|
|
......................................................................................................................................................................................
|
A P
O C A L I P S
I S

LOS
SIETE SELLOS
PARTE
25 - Capitulo 8:1-6
El
7 sello - y las siete trompeta. L.Fengos
|
"Cuando
abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el
cielo como por media hora. Y vi a los siete
ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les
dieron siete trompetas. Otro ángel vino entonces
y se paró ante el altar, con un incensario de
oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a
las oraciones de todos los santo, sobre el altar
de oro que estaba delante del trono. Y de la mano
del ángel subió a la presencia de Dios el humo
del incienso con las oraciones de los santos. Y el
ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego
del altar, y lo arrojó a la tierra¡ y hubo
truenos y voces, y relámpagos, y un terremoto. Y
los siete ángeles que tenían las siete trompetas
se dispusieron a tocarlas". Apocalipsis 8:1-6
Con
la abertura del séptimo sello, que es el último
comienzan los sucesos terribles sobre la tierra.
Por eso el Señor Jesucristo cuando abrió el 7o
sello, se hizo silencio en el cielo, por media
hora.
Todo
quedó en silencio. Antes hablaban, cantaban,
glorificaban, se detuvieron por media hora. Este
silencio demuestra de que todos los habitantes del
cielo, esperan que se anuncie algo muy serio, Y al
mismo tiempo tremendo. Como cuando los Jueces
entran en la sala del juicio, y van a anunciar su
decisión.
Exactamente
así sucederá cuando se abra el séptimo sello.
Habrá silencio en el cielo, pues algo muy serio
esperamos que se anunciará.
Vi,
siete ángeles que se encontraban de pie ante
Dios, y se les dió una trompeta para que
trompeen. Un otro ángel estará delante del altar
donde se encuentran las almas, de los que habian
sido muertos por causa de la Palabra de Dios,
sosteniendo un incensario de oro; y se les dio
mucho incienso para añadirlo a las oraciones de
todos los santos, sobre el altar de oro que estaba
delante del trono.
Esta
visto que el altar en el cielo, es espiritual. Es
el altar de Jesucristo de donde toman su salvacion
todos los pecadores arrepentidos, por medio del
Cordero Jesucristo, y descansan, las almas de los
creyentes que murieron en el Señor.
Igualmente,
el incensario es espiritual y representa a Dios
que aceptará las oraciones de todos los santos
que serán perseguidos por el Anticristo; y
sufriran grandes torturas debido a que se negarán
a adorar Su imagen, y poner la marca (Jaragma) en
la mano derecha o en la frente con el número 666.
Los
creyentes cuando son perseguidos por las
autoridades de las naciones. No podrán hacer
nada. Si podrán orar, al Padre celestial por
medio de Jesucristo.
Las
oraciones de los creyentes santos se dirigen,
penetraran en la época que comienzan los
sufrimientos tremendos, que tomaran parte "en
la gran tribulación" como lo dice la Palabra
de Dios, será la época en que reinará, el
Anticristo.
"EL
PRIMER ÁNGEL: "tocó la trompeta, y hubo
granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron
lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de
los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba
verde". Apocalipsis 8:7
Cuando
tocó el primer ángel "hubo granizo "y
fuego, mezclados con sangre, que fueron lanzados
sobre la tierra.
¿
Qué es éste granizo con fuego? Seguramente algo
muy malo y material, ya que fue lanzado sobre la
tierra, y trajo catastrofes. Las bombas y cohetes
y todas las armas destructoras contemporánea, que
han descubierto los seres humanos para su propia
destrucción, trabajan con fuego. Son
completamente colorados, como la sangre, y caen
como el granizo sobre la tierra.
Si
serán bombas, cohetes las que caerán sobre la
tierra, o si será algo semejante, seguramente
será algo terrible, éso no tiene mucha
importancia. Importancia tiene el resultado que
tendrá ésta energia; cuando trompee el primer
ángel y caigan sobre la tiera, la tercera parte
de los árboles, y toda la hierba verde se
quemarán.
Para
que se queme la tercera parte de los árboles, y
toda la hierba, no es tan simple en la práctica.
Existen millones de hectáreas de bosques, en toda
como el humo del incienso delante de Dios.
La
oración de los creyentes y Santos hijos de Dios,
tienen un gran poder. Enseguida contesta el Señor
con ira. Voces, truenos, relámpagos y terremotos,
preanuncian la justa decisión de Dios, de
contestar a la ferocidad del Anticrtisto, y de su
fieles sellados.
Los
siete ángeles que tomaron las trompetas, se
preparan para trompear, y asi comenzar los males.
Las oraciones de los santos creyentes, que fueron
perseguidos por el Nombre de Jesucristo, y que
fueron injustos con ellos, tienen un arma
tremendo, porque atrae la acción de Dios y su
justa ira.
|
|
Apocalipsis
y fin del Mundo
¿Cuándo será el momento de
mi muerte? ¿cómo será? ¿quién participará de mi
entierro?, ¿Cuándo vendrá el fin del mundo? ¿de qué
forma sucederá?. Todas estas inquietudes aquejan al
hombre tanto en la esfera personal como social y no se
han apartado de él a lo largo de toda su historia, causándole
-en ciertos casos- angustia, pánico y ansiedad.
 |
Parece ser que hoy -a poco de
haber cruzado un nuevo milenio- vuelven a resonar estos
cuestionamientos y hay una búsqueda ansiosa por
encontrar respuestas, ya que éstas permiten cierta
calma y tranquilidad existencial. En esta empresa de
saber "el cómo y el cuándo" se acabará el
mundo, algunos creen haber encontrado respuestas lo
suficientemente sólidas en los textos bíblicos,
especialmente en el libro del Apocalipsis, del cual se
han hecho películas, novelas, han surgido sectas
pseudocristianas basadas en su doctrina, etc, mostrándolo
como un tesoro de revelaciones sobre el fin del mundo.
Cabe entonces plantearnos la pregunta ¿es este libro bíblico
el depositario de aquellos misterios sobre el fin del
mundo que tanto aterran al hombre?. Para adentrarnos en
este tema, centraremos la atención en la naturaleza de
este escrito y luego por la enseñanza religiosa que
encierra, basándonos en principios teológicos y de crítica
escriturística.
El vocablo "apocalipsis"
es griego y se traduce por "revelación" que
significa "quitar el velo", mostrar algo que
está escondido. Sin embargo, aunque es este el único
libro de la Biblia que recibe el nombre de
"revelación" (Cf. Ap 1,1), esta categoría
teológica no es exclusiva de este escrito sino común a
todos los libros canónicos ya que todos contienen la
revelación de Dios que se da a conocer al hombre. Además,
hay que tener presente que este escrito tan difícil de
comprender, se enmarca dentro de un género literario
específico llamado "Apocalíptico", que
contiene características muy peculiares. También es
importante destacar que este género surge como medio de
expresión de una corriente de pensamiento religioso del
mundo Judío, llamado "Apocalíptica" o "Apocalipticismo".
En síntesis tenemos que, Apocalipsis es el nombre del
último libro de la Biblia, Apocalíptico es su género
literario y Apocalíptica es por la corriente religiosa
a la que pertenece.
El género apocalíptico, surge
entre el s. II a. C al s. II d. C y lo podemos encontrar
-a demás del Apocalipsis de Juan- al interior del
Antiguo Testamento, en las visiones de los profetas
Ezequiel (Ez 1.40-48), Zacarías (Zac 1-6) y Daniel (Dn
7-12), así como también en obras extrabíblicas como
son los escritos apócrifos Judíos y últimamente en
los manuscritos de Qumram, descubiertos en 1947 a
orillas del mar Muerto.
La fecha de composición del
Apocalipsis de Juan hay que situarla a finales del s. I
d. C., hacia el ’90 aproximadamente, siendo uno de los
últimos textos cronológicos del Nuevo Testamento. La
tradición le atribuye la autoría al apóstol San Juan,
autor del cuarto Evangelio y tres cartas que llevan su
nombre. Sin embargo, la ciencia bíblica ha determinado
que lo más probable es que sea producto de una escuela
Joánica, seguidora de las enseñanzas del apóstol.
El lenguaje apocalíptico se
caracteriza por su simbolismo, lo que confunde y
dificulta una comprensión inmediata. Todo es simbólico,
por tanto, se hace necesario interpretarlo a la luz de
la época, las circunstancias histórico-religiosas en
las que surge y teniendo presente el auditorio al que se
dirige. Es por esta razón que no podemos entender como
"relato histórico" algo que es "relato
apocalíptico", así, los números tienen un
sentido, los colores, las imágenes, conformando todo un
lenguaje cifrado. Veamos algunos ejemplos:
-
Blanco: victoria, pureza
-
Rojo: violencia, asesinato
-
Negro: muerte, impiedad
-
7: plenitud, cifra perfecta
-
6: imperfección (7-1= 6)
-
12: el antiguo y nuevo
Israel , (las 12 tribus de Israel y los 12 Apóstoles)
-
1000: una gran cantidad
-
Cuerno: poder
-
Cabellos blancos: eternidad
 |
La estructura de la obra se
ordena en tres partes claramente identificables; un prólogo
(Ap 1,1-8), el cuerpo doctrinal (Ap 1,9-22,5) y un epílogo
(Ap 22,6-21) que mediante su simbolismo e imágenes fantásticas
va planteando toda una reflexión histórica sobre la fe
en Cristo. Basándose en el estilo profético de
visiones, mira el pasado del pueblo de Israel, (los
mensajes a las 7 Iglesias: 1,9-3,22; los 7 sellos:
4,1-8,1 y Las 7 trompetas: 8,2-11,18) enfrenta el
presente que le toca vivir, donde hay un fuerte
persecución del imperio Romano frente a los Cristianos,
alentando la fe de los creyentes mediante las imágenes
del cordero (Cristo) que vence al dragón (diablo) y a
las bestias (las potencias humanas) enemigas de Dios
(11,19-15,1). Finalmente recuerda las enseñanzas de Jesús
sobre el Reino prometido a los suyos, proyectando así
el futuro escatológico (este término viene del griego
"Eschaton" que significa "lo último"
y se emplea para referirse al final de los tiempos, en
un sentido plenamente teológico, cuando se dé
cumplimiento a toda las historia de la salvación). Es
en este bloque donde se hace sumamente necesario
comprender bien las imágenes simbólicas, ya que
"las 7 copas" (15,2-16,21), "las visones
del juicio" (17,1-21,1) y "la nueva Jerusalén"
(21,2-22,5) no pretenden mostrar una crónica histórico-temporal
de cómo sucederá el fin del mundo, sino que por medio
del lenguaje apocalíptico el autor resalta una idea
fundamental que conforta la esperanza del cristiano: al
final de los tiempos hay una gran esperanza para quienes
son fieles a su fe en Cristo, Dios los hará partícipes
de una "nueva Jerusalén", plena, eterna,
superior a la gran Jerusalén que tenían antes de su
destrucción última del año `70. Esto será posible
porque Cristo, el cordero, ha vencido a todos sus
enemigos, victoria sobre los monstruos (potencias
humanas) y sobre el diablo. De esta forma los seguidores
de Cristo heredarán un "cielo nuevo y tierra
nueva". Finalmente, se cierra el libro deseando la
pronta venida de este Señor que es el único capaz de
cambiar la difícil situación de persecución que viven
los cristianos: "¡Ven Señor Jesús!"
(22,20).
En conclusión, podemos decir,
que el libro del Apocalipsis no es un texto terrorífico
ni con características ocultas, que nadie puede
comprender bien, tampoco es una revelación de cosas
misteriosas distintas a las enseñanzas que Cristo nos
dejara. Es un texto que explicita y actualiza el mensaje
de Jesús frente a situaciones concretas, reales que les
toca vivir a los cristianos del s. I d C. donde tienen
que defender su fe a costa de martirios y persecuciones.
Es un escrito lleno de esperanza y con una reflexión
muy profunda sobre el destino de la humanidad, en orden
a una historia salvífica que parte de la iniciativa de
Dios y se consolida con el sacrificio redentor de
Cristo. Es un libro válido para todos los tiempos en
orden a nuestro crecimiento de fe en un Dios cercano,
que está en medio de toda tribulación y el cual
siempre va a triunfar frente al mal, ofreciéndonos una
esperanza de vida cristiana liberadora y eterna. Por
tanto, si volvemos a nuestra pregunta inicial; ¿Cuándo
será el fin del mundo?, el libro del Apocalipsis no nos
puede dar respuesta positiva y tenemos que dejar al
mismo Jesús que nos responda como ya lo hizo en otro
tiempo: "En cuanto al día y la hora, nadie lo
sabe, ni aún los ángeles del cielo, ni el Hijo.
Solamente lo sabe el Padre" (Mt 24, 36).
Pablo
Uribe Ulloa
Universidad Católica de la Ssma. Concepción – Chile
www.iglesia.org
|
Apocalipsis:
¿catástrofe o bienaventuranza?
|
|
¿Un
libro sobre el pasado o sobre el futuro?
|
|
Colaboración
de Mauricio Israel Pérez López
|
Para
la mayoría de la gente, la palabra Apocalipsis es sinónimo
de catástrofe, de una etapa de destrucción. Por ello,
muchos quieren encontrar en el Libro de la Revelación
una descripción del cataclismo que ha de poner fin a
nuestra historia. Esta errada ideas, basada en no otra
cosa que la ignorancia bíblica, y apoyada por las
producciones cinematográficas y las interpretaciones
tendenciosas que sobre el libro hacen diversas sectas,
provoca en la gente no solo confusión, sino peor aún,
miedo y angustia.
Ciertamente
que el Apocalipsis presenta un relato trágico, en
cuanto a que hace referencia concreta a la persecución
de la naciente iglesia por el Imperio Romano, pero el
objetivo fundamental es más bien ilustrar cómo pese a
esta persecución, el reino de Dios prevalecerá. De
esta forma, el libro del Apocalipsis es en verdad un
mensaje de buenas noticias. Se trata de un conjunto de
revelaciones expresadas bajo el género literario apocalíptico,
que se caracteriza por la abundancia de simbolismos que
hay que descifrar. Para el estudioso de este libro, no
resulta tan complicado vislumbrar fuertes semejanzas
entre los símbolos usados en la Revelación de Juan, y
otros textos bíblicos, sobre todo el libro de Daniel.
Pero
incluso sin adentrarse en las profundidades de la exégesis,
basta una cuidadosa lectura para percibir el mensaje
alentador de este libro: a lo largo del escrito, el
autor del Apocalipsis –que se identifica a sí mismo
como Juan-, expone siete bienaventuranzas. No sólo una,
sino siete, nada menos que el número que representa la
totalidad. Así pues, es posible entender que el libro
es un texto de total bienaventuranza. “Dichoso
el que lea y los que escuchen las palabras de esta
profecía y guarden lo escrito en ella”.
En
este artículo mostraré las siete bienaventuranzas del
Apocalipsis, con un breve análisis que espero sirva al
lector para comprender mejor su mensaje. Para
desarrollar mi escrito, he empleado el texto de la Edición
Española de la Biblia de Jerusalén.
Las
siete bienaventuranzas que se encuentran a lo largo del
Apocalipsis, son las siguientes:
1,3:
Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de
esta profecía y guarden lo escrito en ella, porque el
Tiempo está cerca.
14,13:
Luego oí una voz que decía desde el cielo: «Escribe:
Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde
ahora, sí –dice el Espíritu–, que descansen de sus
fatigas, porque sus obras los acompañan.»
16,15:
Mira que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en
vela y conserve sus vestidos, para no andar desnudo y
que se vean sus vergüenzas.
19,9:
Luego me dice: «Escribe:
Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.»
Me dijo además: «Estas
son palabras verdaderas de Dios.»
20,6:
Dichoso y santo el que participa en la primera
resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos,
sino que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán
con él mil años.
22,7:
Mira, vengo pronto. Dichoso el que guarde las
palabras proféticas de este libro.
22,14:
Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán
disponer del árbol de la Vida, y entrarán por las
puertas en la Ciudad.

Primera
Bienaventuranza
Dichoso
el que lea y los que escuchen las palabras de esta
profecía y guarden lo escrito en ella, porque el Tiempo
está cerca.
(1,3)
Así
termina el autor el prólogo a las profecías que habrá
de desarrollar. Una frase alentadora, que de inmediato
deja sentir el gozo que se puede lograr al leer,
escuchar, y poner en práctica lo prescrito en el resto
del documento. Esta idea de gozo es opuesta al
sentimiento de angustia que mencionaba al inicio de este
artículo. Si se tratara en verdad de un texto
descriptivo de los horrores que el hombre ha de padecer,
las primeras palabras del autor serían de advertencia
sin lugar a dudas, mas nunca de bienaventuranza.
Los
primeros versículos presentan pues, los parámetros
bajos los cuales se ha de interpretar el resto del
libro. El libro en conjunto está en consecuencia bajo
el signo de la bienaventuranza. Lo que el autor del
Apocalipsis ha de describir y revelar no pretende
infundir inquietud ante la amplitud de la crisis, sino
que por el contrario busca compartir la convicción de
que la condición de discípulo de Cristo supone un
llamado a la felicidad. El escrito está sembrado de
promesas de felicidad para los que observen “las
palabras de esta profecía”.

Segunda
Bienaventuranza
Luego
oí una voz que decía desde el cielo: «Escribe:
Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde
ahora, sí –dice el Espíritu–, que descansen de sus
fatigas, porque sus obras los acompañan.»
(14,13)
Esta
bienaventuranza es fácil de comprender: el contraste
entre el castigo de los impíos y el descanso que espera
a los fieles.
Tercera
Bienaventuranza
Mira
que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela y
conserve sus vestidos, para no andar desnudo y que se
vean sus vergüenzas.
(16,15)
Esta
bienaventuranza se encuentra en el noveno capítulo del
libro, que habla sobre “Las Siete Copas de la Ira de
Dios” (15,1-6,21). Estas copas son derramadas por
siete ángeles, y al derramarse la sexta copa sobre el
Éufrates, sus aguas se secan para preparar el camino a
los reyes de Oriente, refiriéndose el autor a los
Partos. Este pueblo fue un arduo enemigo para el Imperio
Romano (criticado constantemente en el Apocalipsis, por
su encarnada persecución al cristianismo), y el autor
lo usa como prototipo de los invasores terrenos que
amenazarán siempre a los imperios humanos.
Este
pasaje concluye con la convocatoria de todos los reyes
del mundo a reunirse
en
el lugar llamado en hebreo Harmaguedón
(16,16b),
es decir, en el monte de Meguiddó, donde murió el rey
Josías. (2 R 23, 29s). Por ello, esta ciudad de la
llanura que rodea la cadena del Carmelo, es usada como símbolo
de desastre para los ejércitos que allí se reúnan (Za
12,11). Ante estos acontecimientos, Juan se vale de una
glosa (v.15) para hacer eco a la advertencia de Cristo
sobre la necesidad de “vigilar”:
“Velad,
pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué
hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en
vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso,
también vosotros estad preparados, porque en el momento
que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.” (Mt
24, 42-44).
La
actualización del versículo es sencilla: la muerte ha
de venir, pero bienaventurado será el que viva cerca de
Dios, pues no quedará en el desamparo.
Cuarta
Bienaventuranza
Luego
me dice: «Escribe: Dichosos los invitados al banquete
de bodas del Cordero.» Me dijo además: «Estas son
palabras verdaderas de Dios.»
(19,9)
La
perícopa de los “Cantos triunfales en el cielo”
(19) expresa el júbilo en el cielo tras la caía de
Babilonia. Primero con un himno que concluye diciendo
“¡Amén!
¡Aleluya!”
(4d)
y luego con un cántico que manifiesta su alegría
porque un mundo nuevo va a comenzar: “Alegrémonos
y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado
las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado y se
le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de
blancura –el lino son las buenas acciones de los
santos-” (19,7-8).
La
literatura apocalíptica siempre se refiere a un momento
histórico específico, aunque siendo un mensaje de
inspiración divina, siempre puede actualizare por todos
los tiempos. En el caso concreto del Apocalipsis de
Juan, el texto se ocupa de la persecución de la
naciente iglesia por el Imperio Romano, representado
entre otras formas por Babilonia, la Célebre Ramera
(recomiendo la lectura de mi artículo al respecto de
este tema, La
célebre Ramera de Apocalipsis 17).
Pero de la misma forma que en los inicios de la iglesia,
imperios y poderes van siendo derrotados por Cristo y
sus seguidores, y las grandes Babilonias de todos los
tiempos seguirán cayendo, pues su maldad y abuso, su
deseo de lujo y desmedida acumulación de riquezas, sus
persecuciones injustas, las llevarán a su ruina. Pero
en medio y a pesar de todo, el reino de Dios y las bodas
del Cordero han sido también una realidad patente a lo
largo de nuestra historia, motivos que siguen haciendo
estallar al pueblo de Dios en gritos de júbilo. La
iglesia, que es la esposa (pueblo de Dios), está lista
para la boda definitiva, gracias al mismo Cordero que la
desposa.
Bienaventurado
sea el que esté invitado a participar de estas bodas. Y
para que no quede duda, esta bienaventuranza es
palabra
verdadera de Dios,
tal como indica el autor (cf
19,9b)
Quinta
Bienaventuranza
Dichoso
y santo el que participa en la primera resurrección; la
segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán
Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.
(20,6)
Esta
bienaventuranza se ubica dentro de uno de los pasajes más
complicados de entender en el Apocalipsis, “El Reino
de Mil Años”. Por ello, creo conveniente ahondar un
poco en el análisis de la perícopa a fin de que la
bienaventuranza tenga mejor sentido, y entender de paso
cuáles interpretaciones del pasaje no resultan
satisfactorias.
Luego
vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el
poder de juzgar; vi también las almas de los que fueron
decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de
Dios, y a todos los que no adoraron a la Bestia ni a su
imagen, y no aceptaron la marca en su frente o en su
mano; revivieron y reinaron con Cristo mil años. Los
demás muertos no revivieron hasta que se acabaron los
mil años. Es la primera resurrección. Dichoso y santo
el que participa en la primera resurrección; la segunda
muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán
Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.
(20,4-6)
La
Bestia de quien se habla es nuevamente el Imperio
Romano, que exigía el culto a la diosa Roma y al dios César.
Los cristianos al no tener más que un Dios verdadero,
se rehusaban a este culto, y por ello fueron perseguidos
y martirizados. Todos ellos al morir siendo fieles a Jesús,
culminan sentados en tronos, según la visión de Juan.
Esta es la primera resurrección, y bienaventurado sea
quien participa de ella por tres razones: (1) no sufrirán
la segunda muerte, es decir, la muerte eterna; (2) serán
sacerdotes de Dios; y (3) reinarán con Cristo por mil años.
El resto de los que han muerto no revivieron hasta
terminar estos mil años.
Este
pasaje del Apocalipsis tiene fuerte relación con
Ezequiel, cuyo capítulo 37 habla de la “resurrección
simbólica” de los huesos secos.
Al
respecto de los mil años, existen diferentes opiniones.
San Agustín por ejemplo, opinaba que los mil años
comienzan con la resurrección de Cristo, por lo que la
primera resurrección designaría el bautismo.
También
existen interpretaciones milenaristas literales. El
milenarismo puede dividirse en estricto y mitigado.
Milenarismo estricto es el que admite un reinado
triunfal de Cristo durante mil años, antes del juicio
final. En este reinado estarían incluidos los
cristianos que lograron la “primera resurrección”.
Este tipo de milenarismo es declarado por nuestra
iglesia como doctrina temeraria (es decir, no apoyada en
datos reales) y errónea. El milenarismo mitigado por su
parte, opina que Cristo, antes del juicio final, previo
o no la resurrección de muchos justos, ha de venir
visiblemente para reinar en la tierra. La Congregación
de la Doctrina de la Fe ha declarado que el milenarismo
mitigado no puede enseñarse con seguridad.
Sea
como fuere, el hecho es que el que rechaza el culto a
cualquier imperio terreno (llámese poder, hedonismo, o
materialismo) por preferir al Reino de Cristo, será
bienaventurado porque habrá de resucitar y permanecer
con Cristo para siempre.
Sexta
Bienaventuranza
Mira,
vengo pronto. Dichoso el que guarde las palabras proféticas
de este libro.
(22,7)
La
Jerusalén Futura, cuarta y última parte del Libro de
La Revelación, enmarca como contexto amplio esta
bienaventuranza. El versículo sexto explica:
«Estas
palabras son ciertas y verdaderas; el Señor Dios, que
inspira a los profetas, ha enviado a su Ángel para
manifestar a sus siervos lo
que ha de suceder pronto.»
(22,6)
Se
entabla un diálogo final entre el Ángel (o quizás Jesús)
y Juan, el receptor de la visión. En este diálogo se
comentan las visiones que se han registrado en el libro
y el uso que de ellas ha de hacerse.
Muy
similar en su sentido a la primera bienaventuranza del
Apocalipsis, que sirvió como apertura al mensaje, esta
otra prepara el final del libro, dejando claro el
sentido de gozo para el que guarde lo que se ha escrito.
Recordando mi opinión al respecto de la primera
bienaventuranza, en este caso final, si el libro del
Apocalipsis tratara de desastres, no terminaría el
autor expresando una bienaventuranza para el que guarde
estas profecías, sino que por el contrario, más bien
expresaría un lamento por su destino, recordando como
ejemplo de este caso en la lamentación de Jesús sobre
Jerusalén (Lc 19,41-44) al anticipar su destrucción
que ocurriría en el año 70.
Séptima
Bienaventuranza
Dichosos
los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del
árbol de la Vida, y entrarán por las puertas en la
Ciudad.
(22,14)
El
capítulo 22, último del Apocalipsis, describe la nueva
Creación:
Luego
me mostró el río de agua de Vida, brillante como el
cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En
medio de la plaza, a
una y otra margen del río, hay árboles de Vida, que
dan su fruto doce veces, una vez cada mes y sus hojas
sirven de medicina para los gentiles. Y no habrá
ya maldición alguna. (22,1-3a)
En
una palabra, el Cielo, donde habrá una vida sin término.
El definitivo y perfecto reino de Dios. Y de este reino
podrán ser parte aquellos que hayan lavado sus
vestiduras, que se hayan purificado de sus pecados, como
expresa la bienaventuranza. Resulta impactante la dureza
del versículo siguiente a esta bienaventuranza:
«
¡Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los
asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique
la mentira! »
(22,15)
Me
llama la atención el hecho de que los que participen
del reino podrán disponer
del árbol de la Vida,
de
aquél mismo árbol que Yahvé quiso preservar intacto
en el Génesis, tras la caída de nuestros primeros
padres. Nos narra la tradición yahvista en el libro del
Génesis, que en medio del jardín del Edén Dios había
sembrado dos árboles especiales: el árbol de la Vida,
y el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Yahvé
prohibió a Adán y Eva comer del fruto del árbol de la
Ciencia del Bien y del Mal, pero ambos lo hicieron, y
habiéndolos expulsado del jardín del Edén, puso Dios
la
llama de una espada vibrante, para guardar el camino del
árbol de la vida
(Gn
3,24c)
porque
cuidado,
no alargue (el hombre) su mano y tome también del árbol
de la vida y comiendo de él viva para siempre.
(Gn 3,22b)
El
árbol de la vida es simplemente el símbolo de la vida
eterna, pero me llama la atención la bella manera en
que el mismo símbolo es usado como hilo conductor que
corre de principio a fin, cuando el hombre cae (en el Génesis)
y cuando el hombre entra al reino de Dios (en el
Apocalipsis). El árbol de la vida (eterna) que quedó
privado para el hombre al principio de la historia de la
Salvación, queda accesible nuevamente para él, al
culminarse esta historia.
Conclusión
Tras
este recorrido “exegético” (o sobrevuelo, diría
yo) por las siente bienaventuranzas que expresa el
Apocalipsis, no queda más que dar el siguiente paso,
que para la fe del cristiano tiene mayor relevancia: la
meditación de cada una de las bienaventuranzas, a fin
de hacerlas actuales y participar de ellas.
Después
de meditar sobre las bienaventuranzas del Apocalipsis,
no me queda más que repetir junto con su autor:
Dice
el que da testimonio de todo esto:
«Sí,
vengo pronto. » ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
Que
la gracia del Señor Jesús sea con todos. ¡Amén! (22,20-21)
©
Mauricio Israel Pérez López, 2002
Análisis
de Apocalipsis 12: 7-12
Pr. Angel
Manuel Rodríguez
Describe
Apocalipsis 12:7 al 12 una batalla que tuvo lugar en el
cielo o que se realizó en la cruz, cuando Jesús derrotó,
por medio de su muerte, a Satanás y sus ángeles?
Mi
lectura de los textos me conduce a concluir que es
posible una tercera alternativa a su pregunta.
Comencemos con algunas observaciones generales. Una
lectura de Apocalipsis 12:1 al 6 y 12:13 al 17 fácilmente
podría sugerir que los versículos 7 al 12 constituyen
un paréntesis. El versículo 13 retoma la narración
dejada en el versículo 6. Más aún, la oración de
transición: Y cuando vio el dragón que había sido
arrojado a la tierra, en el versículo 13, indica que
los versículos 7 al 12 fueron sutilmente integrados en
el flujo de ideas del capítulo. Hay un desarrollo de
los versículos 4 y 5, donde el dragón es descrito como
tratando de destruir al Mesías tan pronto como naciera.
La idea del conflicto está planteada allí.
Algunos
aspectos de la información encontrada en estos textos
parecen sugerir que la batalla descrita tuvo lugar
durante los episodios de la muerte y la resurrección de
Cristo. Esto es lo que sugiere la cronología de los
hechos planteados en este capítulo. El dragón es
descrito como esperando el nacimiento del Mesías con el
propósito de devorar a su hijo (vers. 4). Pero el niño
es quitado de la esfera de acción del dragón y
entronizado como Rey junto a Dios. Luego, la iglesia es
descrita como necesitada de la protección divina
durante un período de 1.260 días/años.
En
una especie de escena retrospectiva, se da al lector una
descripción más detallada del conflicto entre el dragón
y Cristo. Esto es seguido por su furioso ataque contra
la mujer (vers. 13). Esta secuencia muestra que la
batalla tuvo lugar después que la mujer dio a luz y
antes de que el dragón persiga a la mujer. Además,
deberíamos también decir que como resultado de la
derrota de Satanás ha venido la salvación, el poder y
el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo (vers.
10, comparar con Mat. 28:18). El mejor momento histórico
para que estos hechos ocurrieran fue en la cruz. La idea
de que en el madero Cristo derrotó el poder del mal es
común en el Nuevo Testamento (p. ej.: Col. 2:15; Heb.
2:14), y Cristo mismo afirmó que como resultado de su
muerte Satanás sería arrojado fuera del cielo (Luc.
10:18; Juan 12:31).
No
obstante, si examinamos el lenguaje y las imágenes
usadas por Juan, resulta claro que él está utilizando
la descripción del primitivo conflicto entre el
preencarnado Cristo y Satanás como referencia de la
guerra que tuvo lugar en la cruz. Los eruditos
generalmente reconocen que Juan recurre a imágenes de
la literatura judía que describen cierto conflicto que
tuvo lugar en el cielo como resultado del intento de
Satanás de colocar su solio en el lugar donde está el
trono de Dios. El conflicto resultó en la derrota de
Satanás y en una limitación de su acceso al cielo.
Esta creencia judía tiene sus raíces en el Antiguo
Testamento, y es el Antiguo Testamento mismo el que
provee el trasfondo de los textos que estamos
comentando.
En
Isaías 14:12 un ser celestial es arrojado a la Tierra
después de fracasar en el intento de hacerse a sí
mismo como Dios. Juan usa la misma expresión en griego
que se encuentra en el texto de la traducción griega
del Antiguo Testamento. Esto sugiere que él pudo haber
tenido este pasaje en mente. Las Escrituras indican que
aun después que Satanás fue arrojado del cielo todavía
tuvo limitado acceso, oportunidad que aprovechó para
acusar a los siervos de Dios (Job 1:6; Zac. 3:1).
Apocalipsis 12:7 al 12 nos informa que aquel acceso,
aunque limitado, llegó a su fin cuando Cristo dio su
vida en la cruz.
Deberíamos
notar también que el pasaje hace una conexión entre el
dragón y el jardín del Edén, al identificarlo con la
serpiente antigua (vers. 9). Después de la guerra
originaria en el cielo y la caída de Satanás, él atacó
a la mujer (Eva) en el jardín. Ahora, después de ser
derrotado por Cristo, Satanás ataca a la mujer (la
iglesia). El paralelismo es fascinante.
Juan
está usando el lenguaje y las imágenes de la
primigenia guerra en el cielo entre Cristo y Lucifer al
describir la batalla entre ambos en la cruz. Su propósito
es demostrar que Cristo ha derrotado siempre a las
fuerzas del mal, que nosotros también podemos vencerlas
por medio de la sangre del Cordero y que el dragón
tiene ahora un tiempo limitado de actividad antes de que
sea finalmente destruido. Aunque la referencia primaria
de este pasaje es el conflicto en la cruz, al
describirlo en los términos de la guerra originaria en
el cielo Juan provee una información significativa
acerca del origen de la gran controversia
|
¿Quién
es la Babilonia del Apocalipsis?
Dr. Fernando Chaij
Pese a algunos beneficios evidentes que ha
reportado al mundo el movimiento ecuménico de
nuestros días, éste entraña
peligros tan grandes que hace que el saldo resulte
totalmente negativo. Al sacrificarse la verdad
espiritual tal como se halla en
la Bíblia, en aras de la unión institucional de
las iglesias, resuelta por sus organismos jerárquicos,
se desconocen las
convicciones religiosas de una gran cantidad de
cristianos cuya conciencia les exige lealtad a
Dios, a su Palabra y a sus
mandamientos antes que a la jerarquía de una
iglesia. Por otra parte, la tendencia natural del
ser humano hará que la superiglesia, oficial,
institucionalmente unida, desemboque en un
monopolio religioso que, como todo monopolio,
forzosamente será absorbente e impositivo, ya que
por fin intentará exigir la adopción universal
de dogmas y enseñanzas que la Biblia desconoce.
Este doble peligro, que documentamos en nuestros
artículos anteriores con declaraciones de
destacadas figuras del mundo católico y
protestante, se halla también señalado en la
Biblia. En el libro del Apocalipsis se describen
con una antelación de siglos los sucesos más
dramáticos del mundo político y religioso, hasta
la culminación del proceso histórico con la
segunda venida de Cristo a la tierra, solución
final de todos los problemas humanos.
En ese libro se usa con
frecuencia la expresión "Babilonia",
procedente de "Babel" confusión-, para
referirse a un cristianismo popular, confundido y
apostatado separado de la verdad un cristianismo
que en lugar de iluminar esparce tinieblas. Ese
cristianismo decadente y desorientado ha sufrido y
está sufriendo los embates de varias corrientes
filosóficas y teológicas modernas: la alta crítica,
el modernismo religioso y el humanismo
existencialista, que han quitado a Dios y a Cristo
del centro de la vida del hombre y han puesto al
yo humano en su lugar. Existe sin embargo otro
aspecto importante en la identificación de
Babilonia. A Babilonia se la re-presenta en la
Biblia por una mujer (Apocalipsis 17:1-6).
En realidad, en las
Escrituras se usa genéricamente el símbolo de
una mujer para representar a una iglesia u
organización
religiosa. En el caso de la auténtica iglesia de
Dios, se emplea la figura de una mujer pura. He
aquí cómo San Juan describe
este símbolo maravilloso: "Apareció en el
cielo una gran señal: una mujer [la iglesia]
vestida del sol [el Nuevo Testamento],
con la luna [el Antiguo Testamento] debajo de sus
pies, y sobre su cabeza una corona de doce
estrellas [los doce apóstoles]" (Apoca-lipsis
12: 1).
Pero también en las
series proféticas del Apocalipsis se usa la
figura de tina mujer para representar a una
iglesia apóstata, sólo que en este caso se trata
de una mujer impura, de una ramera. Para que
tengamos todo el cuadro profético que nos ayude a
identificar a Babilonia, transcribimos todo el
pasaje: "Vino entonces uno de los siete ángeles
que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome:
Ven acá, Y te mostraré la sentencia contra la
gran ramera, la que está sentada sobre muchas
aguas [pueblos]; con la cual han fornicado los
reyes de la tierra [aceptando sus enseñanzas y
dogmas erróneos], y los moradores de la tierra se
han embriagado con el vino de su fornicación [sus
falsas enseñanzas].
Y me llevó en el espírtu
al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una
bestia escarlata llena de nombres de blasfemia,
que
tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer
estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada
de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía
en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones
y de la inmundicia de su fornicación; y en su
frente un nombre escrito, un misterio: Babilonia
la grande, la madre de las rameras y de las
abominaciones de la tierra.
"Vi a la mujer ebria de la sangre de los
santos, y de la sangre de los mártires de Jesús;
y cuando la vi, quedé asombrado con
gran asombro" (Apocalipsis 17:1-6). En este
pasaje profético, donde se usan una cantidad de símbolos
perfectamente claros y explicados por otros textos
de la Biblia, se denomina "Babilonia la
Grande" a una mujer, que es una iglesia u
organización eclesiástica.
¿Cuáles son las características objetivas que
la profecía presenta acerca de Babilonia, y la
mujer adúltera, la iglesia impura?
Veamos:
1) Está sentada sobre muchas aguas (Vers. l). Y
el mismo apóstol explica: "Las aguas que has
visto donde la ramera se sienta,
son pueblos, muchedumbres, naciones y
lenguas" (Vers. 15). En otras palabras domina
el pensamiento de los pueblos.
2) Con ella han fornicado "los reyes de la
tierra", y "los moradores de la
tierra" se han embriagado con su vino. Es
decir que
esa iglesia se ha hecho universal.
3) La "mujer sentada sobre una bestia" (Vers.
3), representa a una iglesia que maneja al
gobierno. Las bestias en profecía
representan Estados (Daniel 2 y 7). El jinete
maneja al animal sobre el cual cabalga. El que la
iglesia cabalgue sobre la bestia, implica que la
domina, la maneja y la obliga a actuar según sus
dictados. Sólo así se hace posible la coacción
religiosa y las persecuciones. Hay unión de la
iglesia y el Estado, pues es una iglesia que trata
de ejercer predominio político siempre que puede.
4) La mujer tenía en la
mano un cáliz que contenía el fruto de sus
abominaciones y fornicaciones (Vers. 4). Dicho de
otra
manera, Babilonia se caracterizaría por una serie
de doctrinas espurias, falsas cuando se las juzga
con la Biblia, suprema
norma de fe y piedra de toque de la verdad.
5) Esta mujer impura es "madre de las rameras
y de las abominaciones de la tierra" (Vers.
5). Ella misma es "Babilonia la
grande". No sólo ella sostiene un cuerpo de
doctrinas confundidas (Babilonia sig-nifica
confusión) y erróneas, sino que una
serie de otras "mujeres" -sus hijas-,
iglesias menores, han sido atraídas por ella y
han hecho causa común con ella, de manera que,
aunque conserven su propia individualidad, no
objetan sus dogmas, y se hallan perfectamente
identificadas con sus fines y sus procedimientos.
6) Babilonia está ebria de la sangre los mártires
de Jesús (Vers.6) Corrompida por el monopolio
religioso, el poder, mundial, la popularidad, la
unión con otras iglesias y la unión con el poder
civil, comienza a imponer sus dogmas. Como muchos
cristianos sinceros no aceptan sus imposiciones, y
prefieren mantener su lealtad a Dios, su Palabra y
su Ley, son perseguidos, y se convierten en mártires.
Utilizando un signo profético diferente, otra
profecía del apocalipsis habla de este mismo
clima de persecución, indicando hasta que punto
iría (Apoc. 13:11-17).
Los que no aceptacen las
exigencias de carácter religioso perderían sus
derechos civiles fundamentales, no podrían
comprar ni vender. No sólo se verían del todo
proscritos sino que se decretaría contra ellos
sentencia de muerte que, gracias a Dios no lograría
cumplirse porque Dios intervendrá a favor de sus
hijos fieles.
7) La última escena de
esta profecía descrita en el capítulo si-guiente
(cap. 18:6-24), y presenta el juicio y la
destrucción de,
Babilonia. Sin embargo, antes de la destrucción
propiamente dicha por la intervención divina, con
motivo de la segunda venida de Cristo a la tierra,
la profecía habla de una caída espiritual o
ideológica. He aquí el pasaje:
"Después de esto vi otro ángel descender
del cielo con gran poder; y la tierra fue
alumbrada con su gloria. Y clamó con voz
potente: Ha caído, ha caído la gran
Babilonia" (Apocalipsis 18:1, 2). Y en el capítulo
14 el profeta registra el mismo mensaje,
proclamado por ángel que surca raudalmente los
cielos: "Otro ángel le siguió, diciendo: Ha
caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad,
porque ha hecho beber a todas las naciones del
vino del furor de su fornicación" (Cap.
14:8). Estamos asistiendo en estos días a la
escena impresionante de la caída de Babilonia. La
tierra esta comenzando a ser alumbrada con la
gloria de Dios (cap. 18:1) y lo será mucho más y
completamente en el inminente futuro por la
presentación clara y valiente del mensaje divino,
el Evangelio eterno (cap. 14:6), puro, tal como
aparece en la Biblia, sin mezcla de
"inmundicia y fornicación" espiritual.
Cuando brilla la luz, las
tinieblas retroceden Y se disipan. Ante el
conocimiento de la verdad, el error se desmorona.
El ángel
que ilumina la tierra en base a la predicción del
evangelio eterno produce automáticamente la caída
de Babilonia.
Pero el broche de oro de ésta profecía se halla
en estas palabras: Ha caído, ha caído la gran
babilonia... salid de ella, pueblo mío, para que
no seáis participes de sus pecados, ni recibáis
parte de sus plagas" (Apocalipsis 18:2-4). El
hecho de que Dios llame a su pueblo a salir de
Babilonia significa que él tendrá una hueste de
hijos suyos, sinceros y piadosos, esparcidos en
los más diversos sectores religiosos, que oirán
la invitación y cumplirán lo profetizarlo por el
Señor Jesús: "También tengo otras ovejas
que no son de este redil aquellas también debo
traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un
pastor" (S. Juan 10:16).
En una hora cuando la
inmensa mayoría de la humanidad prefiere seguir
el camino fácil de la obsecuencia con las
tradiciones
populares y la conformidad jerárquica, la palabra
de Dios lanza con voz de trompeta un desafío para
que cada ser humano
echo a la imagen de Dios investigue la verdad bíblica
por su cuenta, y escuche la advertencia solemne a
salir de Babilonia con sus errores y su confusión
sólo así se puede evitar el trágico destino de
verse envuelto en su destrucción para transitar
en
cambio por el único camino que conduce a la paz
de este mundo y a la felicidad eterna en el reino
de Dios.
|
¿Qué hay detrás
del 666?
¿Porqué el Señor advierte
mediante Juan a no identificarse con el número 666? Se
halla la pista más importante a este misterio dentro de
algunas costumbres antiguas paganas. El 666 se halla en
el culto antiguo de "astrología." La astrología
es el fundamento de todas las ciencias del ocultismo y
el origen de todos los sistemas paganos religiosos.
Los paganos enseñaron que el
destino de todo dependía del cielo. Creyeron que las
estrellas controlaban los asuntos de la raza del humano.
La astrología supone interpretar la voluntad de los
dioses de las estrellas. Los dioses principales fueron
representados por los siete planetas. Los siete dioses
planetarios principales de astrología eran el sol, la
luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Esto
nos ayudará entender la religión cósmica de astrología,
y cómo astrología ata con el número 666.
Los paganos creyeron que estos
siete dioses principales son emanaciones del dios-sol,
el gobernante del zodíaco. Los babilonios antiguos
consideraban al sol como rey de los dioses y era su dios
principal. Y se consideraron hijos del sol todo los
otros dioses de cielo (las estrellas). De día vieron al
sol como un dios bueno, pero por la noche el sol era un
dios malo. Los paganos estudiaban los movimientos del
sol cuidadosamente. Este movimiento por el cielo(de
noche y de día) tenía un camino directo que los
paganos refirieron a como el zodíaco. La banda zodiacal
se dividió en 12 casas, uno por cada mes del año, y se
dividió cada casa en tres cuartos, 36 alojamientos en
total, uno por cada 10 grados del zodíaco. Los paganos
creyeron que durante el curso del día, el sol pasaría
por cada uno de estos cuartos. Este paso del sol por
cada casa representó las 36 manifestaciones del sol (de
bueno a malo).
Ahora, el resto del cielo fuera
del zodíaco se dividió en 36 constelaciones. Se fijó
una estrella-dios como gobernador para cada constelación.
Cada estrella era considerada como casa de los muertos.
Cada uno de los 12 dioses del
zodíaco (su signo según el horóscopo) gobernaba un
mes del año, y los 7 dioses planetarios regulaban los
asuntos de la humanidad por sus posiciones relativas en
los cuartos del zodíaco. Por encima de ellos todo
gobernaba el dios-sol, quien se consideraba el origen
donde cada dios había salido. Adorando así a la creación
y no al Dios Creador de toda creación.
Aquí hallamos el origen de
nuestro reloj. Se deriva de un reloj que albergaba los
12 signos zodíaco. Así el zodíaco era un reloj
celestial con que medían el tiempo. No es por
casualidad que la regla tiene 12 pulgadas. Ambos
sistemas, de medir tiempo y tiempo se basaban el zodíaco.
También, aquí podemos hallar el origen del juego de
ruleta. Tampoco es por casualidad que las ruedas de la
Ruleta originales tienen un 360 grados con 36 divisiones
de 10 grados cada una, con un espacio en blanco para
representar los 5 días más allá de los 360 días en
un año. No es por casualidad que hay 36 cartas
numeradas en un paquete de cartas. Una paquete (52
cartas en total) representa las 52 semanas con 12 cartas
con cara, cuatro Reyes, cuatro Reinas, y cuatro Sotas, y
cuatro trajes, ésto representa las cuatro estaciones.
Porqué supone que los adivinos usan una cubierta de
cartas para predecir el futuro? ¿Porque las cartas se
derivan de la astrología!
Desde tiempos antiguos, el número
se puede rastrear 666 por todas partes de nuestra
historia. En los idiomas antiguos de los cuatro imperios
paganos (Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma) las
letras de su abecedarios tenían un valor numérico.
El nombre antiguo griego por
Satanás era Teitan. Cuando sumas el valor numérico de
"Teitan" hace 666:
. .T .E .I. .T. .A N
300 5 10 300 1 50
La Palabra de Dios habla en
contra del uso de la astrología .
Como podemos ver, el número
666 viene del antiguo culto de la astrología. También
vemos que Satanás es el originador de la astrología.
La Palabra da información
adicional acerca del número 666, en Apocalipsis 13:
17-18 dicen: "y que nadie pueda comprar ni vender,
sino el que tenga la marca, es decir, el nombre de la
bestia o el Número de su nombre. Aquí hay Sabiduría:
El que tiene entendimiento calcule el Número de la
bestia, porque es Número de un hombre; y su Número es
666." Las escrituras revelan que el número 666 es
uno de tres componentes del sistema de la bestia, los
otros dos componentes son: el "nombre de la
bestia" y la "marca."
|
|