Muy amado y muy odiado; vivente hasta la médula,
más vivente que cualquiera de los innumerables
que nos inclinamos sobre su alma para glorificarla o insultarla;
ilustre entre los ilustres y desconocido entre los desconocidos,
así se nos presenta hasta hoy
Charles Baudelaire.
MI CORAZON AL DESNUDO
Copular es entrar en el otro, y el artista no sale jamás de sí
mismo.
LA MUERTE
(EL VIAJE) VIII
¡Oh Muerte, capitana, ya es tiempo¡¡Zarpemos!
Nos hastía este pais, ¿oh muerte, aparejemos!
Si negros como tinta son el cielo y el mar,
ya nuestros coazones están llenos de luz.
¿Derrama tu veneno y que él nos reconforte!
Deseamos, tanto puede la lumbre que nos quema,
descender al abismo, ¿qué importa Cielo, Infierno?
al fondo de lo Ignoto, para encontrar lo nuevo.
CH. B.
EL PERRO Y EL FRASCO
"-Mi lindo perro, mi buen perro, mi querido perrito, acércate y ven a
respirar un excelente perfume comprado en la mejor perfumería de la
ciudad."
Y el perro, agitando la cola, lo que es, creo, entre esos pobres seres, el
signo correspondiente a la risa y la sonrisa, se aproxima y posa curiosamente
su nariz húmeda sobre el frasco destapado; después, reculando de improviso
con espanto, ladra contra mí a manera de reproche.
"-¡Ah! miserable perro, si te hubiese ofrecido un paquete de
excrementos, lo hubieras olfateado con delicia y quizás devorado. Así, tú
mismo, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, a quien
nunca hay que ofrecer delicados perfumes que lo exasperan, sino inmundicias
cuidadosamente elegidas."
CH. B. en "Pequeños poemas en prosa"
EL
FIN DE LA JORNADA
Bajo
una pálida luz corre,
Baila y se tuerce sin razón
La Vida, impúdica y chillona.
Así, tan pronto al horizonte
La
noche sube voluptuosa,
(Todo lo opaca, incluso el hambre,
Todo lo borra, aun la verguenza,)
El poeta dice: "¡Al fin!"
Como
mis vértebras, mi espíritu
Pide reposo ardintemente;
De sueños fúnebres colmado,
Me
tenderé sobre mi espalda
Me envolveré en las cortinas,
¡Oh refrescantes tinieblas!
Ch. B. en "Las flores del mal"
Como las
catedrales, me aterráis, grandes bosques;
Tronáis como los órganos; y en nuestros pechos réprobos,
Salas de duelo eterno resonantes de ayes,
Reverberan los ecos de vuestros De profundis.
¡Te aborrezco, Océano!, tus saltos y desórdenes
Los encuentro en mi espíritu; ese amargo reír
Del vencido, de insultos y de sollozos grávido,
Puedo oírlo en la risa enorme de la mar.
Cómo me atraerías, ¡oh noche!, sin tus astros
Cuya luz utiliza un lenguaje tan próximo.
Yo persigo el vacío, lo negro, lo desnudo.
Incluso las tinieblas son tejidos inmensos,
Donde viven brotando de mis ojos a miles
Seres desvanecidos de familiares rostros.
CH.B.
LA MALA SUERTE
Para alzar un
peso tan grande
¡tu coraje haría falta, Sisifo!
Aun empañandose en la obra
el Arte es largo y breve el Tiempo.
Lejos de célebres
túmulos
en un camposanto aislado
mi corazón, tambor velado,
va redoblando marchas fúnebres.
-Mucha gema
duerme oculta
en las tinieblas y el olvido,
ajena a picos y a sondas.
-Mucha flor
con pesar exhala
como un secreto su grato aroma
en las profunsa soledades
CH.B.en "SPLEEN E IDEAL"
MUERTE DE LOS AMANTES
Poseeremos
lechos colmados de aromas
Y, como sepulcros, divanes hondísimos
E insólitas flores sobre las consolas
Que estallaron, nuestras en cielos más cálidos.
Avivando al límite
postreros ardores
Serán dos antorchas ambos corazones
Que, indistintas luces, se reflejarán
En nuestras dos almas, un día gemelas.
Y, en fin, una
tarde rosa y azul místico,
Intercambiaremos un solo relámpago
Igual a un sollozo grávido de adioses.
Y más tarde,
un Ángel, entreabriendo puertas
Vendrá a reanimar, fiel y jubiloso,
Los turbios espejos y las muertas llamas.
CH.B.
LA QUE ES DEMASIADO ALEGRE
Tu
cabeza, tu gesto, tu aire
Como un bello paisaje, son bellos;
Juguetea en tu cara la risa
Cual fresco viento en claro cielo.
El
triste paseante al que rozas
Se deslumbra por la lozanía
Que brota como un resplandor
De tus espaldas y de tus brazos.
El
restallante colorido
De que salpicas tus tocados
Hace pensar a los poetas
En un vivo ballet de flores.
Tus
locos trajes son emblema
De tu espíritu abigarrado;
Loca que me has enloquecido,
Tanto como te odio te amo.
Frecuentemente
en el jardín
Por donde arrastro mi atonía,
como una ironía he sentido
Que el sol desgarra mi pecho;
Y
el verdor y la primavera
Tanto hirieron mi corazón,
Que castígue sobre una flor
La osadía de la Naturaleza.
Así,
yo quisiera una noche,
Cuando la hora del placer llega,
Trepar sin ruido, como un cobarde,
A los tesoros que te adornan,
A
fin de castigar tu carne,
De magullar tu seno absuelto
Y abrir a tu atónito flanco
Una larga y profunda herida.
Y,
¡vertiginoza dulzura!
A través de esos nuevos labios,
Más deslumbrantes, más bellos,
Mi veneno inocularte, hermana.
GATO
Ven,
bello gato, a mi amoroso pecho;
Retén las uñas de tu pata,
Y deja que me hunda en tus ojos hermosos
Mezcla de agata y metal.
Mientras
mis dedos peinan suavemente
Tu cabeza y tu lomo elástico,
Mientras mi mano de placer se embriaga
Al palpar tu cuerpo electrico,
A
mi señora creo ver. Su mirada
como la tuya, amable bestia,
Profunda y fría, hiere cual dardo,
Y,
de los pies a la cabeza,
Un sutil aire, un peligroso aroma,
Bogan en torno a tu tostado cuerpo.
CH.B.
Son
finos cual tus manos tus pies, y tu cadera LA
CABELLERA
¡Oh vellón,
que rizandose baja hasta la cintura! Languidecientes
asias y áfricas abrasadas, Lejos iré,
donde árbol y hombre, un día fuertes Un rumoroso
puerto donde mi alma bebiera Y hundiré mi
cabeza sedienta de embriaguez Oh cabellos
azules, oscuros pabellones Durante
edades, siempre, en tu densa melena Te adoro como
adoro la bóveda nocturna Me dispongo al
ataque y acometo el asalto En tu calleja
harías entrar, mujer impura, ¡Máquina
ciega y sorda, fecunda en crueldades, CH.B.
Madre de los
latinos y los griegos deleites, Lesbos, donde
los besos son como esas cascadas Lesbos, donde
las Frinés1 mutuamente se atraen, Lesbos, tierra
de noches lánguidas y abrasadas, Deja al viejo
Platón fruncir su seño austero; Tú obtienes
el perdón del eterno martirio ¿Cuál,
Lesbos, de los Dioses, osará ser tu juez ¿Qué quieren
de nosotros leyes justas o injustas? Pues Lesbos,
entre todos, me ha elegido en la tierra Y desde
entonces velo en la cumbre del Léucato3 Para saber si
el mar es indulgente y bueno, De Safo, la
viril, que fue amante y poeta, -Más hermosa
que Venus presentándose al mundo -De Safo que
murió el día de su blasfemia, Y desde
entonces Lesbos se lamenta sin tregua, CH.B.
Produciría envidia a la blanca más bella;
Tu cuerpo es suave y cálido para el artista absorto,
Más negros que tu piel son tus ojos de raso.
En los países cálidos donde Dios te creó,
Tu tarea es encender la pipa de tu dueño,
Reponer en los búcaros agua fresca y fragante,
Espantar de su lecho los voraces mosquitos,
Y, cuando la alborada hace cantar los plátanos,
Comprar en los bazares ricas piñas del trópico.
Todo el día, donde vayas, llevas los pies desnudos,
Y cuando cae la tarde con su manto escarlata,
Reclinas suavemente tu cuerpo en una estera
Donde tus vagos sueños se van poblando de aves
Que, siempre, como tú, son floridas y gráciles.
¿Por qué, dichosa niña, quieres ver nuestra Francia
Mi país superpoblado que asola el sufrimiento,
Y confiando la vida a brazos marineros,
Dar a tus tamarindos los postreros adioses?
Tú, que apenas te cubres de claras muselinas,
Allá lejos, temblando bajo el hielo y la nieve,
Oh, como llorarías tus simples, dulces ocios,
Cuando el brutal corsé oprimiera tus flancos
Y hubieras de buscar tu cena en nuestros lodos
Y vender el perfume de tu exótico encanto,
Siguiendo, la mirada perdida entre la niebla,
De ausentes cocoteros los borrosos fantasmas.
CH.B.
¡Oh bucles! ¡Oh perfume cargado de indolencia!
¡Éxtasis! Porque broten en esta oscura alcoba
Los recuerdos dormidos en esa cabellera,
La quiero hoy agitar, cual si un pañuelo fuese.
Todo un mundo lejano, ausente, casi muerto,
Habita tus abismos, ¡arboleda aromática!
Tal como otros espíritus se pierden en la música,
El mío, ¡Oh mi querida!, navega en tu perfume.
Fatalmente se agostan bajo climas atroces;
Firmes trenzas, sed olas que me arranquen al fin.
Tú albergas, mar de ébano, un deslumbrante sueño
De velas, de remeros, de navíos, de llamas;
A torrentes el ruido, el perfume, el color;
Donde naos surcando el oro y el moaré;
Abren inmensos brazos para estrechar la gloria
De un puro cielo, donde vibre eterno calor.
En ese negro océano, donde se encierra el otro,
Y mi sutil espíritu que el vaivén acaricia
Os hallará otra vez, ¡oh pereza fecunda!
¡Infinitos arrullos del ocio embalsamado!
Que me entregáis, inmensa, la bóveda celeste;
en la últimas hebras de esas crenchas rizadas,
Confundidos. me embargan los ardientes olores
Del aceite de coco, del almizcle y la brea.
Mi mano sembrará perlas, rubíes, zafiros,
Para que el deseo mío no puedas rechazar.
¿No eres, acaso, osais donde mi sueño abreva
A sorbos infinitos el vino del recuerdo?
¡Oh vaso de tristesa! ¡Oh mi gran taciturna!
Y tanto más te adoro cuando te escapas más,
Que con más ironía amontonas las leguas
Que separan mis brazos de la inmensidad azul.
Como tras un cádaver un coro de gusanos
Y me enloquece, ¡oh fiera implacable y cruel!
Hasta esa frialdad que te vuelve aún mas bella.
Al universo entero. El hastío te hace cruel.
Para entrenar tus dientes en juego tan insólito,
Cada día necesitas morder un corazón.
Tus encendidos ojos igual que escaparátes
O brillantes bengalas en bulliciosas fiestas,
Usan con arrogancia de un prestado poder
Sin conocer jamás la ley de su belleza.
Saludable instrumento, bebedora de sangre!
¿Cómo no te avergüenzas? ¿Todavía no viste
En todos los espejos decrecer tus encantos?
La enormidad del mal, en que te crees tan sabia,
¿No te hizo jamás retroceder de espanto
Cuando Naturaleza, con ocultos designios,
De ti puede servirse, ¡oh reina del pecado!
-De ti, vil animal- para engendrar un genio?
¡Oh fangosa grandeza! ¡Oh sublime ignominia!
Lesbos
Lesbos, donde los besos, lánguidos o incendiados,
Cálidos como soles, frescos como sandías,
Son ornato de noches y de días gloriosos;
Madre de los latinos y los griegos deleites;
Que, sin miedo, se lanzan a simas profundísimas
y corren sollozantes, con gritos sofocados,
borrascosos y ocultos, profundos y hormigueantes;
Lesbos, donde los besos son como esas cascadas.
Donde nunca ha quedado un suspiro sin eco,
A Pafos2 semejante los astros te proclaman
¡Y de Safo celosa Venus puede sentirse!
Lesbos, donde las Frinés mutuamente se atraen,
Que hacen que en sus espejos, oh infecundo placer,
Las niñas de sus propios cuerpos enamoradas
Palpen los frutos gráciles de sus núbiles cuerpos;
Lesbos, tierra de noches lánguidas y abrasadas,
De los besos innúmeros obtienes tu perdón,
Reina del dulce imperio, noble y amante tierra,
Inagotable siempre en tus refinamientos,
Deja al viejo Platón fruncir su seño austero.
Sin cesar infligido a las almas intrépidas,
que aleja de nosotros la sonrisa radiante
Vagamente entrevista al borde de otro espacio.
¡Tú obtienes el perdón del eterno martirio!
Y condenar tu frente que arrugaron las penas,
Si sus áureas balanzas no han pesado el diluvio
De llanto que a los mares tus arroyos vertieron?
¿Cuál, Lesbos, de los Dioses, osará ser tu juez?
Honor del Archipiélago, vírgenes de alma noble,
Como no importa cuál, es regio vuestro culto,
¡Y se reirá el amor del Cielo y del Infierno!
¿Qué quieren de nosotros leyes justas o injustas?
Para cantar lo oculto de sus floridas vírgenes,
Y fui desde la infancia admitido al misterio
De sofocadas risas y de llantos sombríos;
Pues Lesbos, entre todos, me ha elegido en la tierra.
Como vigía de ojo seguro y penetrante,
Que acecha noche y día brick4, tartana o fragata,
Cuyas lejanas formas en el azul titilan;
Y desde entonces velo en la cumbre del Léucato,
Y en medio de los ayes que en la roca resuenan,
Un día devolverá hacia Lesbos, que olvida,
El cadáver amado de Safo, que partiera
¡Para saber si el mar es indulgente y bueno!
¡Más hermosa que Venus en su triste blancor!
-El azul se somete al negro que salpica
El tenebroso círculo que el dolor dibujó
¡De Safo, la viril, que fue amante y poeta!
Y mostrando el tesoro de su serenidad
Y el destello radiante de su juventud rubia,
Sobre el viejo Océano, prendado de su hija;
¡Más hermosa que Venus presentándose al mundo!
Cuando insultando el rito y el culto establecidos,
Entregó como pasto supremo su belleza
A un bruto cuyo orgullo castigó la impiedad
De aquella que murió el día de su blasfemia.
Y a pesar de las honras que los mundos le rinden,
Cada noche se embriaga con la voz turbulenta
Que alzan hacia los cielos sus desiertas riberas
¡Y desde entonces Lesbos se lamenta sin tregua!
VIDA ANTERIOR
Yo
viví largo tiempo bajo vastos dinteles,
Que los soles marinos teñian de resplandor
Y cuyos basamentos, firmes y majestuosos,
Parecían, al ocaso, grandes grutas basálticas.
Las
olas reflejando la imagen de los cielos,
En diapasón solemne y místico mezclaban
Los poderosos sones de su colmada música
Al difuso poniente grabado en mis pupilas.
De
ese modo he existido, en calmoso deleite
En medio del azul, entre esplendor y espuma,
Con desnudos esclavos chorreantes de fragancia,
Que
con hojas de palma refrescaban mi frente,
Y cuya tarea única era hacer más profundo
El doloroso enigma por el que desfallezco.
CH.B.
Ven a mi
pecho, alma sorda y cruel, Sepultar mi
cabeza dolorida ¡Quiero
dormir! ¡Dormir más que vivir! Para ahogar
mis sollozos apagados, Mi destino,
desde ahora mi delicia, Para ahogar mi
rencor, apuraré CH.P.
Afanan
nuestras almas, nuestros cuerpos socavan La mezquindad, la culpa, la
estulticia, el error, Y, como mendigos alimentan sus piojos,
Nuestros
remordimientos, complacientes nutrimos.
Tercos en
los pecados, laxos en los propósitos,
Con creces
nos hacemos pagar lo confesado
Y tornamos
alegres al lodoso camino
Creyendo, en
viles lágrimas, enjugar nuestras faltas.
En la almohada
del mal, es Satán Trimegisto Quien con
paciencia acuna nuestro arrobado espíritu y el precioso
metal de nuestra voluntad, Íntegro se
evapora por obra de ese alquímico. ¡El diablo es
quien maneja los hilos que nos mueven ! A los objetos
sórdidos les llamamos encanto E, impávidos,
rodeados de tinieblas hediondas, Bajamos hacia
el Orco un diario escalón. Igual al
disoluto que besa y mordisquea El lacerado
seno de una vieja ramera, Si una ocasión
se ofrece de placer clandestino La exprimimos
a fondo como seca naranja. Denso y
hormigueante, como un millón de helmintos, un pueblo de
demonios danza en nuestras cabezas Y, cuando
respiramos, la Muerte, en los pulmones Desciende, río
invisible, con apagado llanto. Si el veneno,
el puñal, el incendio, el estupro, No adornaron aún
con sus raros dibujos El banal cañamazo
de nuestra pobre suerte, Es porque
nuestro espíritu no fue bastante osado. Mas, entre los
chacales, las panteras, los linces, Los simios,
las serpientes, escorpiones y buitres, Los aulladores
monstruos, silbantes y rampantes, En la, de
nuestros vicios, infernal mezcolanza ¡Hay uno más
malvado, más lóbrego e inmundo ! Sin que haga
feas muecas ni lance toscos grotos Convertiría,
con gusto, a la tierra en escombro Y, en medio de
un bostezo, devoraría el Orbe ; ¡Es el Tedio
!- Anegado de un llanto involuntario, Imagina
cadalsos, mientras fuma su yerba. Lector, tú
bien conoces al delicado monstruo, -¡Hipócrita
lector -mi prójimo-, mi hermano ! CH.B.
Oh tú, el
Angel más bello y asimismo el más sabio
EL
ALBATROS Por
distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los
albatros, grandes aves del mar, Que siguen,
indolentes compañeros de viaje, Al navío
surcando los amargos abismos. Apenas los
arrojan sobre las tablas húmedas, Estos reyes
celestes, torpes y avergonzados, Dejan
penosamente arrastrando las alas, Sus grandes
alas blancas semejantes a remos. Este alado
viajero, ¡qué inútil y qué débil ! Él, otrora
tan bello, ¡qué feo y qué grotesco ! ¡Éste quema
su pico, sádico, con la pipa, Aquél, mima
cojeando al planeador inválido ! El Poeta es
igual a este señor del nublo, Que habita la
tormenta y ríe del ballestero. Exiliado en la
tierra, sufriendo el griterío, Sus alas de
gigante le impiden caminar. CH.B.
CORRESPONDENCIAS
Es la
Naturaleza templo, de cuyas basas Suben, de
tiempo en tiempo, unas confusas voces ; Pasa, a través
de bosques de xímbolos, el hombre, Al cual éstos
observan con familiar mirada. Como difusos
ecos que, lejanos, se funden En una
tenebrosa y profunda unidad, Como la
claridad, como la noche, vasta, Se responden
perfumes, sonidos y colores. Hay perfumes
tan frescos como un cuerpo de niño, Dulces como el
óboe, verdes como praderas. -Y hay otros
corrompidos, triunfantes, saturados, Con perfiles
inciertos de rosas inasibles, Como el
almizcle, el ámbar, el incienso, el benjuí , Que cantan los
transportes del alma y los sentidos. CH.B.
EL
ENEMIGO
Mi juventud no
fue sino un gran temporal Atravesado, a
rachas, por soles cegadores; Hicieron tal
destrozo los vientos y aguaceros Que apenas en
mi huerto queda un fruto en sazón. He alcanzado
el otoño total de mi pensamiento, Y es necesario
ahora usar pala y rastrillo Para poner a
flote las anegadas tierras Donde se
abrieron huecos inmensos como tumbas. ¿Quién sabe
silos nuevos brotes en los que sueño, Hallarán en
mi suelo, yermo como una playa, El místico
alimento que les daría vigor? -¡Oh dolor!
¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo, Y el oscuro
enemigo que nos roe el corazón, Crece y se
fortifica con nuestra propia sangre. CH.B.
El
Leteo
Tigre adorado, monstruo de aire indolente;
Quiero enterrar mis temblorosos dedos
En la espesura de tu abundosa crín;
En tu falda colmada de perfume
Y respirar, como una ajada flor
El relente de mi amor extinguido.
En un sueño, como la muerte, dulce,
Estamparé mis besos sin descanso
Por tu cuerpo pulido como el cobre.
Sólo preciso tu profundo lecho;
El poderoso olvido habita entre tus labios
Y fluye de tus besos el Leteo.
Como un predestinado seguiré;
Condenado inocente, mártir dócil
Cuyo fervor se acrece en el suplicio.
El nepentes y la cicuta amada,
Del pezón delicioso que corona este seno
El cual nunca contuvo un corazón.
AL LECTOR
Letanías
de Satán
Dios privado de suerte y ayuno de alabanzas,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Príncipe del exilio, a quien perjudicaron,
Y que, vencido, aún te alzas con más fuerza,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que todo lo sabes, oh gran rey subterráneo,
Familiar curandero de la angustia del hombre,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú, que incluso al leproso y a los parias más bajos
Sólo por amor muestras el gusto del Edén,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Oh tú, que de la Muerte, tu vieja y firme amante,
Engendras la Esperanza - ¡esa adorable loca!
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que das al proscrito esa altiva mirada
Que en torno del cadalso condena a un pueblo entero
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú sabes las guaridas donde en tierras lejanas
El celoso Dios guarda toda su pedrería,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú, cuyos claros ojos, saben en qué arsenales
Amortajado el pueblo duerme de los metales,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú, cuya larga mano disimula el abismo
Al sonámbulo errante sobre los edificios,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que, mágicamente, ablandas la osamenta
Del borracho caído al pie de los caballos,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú, que por consolar al débil ser que sufre
A mezclar nos enseñas azufre con salitre,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que imprimes tu marca, ¡oh cómplice sutil!
En la frente del Creso vil e inmisericorde
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú, que en el corazón de las putas enciendes
El culto por las llagas y el amor a los trapos
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Báculo de exiliados, lámpara de inventores,
Confidente de ahorcados y de conspiradores,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Padre adoptivo de aquellos que, en su cólera,
Del paraíso terrestre arrojó Dios un día,
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Mi
pobre musa, ¡ay! ¿qué tienes este día?
Pueblan tus vacuos ojos las visiones nocturnas
Y alternándose veo reflejarse en tu tez
La locura y el pánico, fríos y taciturnos.
¿El súcubo verdoso y el rosado diablillo
El miedo te han vertido, y el amor, de sus urnas?
¿Con su puño te hundieron las foscas pesadillas
En el fondo de algún fabuloso Minturno1?
Quisiera que, exhalando un saludable olor,
Tu seno de ideas fuertes se viese frecuentado
Y tu cristiana sangre fluyese en olas rítmicas,
Como los sones múltiples de las sílabas viejas
Donde, reinan por turno Febo, padre del canto,
Y el gran Pan, cuyo imperio se extiende por las mieses.
CH.B.
Pelirroja y
blanca niña,
Cuya ropa entre los rotos
Permite ver la pobreza
Y la hermosura;
Para mí, triste poeta
Tu joven cuerpo enfermizo,
Salpicado por las pecas,
Tiene encanto;
Llevas con más galanura
Que una novelesca reina
Sus riquísimos coturnos,
Bastos zuecos;
En vez de escasos harapos,
Que un lindo traje de gala
Arrastre sus largos pliegues
Sobre tu pie;
En lugar de rotas medias,
Imán de sucias miradas,
Que un puñal de oro reluzca
En tu pierna;
Que ojales mal abrochados
Muestren a nuestros pecados,
Tus bellos, radiantes senos,
Cual dos ojos;
Y que para desnudarte
Tus brazos se hagan rogar,
Hábilmente rechazando
Dedos rápidos;
Perlas de bellos reflejos,
Versos del maestro Belleau1
Por tus rendidos galanes
Dedicados,
Morralla de rimadores,
Sus primores ofreciéndote,
Contemplando tu chapín
En la escalera,
Mucho fascinado paje,
Mucho señor y Ronsard2,
Espiarían divertidos
Tu frío cuarto.
En tu lecho contarías
Muchos más besos que lises
Y tu ley acataría
¡Más de un Valois3!
-Sin embargo, pordioseas
Y remueves la basura
En el dintel de un Véfour4
De encrucijada;
Vas por el suelo buscando
Alhajas de perra chica
Que no podría, ¡oh! ¡perdona!
Ofrecerte.
Ve, pues, sin otro ornamento,
Perfume, brillante, perlas,
Que tu magra desnudez,
¡Oh bella mía!
CH.B.
" SED NON SATIATA"
Divinidad extraña , negra como la noche,
En tu aroma se junta tabaco con benjuí
Artificio de un obi, de un Fausto de la selva,
Maga toda de ébano, nocturna criatura.
Y prefiero al constance y al opio y a los nuits
El licor de tu baca donde triunfa el amor;
Cuando hacia ti mis ansias parten en caravana,
Tus ojos son cisternas para aplacar mi hastío.
Por esos grandes ojos, troneras de tu alma,
Demonio sin piedad, viérteme menos lumbre;
Yo soy el Estigio para en él sumergirte.
¡Ay! Y tampoco puedo, Megera libertina,
Para quebrar tu rabia y mantenerte calma,
Volverme Proserpina en tu lecho infernal.
LA MUERTE DE LOS AMANTES
Poseeremos lechos colmados de aromas
Y, como sepulcros; divanes hondísimos
E insólitas flores sobre las consolas
Que estallaron nuestras en cielos más cálidos.
Avivando al límite potreros ardores
Serán dos antorchas ambos corazones
Que, indistintas luces, se reflejarán
En nuestras dos almas, un día gemelas.
Y, en fin, una tarde rosa y azul místico,
Intercambiaremos un solo relámpago
Igual a un solloza grávido de adioses.
Y más tarde, un Ángel, entreabriendo puertas
Vendrá a reanimar, fiel y jubiloso,
Los turbios espejos y las muertas llamas.
Recuerda aquel objeto que vimos, alma mía,
En la templada mañana estival :
Al doblar el sendero, una carroña infame
Sobre un lecho sembrado de piedras.
Las patas en alto, como una hembra lúbrica
Destilando un ardiente veneno,
Se abría de forma indolente y cínica
Su vientre repleto de miasmas.
Abrasaba el sol sobre aquella podre
Como para acabar de cocerla,
Y devolver ciento a Naturaleza
De aquello que uniera una vez ;
Y miraba el cielo al regio esqueleto,
Expandirse como una flor.
Hedía tan fuerte, que sobre la hierba
Creíste caer desmayada.
Danzaban las moscas sobre el vientre pútrido,
De donde a millares surgían
Larvas que avanzaban, cual líquido espeso,
Por esos vivientes despojos.
Todo aquello bajaba, subía como una ola
O se desgajaba crujiendo ;
Diríase que el cuerpo, de un soplo animado,
Se multiplicase y estuviera vivo.
Producía ese mundo una extraña música,
Como el viento y el agua al pasar,
O el grano que rítmicamente se agita
Y gira encerrado en la criba.
Se esfumaba todo y sólo era un sueño,
Un esbozo renuente a surgir,
Sobre el lienzo olvidado, que acaba el artista
Por fin a través del recuerdo.
Detrás de las rocas, una perra inquieta
Nos miraba con ojos airados,
Espiando el instante de ir al esqueleto
y hozar en su carne.
-Y sin embargo igual serás que esta basura,
Que esta infección horrible,
Estrella de mis ojos, claro sol de mi vida,
Tú,, mi pasión, ¡mi ángel !
Sí, tú serás así, oh reina de las gracias,
Tras el último viático,
Cuando bajo la hierba y la vegetación
Enraícen tus huesos.
Entonces, ¡oh mi bella !, diles a los gusanos
Que a besos te devorarán,
Que yo guarde la forma y la divina esencia
De mis descompuestos amores.
CH.B.
Se encontraba mi cuna
junto a la biblioteca,
Babel sombría, donde novela, ciencia, fábula,
Todo, ya polvo griego, ya ceniza latina
Se confundía. Yo era alto como un infolio.
Y dos voces me hablaban. Una, insidiosa y firme:
<
Forjate un apetito de una grandeza igual>>.
Y la otra: <Lejos de lo posible y de lo conocido>>.
Y ésta cantaba como el viento en las arenas,
Fantasma no se sabe de qué parte surgido
Que acaricia el oído a la vez que lo espanta.
Yo te respondí: <>. Desde entonces
Data lo que se puede denominar mi llaga
Y mi fatalidad. Detrás de los paneles
De la existencia inmensa, en el más negro abismo,
Veo, distintamente, los más extraños mundos
Y, víctima extaciada de mi clarividencia,
Arrastro en pos serpientes que mis talones muerden.
Y tras ese momento, igual que los profetas,
Con inmensa ternura amo el mar y el desierto;
Y sonrío en los duelos y en las fiestas sollozo
Y encuentro un gusto grato al más ácido vino;
Y los hechos, a veces, se me antojan patrañas
Y por mirar al cielo caigo en pozos profundos.
Mas la voz me consuela, diciendo: Son más bellos
Los sueños de los locos que los del hombre sabio.
CH.B.
HORROR SIMPATICO (LXXXV)
De ese cielo curioso y cardeno,
torturado cual tu destino,
¿qué pensares a tu alma hueca
bajan? -responde, libertino.
-Insaciablemente deseoso
de lo obscuro y lo indeciso
como Ovidio no he de quejarme
echado del edén latino.
¡En ti se contempla mi orgullo,
cielo yermo como una playa!
Coches fúnebes de mis sueños
tus grandes nubes enlutadas,
y tus luces son el reflejo
¡del infierno que place a mi alma!
El
leteo
" Ven a mi pecho, alma sorda y
cruel,
Tigre adorado, mounstro de aire indolente;
Quiero enterrar mis temblorosos dedos
En la espesura de tu abundosa crin;
Sepultar mi cabeza dolorida
En tu falda colmada de perfume
Y respirar, como una ajada flor,
El relente de mi amor extinguido.
¡Quiero dormir! ¡Dormir más que vivir!
En un sueño, como la muerte, dulce,
Estamparé mis besos sin descanso
Por tu cuerpo pulido como el cobre.
Para ahogar mis sollozos apagados,
Sólo preciso tu profundo lecho;
El poderoso olvido habita entre tus labios
Y fluye de tus besos el Leteo.
Mi destino, desde ahora mi delicia,
Como un predestinado seguiré;
Condenado inocente, mártir dócil
Cuyo fervor se acrece en el suplicio.
Para ahogar mi rencor, apuraré
El nepentes y la cicuta amada,
Del pezón delicioso que corona este seno
El cual nunca contuvo un corazón. "