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Se
produjo un incendio en mi cabina. Me habían dado !! … algunas esquirlas
golpearon en mi cabeza y brazo derecho. El avión no respondía. Las alas
fueron alcanzadas por la metralla. Estaba sentado a medias en el aire, el
costado derecho de la cabina dejaba ver los campo sembrados de trigo allá
abajo. El tanque de combustible y el radiador perdían sus respectivos
líquidos. Instintivamente puse rumbo hacia sur. Con calma noté que mi caza
aún seguía volando, un planeo, por momentos milagroso. La suerte me
acompañaba una vez mas, estaba a unos 7.000 metros de altura.
“Mi
brazo y mi cabeza sangraban", pero no sentía por efecto de la
adrenalina dolor, de todas maneras
ningún órgano vital parecía estar dañado. Una violenta explosión me
sacó de mi inspección. El tanque central que había estado
derramando combustible detonó de repente. Todo el fuselaje quedó
inmediatamente envuelto en llamas. El combustible, arrastrándose como una
serpiente, entró ardiendo a la cabina, la atmósfera se calentó. Solo
quería salir, salir. Salir !. El seguro del techo de la cabina… no
funcionaba… estaba atascado. Me quemaría allí vivo? Me desabroché
el cinturón de seguridad rápidamente. Traté de abrir la cabina a golpes
hasta romperme los nudillos pero la presión del aire sobre la misma era
demasiado fuerte. Las llamas me rodeaban por todos lados. Debía abrirla,
como me iba a freír allí. Terror ! Fueron los segundos mas
terribles de mi vida.
Con
mis últimas fuerzas empujé
mi cuerpo contra el cúpula de vidrio que me aprisionaba y cedió al
tiempo y el aire raudo me arrastro medio cuerpo hacia fuera….ya había
logrado subir la nariz del avión. El empujón sobre la palanca de
gobierno no había alcanzado para sacarme completamente fuera de ese ataúd
ardiente, que pocos minutos antes era mi apreciado 109. El paracaídas
sobre el cual había estado sentado se trabó sobre la parte fija del
techo de la cabina. Ahora todo el avión estaba en llamas y entraba en
perdida cayendo a tierra conmigo. No sé como finalmente logré zafarme. Súbitamente
me encontré en el espacio rodeado de
silencio
paz
y alivio.
Di
varias vueltas en el aire, un sol naranjo estaba a mis pies, ni se
acercaba ni se alejaba, era una imagen impresionista, hermosa y calida,
permanecí absorto mirándola hasta que tomé conciencia que estaba
cayendo de cabeza a una velocidad de no menos de 300 km/h
y tiré del pasador de paracaídas. De bajo de mi una columna negra
de humo y fuego señalaba donde había caído el avión. Aterricé con
algo de suerte sobre unas rocas . Hasta entonces había estado bajo gran
tensión. Me derrumbé, me sentía muy afortunado, después de todo aunque
la vida no me había dado la dicha de lograr tantas cosas como por
ejemplo, tener tu amor, un hogar y una familia, me brindaba otra
oportunidad para seguir buscando la dicha. Herido, quemado, y sangrando
profundamente de la cabeza y brazos y con un tobillo torcido que comenzaba
a hincharse rápidamente, no podía caminar ni ponerme de pie. Mas sonreí
al cielo agradeciendo la buena fortuna de esta vez mientras que el humo
negro cubría poco a poco el sol...
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RHESO
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