba más de un decenio en
Italia, como pintor de la Corona en París. Sin embargo, si Poussin
desistió de convertirse en el representante artístico de la ideología
absolutista y las ideas sobre el Arte de los gobernantes franceses, Vouet
fue la perfecta encarnación de estos ideales de orden y sometimiento a la
norma. Desarrolló en la capital gala una amplia obra que abarcaba tanto la
pintura de altar como la pintura decorativa, recorriendo tanto la pintura
religiosa, como la Anunciación, como la alegórica. Su condición de
virtuoso del dibujo y la técnica del óleo se muestra en esta alegoría de
asunto mitológico. Saturno, anciano, a quien representa con su atributo,
la hoz, puesto que era dios agrícola, simboliza el Tiempo. La bella
muchacha que hace presa en una de las alas del dios, es la Esperanza, cuyo
atributo es el ancla a sus pies. La mujer que tira del cano pelo de
Saturno es la Verdad. Sobre este grupo se encuentran la Fama, quien sopla
una larga trompa, y la Ocasión, que porta en su mano derecha los atributos
del poder, por lo que también puede identificarse con la Fortuna. Junto al
dios, a su izquierda, se encuentra un "putto", un amorcillo alado. El
movimiento, a pesar de estar realzado por la composición diagonal, es
escasamente dramático.
Nicolas Poussin. Pin
Barroco francés, en su vertiente clasicista,
tiene a su más importante maestro en Nicolas Poussin. Pintor y dibujante,
cuya vida transcurrió casi íntegramente en Roma, es un mito nacional
francés, representante máximo de la pujante concepción racionalista y
normativa que nacía en su país, en sintonía con los nuevos tiempos de
orden social y político del Absolutismo. Nació en Les Andelys, Normandía,
en junio de 1594, en el seno de una modesta familia hidalga. Sus primeros
dibujos llamaron la atención del pintor Quentin Varin quien, hacia 1610,
había acudido a la localidad para trabajar en Notre-Dame-Le-Grand-Andely.
De este pintor recibió sus primeras lecciones, pero el interés por la
pintura, no bien visto por su familia, le llevó a fugarse en 1612, con
dieciocho años, sin dinero ni contactos, a París. Allí trabajó como
aprendiz en los talleres de Ferdinand Elle y Georges Lallemand, quienes le
introdujeron en el estilo manierista de la llamada "segunda escuela de
Fontainebleau" y en el aprecio por las obras del discípulo de Rafael,
Giulio Romano. En cualquier caso, el legado manierista incluso en los
primeros dibujos de Poussin es escaso, limitándose a la tendencia a
representar figuras de esbeltas proporciones y contornos bellamente
delimitados. Con todo, su gran influencia serán los grabados de obras de
Rafael y, en particular, de obras clásicas romanas realizados por Giulio
Romano, a cuyo estudio se dedicó de manera muy intensa, costumbre que ya
no abandonaría en el resto de sus días. Esta afición al estilo rafaelesco
le prepararía para poder integrarse en un futuro cercano en el entorno
artístico de Roma, en que predominaban ya, apagada un tanto la revolución
caravaggista, las formas del clasicismo renacido, sin ningún tipo de eco
manierista. Pero una experiencia frustrada marcaría de forma decisiva el
carácter del joven pintor. Acompañando a un amigo acaudalado, interrumpió
sus estudios para marchar al Poitou a probar fortuna. Sin embargo, el
hecho de ser considerado como un vulgar criado le obligó a volver andando
a París, viaje fatigoso que le provocó una grave enfermedad, la primera de
una larga serie. Decepcionado, comenzó a pensar en abandonar la aún
provinciana Francia y marchar al paraíso de los artistas, Italia, en donde
éstos podían desarrollar sin trabas su labor creativa. Por ello, viajó en
1617 a Florencia, pero hubo de regresar pronto por falta de medios. Vuelto
de nuevo a París, trabó amistad con Philippe de Champagne, con quien
trabajó algún tiempo en la decoración del Palacio de Luxemburgo. Este
trabajo le reportó cierto renombre. Entró entonces bajo la protección del
poeta italiano Marino, a cuya inspiración se debe una serie de dibujos de
tema mitológico, basados en las "Metamorfosis" de Ovidio que se cuentan
entre lo mejor de su creación en este primer periodo francés. Fue con
probabilidad el consejo y protección del cavaliere Marino lo que decidió
en 1623 a Poussin a marchar a Roma. Tras pasar por Venecia, llegó a la
Ciudad Eterna en marzo de 1624, instalándose en Via Paolina, en donde
viviría hasta su fallecimiento. Como todos los artistas extranjeros, y en
Roma había muchos, pronto se vio en dificultades, dado que la política
papal y las clientelas regionales dominaban el panorama, a lo cual se
añadió la marcha de su protector, Marino, a Nápoles en ese mismo año, para
fallecer un año después. Sin embargo, tuvo tiempo de introducir a Poussin
en el círculo de Marcello Sachetti, quien le encargó la Batalla de Gedeón
contra los Madianitas, el cual es, quizá, el lienzo de mayor influencia
manierista del pintor francés. Pronto este mecenazgo se dirigió hacia dos
grandes personajes: el Cardenal Francesco Barberini, sobrino del
Pontífice, y Cassiano dal Pozzo, un acaudalado
intelectual.
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Dance to the Music of Time Nicolas Poussin 1638-40
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Con todo, estos primeros años fueron de
penuria en un entorno hostil dominado por los italianos y el debate entre
dos vertientes del clasicismo: el clasicismo puro y la vertiente que
desembocaría en el llamado Barroco decorativo. Cayó gravemente enfermo en
1625 y no se recuperó hasta 1629. Ante estas contrariedades, se refugió en
la colonia francesa en Roma, de la que recibió una decisiva ayuda y que
sería, hasta el final, su círculo preferido de amistades. Un cocinero,
Jacques Dughet, lo acogió y cuidó hasta su restablecimiento. Con su hija
mayor, Anne-Marie, casaría Poussin en 1630, con treinta y seis años ya,
matrimonio feliz y duradero. Sin embargo, la falta de descendencia le
llevó a adoptar como hijos a los hermanos de su esposa, de los cuales
Gaspar Dughet aprendió el oficio de pintor con gran valía, en un estilo
muy difícil de diferenciar del original del pintor normando, lo que ha
creado no pocos problemas de atribución. En cualquier caso fue una época
de gran producción: para el Cardenal Barberini pintó en 1628 La muerte de
Germánico, cuadro que le proporcionó gran fama y le reportó, subida su
cotización personal, nada menos que sesenta escudos. Desde este momento,
su suerte cambiaría. El panorama romano, pasada la polémica sobre
Caravaggio y el tenebrismo, estaba dominado por los discípulos de
Carracci, entre los que destacaba el Domenichino, en cuyo taller estudió
Poussin, los cuales proveían los encargos de los selectos círculos de
intelectuales, entre los que se contaba Cassiano dal Pozzo. Este consejero
del Cardenal Barberini había empleado a un grupo de artistas en realizar
copias de antigüedades romanas para su "Museum Chartaceum", o "Museo de
papel". Poussin, que necesitaba abrirse camino, se vinculó a este
proyecto, aunque con escasa contribución. Con todo, la inserción en el
grupo de estudiosos arqueólogos le abrió las puertas de una formidable
biblioteca de grabados y reproducciones de originales romanos y le suscitó
un interés definitivo por el arte clásico romano, de forma que a lo largo
de su vida se convirtió en el mejor intérprete de la Antigüedad entre los
pintores franceses. Por otra parte, una de las mayores influencias sobre
Poussin fueron las Bacanales de Bellini y Tiziano. Con Gaspar Dughet se
interesó por el paisaje, que exploraban en sus paseos por la Campaña
romana junto a su compatriota Claudio de Lorena. Así, las obras de Poussin
en este periodo absorben y muestran una serie de influencias variadas: el
arte y la literatura clásicos, los colores cálidos del Renacimiento
veneciano y la observación de la naturaleza y los efectos de la poderosa
luz mediterránea sobre la vegetación. Todos ellos se muestran en obras
como Los pastores de la Arcadia o Acis y Galatea. Estos lienzos, repletos
de lenguaje alegórico y lirismo, se conocen como "poesie", género que,
procedente del Renacimiento, había calado muy hondo en el pintor. El éxito
de La muerte de Germánico le abrió las puertas de otros influyentes
mecenas. La culminación de esta ascensión fue el encargo recibido para
pintar El martirio de San Erasmo para San Pedro del Vaticano, en 1628. En
él se muestra ya alejado de sus primeras influencias y se rastrea la de
los caravaggistas. El lienzo no satisfizo y levantó críticas. En 1630 se
frustró un encargo importante para San Luis de los Franceses y Poussin,
decepcionado, renunció a convertirse en un gran pintor de iglesias y
palacios. Su clientela será, desde ahora, la de la pujante burguesía
intelectual, que apreciaba y entendía el arte, era más liberal en sus
gustos y, dada su limitación de recursos y espacio, reclamaba obras más
pequeñas. La ausencia de encargos que requirieran grandes figuras para
edificios públicos estimuló a Poussin a estudiar la propia monumentalidad
interna de los personajes, a través de sus expresiones y emociones, los
"affetti", y del lenguaje alegórico; así, por ejemplo, en La inspiración
del poeta o El triunfo de David, de 1629 y 1630. Su gran mecenas, como
decimos, será el turinés Cassiano dal Pozzo, quien llegó a poseer más de
50 cuadros del autor, su introductor en las más selectas amistades. Para
él pintó obras importantes, como El rapto de las sabinas o Moisés hace
brotar agua de la roca. En 1632 Poussin era ya miembro de la Academia de
San Lucas. Durante los años treinta, el interés de Poussin se dirige a
estudiar la expresión de la violencia a través de amplios grupos de
figuras. En este campo se sitúan La peste de Azoth y El salvamento de
Pirro niño. Es la época en que las figuras, dispersas en un espacio
tridimensional claramente definido, actúan como los actores de la escena,
a través de un repertorio de gestos adecuados que expresen los affetti,
las emociones internas y, en conjunto, el sentido de la escena. Para
canalizar racionalmente, hasta un final idealizado, la violencia inherente
al pasaje representado y su propia emotividad personal, Poussin realizaba
un número elevado de dibujos previos, en que paulatinamente iba cediendo
el impulso inicial y surgía un planteamiento armónico de la composición. A
pesar de trabajar para los clientes más elevados, como el Cardenal Giulio
Rospigliosi o, incluso, el Cardenal Richelieu, el conjunto de obras más
importante de los años treinta es el realizado para su fiel Cassiano dal
Pozzo entre 1636 y 1640. Son Los Sacramentos, siete cuadros ambientados en
un contexto histórico preciso, el de los primeros cristianos del Imperio
Romano. Aunque reflejan vagamente el influjo de Aníbal Carracci, Poussin
levanta esta magna obra desde la ausencia de precedentes, con un nivel de
intimismo y concentración del lenguaje expresivo no igualado por los
autores coetáneos.
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Eleazer and Rebecca at
the Well
Nicolas Poussin
1648
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El éxito que una serie de cuatro Bacanales
pintadas desde 1635 para el palacio del Cardenal Richelieu en Poitou tuvo
en Francia, junto con otra serie de obras para patronos franceses, hizo
que la Corona pusiera sus ojos en Poussin. En 1639, el rey Luis XIII
decide hacer llamar a París a Poussin para que decore la Gran Galería del
Louvre, y lo hace a través de François Sublet de Noyers, superintendente
de los palacios reales, y del propio Cardenal Richelieu. Poussin se niega:
no desea ese tipo de encargos a los que renunció diez años antes, ni desea
verse envuelto en el ambiente intrigante de la Corte francesa, que es el
polo opuesto de su apacible vida italiana. Con todo, forzado por la mezcla
de amenazas, promesas y presiones de sus amigos franceses, Poussin termina
por aceptar y emprende el camino de París en 1640. Allí se le asigna una
pensión, un alojamiento en las Tullerías y se le nombra "primer pintor
ordinario del rey", honores que no satisfacen al nada ambicioso pintor
normando; antes bien, le preocupan. Y sus temores se cumplen uno tras
otro. Su trabajo consistiría en la decoración de una serie de paneles de
la Gran Galería del Louvre en los que había de representarse el tema de
los trabajos de Hércules. Apenas realizó unos cuantos bocetos a pluma.
Pocos fueron los trabajos ajenos al proyecto: algunos cuadros para las
capillas reales, ocho cartones para los Gobelinos, la serie de Los
trabajos de Hércules y El triunfo de la Verdad y alguna obra menor. No
gustaba de trabajar con prisa, ni aguantar los constantes y exigentes
encargos de los cortesanos parisinos, tan distintos de los mecenas
romanos. Pero lo que pudo con él de forma definitiva fueron las envidias e
intrigas de Simon Vouet, que hasta la llegada de Poussin era el
indiscutible pintor de corte, y del arquitecto Lemercier, protegido de
Richelieu. Cansado de este ambiente, en diciembre de 1642 solicita permiso
para ir a buscar a su mujer a Roma, permiso que le es concedido. No
regresó más a Francia. A su vuelta a Roma comienza la última etapa, de
plena madurez, en la que continúa con los trabajos para sus habituales
mecenas y algunos nuevos, como Felipe IV de España o Fréart de Chantelou,
primo del poderoso Noyers, con quien había trabado profunda amistad en su
patria. Para él realizó una segunda serie de Los Sacramentos, que le ocupó
desde 1644 hasta 1648, y que ejerció una gran influencia sobre los cuadros
pintados durante estos intensos años. Respecto a la primera serie, estos
lienzos presentan un mayor control racional y una mayor intensidad
dramática, aunque expresada de forma menos retórica. En estos años su
mayor preocupación es el estudio de los efectos de la luz sobre las
figuras, situadas en un escenario convencional y neutro. Sin embargo, se
muestra todavía muy clásico en su concepción del color, al que no asigna
un papel definitorio en la pintura, en la que es mero "colorear",
subordinado al tema y a su efecto en el espectador. De ahí la necesidad de
un tema elevado, no costumbrista o naturalista. Se muestra, pues,
precavido ante los incipientes intentos de liberar al color de las formas
y elevarlo a la categoría de propiedad de la luz, gobernada por leyes
físicas, concepto que desembocará de forma plena en los impresionistas. La
evolución que experimenta Poussin en estos años se nota claramente en los
paisajes, que adquirirán mayor importancia, hasta el punto de ser
posteriormente considerado el fundador de la escuela paisajística francesa
de los ss. XVIII y XIX. Si en los años veinte el paisaje era el contexto
en que se desenvolvían los affetti, las pasiones de los dioses, ahora
reflexiona sobre la armonía de la naturaleza, en la que se inserta el
hombre. No incide en los aspectos atmosféricos del paisaje, como Claudio
de Lorena, sino en el orden natural que una mente entrenada puede apreciar
bajo su aparente encanto. Es, pues, una reflexión exigente y muy
conceptual sobre el orden universal. Estas cuestiones aparecen en el
Paisaje con el funeral de Foción, su complemento, el Paisaje con las
cenizas de Foción, o en Orfeo y Eurídice. Del mismo modo que en el
paisaje, se produce un importante cambio en la temática religiosa, en la
que ahora predominan los temas de mayor complejidad psicológica o moral,
como Eleazar y Rebeca, el Juicio de Salomón o Ester ante Asuero, frente a
los temas épicos del Antiguo Testamento que predominan en su primera etapa
romana. En ellos se refleja ese esfuerzo por hallar el orden, a través de
la geometría, que llega a su cima en la Sagrada Familia de la Escalera.
Sus obras, realizadas para unos círculos reducidos de intelectuales,
requieren un esfuerzo y una preparación nada desdeñables para apreciar
todos sus aspectos. Los autorretratos pintados en 1650 son muy útiles para
comprender su personalidad. Habituado a la enfermedad, melancólico y de
fogoso ánimo, sus rasgos aparecen severos, aunque algo idealizados. En
esta época ya no es un bohemio. Habituado al trabajo intelectual, junto a
Dal Pozzo, aparece como un humanista del Renacimiento, con un profundo
dominio de las matemáticas, la óptica, la geometría... y las letras
clásicas.

Llevaba una vida ordenada, meticulosa, en la
que trabajaba a diario y se reunía con otros intelectuales amigos, con los
que discutía sobre temas elevados, y quienes le escuchaban con reverencia.
Era un hombre modesto, ajeno a toda ambición, sobrio, incluso austero.
Poseía una modesta fortuna, pero no se relacionaba con la habitual clase
alta; despreciaba los ambientes frívolos. Vivía aislado en su mundo
creativo, contemplando el mundo desde fuera, sin intervenir, imbuido de un
profundo sentido estoico de la vida. A pesar de todo, un punto oscuro
empañaba su existencia: la enfermedad que, a partir de los años cuarenta,
le producía violentos temblores en la mano, la cual fue agravándose con el
paso de los años, hasta impedirle ejercer su amado arte de pintor. Esta
enfermedad no fue obstáculo para que alcanzara en los años cincuenta su
más profunda madurez. A pesar de verse obligado a descuidar un tanto la
técnica, Poussin obtuvo su mayor intensidad en la captación de la
espiritualidad oculta, así como en el desarrollo de escenas
arquitectónicas, como en La muerte de Safira o Cristo y la adúltera, de
1653. Pero lo más característico de sus últimos años son los paisajes,
ahora ya absolutos protagonistas, dueños de la historia que representa.
Esto sucede en el Paisaje con Diógenes o la serie de las Cuatro
Estaciones, que realizó para el duque de Richelieu entre 1660 y 1664. Son
años de continuas enfermedades, achaques y depresiones. El temblor de la
mano es casi insoportable, lo que confiere a los cuadros un aspecto
peculiar, como de inacabado, que los hace hoy muy modernos pero que en la
época fue muy criticado. Entre 1655 y 1664 trabaja poco, pero produce
obras sorprendentes como el Paisaje con Orión ciego buscando el sol,
Paisaje con Hércules y Caco y, como culminación, el Apolo enamorado de
Dafne, que dejó inacabado a su muerte. Son cuadros sombríos,
reconcentrados, repletos de filosofía y pesimismo. Sus mejores amigos iban
falleciendo y su arte quedaba solo en un mundo de modas cambiantes. Se
encerró en sí mismo, su pensamiento se hizo más complejo aún. Reflexionaba
continuamente sobre lo vano de los esfuerzos humanos. No pudiendo superar
la pena que le causó la muerte de su esposa, falleció Poussin en noviembre
de 1665, siendo enterrado en la iglesia de San Lorenzo en Lucina. Dejó su
fortuna a sus parientes pobres de Normandía. Tras su muerte comenzaba su
patronazgo sobre la Escuela francesa, generando incluso una corriente, el
poussinismo, opuesto a la herencia barroca de Rubens. Este clasicismo
emergería de nuevo con Jacques-Louis David a fines del XVIII; sus
cualidades más formales y abstractas reaparecerían en Ingres, su gran
admirador, e influirían en todo el Neoclasicismo europeo. Su presencia en
el siglo XIX se produciría a través de su apreciación armónica de la
naturaleza, que provocaría la admiración de Cézanne.
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rein
Rinaldo and Armida Nicolas Poussin

The Triumph of Neptune and Amphitrite
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Se conoce también como "El tiempo sustrae la
Verdad a la Envidia y la Discordia". Fue parte de los cuatro grandes
encargos recibidos por Poussin durante su estancia en París, además de la
decoración de la Gran Galería del Louvre, junto con el Milagro de San
Francisco Javier. Esta obra en concreto fue pintada para el Cardenal
Richelieu en 1641, quien la deseaba para decorar el Gran Gabinete del
Palais-Cardinal. Parece ser que la obra fue creada, en origen, en forma
cuadrada, y que fue cortada en 1681. Esta figura alegórica, muy apropiada
a su propia vida, fue realizada al estilo de las grandes empresas de los
artistas decoradores romanos, con un fuerte colorido e intensos
contrastes, en verde, naranja, azul celeste y azul. Con ello, Poussin
demostraba que podía competir con artistas eficaces pero con menos talento
como Vouet.
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The Adoration of the Shepherds Nicolas
Poussin

El Verano,
1660
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Es, temáticamente, el segundo lienzo de la
serie de Las Cuatro Estaciones. Para simbolizar el verano, Poussin ha
elegido el pasaje bíblico de Ruth y Booz. Ruth, la moabita, llega a Belén
en la época de la siega de la cebada. Falta de recursos, solicita a Booz
que le permita espigar con sus sirvientes, a lo que accede el
terrateniente, quien con la mano indica al capataz que no la molesten. La
mujer se postra en tierra y agradece el favor. Más tarde, de la unión de
Ruth y Booz nacerá David, de cuyo linaje proviene Cristo. La escena
representa el sol de mediodía. Sin embargo, a pesar de no hallarse
paralelos para esta obra en el Barroco en que se desenvuelve Poussin,
todavía nos hallamos lejos de un estudio de la luz natural y el color
tomados por sí mismos, sin subordinarlos a la forma, como sucederá en el
Impresionismo. En todo caso, la preocupación esencial del artista normando
es enseñar deleitando, es decir, su énfasis es simbólico, filosófico. En
este aspecto destaca la última obra del ciclo, El Invierno
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Este cuadro representa el otro lado de la
misma escena: un paisaje que antes se encontraba en medio de una terrible
tormenta, aparece ahora como un remanso de paz. Una suave luz rosada
ilumina las edificaciones. El lago del centro refleja, como un espejo, los
tejados de los edificios. Ante su superficie, un pastor reposa
tranquilamente mientras vigila sus cabras. Ambos lienzos tienen un
trasfondo moral, que exalta las virtudes de la serenidad en un caso, y el
caos provocado por la violencia de la naturaleza. En el caso que ahora nos
ocupa, no sólo la naturaleza en calma ofrece la serenidad, sino la acción
del hombre, que con sus rebaños, construcciones y trabajo contribuye a
mantener el orden natural
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Eleazar y
Rebeca
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Es una obra temprana de Poussin, de fines de
los años veinte, y fue con bastante probabilidad pintada para Cassiano dal
Pozzo, dado que se conservó en su colección. Durante bastante tiempo fue
catalogada como alusiva a Raquel, pero es, definitivamente, una narración
sobre Rebeca. Es, pues, una temprana plasmación del tema, que podemos
seguir durante los años gracias a los cuadros del mismo título del Louvre
y Cambridge. |
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Está relacionado con el Paisaje con San Juan
en Patmos, ya que ambas obras fueron pintadas a la vez, en 1640, poco
antes de partir hacia París, para el abate Gian Maria Roscioli, secretario
del papa Urbano VIII, de quien pasaron al Cardenal Barberini. En principio
se trataba de una serie sobre los cuatro Evangelistas, pero Poussin sólo
realizó dos, ya que al retornar a Roma no terminó ni el San Lucas ni el
San Marcos. Con todo, son dos obras de importancia excepcional en la vida
del pintor puesto que es la primera vez que afronta el tema del paisaje
clásico en toda su grandeza, el cual será el elemento clave en su segunda
madurez, en especial desde 1648. Ahora la naturaleza no es el escenario,
el fondo en el que se desarrolla la acción, sino el personaje principal
que absorbe las figuras en su interior. Para ello, como en el caso de este
paisaje, se basa en los apuntes tomados del natural: estamos viendo el
propio río Tiber en las cercanías de Roma. Sin embargo, Poussin no tiene
intención de dejar que el natural fluya de sus pinceles, ni siquiera al
modo de su amigo Claudio de Lorena;
somete al paisaje a un proceso de elaboración mental. Es una naturaleza
domesticada, idealizada, que desprende el estatismo de la escultura y una
gran placidez |
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Venus Presenting Arms to
Aeneas
Nicolas Poussin
1639
 Sagrada Familia de la bañera
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Es poco frecuente ver una Sagrada Familia
con prácticamente todos sus miembros. Este cuadro se conoce también como
El Baño, pues éste es el momento elegido por el autor. San José contempla
reposadamente la acción, en la que una Virgen María amable pero firme
agarra al niño para conducirlo al baño. El baño ha sido preparado por los
ángeles, de los que uno, como niño que es, ha derramado accidentalmente
una de las vasijas con el agua, mientras que otro alcanza a María un paño.
Jesús se retuerce y se abraza a su primo, San Juanito, que le apoya ante
la mirada distraída de Santa Ana, su madre. Todos los elementos de la
acción tienen un componente accidental, anecdótico. En las Sagradas
Escrituras no se menciona nada acerca de episodios como éstos, de la vida
cotidiana. La elección de la escena corresponde a un deseo que se había
ido desarrollando en el mundo católico por aproximarse a los personajes
sagrados en su vertiente más humana. La tendencia terminará por desembocar
en las visiones perfeccionistas pero totalmente anodinas de la pintura del
siglo XIX, como la obra de Ingres. |
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Se conservan hoy varias copias de este
lienzo, de polémica atribución, aunque parece seguro que ésta procede de
la colección de su mecenas Cassiano dal Pozzo. Poussin se inspiró a menudo
en las "Metamorfosis" de Ovidio y, en particular, de las historias
amorosas que en ellas se recogen. De este tema también se había ocupado su
primer protector, el poeta italiano Marino. Aquí representa los momentos
felices de estos amores, cuyo trágico desenlace será el tema de Venus
llora a Adonis. Como en Céfalo y Aurora, Poussin realiza en esta obra una
aproximación lírica a la naturaleza, el paisaje, el cual absorbe a las
figuras, tópicas por otra parte, y proporciona un entorno poético a los
placeres
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El asunto procede del libro de Esther, del
Antiguo Testamento. El emperador persa Asuero (Jerjes) promulga un decreto
de exterminio de los judíos de su imperio. Su esposa de origen judío,
Esther, hija de Mardoqueo, a quien el rey había tomado por reina en virtud
de su gran belleza, se dirige al emperador para salvar su vida y la de su
pueblo. Llegada ante el trono, a la vista del emperador, se desmaya,
apoyando la cabeza sobre la sierva que la acompaña. Asuero no sólo
concederá la vida a su mujer, sino que también salvará al pueblo judío. Al
igual que hiciera en el Moisés niño pisa la corona del faraón, Poussin ha
dividido la escena en dos partes: los hombres, junto al emperador, a la
derecha, y las mujeres, a la izquierda. Dicha composición se estructura en
una gran "V" formada por ambos grupos. El espacio que se extiende tras
ellos, un oscuro interior, realza la monumentalidad de las figuras por su
tamaño y por el contraste de los colores, amarillo, rojo, azul. Por su
estilo, Poussin se halla muy cerca del de Rafael. |
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Georges de la Tour
Georges de la Tour es el representante más
importante de la escuela naturalista en el Barroco Francés. Nació en
Vic-sur-Seille hacia 1593 y trabajó toda su vida en Lorena. Se inició en
la pintura con el lorenés Claude Dogoz, pero posiblemente continuara su
aprendizaje en Italia, entre 1614 y 1616, donde descubre a Caravaggio. En
1617 se casó con la hija del tesorero del Duque de Lorena, Diana Le Nerf.
Al fallecer su suegro, se traslada a Luneville donde aparece documentado
como burgués. Apenas contamos con 50 cuadros del maestro, en los que la
luz nocturna o de una lamparilla marcan la composición. Sus influencias
vienen de Jacopo Bassano y de los Caravaggistas de Utrecht. Los temas
religiosos están protagonizados por figuras tremendamente realistas,
caracterizadas por la minuciosidad de los detalles y la amplitud de la
gama de colores empleados. La Tour consiguió una importante fama y
falleció en Luneville en 1652. Sin embargo, sus cuadros no han sido
descubiertos hasta el siglo XX; estando firmados muchos de ellos, se
atribuían a Velázquez, Zurbarán o Louis Le Nanin
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The Magdalene with the Smoking Flame Georges de La Tour c.
1636-8

The Magdalene at the Mirror - 1635

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San Sebastián es un santo de gran devoción
popular, puesto que se le considera patrono de los enfermos. Georges de la
Tour era de la región francesa La Lorena, que había sufrido terribles
epidemias a lo largo del siglo XVII, de ahí el fervor que los fieles y el
propio pintor sentían por San Sebastián. De la Tour pinta la escena con su
habitual tenebrismo adaptado de Caravaggio. El santo, un soldado romano
martirizado por sus compañeros al descubrirse sus creencias cristianas, es
atendido de sus heridas por la viuda Irene. El cuerpo de San Sebastián
destaca como el terciopelo, suave y cálido. San Sebastián era el prototipo
de belleza masculina en la pintura religiosa. Toda la escena está
iluminada irregularmente y con grandes contrastes producidos por la
antorcha que porta Irene. De la Tour era muy aficionado a estos efectos
provocados por la luz del fuego, que suele incluir en la mayor parte de
sus obras. |
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The
Newborn Child- 1645

Christ with Saint Joseph in the Carpenter's Shop 1635-40
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